En el plano político, el crecimiento registrado en los últimos años en el número de encuestas responde a una tendencia internacional que promueve la cultura científica y que reclama con insistencia la nece- sidad de abrir el proceso de toma de decisiones relativas a la ciencia y la tecnología a la participación ciudadana. Iberoamérica no ha sido ajena a esa tendencia hacia lo que algunos autores han identifica- do con una democratización del conocimiento. En el plano técnico, en muchos casos estas encuestas
7 El proyecto de implementar una encuesta nacional en Cuba lleva muchos años en la planificación institucional del Minis- terio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, aunque debido a cuestiones presupuestarias, administrativas, y de logística,
han seguido lineamientos metodológicos provenientes de la Unión Europea y de los Estados Unidos. Sin embargo, a partir del año 2001, la creación en el ámbito de la RICYT, con el apoyo de la OEI, de una sub-red temática de indicadores de percepción pública de la ciencia, generó un espacio propicio para discutir a nivel regional la problemática específica de este tipo de indicadores.8 Entre los años 2001 y 2003, la red se desarrolló al compás de la ejecución del proyecto iberoamericano de “indicadores de percepción pública, cultura científica y participación ciudadana” donde se planteaba la necesidad de avanzar hacia la construcción de metodologías e indicadores que, tomando en cuenta la tradición internacional, estuvieran situados regionalmente y, por lo tanto, fueran pertinentes para el contexto de la ciencia, la tecnología y la cultura iberoamericanas (véase al respecto Vaccarezza et al., 2003; Vaccarezza, Polino, Fazio, 2004). El proyecto además proponía por primera vez que se iniciara un cami- no hacia la obtención de un manual de indicadores de alcance regional.9
Durante esta primera etapa la red se vio impulsada por la labor de instituciones como la Fundação de Amparo à Pesquisa (Fapesp) y la Universidad de Campinas de Brasil, las universidades de Oviedo y Salamanca (España) o la Universidad de la República (Uruguay). Como parte del trabajo realizado se revisó la tradición de estudios de comprensión pública de la ciencia, se analizaron las encuestas inter- nacionales y se realizaron estudios de caso con una perspectiva cualitativa.10 En el año 2002 también se aplicó una primera encuesta piloto regional, de carácter metodológico (no representativa), en las ciudades de Buenos Aires, Montevideo, Salamanca, Valladolid, y Sâo Paulo. En el cuestionario se con- templaban cuatro ejes temáticos principales:
• Imaginario social sobre la ciencia y la tecnología:11 el conjunto de indicadores de este eje incluía, por un lado, la imagen con la cual se asocian las ideas de ciencia; la idea de la ciencia como conocimien- to legítimo; la imagen de los científicos y la actividad científica y tecnológica. Y, por otro lado, la percep- ción acerca de la utilidad de la ciencia; la representación de la ciencia en su relación con la sociedad y la 8 Precisamente, en el año 2001 los participantes del Quinto Taller de Indicadores de la RICYT planteaban la relevancia y con- veniencia de que los temas relativos a la percepción pública, la cultura científica y la participación ciudadana se incorporaran a la nueva agenda de trabajo regional.
9 El estudio se había planteado a) contribuir al proceso de reflexión teórica para el desarrollo de indicadores; b) diseñar ins- trumentos de medición que contemplen las particularidades regionales; c) integrar metodologías que permitan, finalmente, la comparación internacional; d) aportar nuevos elementos para la definición de políticas públicas en la materia; y e) confor- mar una red de grupos de investigación e instituciones en Iberoamérica.
10 Algunos de los estudios empíricos y exploratorios que se implementaron fueron: “estudio sobre desarrollo institucional de la cultura científica; “estudio sobre relevamiento de experiencias de participación ciudadana”; “estudio sobre percepción y consumo de fuentes de información científica”; o “estudio sobre percepción del riesgo asociado a la ciencia y la tecnología”. 11 El imaginario social sobre la ciencia y la tecnología se definía como “el conjunto de imágenes, expectativas y valoraciones sobre la ciencia y la tecnología como institución, como instrumento de acción, como fuente del saber y la verdad y como grupo humano o social con una función específica” (Vogt y Polino, 2003:76).
vida cotidiana; la imagen de la ciencia como fuente de riesgo; y, finalmente, algunas representaciones sobre el desarrollo de la ciencia local.
• Comprensión de contenidos de conocimiento científico: los indicadores incluidos en este eje
pretendían reflejar la comprensión que el público tiene de algunos contenidos generales de conoci- miento científico y tecnológico. Para ello se presentaban algunos ítems reproducidos de los estudios del Eurobarómetro y de la NSF, así como otros diseñados específicamente en el marco del proyecto de referencia.
• Prácticas de comunicación social de la ciencia: este eje estaba orientado hacia la indagación de
algunos procesos de comunicación social de la ciencia. Con dicho objetivo se incluyeron indicadores sobre la percepción de la oferta de información científica en diarios, televisión y revistas de divulga- ción; sobre propósitos y frecuencia de consumo de contenido científico; sobre el consumo y valoración del fenómeno Internet; y sobre la percepción acerca de los productores de contenidos de divulgación científica en términos de credibilidad y competencias profesionales.
• Participación ciudadana en temas de ciencia y tecnología: el conjunto de indicadores incluidos
en este eje intentaba identificar, por un lado, experiencias de participación efectiva; y, por otro lado, valoraciones de los entrevistados sobre la participación, y sobre las facilidades y los obstáculos para hacerla efectiva.
Los resultados de la encuesta se publicaron en un libro bilingüe (español-portugués), editado por RICYT, OEI y FAPESP, con el apoyo de la Universidad de Campinas, Brasil (véase Vogt y Polino, 2003). A partir de ese momento, además, los foros, ámbitos de trabajo y asesorías técnicas de la RICYT y la OEI estimularon un amplio debate en la región, lo que incentivó el desarrollo de encuestas y estudios en varios países. Y fue precisamente en este contexto en el cual el número de encuestas nacionales comenzó a crecer.