La estrategia de Lisboa propugna medidas para promover el acceso a las TIC y establece objeti- vos para aumentar los recursos asignados a la investigación, que se consideran determinantes fundamentales para el progreso tecnológico. Con respecto a la difusión de las TIC, se ha observa- do un avance evidente en algunos ámbitos, es- tando ahora conectada a Internet una proporción sustancialmente más elevada de hogares y de es- cuelas. Al mismo tiempo, Europa no ha podido aprovechar totalmente los beneficios de las TIC para la productividad y, claramente, va a la zaga de Estados Unidos a este respecto. En el ámbito de la investigación, la evolución ha sido menos positiva. Un indicador estructural clave incluido en la lista de indicadores es el gasto en investiga- ción y desarrollo en porcentaje del PIB. Desde el año 2000, la ratio de gasto en I+D sólo ha au-
Gráfi co 2 Metas de empleo de Lisboa para el 2010 y avances realizados
(personas ocupadas con edades entre 15 y 64 años, en porcentaje del total de la población del mismo grupo de edad)
Fuente:
Fuente: Eurostat.Eurostat.
Nota: Las líneas que marcan la tendencia en los gráfi cos 2a, 2b y 2c son las líneas rectas que conectan los puntos de comienzo en el año
a) Tasa de empleo total
b) Tasa de em b) T
b) T pleo de las mujeres
c) Tasa de empleo de los trabajadores de más edad UE-15
Zona del euro
Tendencia necesaria para cumplir la meta de Lisboa Estados Unidos
(personas ocupadas con edades entre 15 y 64 años, en porcentaje del total de la población del mismo grupo de edad)
(personas ocupadas con edades entre 55 y 64 años, en porcentaje del total de la población del mismo grupo de edad)
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en el 1,9% del PIB en la zona del euro, ligera- mente por debajo de la ratio de la UE-15 y con- siderablemente por debajo de la meta del 3% (véase gráfico 3).
El crecimiento de la productividad puede verse impulsado también por más y mejor educación y formación. Se precisan las cualificaciones y las competencias adecuadas para reducir los des- ajustes en el mercado de trabajo y permitir una mejor reasignación de trabajadores entre empre- sas o ramas de actividad. Además del gasto en I+D, otro indicador estructural relativo a la inno- vación y la investigación incluido en la lista de indicadores es el porcentaje de población con edades comprendidas entre los 20 y los 24 años que han completado al menos el último ciclo de la educación secundaria. En la zona del euro, este porcentaje se situaba en el 72,5% en el 2004, ligeramente por debajo de la media para la UE- 15 y prácticamente similar al porcentaje del 2000, aunque muy por debajo de la meta del 85% (véase gráfico 4). Algunos países de la zona del euro han efectuado importantes avances, mien- tras que, en otros, el nivel de estudios alcanzado ha empeorado algo desde el año 2000.
(en porcentaje del PIB) 2000 2003 Meta
Fuente: Eurostat.
Nota: Las cifras para Grecia y Portugal se refi eren a 1999, en lugar de al 2000. Las cifras para Italia, Reino Unido y Japón se refi eren al 2002, en lugar de al 2003. Las cifras para Suecia corresponden al 2001. �� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� ��� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� ���� �������� ���� �� ��� �� �� ��
(personas con edades entre 20 y 24 años, que, como mínimo, han completado el último ciclo de la educación secundaria en porcentaje del total de la población del mismo grupo de edad)
2000 2003 Meta
F
Fuente: Eurostat.uente: Eurostat.
Nota: Las cifras para Luxemburgo y los Países Bajos se refi eren al 2003, en lugar de al 2004. No se dispone de datos comparables para Japón y Estados Unidos.
�� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� �� ���� �������� �� �� �� ��� �� REFORMA ECONÓMICA
La reforma económica, otra área clave de la estrategia de Lisboa, tiene como objetivo la creación de merca- dos eficientes, competitivos y que funcionen bien, así como de unas condiciones favorables al crecimiento económico. Se ha avanzado claramente en algunos ámbitos. Por ejemplo, la mayor parte de las industrias de red (industrias caracterizadas por la presencia de una infraestructura con estrangulamiento de oferta y características de monopolio natural) están ahora abiertas a la competencia en su mayor parte o en su totalidad, sobre todo en los mercados de telecomuni- caciones o transporte aéreo y, en menor medida, en el mercado de la energía. No obstante, resulta difícil aplicar una competencia efectiva, por lo que la cuota de mercado de empresas que poseían el monopolio anteriormente sigue siendo, en muchos casos, muy elevada. Otra área en la que se ha progresado es en la reducción de una regulación excesiva relativa a las empresas, por ejemplo, disminuyendo el tiempo y los costes en que se ha de incurrir para abrir un negocio. Un área importante de reforma económica tiene que ver con la culminación del mercado interior. Si bien se ha avanzado considerablemente, aún quedan partes
La estrategia de Lisboa cinco años después
ARTÍCULOS
significativas de la economía de la UE que no se en- cuentran integradas. Ello se debe, en parte, a que los Estados miembros han tardado en aplicar totalmente la legislación relativa al mercado interior y todavía no han logrado aumentar el «ritmo de transposición» (di- rectivas que han de transponerse a la legislación na- cional) a más del 98,5% de todas las directivas, como exige la estrategia de Lisboa (véase gráfico 5). Los servicios, rama que representa casi el 70% de la economía de la zona del euro e incluye una propor- ción relativamente importante de pequeñas y media- nas empresas, es el sector en el que es necesario pro- fundizar en los avances para culminar el mercado interior. En los servicios existe un significativo poten- cial sin explotar para el crecimiento y el empleo, de- bido, en muchos casos, a la normativa nacional que obstaculiza la prestación transfronteriza de servicios. Esta falta de integración constituye uno de los facto- res que han impedido una mayor convergencia de los niveles de precios entre los distintos países (véase gráfico 6)7.
En resumen, se han realizado avances en las refor- mas estructurales en el período transcurrido desde el año 2000, pero su alcance ha diferido ampliamente
Gráfi co 5 Ritmo de transposición
(porcentaje de directivas relativas al mercado interior transpuesta a la legislación nacional)
2000 2004 Meta
Fuente: Comisión Europea.
nota: Los datos se refi eren a mayo del 2000 y noviembre del 2004.
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eliminación de obstáculos al empleo, la difusión de las TIC y la liberalización de las industrias de red. No obstante, las tasas de empleo siguen siendo de- masiado bajas, el crecimiento de la productividad ha sido insuficiente y partes significativas de la econo- mía de la UE continúan sin estar plenamente inte- gradas. Aunque las reformas estructurales han avan- zado en la dirección adecuada, no han sido, hasta el momento, de gran alcance, y se precisan mayores esfuerzos si Europa desea lograr los objetivos de Lisboa.
5 LA REVISIÓN INTERMEDIA
En su reunión de primavera, celebrada en marzo del 2004, el Consejo Europeo decidió iniciar una revisión intermedia de la estrategia de Lisboa en vista de los desiguales resultados obtenidos en los primeros cinco años El Consejo consideró que, si bien los objetivos de la estrategia seguían siendo válidos, convenía acelerar considerablemente el ritmo de las reformas, sobre todo porque los desa-
Gráfi co 6 Niveles de precios comparativos
(niveles de precios del consumo fi nal de los hogares, incluidos los impuestos indirectos; UE-25 = 1000; basada en las paridades del poder adquisitivo) Fuente: Eurostat. ���� �� �� �� ���� �� �� �� �� �� ���� ���������� ���� ����� �� �� �� �� ��� ��� ��� ��� ��� ��� �� �� ��� ��� ��� ��� ��� ���
7 Véase también el artículo titulado «Convergencia de los niveles de precios y competencia en la zona del euro», en el Boletín Mensual
2000 2003
La estrategia de Lisboa ha sido el centro de un animado debate en círculos académicos. Las opiniones de sus integrantes acerca de la estrategia pueden dividirse en dos grupos. Uno se centra en el diagnós- tico económico en que se basa la estrategia de Lisboa, mientras que el otro gira en torno al marco institucional de la estrategia y, más en general, en la economía política de la reforma estructural. En cuanto al primer grupo, algunos observadores del mundo académico mantienen que el comporta-
miento económico de Europa no ha sido tan débil como se ha descrito en ocasiones1. En particular,
sugieren que las mayores tasas de crecimiento económico registradas en Estados Unidos están aso- ciadas a un mayor nivel de inmigración y que el más elevado PIB per cápita de Estados Unidos se debe al hecho de que la gente trabaje, en promedio, más horas que en Europa. Sostienen que los eu- ropeos optan por trabajar menos que su colegas estadounidenses, lo que, naturalmente, reduce el crecimiento económico de Europa. Otros, sin embargo, han argumentado que los europeos trabajan menos como consecuencia de cuñas fiscales (la diferencia entre los costes laborales totales para el empresario y el salario que llevan a casa los empleados) y de tipos impositivos marginales más ele- vados, de generosas prestaciones por desempleo, de la legislación sobre la jornada laboral y de polí-
ticas laborales orientadas a reducir la jornada de trabajo2. Aunque el debate continúa, la mayor parte
del mundo académico comparte la opinión de que Europa se enfrenta a una serie de importantes de- safíos económicos que requieren emprender reformas estructurales de gran alcance.
El segundo grupo se ha centrado en la manera en la que está organizada la estrategia de Lisboa para
explicar el decepcionante avance de las reformas estructurales en los últimos cinco años3 Algunos de
sus integrantes sugieren, por ejemplo, que el gran número de objetivos hace que resulte difícil definir las prioridades, lo que permite a los Gobiernos centrarse en los objetivos más fáciles de conseguir y reduce el incentivo a poner en práctica las reformas más importantes. Además, se ha argumentado que algunos de los objetivos de la estrategia podrían entrar en conflicto. Por ejemplo, podría ser di- fícil elevar simultáneamente el empleo y la productividad del trabajo, pues puede que exista una re- lación a corto plazo entre el aumento de estas dos variables. Además, algunos representantes del mundo académico cuestionan el hecho de que las metas de Lisboa sean idénticas para todos los paí- ses y sostienen que distintos países tienen necesidades distintas.
Otro aspecto del debate académico se refiere a hasta qué punto la UE debe tener una función de
coordinación en el proceso de reformas estructurales4. El principio de subsidiariedad sugiere que las
competencias deben quedar en manos de los Estados miembros a menos de que existan buenas razones para la coordinación. Se ha argumentado que una razón válida para que la UE coordine es el efecto trans- fronterizo de las medidas encaminadas a llevar cabo reformas estructurales. Se ha señalado que la mag- nitud del impacto podría depender del ámbito de la política económica, teniendo menos efecto transfron- terizo las medidas relativas a los mercados de trabajo que los cambios en los mercados de productos. Además, se ha aducido que el importante número de actores involucrados y de procesos hacen difícil lograr la coordinación adecuada de los distintos pilares de la estrategia.
1. Véase, por ejemplo, O. Blanchard (2004), «The Economic Future of Europe», Journal of Economic Perspectives, otoño, vol. 18, n.º 4, pp. 3-26. 2 Acerca del papel de las instituciones en los mercados de trabajo, véase, por ejemplo, S. Nickell, L. Nunziata y W. Ochel (2005), «Unem-
ployment in the OECD since the 1960s. What do we know?», Economic Journal, enero, vol. 115, n.º 500, pp. 1-27.
3 Véase, por ejemplo, A. Alesina y R. Perotti (2004), «The European Union: A politically incorrect view», Journal of Economic Perspectives, otoño, vol. 18, n.º 4, pp. 27-48.
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