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Self-constitution

3.3 The 2009 Habitual Residence Condition (HRC) amendment

Capítulo II

“El porvenir es largo”: el Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 y la aceptación del discurso acerca de la “lucha antisubversiva”.

Presentación.

El semanario Nueva Presencia publicó a principios de 1981 un artículo de la revista israelí Tiempo que analizaba la década concluida. Desde la publicación local se exaltaba el carácter cauteloso de estas reflexiones frente a “la tendencia exagerada en la prensa internacional” acerca de la realidad nacional. La “cautela” y “no exageración” se debía a la ponderación de la culpabilidad que le cabía a la guerrilla de ultraizquierda en la creación de un clima de inestabilidad política y miedo que concluyó con la toma del poder por parte de las Fuerzas Armadas el 24 de marzo de 1976.

No obstante, el artículo pondría en escena una serie de consideraciones que, tanto hacía atrás como para adelante, cobrarían relevancia en los debates acerca de las características de la dictadura militar y cómo fueron recepcionadas sus políticas en el plano represivo.

“Argentina sabe cosas que no comenta. Sabe que hombres y mujeres fueron sacados de sus casas porque se los sospechaba de ser culpables de delitos que no se les probó, porque hasta el día de hoy no se sabe dónde fueron enterrados- si están muertos- o por qué no se los juzga, si están vivos. Sabe que hubo ejecuciones sumarias, sabe que la tortura fue una práctica monstruosa; sabe que la confusión provocó víctimas inocentes; sabe, en definitiva, a qué precio recuperó la calma y una aparente cordura”.TP

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Poco antes de que tuviera lugar el quinto aniversario de la irrupción de la dictadura militar, una de las publicaciones de mayor difusión en el ámbito de la “comunidad judía” suscribía las palabras de un informador israelí para sugerir, no la novedad de las detenciones arbitrarias y las torturas, sino la pregunta acerca del costo con el cual Argentina había recuperado el orden social y político. Distante aún de la narrativa humanitaria que, siguiendo a CrenzelTP

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, se consolidará durante la transición a la democracia, las reflexiones del redactor israelí se asentaban sobre el reconocimiento de la conflictiva situación política que caracterizó al país durante los años setenta: “Han

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“Una década violenta”, Nueva Presencia, 23 de enero de 1981, págs.: 12 y 13. Palabras similares serán publicadas en la revista Mifgash (Publicación interna del Kibutz Artzí – Hashomer Hatzair – Mapam): una traducción del artículo de Nathan Ben Mitzri del periódico israelí Al Hamsihmar sobre El Caso Timerman”. Ver: Mifgash, N° 4, diciembre de 1981.

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pasado cinco años y el problema de la guerrilla ha sido erradicado. ¿A qué precio, con qué métodos? Fue una guerra y una guerra hiere y ensucia aún a los que no combaten”.TP

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Terminar con el “problema de la guerrilla”, como sugiere el redactor de Tiempo, indicaría uno de los objetivos programáticos propuestos por el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional. Efectivamente, como sugiere la bibliografía consagrada al estudio de la dictadura militar, entre las proclamas y, a su vez, las premisas que legitimaron nuevamente la intervención militar, la “lucha contra la subversión” ocupó un lugar central.TP

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Como se señaló en el capítulo anterior, la representación de la situación política como caótica y, en el caso de los actores que conforman el espectro comunitario judío, la denuncia del exacerbado antisemitismo por parte de algunos actores, fue el sustrato sobre el cual se produjeron los pronunciamientos en torno a la irrupción militar del 24 de marzo de 1976. El presente capítulo abordará cómo fue recepcionado el golpe militar por parte de las distintas voces de la “comunidad judía” y, asimismo, indagar en qué medida la premisa de la “lucha contra subversión” generó un consenso inicial respecto de la legitimidad de la irrupción de las Fuerzas Armadas entre los mismos actores.

“Se dice de mi”: la irrupción de las Fuerzas Armadas el 24 de marzo de 1976.

Las diversas columnas que las publicaciones del espectro comunitario judío argentino dedicaron a la “realidad nacional”, entre fines de 1975 y los albores de 1976, centraron su atención sobre la debilidad del régimen democrático institucional liderado por María Estela Martínez de Perón. Desde la columna “Hechos y Resonancias”, que se publicaba semanalmente en Mundo Israelita, Herman Schiller cristalizaría una percepción que se encontraba extendida- más allá de las diferencias ideológicas entre las distintas organizaciones de la colectividad judía- en los comienzos de 1976. La violencia, el signo que caracterizó el año recientemente concluido, “dejó un gusto

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“Una década violenta”, Nueva Presencia, Op. Cit.

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Novaro, M. y Palermo, V., La dictadura militar 1976/1983. Del golpe de estado a la restauración democrática., Buenos Aires, Paidós¸ 2003; Quiroga, H., El tiempo del “Proceso”. Conflictos y coincidencias entre políticos y militares, 1976-1983., Rosario, Editorial Fundación Ross, 1994; Canelo, P., El Proceso en su laberinto. La interna militar de Videla a Bignone., Buenos Aires, Prometeo, 2008.

amargo en la garganta” de una sociedad que, a juicio del cronista, se caracterizaba por su “tradición democrática y pacifista”.TP

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Pero además Schiller sostendría una variable particular: el clima de hostigamiento que diversos sectores de la derecha peronista tenían contra lo “judío” agregaban al clima de violencia general el condimento de un extendido antisemitismo. La publicación y circulación de diversos líbelos antisemitas, como La Argentina Judía de Horacio Calderón- quien revistiera como Secretario de Prensa de la Universidad de Buenos Aires- profundizaron la preocupación de los dirigentes de las instituciones judías de Argentina.TP

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Sin mucho éxito, por ejemplo, los funcionarios de la DAIA, con Nehemías Resnizky como protagonista, presentaron una queja al director de Radio Argentina, Rodolfo Martínez Sotomayor, porque uno de los programas que emitía esa frecuencia radial, “Argentina en la noche”, era caracterizada como “una usina de provocación antijudía”.TP

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Durante la sesión plenaria inmediatamente anterior a la toma del poder por parte de las Fuerzas Armadas, la DAIA consagró el tiempo de la reunión a relevar los diversos episodios de amenazas y difamación antijudía.TP

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La estrategia promovida por la dirección de la entidad tenía como objetivo publicar el relevamiento realizado para “poner[se] en guardia sobre la peligrosidad del antisemitismo”. Efectivamente, los “Breviarios de una infamia” se publicarían con un extendido registro de los atentados, amenazas, publicaciones y otras formas de manifestación antisemita que, como señalaba la crónica de Schiller, agregaban un matiz particular a la percepción que las organizaciones judías produjeron en relación al declive de la institucionalidad democrática.

No obstante, la crisis institucional no se trató solamente de una percepción consagrada y compartida por los diversos actores de las entidades judías. Como señala Lipis, algunas organizaciones e individuos contaban con un conocimiento más exhaustivo de las tramas y conspiraciones políticas que se estaban gestando en el seno

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Schiller, H., “1976” y “Hechos y resonancias”, Mundo Israelita, 3 de enero de 1976, págs.: 1 y 2. En la crónica del 10 de enero del mismo año, Hermán Schiller continuaría destacando estas percepciones. No obstante, sorprende la representación formulada por Schiller respecto de una sociedad identificada por su “tradición pacifista y democrática”: ¿acaso el país no se había caracterizado justamente por lo contrario, la debilidad del sistema político de partidos y la constante ponderación de las Fuerzas Armadas como un actor con autoridad en el campo político?

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“Con inusual virulencia recrudeció la publicación de líbelos antijudíos”, Mundo Israelita, 21 de febrero de 1976.

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“Protesta de la DAIA”, Mundo Israelita, 6 de marzo de 1976.

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“Última sesión de DAIA: se advirtió sobre la gravedad de la recrudecida agitación antisemita”, Mundo Israelita, 13 de marzo de 1976.

de las Fuerzas Armadas para derribar al gobierno peronista. Entre octubre y noviembre de 1975, por ejemplo, a instancias de las mediaciones de Jacobo Kovadloff, representante para América Latina del American Jewish Comittee (AJC), y frente al pedido del almirante Eduardo Emilio Massera, se concertó una entrevista entre este y las autoridades de la DAIA.TP

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Nehemías Resnizky, su presidente, Juan Gurevich, secretario, y otros funcionarios de la entidad, mantuvieron una reunión en la propia casa de Kovadloff con quien fuera, a posteriori, el representante por la Marina entre los miembros de la Junta Militar.TP

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Frente a las preguntas de Lipis a Juan Gurevich, secretario de la DAIA que estuviera presente durante el desarrollo de la reunión con Massera, esté señaló que el objetivo del encuentro fue poner en aviso a los representantes de la comunidad judía de Argentina sobre la decisión adoptada por las altas esferas de las Fuerzas Armadas de tomar el poder “para salvar la República y los intereses de los buenos ciudadanos”. No obstante, como se registra en la prensa comunitaria, Gurevich destaca que las declaraciones de Massera no resultaron sorpresivas: “En la calle se sabía que el golpe se venía”.TP

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Con posterioridad a la reunión y frente a la inminencia del golpe de estado, será Jacobo Kovadloff quien reporte a las autoridades del AJC algunas consideraciones sobre el proceso político en ciernes, considerando las afirmaciones que el propio Massera anticipará durante el transcurso de la reunión. En un documento consignado como “Estrictamente confidencial-No publicar”, el representante del AJC para América Latina advierte que “estamos viviendo bajo una gran tensión y existe un consenso entre

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Ver Documento: Carta de Jacobo Kovadloff a Morris Fine, 18 de marzo de 1976,, Legajos “Argentina”, Archivos del AJC. El primer tratamiento público de este documento es realizado por Víctor Mirelman. En el mismo no es mencionado el Almirante Massera, sino que Jacobo Kovadloff alude a un “amigo” de las altas esferas de las Fuerzas Armadas. Juan Gurevich- quien participa de ese encuentro-, tras ser entrevistado por Guillermo Lipis, admite que ese “amigo”- según la narración del informe de Kovadloff- era el propio Massera. Ver Mirelman, V., “Las organizaciones internacionales judías ante la represión y el antisemitismo en Argentina”, en Senkman, Leonardo y Sznajder, Mario (comps.), El legado del autoritarismo. Derechos Humanos y antisemitismo en la Argentina contemporánea., Buenos Aires, Nuevo Hacer, 1995, pág.: 241-242. Ver también “Anexo Documental”, en Zikarón-Memoria. Judíos y militares bajo el terror del Plan Cóndor., Buenos Aires, Del Nuevo Extremo, 2010, págs.: 225-226

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Lipis, G., Zikarón-Memoria. Judíos y militares …, Op. Cit., págs.: 77-94. Lipis señala que la reunión no fue registrada en los libros de actas de la DAIA ni en los sucesivos Informes que el ex–presidente de la DAIA, Nehemías Resnizky presentara como testimonio de su actuación durante los años de la dictadura militar frente a las acusaciones vertidas por Jacobo Timerman contra su persona.

El vínculo entre Kovadloff y Massera, no obstante, no fue negado por el representante del

American Jewish Comitte. Durante la entrevista realizada por el investigador, Kovadloff señaló que él mantenía reuniones con diversos representantes del campo político qua funcionario del organismo judío internacional. (Entrevista realizada el 15 de septiembre de 2006 en la sede del AJC, New York)

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la mayoría respecto de la posibilidad de [que ocurra] un golpe”.TP 307

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Como señala el propio Kovadloff, la prensa local, al igual que la de los Estados Unidos de América, permanentemente indican que esta es la posibilidad plausible para la salida a la crisis política, social, económica e institucional en Argentina.

De acuerdo al informe, la crisis argentina se caracterizaba por la acentuada espiral inflacionaria y la violencia política producida por el enfrentamiento de la “guerrilla”- a la que caracteriza como una verdadera guerra civil-. Particularmente, señala Kovadloff, para la “comunidad judía” el derrotero de la confrontación tiene características especiales: el antisemitismo se presenta como uno de los rasgos particulares de la desestabilización. Incluso, señala el informe, el “invitado” destacó dos aspectos que preocuparon a los representantes de la DAIA. El primero, que al interior de las Fuerzas Armadas era tangible la “penetración de grupos de derecha” que, bajo el pretexto de desarrollar “retiros religiosos o espirituales”, desplegaban sus “veneno antisemita”. En segundo lugar, de acuerdo al informe de Kovadloff, Massera habría advertido que el “verdadero peligro para el país” no provendría de los grupos de izquierda, sino de los de la derecha.TP

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Este aspecto puede resultar central en pos de comprender las fórmulas tendientes a construir consensos en torno de la acción que desplegarían las Fuerzas Armadas. La voz del Almirante Massera, de acuerdo al reconocimiento registrado en el documento confidencial, reconocía frente a un interlocutor preocupado por el incremento del antisemitismo que uno de los problemas que debería enfrentar un futuro y próximo régimen militar sería el de confrontar contra los grupos de derecha “que utilizaban clichés como los de [acusación al] Sionismo Internacional”.

Sin embargo, la lectura atenta del documento confidencial permite considerar que las palabras de Massera no fueron recepcionadas como una identificación certera acerca de las características que asumiría el próximo gobierno militar. Pareciera que, al menos para el propio anfitrión y redactor del informe, no estaba claro cuáles serían los

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Carta de Jacobo Kovadloff a Morris Fine, 18 de marzo de 1976,, Legajos “Argentina”, Archivos del AJC, en Mirelman, V., “Las organizaciones internacionales …”, Op. Cit., Lipis, G., Zikarón-Memoria. Judíos y militares …, Op. Cit. [El documento original se encuentra en inglés. La traducción corresponde al investigador]

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Documento: Carta de Jacobo Kovadloff a Morris Fine, 18 de marzo de 1976,, Legajos “Argentina”, Archivos del AJC. Citado en Mirelman, Víctor, “Las organizaciones internacionales judías ante la represión y el antisemitismo en Argentina”, en Senkman, Leonardo y Sznajder, Mario (comps.), El legado del autoritarismo. Derechos Humanos y antisemitismo en la Argentina contemporánea., Buenos Aires, Nuevo Hacer, 1995, pág.: 241-242. Ver también “Anexo Documental”, Lipis, G., Zikarón-Memoria. Judíos y militares …, Op. Cit., pág.: 225-226

destinos de nuevo régimen. Kovadloff sostendrá que el gran interrogante, a pocos días de concretarse el golpe militar, es “saber cuál será su orientación [política]”; sugiriendo tres modelos o alternativas posibles: la chilena, brasilera o peruana. Mientras que los dos primeros se distinguen por la forma en que introducen diversas estrategias represivas- más directa la chilena y solapada la brasilera-, comparten un rasgo que el informante considera singularmente importante: ninguna de las dos tiene rasgos antisemitas. La “alternativa peruana”, sostiene Kovadloff, se encuentra próxima al “tercermundismo” y es profundamente “anti-Israelí”.TP

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Las dudas respecto de las características que asumiría el nuevo régimen militar serán compartidas por el resto de los actores del espectro comunitario judío. Sin embargo, a diferencia de las posibilidades de materializar las opiniones que habilita la redacción de un documento confidencial, el registro respecto de las incertezas acerca de la “orientación política” del régimen puede relevarse a través de los silencios o las ironías. Resulta significativo que ninguna de las publicaciones del espectro “comunitario” realizó una declaración acerca del golpe militar durante los días inmediatamente posteriores a la caída del gobierno peronista. Mientras que algunos no hicieron ninguna mención, otros se excusaron, como el mensuario icufista TiempoTP

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, o apelaron a la ironía:

“El drama ha culminado. La cosa ya no daba para más y, en medio de la impotencia de sus propios adictos que iban observando el desmoronamiento de sus propias esperanzas, el equipo israelí de futbol de Macabi-Amidar- con sus magros 15 puntos- ya se encuentra irremediablemente condenado al descenso. Los tres punteros que comandan la tabla de posiciones (Hapoel-Beer Sheva con 31 puntos, Betar-Jerusalem con 28 y Hapoel-Haifa con 26) no disimulan su euforia. El campeonato esta tomando el carril ya previsible desde hace tiempo”.TP

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Documento de Jacobo Kovadloff, 18 de marzo de 1976, Archivos del AJC, en Anexo Documental, Lipis, G., Zikarón-Memoria. Judíos y militares …, Op. Cit., pág.: 225.

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La editorial del número de marzo de 1976 señala que “aunque estaba prevista la eventualidad de un desenlace de la caótica situación (…) [E]n rigor de los turnos de la imprenta que no dejan tiempo para una valoración meditada de la nueva realidad política, lanzamos este número sin la correspondiente nota sobre situación nacional”. En Tiempo, N° 87-88, marzo de 1976, pág.: 3. En el mismo ejemplar, sin embargo, se destaca una crítica a las organizaciones sionistas que distribuyeron- ¡en pleno despliegue del alzamiento militar!- publicidad pro-israelí y anti-soviética: “Asistimos a estas horas e históricos empeños de las fuerzas democráticas nacionales por asegurar un desenlace progresista al proceso iniciado con el pronunciamiento militar. La base y garantía de esa solución salvadora es la acción coordinada y unitaria de los partidos democráticos y organizaciones sociales populares de diverso tipo. La propaganda antisoviética, anticomunista y antizquierdista, en general, del aparato sionista juega un papel de confusión y división”.

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Schiller, H., Hechos y resonancias, Mundo Israelita, 27 de marzo de 1976. Esta crónica de Schiller se trató de una ironía, o una forma alternativa de aludir a los sucesos que se desarrollaban en la arena político-institucional local, pues no era un tema recurrente en las páginas de Mundo Israelita encontrar referencias a las competencias deportivas en Israel.

Aunque no todos apelaron a este tipo de estrategias narrativas para dar cuenta de los sucesos que tenían lugar en el campo política nacional, las primeras reflexiones acerca de la nueva irrupción militar fueron recibidas desde la impronta marcada por Schiller: “el drama ha culminado”, “las cosas ya no daban para más”, “El campeonato está tomando el carril ya previsible desde hace tiempo”. En este sentido, los diversas voces representativas del amplio espectro institucional e ideológico judío, evaluó el destronamiento del gobierno peronista como un acto positivo. Desde la Sociedad Hebraica Argentina (SHA), por ejemplo, Eduardo Paredes sostendrá la legitimidad del golpe militar en oposición a la imagen previa de “un país aniquilado en sus estructuras sociales y económicas, por el desorden, la subversión, la indisciplina y la corrupción en todos los niveles”, sosteniendo que no es tiempo aún, a mediados de 1976, de proponer que el gobierno se encamine hacia la restructuración institucional. De esta forma, se ponderaba lo anunciado por el gobierno asumido el 24 de marzo de 1976 respecto de los objetivos centrales de reconstruir la maquinaria del Estado, y aniquilar la subversión.TP

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En septiembre de 1976, durante los festejos por el inicio de un nueva año en el calendario judío, la Comunidad Israelita de Buenos Aires y la Federación de Comunidades Israelitas de la República Argentina (Vaad Hakheilot) expresaron en una solicitada- que apareciera en publicaciones de la “comunidad judía”, pero también en la prensa nacional- su adhesión a los objetivos del régimen militar. La misiva, rubricada por Mario Gorenstein, presidente, y Abraham Likier (secretario), señalaba:

“[H]an ocurrido durante el año en curso grandes cambios en la Argentina que tienden a renovar completamente la atmósfera reinante en el país. Las Fuerzas Armadas están animadas de los mejores propósitos de sanear a la República y encarrilarla hacia la normalidad a fin de que recupere su relevante posición en el terreno internacional como gran país rico y digno, con su proverbial tradición de libertad. La colectividad judía, como parte creadora y productiva de la

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