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Authenticated Memory Encryption

Part I: Efficient Physical Memory Security

Chapter 2 Physical Memory Security

2.3 Authenticated Memory Encryption

90 CÓMO SE CREA Y SE INVESTIGA tamente lógicas. Así, el epistemólogo Alan F. Chalmers (What

is this thing called science?) hace notar que si bien estamos dis-

puestos a afirmar con sólo dos observaciones (Hiroshima

y

Na- gasaki) que las bombas atómicas causan destrucción y muerte, no atribuiríamos poderes de adivinación a alguien que hubiera hecho dos predicciones correctas. Pero, ¿te animarías a des- deñar lo sucedido cuando cayeron las bombas sobre esas dos ciudades, como mera casualidad? Para sacar conclusiones acer- ca del efecto de las bombas atómicas sobre las personas, ¿espe- rarías a tener un número mayor de observaciones? No siempre se arreglan las cosas con un número mayor de observaciones; por ejemplo, por más que hayamos constatado que el Sol sale todos los días, no podríamos asegurar que ha de seguir saliendo por siempre jamás (la evolución del Sistema Planetario Solar predice que algún día ha de acabar), ni nuestra observación sería válida para la gente del casquete Ártico o del Antártico.

El método inductivo es, con todo, la herramienta central de nuestro trabajo científico, del Método Científico, porque medi- mos unas pocas células, unos cuantos átomos y sacamos con- clusiones acerca de todas las células y todos los átomos. Sin embargo, se ha hablado tanto de esta herramienta, que el lego cree que, seriamente, hay un método cuya aplicación crea co- nocimientos. Pero para crear conocimientos no basta hacer ex- perimentos: yo podría pasarme el día entero repitiendo los experimentos de Bernoulli, de Planck y de Palade sin encon- trar nada nuevo; o diseñar experimentos válidos, que nadie jamás ha hecho, y tampoco observar nada nuevo. No contamos con ningún método o sistema de reglas para descubrir cosas ni generar modelos explicativos (véase R. Pérez Tamayo, ¿Existe

el método científico?). El método científico sólo se refiere a la

instancia de aceptación del conocimiento que alguien generó, para incluirlo en el cuerpo del conocimiento científico: gracias a él, nuestros colegas creen en lo que publicamos. Pero: "No sabe- mos qué sucede en la mente del científico cuando encuentra una pista, cuando produce una idea, una nueva representación de la realidad" (Cinna Lomnitz,

Sobre

la creación científica). El

viejo cuadro de la ciencia como una amalgama de hechos fríos y lógica seca pasó de moda. La formulación de leyes naturales comienza como una hazaña de la imaginación, y el elemento puramente lógico en el descubrimiento científico es relativa-

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mente pequeño (Peter Brian Medawar, The art of the soluble). Queda claro entonces que, una cosa es descubrir, y otra muy distinta probarle a los demás lo que se ha descubierto. En la primera instancia, la creación actúa en buena parte el incons- ciente; la segunda no es inconsciente, pues consiste en el con- junto de pruebas y requisitos que la filosofia nos impone para

que nuestro aporte ingrese a un sistema más amplio de conoci- mientos: La ciencia. Por eso, el filósofo Hans Reichenbach (The

rise of scientific philosophy) propuso separar el contexto del

descubrimiento del contexto de justificación, y luego (1934) su colega Karl Popper (The logic of discovery) asignó el estudio de las cuestiones relacionadas con el descubrimiento a la psico- logía empírica, y el estudio de las justificaciones a la filosofía de la ciencia. No faltarán quienes lleven las cosas al extremo y crean que, mientras los investigadores tienen que ser origi- nales, la ciencia en sí prescinde de la originalidad (André M. Bennett, Science: the antithesis of creativity). De hecho, los psicólogos, sobre todo los provenientes de la filosofía, tratan de demostrar que sus antiguos maestros son algo así como adua- neros de la ciencia, o miembros de un comité legislativo que establece los requisitos para que los hallazgos sean aceptados y puedan ingresar al cuerpo del conocimiento, pero que la verdad (suponiendo que haya una) no está como quería Hume en la naturaleza, ni la tiene Dios en su caja fuerte; más bien, esa verdad se trata de otra cosa, quizá de un significado que le atri- buimos a la naturaleza, al mundo en general, y que está en no- sotros, tal vez en el corazón ("concordar" significa poner en sin- tonía corazones), en la cabeza, como sugería Pascal, o en algu- nas otras zonas, como proponía Freud.

Con todo, ésos son modelos de la ciencia que puede hacer un solo individuo. Pero la ciencia es hecha por toda la comu- nidad. Si uno propone una idea demasiado avanzada, demasia- do insólita o demasiado alejada de las fronteras que se están explorando en un momento dado, esas ideas son ignoradas y uno puede trabajar tranquilo, a su paso, meditando; aunque claro está, con el consiguiente nerviosismo de perder apoyo. Pero si se trata de ideas o hallazgos "calientes", en cuanto apa- rece su artículo, ya tiene un enjambre de competidores... y a veces los tiene antes, pues no es raro que los editores se sirvan y conviden a sus cuates con las novedades enviadas para su

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publicación, y que luego el artículo enviado por un investigador