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Tooling techniques and process parameters Process cycle

Part IV: Hollow polymeric microneedles manufacturing using µIM

2.6. Methods of manufacturing MNs

2.6.3. Tooling techniques and process parameters Process cycle

prueba la imaginación, y el que ciertos chaparrones de piedras elijan y persigan

a determinadas personas (dos pescadores fueron víctimas de uno en 1973) re-

sulta ya increíble. Pero que las piedras caigan de techos intactos en habitacio-

nes cerradas o dentro de una tienda de campaña también cerrada (aquí la vícti-

ma fue un granjero australiano, en 1957) traslada ya tales incidentes del reino

de lo material al de los poltergeist.

ANTES DE 1600

Quizá la noticia más antigua de una lluvia misteriosa —o milagrosa— sea la que encontramos en el capítu- lo 10, versículo 11, del libro de Josué en el Antiguo Testamento. Los israelitas, conducidos por Josué, ha- bían derrotado al ejército amorita mediante un ata- que nocturno por sorpresa e iban en su persecución:

Cuando iban huyendo ante Israel en la pendiente de Betorón, Yavé hizo caer sobre ellos una tremenda granizada hasta Azeca y murieron todos. Murieron más por las piedras de granizo que por la espada de los israelitas.

Dos versículos después se describe uno de los acon- tecimientos más asombrosos del Antiguo Testamen- to: el Sol se detiene hasta que los israelitas se han vengado.

Cualquiera que sea la explicación de esto, en siglos

posteriores encontraremos muchos relatos de discos aéreos inmóviles y brillantes.

Una referencia menos explícita a una intervención aérea en favor de los israelitas se encuentra en el Li- bro de los Jueces, capítulo 5, versículo 4:

Yavé, cuando saliste de Seir, cuando avanzaste desde los campos de Edom, tembló la tierra, retemblaron los cielos y las nubes se deshicieron en agua.

Cualquiera que sea el sentido de ese "retemblar" de los cielos, parece referirse a algo distinto de la lluvia, ya que se habla de ésta como un hecho adicional. La siguiente mención del cielo aparece en el versículo 20:

Desde los cielos combatieron las estrellas, desde sus senderos combatieron a Sisara.

En el primer libro de Samuel, capítulo 7, versículos 10-12, el Señor interviene una vez más en favor de los israelitas:

Mientras Samuel ofrecía el holocausto, los filisteos se acercaron para atacar a Israel, pero aquel día tronó Yavé con gran aparato contra los filisteos, cundió el pánico entre ellos, y fueron derrotados por Israel. Los israelitas [...] persiguieron a los filisteos y les batieron hasta más abajo de Betorón. Entonces Samuel levantó una piedra entre Masfa y Jesana, y la llamó Eben Ezer, diciendo: "Hasta aquí nos ha socorrido Yavé."

Las palabras

eben ezer

significan en hebreo "pie- dra de ayuda".

Una lluvia de piedras en un contexto militar tuvo lu-

gar a mediados del siglo vi, cuando el ejército abisi- nio que sitiaba La Meca fue puesto en fuga por un cha- parrón de piedras, supuestamente lanzadas por aves. Pero también en tiempos más antiguos tuvo lugar al menos una famosa lluvia de piedras a consecuencia de una acción militar. Lo cuenta Tito Livio en el capítu- lo 31 del libro primero de su historia de Roma, Desde

la fundación de la ciudad:

Tras la derrota de los sabinos, cuando el rey Tulo [673-641 a.C.] y todo el Estado romano se hallaban en el ápice de su gloria y prosperidad, tes fue comunicado al rey y a los senadores que había habido una lluvia de piedras en el monte Albano. Como era difícil creerlo, se enviaron legados que examinasen el prodigio, y ante sus ojos cayó del cielo, como el granizo que el viento amontona en el suelo, una lluvia de guijarros.

Los enviados creyeron también oír "una potente voz que salía del bosquecillo que había en la cima de la montaña", y que ordenaba a los albanos reanudar los sacrificios rituales que habían descuidado desde la vic- toria romana. Los propios romanos, según Livio, to- maron a pecho esta orden, pues en adelante "se hizo costumbre que siempre que había noticia de ese mis- mo prodigio hubiese una observancia de nueve días". (No está claro si "ese mismo prodigio" se refiere a to- das las lluvias de piedras posteriores o sólo a las que volviesen a caer sobre el monte Albano.)

Las noticias de antiguas lluvias de esta clase son me-

nos numerosas que las modernas, pero no menos di- versas. Por ejemplo, el historiador griego Ateneo se refiere a una lluvia de peces que duró tres días y a un espectacular diluvio de ranas en su antología históri- ca Deipnosophistae ("Banquete de los sofistas"), es- crito hacia el año 200 de nuestra era:

Sé también que con mucha frecuencia han llovido peces. En cualquier caso, Fallas, en el libro segundo de su Magistrados eresios, dice que en el Quersoneso [esta palabra significa simplemente

"península" en griego, y no se sabe exactamentee

cuál se refiere] en cierta ocasión llovieron peces ininterrumpidamente durante tres días; y dice en su cuarto libro que la gente había visto frecuencia llover peces, y también llover trigo, y que otro tanto había ocurrido con las ranas. En todo caso, Heráclides Lembos, en el libro 21 de su Historia, dice: "Según cuentan, en Peonia y Dardania han llovido ranas antes de ahora; y era tan grande su número que casas y caminos estaban llenos de ellas, y al principio, durante unos días, los habitantes, procurando matarlas y cerrando sus casas, soportaron la plaga; pero cuando ya no les sirvió de nada, sino que se encontraron con que todas sus vasijas estaban llenas de ellas y hallaban ranas cocidas y asadas en todo lo que comían, y cuando además de todo esto no podían usar ninguna agua, ni poner los pies en el suelo a causa de las ranas que saltaban por todas partes, y habían de sufrir también el olor de las que morían, huyeron del país."

Más noticias de lluvias de peces, grano y ranas se en-

cuentran en la historia más reciente, pero lo más pa- recido a la plaga de ranas de Peonia y Dardania es el relato de la segunda plaga de Egipto (Éxodo, 8.1-14):

Esta ilustración de la lluvia de que habla el Libro de Josué muestra grandes piedras arrojadas desde el cie- lo sobre los amoritas, que los hicieron huir ante el ejér- cito israelita. Muchos soldados fueron muertós por ellas.

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El Libro del Éxodo cuenta cómo una lluvia nocturna de maná sustentó a los israelitas durante su estancia en el desierto. Esta pintura renacentista los !nuestra recogiéndolo para hacer pan. (Éxodo 16.4-36)

[Yavé dijo a Moisés: Azotaré con la plaga de ranas a todo tu país. El río hormigueará de ranas, que subirán y penetrarán en tu casa, en tu dormitorio, en tu lecho, en la casa de tus servidores y de tu pueblo, en tus hornos y en tus artesas [...] y las ranas subieron y cubrieron el país de Egipto [...] Las reunieron en grandes montones y la tierra quedó apestada.

El libro del Éxodo, capítulo 9, versículos 18-34, ha- bla de granizo mortal, y rayos y truenos mezclados con él, como la séptima plaga de Egipto.

Historiadores antiguos, entre ellos Procopio, Marce- lino y Teófanes, registran una lluvia de polvo negro en el año 472 a.C., durante la cual el cielo parecía ar- der. La localización de esa lluvia es incierta, pero puede haber tenido lugar en Constantinopla.

Durante el reinado de Carlomagno (siglo ix) cayó del cielo un enorme bloque de hielo de 29 metros cúbi- cos. (Camille Flammarion, The Atmosphere, pág. 398) Un objeto incandescente cayó en el lago Van (Arme- nia) en el año 1110, poniendo rojas sus aguas. En la primera plaga de Egipto el Nilo se convirtió en sangre (Éxodo 7.15-24):

La mayor parte de esas lluvias que registran los ana- les antiguos tienen paralelos modernos, pero algunas

La segunda de las plagas de Egipto, de las cuales ha- bla el Libró del Éxodo, aparece en este grabado de las innumerables ranas que invadieron calles y casas.

son únicas. Por ejemplo, no hay ninguna reciente que sea parecida a la lluvia de ratones amarillos que tuvo lugar en Bergen (Noruega) en 1578, o a la de los lem- ming que cayeron allí en 1579. ( The Jóurnal óf Cycle

Research, 6:3, enero de 1957)

DE 1640 A 1700

En junio de 1642, varios trozos de azufre ardiendo del tamaño de un puño cayeron del cielo sobre el tejado del castillo de Loburg, a unos 30 kilómetros de Mag- deburgo, en Alemania. (Report of the Forty-fóurth

Meeting óf the British Association fór the Advance- mem of Science, 1874, pág. 272)

Un meteoro luminoso fue visto caer en Italia en 1652, y cerca del lugar de su aterrizaje se encontró "jalea estelar". (Annals of Philosophy, Nueva Serie 12:93, agosto de 1826) (Para más lluvias de material gelati- noso relacionadas con supuestos meteoritos, ver otras noticias en esta misma sección.)

Una sustancia fibrosa parecida a seda azul cayó en grandes cantidades en Naumburg (suroeste de Leip- zig, Alemania) el 23 de marzo de 1665. (A nnals of Phi-

losophy, Nueva Serie 12:93, agosto de 1826)

El miércoles de Ceniza de 1666 un campo de 80 áreas de Cranstead, cerca de Wrotham (en Kent, Inglaterra), apareció cubierto de peces del tamaño del meñique de un hombre. Se pensó que habían caído durante una violenta tormenta, y quienes los vieron convinieron en que se trataba de alevines de corvina. El señor Ware, propietario del campo, calculó que había caído apro- ximadamente medio barril de pescado, todo en ese úni- co campo, y envió muestras a Londres, como curiosi-

dad, para que las examinaran los magistrados. Las cor- vinas, miembros de la familia de los esciénidos, son peces de agua salada. Cranstead está a unos 16 y 11 kilómetros, respectivamente, de las masas de agua sa- lobre más cercanas, los estuarios de los ríos Támesis y Medway. (John Micha y Robert J.M. Rickard, Phe-

nomena: A Book of Wonders, pág. 12)

En Acle, pueblo de Norfolk (Inglaterra), cayeron del

cielo pequeños sapos en tan gran número que causa- ron múltiples molestias a los habitantes del lugar. En octubre de 1683 se dijo que los aldeanos tenían que recogerlos a cubetadas para quemarlos. (John Michel y Robert J.M. Rickard, Phenomena: A Book of Won-

ders, pág. 12)

Se encontraron semillas de hiedra dentro de los grani-

zos que cayeron en Wiltshire (Inglaterra) en 1687. (Phi-

losophical Transactións óf the Roya! Society of Lon- don, 16:281, enero-marzo de 1687)

Hacia 1687, varios pedazos de un material fibroso co-

lor negro carbón, algunos tan grandes como tableros de mesa, cayeron sobre una nevada reciente cerca de la ciudad de Memel, hoy Klaipeda (Lituania), en la costa oriental del ruar Báltico. Los copos estaban hú- medos, olían a algas podridas y se rasgaban como pa- pel; una vez secos desaparecía el olor. Parte de este material fue conservado durante 150 años, y al ser fi- nalmente examinado, resultó que estaba compuesto en parte de "materia vegetal, sobre todo Conferva cris-

para [un alga verde filamentosa], y en parte de unas

29 especies de infusorios [protozoos, diminutos ani- males acuáticos]" . (Proceedings of the Roya! Irish

Academy, 1:381, 9 de diciembre de 1839)

Una sustancia maloliente, de la consistencia de la man-

tequilla, cayó sobre amplias zonas del sur de Irlanda en el invierno y la primavera de 1696. Según el obispo de Cloyne, este "rocío maloliente" caía en "copos, a menudo tan grandes como la punta de un dedo", era "blando, pegajoso y de un color amarillo oscu- ro", y en los campos donde cayó, el ganado continuó comiendo como de costumbre. Según Robert Vans, de Kilkenny, la población local consideraba la "mante- quilla" como medicinal y la recogía y conservaba en recipientes. (Philosóphical Transactions of the Royal

Society of London, 19:224-25, marzo-mayo de 1696)

El naturalista alemán Alexander von Humboldt, que

viajó mucho por América del Sur, hace el siguiente relato de las lluvias de peces en los Andes, donde se cree que son expulsados durante las erupciones volcánicas:

Cuando los terremotos que preceden a toda erupción en la cadena de los Andes sacuden con poderosa fuerza la masa entera del volcán, las bóvedas subterráneas se abren y emiten, a un

mismo tiempo, agua, peces y fango de toba. Es este singular fenómeno el que proporciona el pez que los habitantes de las tierras altas de Quito llaman "preñadilla". ...Cuando la cumbre del monte Carguairazo, de 6 000 metros de altura y situado al norte del Chimborazo, se desplomó en la noche del 19 al 20 de junio de 1698, los campos aledaños, hasta una extensión de unos 100 kllómetros cuadrados, quedaron cubiertos de barro y peces. La fiebre que asoló la ciudad de Ibarra siete años antes había sido también atribuida a una erupción de peces del volcán Imbabura. [Annals of Philosophy, Nueva Serie 6:130, agosto de 18231

Alexander von Humboldt, que exploró América del Sur con A.J.A. Bonpland de 1799 a 1804, supo de una lluvia de peces en los Andes. El pensaba que habían sido lanzados al aire por una erupción volcánica.

DE 1700 A 1800

Un globo ardlente cayó sobre la isla de Lethv (India),

y en el lugar de su aterrizaje apareció una materia ge- latinosa. (The Edinburgh Philosophical Journal, 1:234, octubre de 1819)

Una de las primeras noticias acerca de la sustancia hoy

conocida como cabello de ángel se encuentra en The

Natural History of Selborne (Inglaterra), de Gilbert White, quien describe cómo el 21 de septiembre de 1741 salió al campo antes de amanecer y encontró la hierba cubierta de una "tela de araña" tan espesa que sus perros tenían que quitársela de los ojos. Después, hacia las nueve, hizo su insólita aparición

y reclamó nuestra atención una lluvia de telas de araña que caía de regiones muy elevadas y continuó sin interrupción hasta el final del día. Esas telas no eran hilos transparentes aislados que flotaban en el aire en todas direcciones, sino copos o jirones perfectos, algunos de casi 3 centímetros de ancho y de 12 a 15 de largo, que caían con una cierta velocidad, pues eran considerablemente más pesados que la atmósfera.