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Atomic force microscope (AFM)

Part IV: Hollow polymeric microneedles manufacturing using µIM

2.8. Surface characterisation techniques 1 Contact angle and surface energy

2.8.2. Atomic force microscope (AFM)

No puedo explicar la desaparición de esas hebras cuando las tenía en su mano. Tal vez las de la cinta que usted describe no estaban muy enmarañadas, y al manejarlas se separaron, haciéndose así difícilmente visibles. La seda de araña no puede fundirse porque el calor no le afecta; es, en conjunto, menos soluble que la seda auténtica.

Como en tantas explicaciones, la tesis de la araña sólo logra abrirse paso a costa de devaluar una parte

Esta foto del cabello de ángel que cayó el 4 de octu- bre de 1957 en Iwate-ken, a unos 400 kilómetros al noroeste de Tokio, fue distribuida por el Consejo pa- ra la Investigación de los Platillos Voladores japonés.

de la prueba que explica. En este caso, por ejemplo, se supone que el capitán Pape se equivocó en cuanto a la sustancia que desapareció de su mano: estaba allí, pero él no la veía. Por la misma razón, los partida- rios de la tesis de la araña ignoran una prueba negati- va que invalida su teoría: el hecho de que en tantos metros de hilos voladores no se vio ni una sola araña. Dada esta tendencia a llegar a explicaciones que ig- noran lo observado o lo declaran carente de valor, cuando no lo etiquetan como simple coincidencia, no es sorprendente que pasen por alto las ocasiones en que se ha visto caer cabello de ángel en presencia de objetos voladores no identificados. Tampoco debe sor- prendernos, por la misma razón, que los defensores de la teoría que relaciona el cabello de ángel con los ovnis ignoren las ocasiones en que la sustancia ha caído —al menos según las noticias— sin que hubiese por allí distribuidores en forma de cigarro o platillo.

A cualquier lugar a donde el observador volviese los ojos podía ver caer una continua sucesión de nuevos copos, que titilaban como estrellas al volver sus caras hacia el sol.

Sería difícil decir hasta dónde alcanzó esta lluvia; pero sabemos que llegó hasta Bradley, Selborne y Alresford, tres lugares que forman una especie de triángulo, el más corto de cuyos lados tiene unos trece kilómetros.

El 5 de mayo de 1786, último día de una sequía que había durado desde el noviembre anterior, "una gran cantidad" de huevos negros cayó sobre Port-au-Prince (Haití). Eclosionaron al día siguiente, y algunos de esos extraños animales del cielo fueron conservados en un frasco con agua. Los animalillos cambiaron de piel va- rias veces y se parecían a los renacuajos. (Moreau de

Saint-Méry, A Naturalist's Sojourn in Jamaica)

El siguiente relato se refiere a un diluvio de sapos so- bre el pueblo de Lalain (Francia) en 1794:

Hacía mucho calor. De pronto, hacia las tres de la tarde, cayó tal abundancia de lluvia que 150 hombres de la gran guardia, para no verse sumergidos, tuvieron que abandonar una depresión en la que estaban ocultos. Pero cuál no seria su sorpresa cuando comenzaron a caer al suelo, todo a su alrededor, un considerable número de sapos, del tamaño de avellanas, que empezaron a saltar en todas direcciones. M. Gayet lel soldado que facilitó la informaclón], que no podía creer que esas miríadas de reptiles cayesen con la lluvia, extendió un pañuelo a la altura de un hombre mientras sus compañeros lo sostenían por las puntas, y así juntaron un número conslderable de sapos, la mayoría de los cuales tenían la parte posterior alargada en forma de cola, es decir, en estado de renacuajo. Durante esta tempestad de lluvia, que duró cosa de media hora, los hombres de la gran , guardia notaron claramente en sus sombreros y sus

ropas los golpes de los sapos que caían. Como una última prueba de la realidad del fenómeno, M. Gayet refiere que una vez pasada la tormenta, los tricornios de los hombres de la guardia tenían en sus pliegues algunos de esos reptiles. [Monrhly

Weather Review, 45:217-24, mayo de 1917] DE 1800 A 1830

El 21 de enero de 1803, una estrella fugaz cayó a tie- rra en Silesia, entre Barsdorf y Friburgo (hoy Swie- bodzice). Su trayectoria era baja, y los testigos oye- ron un zumbido cuando pasó. Durante algún tiempo el meteorito pareció quedar ardiendo en el suelo, por lo que fue fácil observar su punto de impacto. Por la mañana apareció sobre la nieve, en el lugar del aterri- zaje, una masa de un material de consistencia de jalea. La noticia de este suceso no menciona ninguna ne- vada subsiguiente al descenso del meteoro; tampoco se dice si había rastro de nieve fundida en el punto de im- pacto. (Report of the Thirtieth Meeting of the British

Association fór the Advancement óf Science, 30:62-63,

1860)

El 23 de julio de 1809, M. Mauduy, conservador de historia natural de Poitiers (Francia), fue sorprendi- do por una gran lluvia. En el agua que caía vio "pe- queños cuerpos del tamaño de avellanas que en un mo- mento cubrieron el suelo, y que reconocí como peque- ños sapos". (Mónthly Weather Review, 45:217-24, mayo de 1917)

La Academia Francesa recibió el siguiente informe de un tal M. Duparque:

En agosto de 1814, tras varias semanas de sequía y calor, un domingo hacia las 3:30 de la tarde estalló una tormenta sobre el pueblo de Fremon

(Fremontiers ], a poco más de un kilómetro de Amicus. Esta tormenta fue precedida por ráfagas de viento tan violentas que sacudieron la iglesia y asustaron a los fieles. Mientras atravesábamos el espacio que separa la iglesia del presbiterio, quedamos empapados, pero lo que me sorprendió fue verme golpeado en mi persona y mis ropas por pequeñas ranas... Un gran número de esos pequeños animales saltaban por el suelo. Al llegar al presbiterio, encontramos cubierto de agua y ranas el piso de uno de los aposentos, en el que había quedado abierta una ventana cara a la tormenta.

[Monthly Weather Review, 45:217-24, mayo de 1917]

Tras un periodo de temporal y una noche de espesa

lluvia en 1817, unos niños encontraron más de tres ba- rriles de alevines de arenque, de 4 a 8 centímetros de largo, esparcidos por el suelo cubierto de musgo, cer- ca del ferry de Shien, en Argyllshire (Escocia). Aun- que Loch Creran está a sólo unos 275 metros de don- de apareció el pescado, queda al sur, y en vista de los vientos del norte que habían estado soplando, se su- puso que el arenque había sido arrastrado desde Loch Linnhe, a casi cinco kilómetros al norte cruzando un páramo de 90 metros de altura sobre el nivel del mar. No obstante, los peces no mostraban señales de ma- gulladuras, ni había indicio de que hubiese caído agua con ellos. (Carta del reverendo Colin Smith, de Ap- pin, al Edinburgh New Philosophical Journal,

1:186-87, abril-octubre de 1826)

Un objeto maloliente cubierto de una pelusa como de tela cayó en Amherst (Massachusetts) el 13 de agosto de 1819. Fue examinado por el profesor Rufus Gra- ves, que al quitar la pelusa descubrió "una sustancia pulposa y amarillenta". Al ser expuesta al aire, se vol- vió de un color "lívido, semejante al de la sangre ve- nosa". Se dijo que el objeto había caído con una luz brillante. (Animal Register, 63:687, 1821)

El 2 de noviembre de 1819 cayó lluvia roja sobre Blan- kenberge (Bélgica). La explicación usual de la lluvia

Un día de julio de 1827, varios campesinos de Den- bighshire (Gales) observaron media tonelada de heno que viajaba por los aires. Al paso del heno cayeron revoloteando algunos manojos. (Illustrated London News, 24 de julio de 1827)

roja es que contiene fina arena rojiza arrebatada por un torbellino, pero cuando unos 4 litros de la lluvia de Blankenberge fueron reducidos mediante evapora- ción a poco más de un decilitro, no se encontró are- na. Nuevos análisis de la lluvia revelaron la presencia de un cloruro de cobalto, pero en el informe no se da- ba la menor explicación de cómo pudo ocurrir esto.

(Annals of Philosophy, 16:226, septiembre de 1820) En octubre de 1820 cayeron chaparrones de una sustan- cia sedosa en torno a Pernambuco (Brasil), en una zo- na que se extendía 145 kilómetros hacia el interior y casi otros tantos mar adentro, donde un barco francés quedó adornado con ella. (Carta de M. Laine, cónsul francés en Pernambuco, al Annual Register, 63:681, 1821)

Una lluvia de arenques cayó en 1821 sobre una colina que dominaba la casa Melfort, en el distrito de Lorn de Argyllshire (Escocia). Los peces eran grandes y de buena calidad, y los inquilinos de la casa enviaron al- gunos al propietario de ésta, en Edimburgo. El tiem- po era "extremadamente tempestuoso".

El viento dominante en esa zona sopla de Loch Mel- fort, hacia donde da la ladera de la colina en cuestión.

Loch Melfort es un brazo de mar y uno de los pocos lugares de esta parte de Escocia donde pueden captu- rarse los arenques con mosca, lo que indica que con frecuencia nadan cerca de la superficie. (The Edin- burgh New Philosophical Journal, 1:186, abril-octubre

de 1826)

En 1828 se informó que una lluvia había dejado va- rios distritos de Persia cubiertos de una capa de 17 a 20 centímetros de grueso, de una materia que el gana- do devoraba con entusiasmo. (Nature, 43:225, 15 de

enero de 1891)

En 1828, al cabo de 10 ó 12 días de lluvia, en una zan- ja a medio abrir en un terreno propiedad de Joseph Muse, de Cambridge (Maryland, E.U.A.), aparecie- ron cientos de ejemplares de 10 a 17 centímetros de largo de dos variedades de perca. Antes de que empe- zara a llover, no había habido agua en la zanja, ni és- ta se comunicaba con el río más cercano (situado a más de kilómetro y medio de allí), cuyo nivel era, en cual- quier caso, inferior en 3 metros al de la zanja. ( The American Journal of Science and Arts, 1:16:41-42, ju-

lio de 1829)

DE 1830 A 1850

Grandes peces cayeron del cielo en Faridpur (India) el 19 de febrero de 1830. Los siguientes relatos de tes- tigos oculares forman parte de las nueve declaracio- nes, hechas originalmente en bengalí, que fueron tra- ducidas al inglés y publicadas en el número de diciem- bre de 1833 de The Journal of the Asiatic Society of Bengal:

Estaba trabajando en un prado cuando vi, a las doce, que el cielo se nublaba, y empezó a llover ligeramente. Después cayó al suelo un gran pez después de golpearme la espalda con su cabeza. Sorprendido, miré a mi alrededor, y vi cómo un buen número de peces iguales caían del cielo. Eran [aquí enumera cinco especies locales]. Recogí diez u once de esos peces, y vi a otras muchas personas recogerlos en abundancia. [Declaración de Shekh Claudhari Ahmedj

El viernes a las 12 de la tarde, en el mes de Phalgun... cuando estaba yo trabajando en un campo, vi cómo el cielo se nublaba, empezó a llover

un poco y cayó del cielo un gran pez. El verlo me confundió, y me apresuré a entrar en mi pequeña choza, que estaba al lado; pero volví a salir tan pronto como cesó la lluvia, y encontré todas las partes de mi cabaña sembradas de pescado. Había

boduli, mirgal y nouchi, en total unos 25. (Declaración de Shekh Suduruddlnl

En marzo de 1832 cayó en los campos cercanos a Vo- lokolamsk (Rusia) una sustancia amarilla. Al princi- pio los aldeanos pensaron que se trataba de nieve te- ñida, pero pronto descubrieron que era una materia muy parecida al algodón. Pusieron alguna al fuego y