En la mayoría de las políticas culturales locales, encontramos una promoción del diálogo intercultural entre los “nuevos vecinos” y los autóctonos, a partir de la creación de centros interculturales y/o la integración de la interculturalidad en las programaciones festivas o folklóricas del municipio, bajo la denominación de “fiestas de la diversidad” (como por ejemplo la festividad de la Merced de Barcelona y su roda de Carnaval orientadas cada vez más a expresar la diversidad cultural de la ciudad, la fiesta del final del Ramadán en el Parque de la Ciutadella o también el festival El Món
a Barcelona). Estas fiestas de la diversidad se desarrollan también en las sedes
culturales más próximas al ciudadano, como las bibliotecas populares o los centros cívicos. No obstante, solamente algunos inmigrantes los utilizan ya que no consideran “propios” estos lugares. Además, desde el tercer sector, se puede fomentar el diálogo intercultural a partir de las asociaciones de inmigrantes presentes en los municipios, (que publican sus revistas y organizan actividades culturales), y también mediante las asociaciones catalanas que quieren fomentar la comprensión intercultural. Según Emmanuel Négrier (2008: 181), esta promoción del diálogo intercultural es el primer paso hacia la aceptación del concepto diversidad. Sin embargo, a parte de estos intentos de integración desarrollados en algunos municipios y, sobre todo, en las grandes ciudades catalanas, la instrumentalización de la diversidad cultural está todavía al margen del sistema cultural. Según Négrier (2008: 181-183), hay dos razones principales para explicar esta dificultad práctica.
La primera es que existe una resistencia por parte de las instituciones artísticas para abrirse a nueva clientela (en este caso, los inmigrantes), ya que consideran que este territorio pertenece más del campo socio-cultural que a las orientaciones artísticas. La segunda es que perdura una duda general en cuanto a la eficacia de gestión de la diversidad. Pero la verdadera causa de esta marginalización es que se prefiere que las políticas culturales interactúen con instrumentos indirectos a la gestión de la diversidad cultural (como el desarrollo urbano, las políticas municipales, los acontecimientos festivos-mediáticos) antes de que se ejecute una remodelación de las instituciones más importantes de la política cultural. Además, no parece que se haya encontrado una solución global a la promoción de la interculturalidad, ya que los diferentes niveles (local, nacional y estatal), gestionan de manera diversa la interculturalidad, hecho que engendra una multiplicidad de soluciones a nivel teórico, pero con muy poca aplicación a nivel práctico.
2.1. Análisis de un caso concreto: Barcelona
La oferta cultural de Barcelona, así como las de otras grandes ciudades catalanas, no es aliena a los “nuevos vecinos” y éstos tienen un fuerte impacto sobre el consumo, la participación y la oferta cultural. Lluís Bonet de la Universidad de Barcelona, trató en detalles esta oferta “intercultural” de la ciudad. En la descripción que prosigue, utilizaremos algunos de sus argumentos.
Según Bonet (2006: 45), los estudiantes, los profesionales temporalmente establecidos en la ciudad, y también los turistas, con un nivel educativo alto, son consumidores de cultura lo que provoca un incremento del número de visitantes en los museos, cines en versión original, teatros o espectáculos musicales. Sin embargo, el bajo poder adquisitivo de buena parte de los inmigrantes más pobres o de origen rural y su falta de hábito cultural reducen el índice de asistencia a eventos culturales, aunque aumente el número de usuarios de bibliotecas (gracias al acceso gratuito a Internet y al hecho de disponer libros y publicaciones periódicas de sus países de origen). No obstante, hay que destacar que los inmigrantes son consumidores de cultura, pero dentro de su propia comunidad, con videotecas, librerías, tiendas de música especializadas, etc.
Además, el número de profesionales culturales en Cataluña ha crecido mucho, sobre todo en Barcelona en los últimos veinticinco años, con la presencia de artistas extranjeros en las orquestras sinfónicas, los teatros y las compañas artísticas. A partir de los años 90, este proceso se generalizó a excepción del ámbito de la gestión cultural pública (entre el cual destacamos los museos y las bibliotecas), donde los extranjeros o bien tienen más dificultades legales para poder acceder o bien les falta información y capacidad de comprensión del sistema cultural y administrativo propio del país. El ámbito privado también ha incrementado el número de extranjeros trabajando en los equipamientos, aunque el hecho de integrarse como gestor o empresario requiere un nivel de conocimiento de la realidad social y cultural del país muy elevado. Finalmente, la presencia más importante de creadores extranjeros se halla en las franjas más precarias del trabajo cultural como artistas y músicos de calle, becarios en instituciones culturales, artistas independientes, etc. Otro sector profesional con una gran demanda laboral para extranjeros es el de mediador cultural. Esta profesión consiste en ser interlocutor entre los nuevos inmigrantes y los referentes culturales del país. Muchas entidades y centros culturales disponen ya de profesionales que dominan el idioma y la red de relaciones asociadas a las diferentes
100 Capítulo VI: Las políticas culturales en el contexto pluricultural catalán
comunidades. De esta manera pueden, no únicamente ser traductores o interpretes de códigos diversos, sino sobre todo crear espacio y proyectos de interconexión (BONET I AUGUSTI, 2006: 50).
El paisaje cultural de la ciudad de Barcelona se ha transformado en los últimos años y no sólo por el cambio de estas costumbres culturales de los ciudadanos sino también por la capacidad de generar nuevas propuestas culturales, a medio camino entre la tradición catalana y la hibridación con nuevos hábitos. Algunos ejemplos de este cambio son la apertura de nuevos restaurantes, espacios nocturnos o asociaciones, la creación de festivales “interculturales” (cuya programación está influenciada por la demanda de los nuevos ciudadanos), el interés por las culturas del mundo de la población “autóctona” (como por ejemplo el festival Cruïlla de cultures de Mataró), las muestras de música o de gastronomía, la inserción en el programa de los centros cívicos (sobre todo el Patí Llimona, Sant Augustí, el centro de Drassanes, y del Besós) y de otras sedes que propulsan actividades dedicadas a otras culturas (sobre todo las bibliotecas y en cierta medida los museos), la interacción entre creadores artísticos de diferentes orígenes (sobre todo en los artes y en la escena de música alternativa barcelonesa), la organización de exposiciones dedicadas a las culturas del mundo y a la interculturalidad, etc. (BONET I AUGUSTI, 2006: 45).
Además de estas nuevas ofertas, se han creado instituciones culturales extranjeras que dependen directamente de su país de origen (como el Instituto francés, italiano, alemán, norte-americano o mexicano), asociaciones especializadas en zonas culturales como la asiática (Casa Àsia), iberoamericana (Casa Amèrica) o mediterránea (Institut Europeu de la Mediterrània) y otros espacios culturas que proponen una oferta cultural y reflexiva relacionada a diversos aspectos de sus respectivas culturas.
Finalmente, otros pequeños espacios culturales extranjeros con pocos recursos económicos han abierto sus puertas en los últimos años en los municipios catalanes, con el objetivo de dar soporte a los recién llegados, enseñarles el castellano o el catalán y organizar actividades culturales destinadas a ellos. Estos locales se insertan rápidamente en las redes sociales comunitarias y se convierten en puntos de encuentro y de relación para los miembros de la comunidad. La parte negativa de estas acciones es el riesgo de auto-marginalizarse (BONET I AUGUSTI, 2006: 45-46). En conclusión, Barcelona, juega cada vez un papel más relevante como ciudad creativa, de ambiente cosmopolita y con oportunidades de interacción entre culturas. Además, se podría decir que Barcelona es una de las pocas ciudades españolas que
ha empezado a elaborar una estrategia explícita en la construcción de una imagen de ciudad multicultural, por medio de grandes festivales o fiestas municipales, de acuerdo con la filosofía de los diferentes grandes planes de actuación municipales relacionados a la inmigración. No obstante, Bonet se pregunta si este diálogo intercultural no responde más bien a la utilización de la diversidad cultural como argumento mediático- cultural (BONET I AUGUSTI, 2006: 58).
102 Capítulo VII: Las políticas de los museos catalanes para el público de origen inmigrante