Las tecnologías y el conocimiento subyacen a todas las actividades que el hombre desarrolla en su vida cotidiana. El cambio de lo digital a lo analógico está generando transformaciones en áreas tan específicas como lo es la educación y es a través del análisis de lo que la escuela ha realizado para adaptarse a esta transformación, que podremos entender cuál es la relación que impera entre educación y tecnología. En este sentido, el uso y crecimiento de computadoras en las escuelas ha ido aumentando considerablemente a partir de la década de los ochentas, cuando aparecen las primeras computadoras personales, y las encuestas muestran una utilización cada vez mayor de los estudiantes de estas herramientas, sin embargo en la mayoría de los casos, el uso se circunscribe al uso básico de elaboración de textos, uso del correo electrónico, messenger, despliegue de una página web, uso de redes sociales, etc.
La utilización que los jóvenes hacen no es suficiente, sino que se hace indispensable “…educar a los usuarios potenciales, formarlos en las habilidades necesarias para ser internautas en las diferentes prácticas letradas que pueden desempeñar con relación a sus vidas, en las identidades y el poder que pueden alcanzar a partir de las mismas. En definitiva, facilitar el acceso “técnico” a internet es mucho menos complejo que cambiar las prácticas, los hábitos y los valores de la ciudadanía no electrónica” Cassany (2008; p.87).
Los cambios implementados en el ámbito educativo para integrarse a las exigencias globalizadoras del planeta, han dejando de lado, o muy pocos las han atendido, el estudio entre el “…choque de paradigmas cognitivos y el advenimiento de Internet como nuevo horizonte en la discusión epistemológica” (Piscitelli, 2005; p.15). El requerimiento de un nuevo aprendizaje comprende no solo formar a los estudiantes, también los docentes requieren competencias para afrontar los nuevos retos tecnológicos, así como adquirir las destrezas pedagógicas necesarias que comuniquen y trasciendan a la transacción digital. “El desafío es doble: hay que aprender cosas nuevas, y tenemos que enseñar
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las cosas viejas de un modo nuevo, siendo ambas tareas tremendamente difíciles de lograr, quizás lo más desafiante es enseñar lo viejo con los ojos nuevos” Piscitelli (2005; p. 51). Lo anterior tiene su expresión en las múltiples manifestaciones de incomprensión hacia los jóvenes y su forma de utilizar la tecnología. Se habla de pérdida de valores producto de una tecnología fría y mercantilista, donde el interés por la lectura en el libro impreso está en proceso de extinción, de una pérdida del lenguaje oral y escrito y de una absoluta apatía por parte de las nuevas generaciones a la formación tradicional, lo cual conlleva a una diferencia generacional entre jóvenes y viejos. “Quienes más experiencia tienen, entienden menos el mundo al cual estamos entrando, mientras que quienes han vivido menos sienten y hasta saben con mayor naturalidad de qué está hecho” (Psicitelli 2009; p.16). El sentido es no dejar de ver que los jóvenes en la actualidad han desarrollado una serie de competencias en el uso de la tecnología que sus maestros no poseen y por lo tanto si la escuela es el sistema que tiene que llevar de la mano a las nuevas generaciones para el desarrollo de estas competencias ¿qué hacer con una generación que está diametralmente opuesta a los valores y conceptos de esta nueva generación y que además en muchos de los casos carecen de las competencias necesarias en el manejo de las TIC?
La educación debe adquirir un nuevo significado, y dentro de la nueva alfabetización digital, las mutaciones cognitivas, materiales y socioculturales están modificando al más importante agente socializador que es la escuela, a tal grado de ser un nuevo agente el que emerge vertiginosamente y que es la educación informal. Piscitelli (2009; p.33) plantea que “…la alfabetización académica perderá primacía con estas mutaciones y la emergencia de los polialfabetismos significará un duro golpe a las asignaturas taylorizadas, y a la escuela entendida como reproducción sistemática de saberes codificados por expertos ancestrales”. Este cambio de cultura ha provocado un cambio de paradigma de aprendizaje. De aquí que como establece Piscitelli (2009; p.20) “…sería ingenuo y arriesgado suponer que no existe una brecha cognitiva/emocional en creciente conformación entre los que nacimos antes y después de determinadas tecnologías cognitivas, en particular las asociadas a la informática masiva, Internet, el uso de la telefonía celular, la conectividad permanente, el acceso irrestricto a Wikipedia, Youtube, MySpace, Facebook, Twitter, los weblogs y las redes sociales como matrices de subjetivación y que esta brecha no tiene implicancias cognitivas, psicogenéticas y pedagógicas insaturables, entre quienes nacimos antes y después de la década de 1980 / 90)”.
La educación tiene un reto fundamental: la alfabetización digital no es un problema de los estudiantes, es un problema también de los inmigrantes digitales, que mientras no lo resuelvan, difícilmente podrán ser capaces de ayudar a los educandos a transitar el camino que tienen que recorrer y que les
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tiene que llevar, con las herramientas suficientes, a enfrentar de forma exitosa, el recorrido que hoy para nosotros es absolutamente incierto. Piscitelli (2009; p.50), en este sentido, establece que el actual contenido tradicional educativo “…se caracteriza por estar conformado por los núcleos de aprendizaje prioritarios (NAP) o contenidos básicos comunes (CBC) los cuales pueden denominarse sistema hereditarios o de legado (legacy)”. Y propone ante esto, el contenido prospectivo, futurizador, futurible “…que conecten a itinerarios formativos autodescubiertos, a redes de colaboración entre pares, a neodisciplinas y competencias de navegación transmedia que son omnipresentes en los nativos”. Este autor propone un nuevo esquema basado en aprovechar las herramientas que ofrecen el uso de Internet y particularmente los videojuegos como nuevos lenguajes, así como la adopción de la alfabetización digital como una infraestructura del conocimiento. Fundamental es la enorme revalorización de la escritura y la lectura, en donde se deben ejercer los polialfabetismos, que ahondan en los temas de documentación, interpretación, sobre la escucha y la imagen, de las representaciones visuales y la puntuación audiovisual. Esta propuesta, interesante, es sólo una opción entre muchas que afrontan la incomprensión hacia las nuevas manifestaciones lectoras y de escritura que nacen a través del uso de la tecnología. Pero más que la forma de actuar, lo importante es asumir la realidad de esta divergencia en la forma de asumir las mutaciones que se presentan en las aulas de manera cotidiana. Lo cierto es que las nuevas generaciones tienen capacidades y afrontan los retos de manera muy distinta a las generaciones que les precedieron y si los esquemas educativos no afrontan esta realidad, los vacíos imperantes harán más difícil el tránsito hacia esta nueva etapa.