Chapter 6 Targeting & Precautions in Attack
4. Civilian Objects
4.1. Attacks and Operations
La dependencia de las Facultades de Ciencias, en la selección del alumnado
de las Escuelas de Arquitectura, es el hecho, que ilustra más
significativamente la primera mitad del siglo XX. Esto, junto con otras
circunstancias que se analizarán, generaban el problema de la tardía salida
de los egresados en la década de los cuarenta, que en algunos casos, se
acercaba al límite de edad establecida por algunos organismos públicos para
formar parte de su personal, y que en cualquier caso, suponía a los
estudiantes posponer la entrada de ingresos, produciendo así un filtrado por
el nivel económico de las familias, y en otros, seguir en la Escuela cuando ya
se tenían cargas familiares. Por otra parte, un país en reconstrucción, que
poco a poco, fue incrementando su actividad constructora, necesitó un
número de técnicos, que las escuelas de arquitectura no pudieron aportar,
por lo que se hizo necesaria la revisión de los procesos de formación, para
adaptar la oferta a la demanda.
El problema no era nuevo y se arrastra desde el momento mismo de la
creación de los estudios de arquitectura, si bien en el siglo XX se hizo más
acuciante, produciendo consecuentemente, la reivindicación permanente de
los organismos asociativos profesionales. De este modo la SCA por medio de
sus congresos, dio importante cobertura al problema, en ocasiones
conjuntamente con las escuelas, y otras tomando caminos separados.
Los programas de las Escuelas de Madrid y Barcelona, quedaron
armonizados por una Real Orden de junio de 1897, como primer paso en el
diseño de unos estudios de arquitectura de carácter nacional. Al inicio del
siglo XX se consiguió un pequeño avance, con la posibilidad de impartir en
las escuelas, Geometría Descriptiva y Cálculo Infinitesimal, dentro del curso
primero de enseñanzas preparatorias; de Mecánica Racional en el segundo
curso, así como, de la evaluación del resto de asignaturas, que siguieron
teniéndose que preparar en las Facultades de Ciencias. Esto se anunció
mediante el un Real Decreto en noviembre de 1903, y acalló en cierta
medida, las reivindicaciones que se venían produciendo, desde que en el
siglo XIX, los estudios de arquitectura habían quedado separados en
preparatorio y especial. A partir de este momento, se crearon las cátedras
de Matemáticas, Geometría y Física, en las Escuelas.
En 1881, la Sociedad Central de Arquitectos comenzó la celebración de sus
congresos, que se pensaron inicialmente, celebrar con una periodicidad de
VI, celebrando separadas, la sesión internacional de la nacional, que no se
celebró hasta unos días después. De este modo, en la primera se trató el
tema del Art Nouveau como expresión de la arquitectura moderna, con la
participación de Hermann Muthesius y Hendrik Petrus Berlage. Pero, la
sesión que interesa para el tema de la enseñanza, formó parte del congreso
nacional, en el que se trató el tema de las enseñanzas científicas en la
Arquitectura. Así como de la necesidad de incorporar la técnica con más
protagonismo en los estudios, con la creación de laboratorios de ensayos en
las escuelas. La restructuración de los estudios de arquitectura volvieron a
ser protagonistas en el Congreso de Bilbao de 1907, reiterando la petición de
supresión de la participación de las facultades de ciencias en la selección de
estudiantes de arquitectura, y apostando esta vez por el dominio del
carácter artístico en los estudios, que nuevamente se volvió a solicitar en el
Congreso de Valencia en 1909.
La falta de atención de estas solicitudes, tuvo como consecuencia, que en
años sucesivos se instara en diferentes foros, y fundamentalmente desde la
Escuela de Madrid, a la petición de separación de las escuelas de
arquitectura del ámbito universitario. La esperanza se colocó en el Plan de
1914, que pronto decepcionó al no introducir los cambios esperados, más
allá de la eliminación de algunas disciplinas obsoletas, como Zoología o
Botánica, y la incorporación de algunas tecnologías, que entonces se
consideraron de “dudosa utilidad”, como la Electrotecnia. Además, el plan
de estudios fue de los más largos de Europa167, prolongando la estancia de
los estudiantes en las aulas, a lo que se sumó, la excesiva permanencia de
los profesores en sus puestos, ya que no tenían una obligación real de
jubilación.
En IX Congreso Nacional de Arquitectos, celebrado en Barcelona en 1922, la
enseñanza de la arquitectura volvió a tener gran protagonismo, sobre todo
el discurso pronunciado por Teodoro Anasagasti, que transmitió su
conocimiento de la enseñanza e instalaciones dedicadas a ella, en Alemania
y Austria. Esta ponencia junto con otras, fue remitida a las instituciones de
enseñanza, que no las apreciaron como era de esperar, de modo, que
comenzó a evidenciarse una preocupación distinta entre la profesión y la
SCA, y las instituciones académicas, por los problemas que aquejaban a la
enseñanza de la arquitectura. De manera, que la SCA instó al Ministerio de
Instrucción pública a actuar, obligando a las escuelas a revisar sus planes;
167
Es adecuado para formar técnicos enciclopedistas, que se han bautizado graciosamente en el extranjero como técnicos ómnibus, que sirven para todo y fracasan en
la realidad. ANASAGASTI, Teodoro. Orientaciones para un Plan Moderno de Enseñanza de la Arquitectura. Redactado a solicitud de la SCA. 1914. Libro Blanco. Título de
así, el 1925 un nuevo Plan estuvo prácticamente terminado, pero se demoró
su entrada en vigor y fue definitivamente olvidado, cuando el proceso de
creación de colegios profesionales comenzó su andadura, durante la
Dictadura de Primo de Rivera, y cuando la recién proclamada II República
aprobó los estatutos colegiales disolviendo la SCA.
El siguiente en entrar en vigor, fue ya el Plan de 1932, que incorporó las
recomendaciones del Congreso de Barcelona de la década anterior,
aplicándose efectivamente en el curso 33‐34, con la instauración
nuevamente, de cinco años académicos de estudio. Pero, se mantuvo, la
dependencia en el proceso de ingreso de las facultades de ciencias por dos
cursos, a la que se añadió el paso por la Escuela de Idiomas, que remataba
con otro proceso selectivo en las propias escuelas de arquitectura. Las
asignaturas aumentaron a 21, repartidas en los cinco cursos, si bien como
positivo cabe señalar, que se diseñaron talleres que integraban los
conocimientos teóricos con los prácticos. En cualquier caso, el inicio de la
Guerra aparcó la puesta en marcha efectiva, hasta su final.
Enseñanza de Arquitectura después de la Contienda Civil.
En la segunda década después de finalizada la Guerra, los estudios en la
Escuela de Madrid siguieron divididos en dos ciclos: el preparatorio, y el
especial orientado a materias específicas de arquitectura.
El ingreso (preparatorio) se preparaba fuera de la Escuela, en la Facultad de
Ciencias, con materias obligatorias y no siempre adaptadas adecuadamente
a los estudios del futuro estudiante de arquitectura, ni tampoco al ejercicio
profesional posterior. Las pruebas de acceso incluían una prueba de Dibujo y
otra de Cálculo Integral.
Al frente de la Escuela de Madrid, en estos años, se encontraba Modesto
López Otero, que lo hacía desde antes del inicio de la Guerra Civil (fue
director entre 1923 y 1941, y nuevamente en otro periodo entre 1952‐55).
Entre los profesores más destacados, encontramos a arquitectos como
Pedro Muguruza, Luis Moya Blanco (director entre 1963 y 1966) o a Pascual
Bravo168 (director entre 1956 y 1963); todos ellos con una característica
común: representantes y defensores, del clasicismo en la arquitectura.
El Plan de Estudios de 1914, que había reducido a cuatro años la carrera, sin
reducción de contenidos, y mantuvo su vigencia diecinueve años, había sido
sustituido antes del inicio de la Guerra por el Plan de 1932, que se puso en
marcha en el curso 33‐34, y se componía nuevamente, de un máximo de
cinco cursos, que debían contener 21 materias definidas por el Plan.
Con Emilio Canosa169, que sustituyó a Modesto López Otero al frente de la
Dirección de la Escuela de Madrid en 1941 y la dirigió hasta 1952, abarcando
también buena parte del periodo estudiado, se incorporaron a la enseñanza
de la arquitectura, jóvenes recién egresados como Javier Sáenz de Oiza170, y
posteriormente Francisco Cabrero171, Rafael Aburto172, Alejandro de la
Sota173 y José Luis Fernández del Amo174. Esto, junto con el incremento en la
168 Pascual Bravo Sanfeliú. Zaragoza, 1893‐1984. Arquitecto, profesor de la Escuela de Madrid desde 1920. En 1956, fue nombrado Director de la Escuela de Madrid,
dirigiéndola hasta su jubilación en 1963. Como arquitecto reconstruyó, tras la contienda la Escuela de Arquitectura en la Ciudad y Universitaria, así como el Hospital
Clínico, y colaboró con Modesto López Otero en el Arco de Triunfo de la Plaza de la Moncloa en Madrid.
169
Emilio Canosa Gutierrez. La Habana, 1894‐1971. Arquitecto, profesor de la Escuela de Madrid desde 1921. Durante la Guerra tras ser expulsado de la CNT huyó a
zona nacional en 1937. Tras la contienda, en 1941, fue nombrado Director de la Escuela de Madrid, dirigiéndola una década hasta 1952. Como arquitecto es conocido
por ser el autor del, actual, Hotel reina Victoria, en la Plaza de Santa Ana de Madrid.
170 Javier Sáenz de Oiza. Navarra, 1818‐2000. Arquitecto, profesor de la Escuela de Madrid, se incorporó enseñando clases de Salubridad e Higiene, desde donde
comenzó a trabajar para supera el historicismo de la posguerra y evolucionar hacia la contemporaneidad de la arquitectura; posteriormente fue profesor de Proyectos
Arquitectónicos en la Escuela de Arquitectura de Madrid. Como arquitecto destacó rápidamente ganando el concurso junto con Luis Laorga para reconstruir la Basílica
de Aranzazu, destacando entre su amplia obra, también, Torres Blancas y la Torre del Banco de Bilbao en Madrid.
171 Francisco de Asís Cabrero Torres‐Quevedo. Santander, 1912‐2005. Arquitecto, destacó rápidamente ganando el concurso para la construcción de la sede de la
Delegación Nacional de Sindicatos, junto con Rafael Aburto, en el Paseo del Prado Madrid. Este proyecto de 1949, significó la aceptación de la arquitectura, no
historicista, para proyectos encargados por la administración.
172 Rafael Aburto Renobales. Vizcaya, 1913‐2014. Arquitecto, ganó conjuntamente con Francisco de Asís Cabrero el concurso para la construcción de la sede de la
Delegación Nacional de Sindicatos. Actuó como profesor de Proyectos en la década de los sesenta.
173
Alejandro de la Sota. Pontevedra, 1913‐1996. Arquitecto, autor del conocido Gimnasio del Colegio Maravillas en Madrid, o el Gobierno Civil de Tarragona, fue
profesor entre 1956 y 1972.
Aulas de dibujo.
Escaleras y hall principal.
Acesso.
ETSAM reconstruida tras la contienda.
http://www.aq.upm.es/historiaetsam/ETSAM/ETSAM2.html.
entrada de material publicado del exterior, permitió un cambio sustancial en
la formación de las nuevas generaciones. Este cambio en la Escuela,
coincidió con la circunstancia de que en el país se comenzaba a ejecutar una
arquitectura de carácter “moderno”, que servía como referencia a los
estudiantes, paliando de algún modo las carencias en la educación que
recibían: «No obstante, la arquitectura moderna llegaba a la Escuela a través
de los ejemplos que empezaban a construir sus antiguos alumnos en la
ciudad de Madrid y de la colaboración en los despachos de jóvenes
arquitectos175».
La situación de la enseñanza de arquitectura en España, fue un problema
fundamental, que se refiere de manera continuada en los artículos que se
publican en estos años. Algunas veces, permiten valorar el problema en
cuanto a la tendencia de lo enseñado; esto se evidencia claramente en las
justificaciones a la política de la Escuela en artículos de Modesto López
Otero. Pero, abundan otro tipo de artículos como los que escribe Carlos de
Miguel, como Dirección General de Arquitectura, en intento de transmitir a
las autoridades, el problema que producía la dependencia en la selección de
estudiantes la participación de las Facultades de Ciencias.
La Ley de 1957176 fue fundamental para la formación del Arquitecto, pues
eliminó parcialmente la obligación de ingreso a través de pruebas en las
Facultades de Ciencias, y permitió a las Escuelas de Arquitectura, una
autonomía real en la selección de su alumnado. De modo, que se instauró un
proceso selectivo de dos cursos, siendo el primero común para arquitectos e
ingenieros, que podrían realizarse en las Facultades de Ciencias, pero
también en las Escuelas, más otro específico a celebrar únicamente en cada
Escuela. Esta reforma, que no fue en realidad un Plan, introdujo los idiomas,
las especialidades y el proyecto final de carrera como requisito previo al
título. Sería la Ley de Reordenación de las Enseñanzas Técnicas de 1964, la
que eliminaría el proceso selectivo definitivamente, al no haberse logrado
disminuir el tiempo empleado en la obtención del título con la reforma del
57, planteando que el proceso selectivo quedase integrado en los cinco
cursos de estudios. Como consecuencia se redactó el Plan de que se
comenzó a desarrollar en el curso 64‐65, y se crearon los Institutos
Politécnicos, que en 1966 adoptaron el estatus de universidades en Madrid,
Barcelona y Valencia.
174 José Luis Fernández del Amo. Madrid, 1914‐1995. Trabajó en los organismos de reconstrucción del Estado, tanto en la Dirección General Regiones Devastadas,
como en el Instituto Nacional de Colonización. Son de gran interés algunos de los poblados que construyó en esta época como Vagaviana. Fue profesor de proyectos
durante los años sesenta, y académico numerario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando.
175
ESTEBAN MALUENDA, Ana María. La modernidad importada: Madrid 1949‐1968: cauces de difusión de la arquitectura extranjera. Tesis doctoral: Universidad
Politécnica de Madrid. Madrid, 2007.
176 Ley 209/07/1957 de Ordenación de las Enseñanzas Técnicas.
En el primer número de BDGA, se habían enunciado los propósitos que
quería cumplir la publicación y que ya se han citado parcialmente, a los que
se debe añadir: «… La Dirección general de Arquitectura no puede reducirse
a ser la asesora del Estado en lo que, hasta ahora, era la arquitectura oficial
y defender unos intereses de clase con los conceptos limitados que estos
intereses representan, sino que ha de procurar que los fines que hasta hace
poco tenían los arquitectos como tal clase, se desenvuelvan con arreglo a las
nuevas condiciones de vida, y puedan conservar los arquitectos el papel que
siempre han desempeñado en la sociedad y aun aumentar su importancia en
el nuevo engranaje social». Estos propósitos, llevados a la práctica, se
manifestaron en temas recurrentes en las publicaciones, y entre ellos
tuvieron indudable presencia la formación del arquitecto y las atribuciones