Lo que es un hecho innegable es el cada vez más creciente uso de la tecnología digital entre los jóvenes. Los datos hablan por sí mismos. En Estados Unidos, casi la mitad de los niños menores de 6 años han usado una computadora y casi un tercio han jugado un videojuego (Piscitelli, 2009; p. 26). También en este país, se reporta que el tiempo mensual usado en Internet, corresponde en primer lugar a las Redes Sociales y blogs con 906 millones de horas mensuales, seguido de juegos con 407, correo electrónico con 329 y portales con 176 ; y cómo el tiempo invertido en las pantallas supera incluso al tiempo invertido en la lectura impresa, por ejemplo, el promedio de graduados de los EU, “…han pasado cerca de 5000 horas de su vida leyendo, pero han dedicado cerca de 10 000 horas a jugar videojuegos y han invertido cerca de 20 000 horas viendo TV” (Piscitelli, 2009; p. 45). Internet ha posibilitado además, nueva formas de comunicación, y por lo tanto nuevas formas de
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interrelacionarse. Para entender estos comportamientos es indispensable caracterizar a este grupo emergente que “necesitan ser educados”. Generación que por primera vez en la historia, es capaz de entender la lógica de la innovación de manera más precisa que quienes tienen a cargo el deber de enseñar. Esta nueva generación, que es producto, y al mismo tiempo ha propiciado que hoy en día se esté hablando del cambio de paradigma educativo. Una generación con características muy particulares que emerge con una visión completamente distinta a las que le han antecedido.
Sin embargo, este fenómeno no es nuevo. La historia registra el surgimiento de generaciones que se caracterizan por vivir una misma época, por determinados periodos de tiempo, que además son testigos o experimentan sucesos importantes en su entorno. Y aunque la teoría de las generaciones ha sido criticada por no existir un consenso en cuanto a la delimitación como se conforman los grupos establecidos, esto es, cuándo empieza una generación y cuando termina, han aportado elementos que permiten entender el comportamiento de distintos grupos en determinados momentos históricos.
Muchos son los nombres que se han acuñado para señalar a la generación que emerge en nuestros días y todos ellos tienen relación con el sustento que la distingue: el uso de la tecnología. Son los milenarista, la generación red, la generación digital, la generación Google, generación copiar y pegar, generación arroba, etc. Baricco (2009) utiliza el apócope de “bárbaros”, y se refiere a ellos como producto de esta gran innovación tecnológica, cuyo valor intocable es la espectacularidad, que adoptan una lengua moderna o nuevo lenguaje, en los que priva la simplificación, superficialidad, la velocidad y la medianía. O los “nativos digitales” y su antónimo “inmigrante digital”, términos acuñados por Prensky (2001), que los describe como aquellos niños cuya vida ha estado aparejada por la tecnología digital y su manejo de la información es diametralmente opuesta a la de las generaciones anteriores. Quienes hoy tienen entre 5 y 15 años de edad, son la primera generación mundial que ha crecido inmersa en estas nuevas tecnologías. Castell dice que “Han pasado toda su vida rodeados de computadoras, videojuegos, teléfonos celulares y el resto de los gadgets digitales, pero especialmente respirando la atmósfera Internet” (Piscitelli 2009; p.45). Boschma (2008) la denomina “generación Einstein”, que es la siguiente a la “generación X” la cual nos ha tocado conformar, y elige el nombre con el afán de crear una identidad positiva que permita alejarse de las denominaciones rápidas y superficiales. “En definitiva, geniales no son, pero sostenemos que esta sociedad informatizada les ha dotado de una manera de procesar la información más cercana a Einstein (creativa y multidisciplinar) que a Newton (racional, lógico y lineal)” Boschma (2008; p.47), y cuya forma de pensar y actuar puede incluso propiciar cambios paradigmáticos. Pero que
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además se caracteriza en términos generales por tener una independencia personal que no tuvieron otras generaciones y que Internet amplía exponencialmente hacia un universo donde tendrán que encontrar ubicación. Esta generación requiere una nueva forma de aprender lo cual conlleva a la discusión sobre los problemas que hoy enfrenta la escuela normalizada.
La enseñanza tradicional, caracterizada por el estudio de materias en bloques donde se privilegia un modelo basado en el aprendizaje de teorías para después integrar los conocimientos a la práctica, choca con la nueva capacidad del manejo de la información de forma discontinua, proveniente de diferentes emisores y tiempos. El aprendizaje normal está basado en el trabajo lineal, en los libros, mientras que la nueva generación ha crecido con el zapping, en la no linealidad, saltando de un asunto a otro y donde la imagen ha ocupado el lugar de la palabra. Baricco (2009) habla en este sentido, del multitasking, acepción que muchos investigadores aún no alcanzan a entender del todo y que consiste en que las nuevas generaciones en un solo momento realizan múltiples actividades tales como “…hacen los deberes mientras chatean en el ordenador, escucha el iPod, manda sms, busca en Google la dirección de una pizzería y juguetea con una pelotita de goma” (Baricco 2009; p.117). Piscitelli (2009), agrupa una serie de características que prevalecen en esta nueva generación de nativos digitales: (1) son producto de la digitalización de la cultura de los últimos años, menor en los países periféricos y han nacido rodeados del auge del desarrollo tecnológico (entre los 15 y 18 años); (2) aman la velocidad al momento de tratar con la información, tienen la capacidad de realizar muchas cosas a la vez, son multitasking y multimedia; (3) tienen una notable preferencia por el universo gráfico que por el textual, eligiendo el acceso aleatorio e hipertextual cuando buscan información, en vez de la forma lineal, propia del libro y la era analógica; y (4) desarrollan toda su potencialidad cuando operan en red y prefieren el juego al trabajo serio. En general se habla de cambios en su axiología y su epistemología y por lo tanto, para los cuales no fue diseñado por siglos el sistema educativo imperante. Así, mientras los libros han privilegiado la abstracción y la conceptualización, las nuevas tecnologías han permitido la configuración de nuevas identidades expresivas, donde el orden cognitivo, emocional y sociocultural, está siendo sustituido.
La lectura y el uso del lenguaje en los nativos digitales son distintos. Debido al tiempo que dedican a navegar por internet, han cambiado las relaciones interpersonales por interacciones mediadas por una pantalla, lo que determina tanto su comportamiento como las nuevas expresiones mentales (Martínez, 2010). Baricco (2009; p.58) los describe como una nueva “…especie con branquias atrás de las orejas” los cuales, a diferencia de las generaciones anteriores, “…pueden vivir bajo el agua”. Sus valores se reducen a la superficialidad, la simplificación y la velocidad y su manera de ver el mundo
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está determinada por una pantalla. Más aún, no dan valor a lo culto, al canon, a lo noble. Los bárbaros no valoran, no leen, consideran la gramática intertextual de una pobreza de sentido, buscan secuencias que no encuentran en el libro tradicional, etc. Y aunque no sabemos si para bien o para mal, lo cierto es que ellos son los que tomarán las riendas de este mundo en un mañana próximo por lo que hay que tomar medidas de adaptación y entendimiento a su forma de vida. Y a lo que Piscitelli (2009) responde con la propuesta de gestar productos culturales que consideren la convergencia mediática, esto es buscar nueva información y establecer las conexiones de contenidos mediáticos dispersos; la cultura participativa y la inteligencia colectiva.