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ATAN function (ODBC compatible) Synta

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SQL Language Elements

LVARBINARY | LONG VARBINARY

4.8 Date-Time Format Strings

4.9.2 Scalar Functions

4.9.2.6 ATAN function (ODBC compatible) Synta

Esta, que parece una cuestión baladí, resultó a la larga ser una dificultad muy

significativa. La problemática tuvo su origen en el hecho de que en medio de la

precipitud con la que se desarrolló todo este proceso, parece que nadie hubiera

previsto que la Constituyente necesitaba una carta de navegación que le permitiera

ordenar su funcionamiento y garantizar el normal desarrollo de los debates. Y es de

nuevo el ex constituyente Lleras de la Fuente el que ilustra los alcances y dimensiones

de esta complicación:

El Gobierno, después del 9 de diciembre, sometió a consideración de los partidos y grupos políticos un proyecto extenso de reglamento para el funcionamiento de la Asamblea, cuya particularidad residiría en permitir al presidente de la República, a todos los ministros y a otros funcionarios de la rama ejecutiva, participar en las deliberaciones; se había planificado, presumimos, que el proyecto de reforma constitucional que presentaría el presidente sería el documento de discusión y, por tanto, todos los funcionarios públicos deberían poder participar activamente. Discrepamos muchos de tal criterio y, en el entendido de que no aceptaríamos el Reglamento sometido a nuestra consideración, se conformó una Comisión de Compromisarios que preparó otro proyecto, que fue el que presentó a consideración de los constituyentes el 5 de febrero, dando piadoso entierro al oficial [...] pienso que el que aprobamos estuvo plagado de fallas y vacíos pero era mejor que el del Gobierno [...] aprobado el Reglamento, se abría un paréntesis de un mes (hasta el 7 de marzo) para que se presentaran y repartieran los proyectos, plazo inevitable que redujo el tiempo real de trabajo a menos de cuatro meses.110

Claramente, antes de ser instalada la Asamblea, ella ya enfrentaba serios tropiezos

como la inexistencia de una reglamentación funcional clara, de una bitácora de trabajo

que permitiera optimizar el escaso tiempo de que se disponía, así como la notoria

pretensión del Gobierno de querer orientar el sentido de los debates. Por lo tanto, no

resulta difícil avizorar cuál iba a ser el destino del proceso constituyente una vez se

iniciara la etapa de discusión y aprobación, en el marco de la cual, y bajo esas

circunstancias “lo primero que se sacrificó fue la elegantia iuris” como bien afirma el ex

constituyente Yepes Arcila.

109

Ibídem. p. 21.

110

De tal forma que, y según lo dejó testimoniado el ex presidente Misael Pastrana en la

etapa de debates: “[...] se procedió a discutir cláusulas casi al azar, sin precisar el

ordenamiento jurídico ni conocerse de antemano hacia dónde se iba. Quizás por ello en

muchos casos se llegó a otra parte”.

111

Y agrega:

Cada Comisión trabajó sin el menor conocimiento de lo que sucedía en otra, ni siquiera se editó el boletín diario propio de todo cuerpo colegiado indicador de ello, y de ahí, que se repetían en unas y otras, estudios y conclusiones, y no pocas veces –caso del aborto– lo que se negaba en una se acogía en la otra. Y cuando llegaba a la plenaria era un popurrí de normas de clarificación y coordinación difícil, aun en el lenguaje.112

Esta visión, no obstante lo pesimista, resulta coincidente con la del delegatario Alberto

Zalamea Costa, que vertió la siguiente apreciación en su diario: “Diluvio de

originalidades amenaza el horizonte constitucional. Volcán de lugares comunes. Todo el

mundo habla sobre cosas sin haber pensado antes en ellas”.

113

Y más adelante afirma

que: “Se vota en grandes bloques de 5, 10, 15 artículos. La Asamblea se resigna al

pupitrazo. El segundo debate desaparece”.

114

Finalmente, más inquietante resulta la

opinión del constituyente Lleras de la Fuente, quien sostiene que “Hubo segunda

votación, pero no segundo debate”, realidad a la que se llegó gracias a que los afanes

llevaron a que se

[...] acelerara indebidamente la iniciación del segundo debate y a que se aceptara un sistema, hábilmente propuesto por Antonio Navarro, en virtud del cual no se votó el proyecto de la Comisión Codificadora tal como lo preveía el Reglamento, sino que a través de un inteligente sistema de ‘impugnaciones’ logró el M-19 que se votaran y aprobaran los defectuosos textos del primer debate, entre el entusiasmo bochinchero de la izquierda liberal que pensaba que toda la demagogia debía quedar plasmada en la Constitución.115

Qué lejos quedaban las palabras de César Gaviria, cuando en su calidad de Presidente

de la República y dirigiéndose a la Asamblea, les dijo a los delegatarios que:

El espíritu de equipo y la preocupación por escuchar con atención y respeto los diferentes puntos de vista y por tratar de incorporar suficientes elementos de juicio en este análisis histórico, se verán sin duda, plasmados en una reforma constitucional cuidadosamente elaborada que no será fruto de decisiones precipitadas de última hora, sino de un proceso que será recordado como uno protagonizado por lo mejor de la inteligencia colombiana. Y también como un ejemplo que habrá de guiar en el futuro a los miembros de las corporaciones públicas.116

111

Pastrana Borrero. Memorial ..., Op. cit. p. 219.

112

Ibíd.

113

Zalamea Costa, Alberto. Diario de un constituyente, Temis, Bogotá, 1992, pp. 90-91.

114

Ibíd. p. 165. Y en su testimonio personal, Zalamea Costa agrega que: “Todo lo que se hizo allí fue a la

carrera y sin mayores luces. Es más, se cometieron tantos errores, que uno ya ni se acuerda”.

115

Lleras de la Fuente. Op. cit. p. 25.

116

Pese a todas estas dificultades de que se viene dando cuenta, la interesada y por ende

complaciente opinión de Manuel José Cepeda es diferente: “La Asamblea Nacional

Constituyente, ANC, funcionó muy bien; y eso también fortaleció su legitimidad”.

117

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