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Self-constitution

3.6 Governmentality and the colonization of the self

3.6.1 Autonomous and progressive self-constitution

El desarrollo de distintos modelos animales de alergia alimentaria ha permitido estudiar y comprender aspectos moleculares y celulares que gobiernan las reacciones alérgicas, predecir reacciones alérgicas que podrían ser originadas por alimentos potencialmente alergénicos y para el desarrollo de nuevas opciones terapéuticas (Finkelman et al. 2005). La especie animal más comúnmente empleada en estos modelos es ratón por distintos motivos: conocimiento del genoma, amplia disponibilidad de reactivos específicos (anticuerpos específicos contra distintas proteínas de interés inmunológico, citoquinas, etc), facilidad para su reproducción y mantenimiento, facilidad para su manipulación, existencia de numerosas cepas, y por la posibilidad de su modificación genética (animales transgénicos y knock out para distintos genes relacionados con la fisiología del sistema inmune) (Helm y Burks 2002; Dearman y Kimber 2009; Finotto et al. 2002).

En ratones, la respuesta fisiológica frente a la exposición a un antígeno que ingresa por el tracto gastrointestinal es la inducción de tolerancia inmunológica, con la generación de linfocitos T específicos con actividad regulatoria (Takayama et al. 2007). Esto significa que frente a un Ag que ingresa por vía oral no se produciría una reacción alérgica en forma espontanea. Por esta razón el desarrollo de modelos murinos de alergia implica una fase inicial de sensibilización en la cual en general se emplean adyuvantes. Este hecho implica una marcada diferencia con respecto a la inducción de la patología en humanos. Por lo tanto, la aplicación de estos modelos se ve restringida casi exclusivamente al estudio de la fase efectora de estas enfermedades.

En los últimos años se han producido importantes avances en la obtención de modelos animales de alergia alimentaria en otras especies como en rata, perro o cerdos, y en cada caso se han logrado reproducir diferentes aspectos de la patología observada en humanos (Atkinson y Miller 1994; Kitagawa et al. 1995; Ermel et al. 1997; X. M. Li, Schofield, et al. 1999). Disponer de estos modelos junto a la profundización en el conocimiento de la fisiología del sistema inmune asociado a la mucosa gastrointestinal, ha posibilitado una mejor comprensión de los mecanismos fisiopatogénicos e inmuno-regulatorios que operan en las alergias alimentarias. En consecuencia este caudal de información posibilitó el planteo y estudio de nuevas y prometedoras terapias para el tratamiento de esta patología (Cardoso et al. 2008; M. Akdis y Akdis 2009; Ganeshan et al. 2009; Broide 2009).

Con respecto al uso de adyuvantes, en la fase inductora en la mayoría de los modelos se emplean adyuvantes sistémicos como el hidróxido de aluminio. Este adyuvante se

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administra por vía intraperitoneal, e induce el reclutamiento y activación de células dendríticas (Kool, Pétrilli, et al. 2008). Se ha demostrado que el hidróxido de aluminio induce la liberación de ácido úrico el cual es detectado como una señal de estrés por las células dendríticas (Kool, Soullié, et al. 2008; Shi et al. 2003; I. Suzuki et al. 2009), las cuales

secretan al medio IL-1 . Esta citoquina pro-inflamatoria promueve la activación y

diferenciación de los LT a un fenotipo Th2, e induce la producción y secreción de IgG1 (Behrens et al. 2008). Sin embargo, nuestro grupo de trabajo ha estudiado previamente el efecto que diferentes adyuvantes, mucosales y sistémicos, ejercen sobre la inmunidad adquirida, y hemos determinado que la toxina colérica, administrada por vía intragástrica, promueve la respuesta inmune que más ajustadamente reproduce la que ocurre en una alergia alimentaria. Por este motivo en este trabajo emplearemos en ratones BALB/c toxina colérica como adyuvante mucosal (Agren et al. 1997), con proteínas de leche bovina como alergenos, para la inducción de una respuesta inmune local y sistémica antígeno-específica y Th2- dependiente. Otros grupos, empleando este adyuvante mucosal lograron inducir una respuesta inmune Th2-dependiente en la cepa C3H/HeJ, en la cual los receptores TLR-4 son no funcionales y por lo tanto desarrollan una respuesta inmune Th1 deficiente (X. M. Li, Schofield, et al. 1999).

La actividad adyuvante de la TC puede ser atribuida a distintos factores:

- La unión de la subunidad B a células epiteliales, células M y APCs entre otras, permite

su internalización, y promueve la activación celular a través del aumento de AMP cíclico, aumentando la expresión de moléculas co-estimulatorias y de receptores de quimioquinas (Gagliardi y De Magistris 2003; Eriksson et al. 2003).

- Su estabilidad frente a proteasas determina que sea una potente enterotoxina

bacteriana, y aquí radica su importancia como adyuvante mucosal, al administrarla por la vía oral.

- Potencia la presentación de antígenos mediante el aumento de la secreción de IL-1 por

APCs (Bromander et al. 1991).

- Moviliza CDs inmaduras a intestino, mediante el aumento de CCL20/MIP-3α por las

células epiteliales intestinales (Anjuère et al. 2004). Estas células dendríticas promueven una respuesta de perfil Th2 (Eriksson et al. 2003).

Por lo tanto, la TC constituye un excelente adyuvante mucosal para potenciar la inmunogenicidad de la mayoría de los antígenos que son administrados conjugados covalentemente o co-administrados con ella (Elson y Ealding 1984; Yamamoto et al. 1997).

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Autora: Smaldini Paola Lorena

Directores: Dr. Docena G. y Dr. Fossati C. - 65 -

También hemos estudiado el empleo de bicarbonato de sodio previo a las sensibilizaciones con PLV junto a TC. La disminución de la acidez gástrica posibilita una mejor preservación del antígeno en su transporte hasta el intestino delgado. Pero además, se ha demostrado, en pacientes, que las drogas antiácidas (generalmente empleadas en gastritis o infecciones por Helicobacter pilori) promueven la producción de IgE. Pacientes con úlceras gástricas en tratamiento desarrollan niveles elevados de IgE específica a determinados alimentos que ingieren (Untersmayr et al. 2005). Resultados similares lograron reproducirse en ratones sensibilizados cuando fueron tratados con supresores de la secreción de ácidos (Schöll et al. 2005). En un principio se atribuyó este efecto adyuvante a los componentes de aluminio presentes en las drogas antiácidas (Brunner et al. 2007). Sin embargo, actualmente se ha aceptado que la neutralización de la acción digestiva gástrica es el principal factor para mantener la capacidad alergénica de las proteínas alimentarias ingeridas. Esto implica que la conformación nativa de los alergenos es un factor pro-alergénico muy importante (Kufe 2008).

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