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Avoidance of Systematic Inaccuracies, Experimental Uncertainty and Error Propagation

3. Methods and Facilities

3.1. Experimental Setup

3.1.4. Avoidance of Systematic Inaccuracies, Experimental Uncertainty and Error Propagation

El prestigio (y las generosas aportaciones económicas) es algo que

naturalmente buscaban muchas cofradías. Y lo podían conseguir con el

alistamiento de un número consistente de notables o, simplemente, con el

nombramiento como oficiales de personajes de relieve, preferentemente

aristócratas. Se ha señalado, en España y en otros países, otra razón por la

que los nobles podían aspirar al control de oficios en las cofradías: estos

honores les compensarían en cierta medida de la pérdida de poder político, y

consolidarían su prestigio en el ámbito local38. Claro está que este no suele ~ Para los aspectos de la reforma de las cofradías relacionados con el regalismo, me

remito a los epígrafes correpondientes, así como a los capítulos que contemplan la

reforma en Europa yla propuesta eclesiástica.

38 Esta es la tesis, por poner sólo algún ejemplo, de Angelo TORRE para las cofradías

mrales de Piamonte (II consumo di devozioni. Religione e comunitá nelle campagne dell’Ancien Régime, Venecia, Marsilio, 1995). Ejemplos de aplicación del esquema

estructuraF en España abundan en la obra ya citada, coordinada por SANTALÓ, BUXÓ yBECERRALa religiosidad popular. Para Madrid sigue la mismas pautas PEREIRA, op. cit, pp. 234-235. Como ejemplo contrario desde un punto de vista metodológico e e

interpretativo cabe citar la obra de Danilo ZARDIN Riforma cattolica e resistenze nobiliari nella diocesi di Carlo Borromeo, Milán, Jaca Book, 1983). En este caso, una

nobleza rural se opone a la reforma tridentina de las costumbres y formas de piedad. El problema de las relaciones entre las elites locales y las formas de sociabilidad es especialmente complejo, y merece la atención constante de los historiadores italianos y

ser precisamente el caso de la Corte, donde se supone que los cortesanos ya

teníanuna posición lo bastante halagúeña, y no tenían necesidad de subrayar

de esta forma su papel en la sociedad39.

Este estaba ya bien claro, como demuestra el ceremonial en general

y la deferencia que se observaba en las ocasiones más dispares, desde la celebración de juntas hasta los entierros, pasando (sobre todo) por las

procesiones. Formas de deferencia codificadas minuciosamente por las constituciones, de las que ofrecen un ejemplo las líneas citadas poco más

arriba. La misma noción de “lustre” o prestigio está ligada con la

concepción jerárquica de la sociedad propia del Antiguo Régimen y que, sin

embargo, no siempre se plasma en formas asociativas “cenadas”, o cofradías exclusivamente nobiliarias. Es más: precisamente en la Corte se da la aparente paradoja de que las personas al servicio real fueran excluidas porque sus numerosas ocupaciones podían impedirles participar en las

actividades de la hermandad. Así, la cofradía de la Concepción de Santiago, cuando se erige en Hermandad de Socorro en 1764, dispone que

“no se reciba a Soldado, Ministro, ni otra persona que por sus

muchas ocupaciones no pueda asistir al cumplimiento de

nuestro santo instituto”40.

franceses. Para un resumen del problema, véase ZARDIN, “Le confratemite in Italia

Settentrionale fra XV e XVIII secolo”, enSocietae Sto ria, 35, 1987, Pp. 116-117).

~ Aunque de nuevo nos enfrentamos aquí con la función simbólica de las devociones (sobre todo públicas) organizadas por las hennandades de cariz nobiliario, así como de sus ejercicios de caridad. Véase si no la vigencia que siguen teniendo los dos aspectos, ceremonial y de beneficencia, insólitamente “resucitados” en los ultimísimos tiempos a mayor gloria de la monarquía.

40 AHN, Consejos, 7090-7091. Madrid, 1763-64. Ordenanzas de la Hermandad de socorro de Nuestra Señora de la Concepción de la iglesia de Santiago, [sn: fol. 21].

Al agregarse en 1771 a la iglesia de San Miguel, tras su fracaso económico, redacta nuevas ordenanzas en las que hila más fino:

“ordenamos que no puedan ser admitidos en esta nueva

hermandad Alguacil, escribanos, sacerdote, Medico,

Cirujano, Soldado, Criado del Rey, ni otras personas que por sus muchas ocupaciones no pueden asistir a los actos de comunidad”41.

En esta segunda versión se incluye a los rangos más bajos de la justicia y la burocracia (alguaciles y escribanos), y se emplea el término genérico y amplio de “criado del Rey”, que en realidad comprendía desde los más altos cargos palaciegos hasta la servidumbre propiamente dicha

(que, como veremos, contaban con suspropias cofradías).

Claro está que incluso congregaciones como la de Esclavos de

Nuestra Señora de las Angustias, cuyo protector y camarera eran el Duque y la Duquesa de Alba, respectivamente, solicitaban para ciertos cargos “personas desembarazadas e independientes”42. Pero sobre los hombros de

estos y otros ilustres congregantes recaía el peso financiero de una parte de

sus numerosas fiestas. He aquí el “calendario” del año 1678-1679, cuando la

cofradía estaba en pleno esplendor’t3:

‘t~ AHN, Consejos, leg. 7090-7O9EMádirid, 1771, noviembre 24. Ordenanzas de Nuestra

Señora de la Concepción, Patrona de España. Echas en el año de 1771. n0 1. [sn.: fol.

12v0].

42 El cargo en cuestión era el de enfermero. AHN, Clero, libro 7247. Libro de juntas y acuerdos de la Congregación de Esclavos de Nuestra Señora de las Angustias, de la Hospedería de la Pasión, en el convento de Santo Domingo. Madrid, 1678, julio 4 [s.n.: fol. 2 it].

• 1678, 10 de julio: Fiesta de Nuestra Señora de la Visitación: se celebraba según la costumbre en Iglesia de Hospedería de Sto. Domingo. Consistía en la exposición del Santísimo, la intervención de uno de los predicadores del Rey, con música de la Capilla Real en la misa, que también se ocupaba del canto de sexta y completas por la tarde. Todas las demás fiestas seguían este modelo.

5 de agosto: Fiesta de las Nieves: en el convento de la Visitación.

• 24 de agosto: Fiesta de la Asunción de Nuestra Señora.

• lii de septiembre: Fiesta de la Natividad.

21 de noviembre 1678: Fiesta de la Presentación.

• 24 de noviembre 1678: Aniversario por los congregantes difuntos:

según las constituciones, debía decirse una misa mayor y sermón, con la asistencia de la congregación del convento, con sus velas; el resto del ornato consistía en 12 hachas en blandones de plata, una tarima con el túmulo “y su almohada rica”, 12 hachetas con blandones de plata y a los pies una cmz de plata y 6 velas de a libra

en el altar, siendo toda la cera blanca con baño amarillo; la música sería de la capilla Real, “sin excederse de lo dispuesto en esta

conformidad por el exemplar que podia ocasionar ynconbenientes en lo benidero en cuanto a gastos superfluos”4’4.

8 de diciembre: Fiesta de la Concepción: en esta ocasión predicó

un jesuita.

• 20 de diciembre: Fiestade

la

Expectación de Nuestra Señora.

• 1679, 4 de febrero: Fiesta de la Purificación de Nuestra Señora.

• 8 febrero 1679: el primer sábado de Cuaresma se celebraba la

primera fiesta del Miserere, costeada por la duquesa de Alba. Los

cinco sábados siguientes se celebraban otros tantos misereres.

• 21 de marzo: procesión del Jueves Santo.

3

de abril : Fiesta de la Encarnación.

• 23 dejulio: Fiesta de los Dolores.

Un total de 18 funciones centradas principalmente, como se ve, en torno al culto mariano, costeadas en parte por los fondos de la congregación y en parte por los congregantes. Este era el caso de los misereres que tenían

lugar los sábados de Cuaresma. Consistían básicamente en la exposición del

Santísimo y en la intervención de un predicador; la música corría a cargo de la Real Capilla o del monasterio de la Encamación, y podían culminar en el jubileo de las cuarenta horas. A estas funciones asistía por lo general la comunidad del convento, con el acompañamiento de cera correspondiente.

En 1678 costeó el primer miserere, como se ha dicho, la duquesa de Alba;

el segundo y tercero corrieron a cargo de dos congregantes anónimos, y el cuarto, de la congregación, mientras el conde de Castañeda pagó el último. En 1728 (remontado un bache financiero que al parecer deslució por un periodo la celebración de estas y otra funciones)45, se encargaron de los misereres el-marqués de Santa Cruz,el de Mirabel,-el conde de Bclehite, D. Manuel Baruchi y otros devotos anónimos. Por cierto que estos misereres,

~ Otro síntoma de “relajación” es que, si al principio la congregación pide a la Sala de

Alcaldes que no mande cédulas para convocar a los cofrades a la procesión del Jueves Santo, por ser “seria” y “voluntaria”, en 1728 se solicita su envío.

como los aniversarios y las fiestas de la Virgen, presentan un sesgo típicamente tridentino: se combina en ellos el culto eucarístico con el

sermón, de tema seguramente adecuado a las circunstancias.

La preeminencia de la congregación queda patente en sus

enfrentamientos con el clero y, concretamente, con el prior del convento. Cuando había algún conflicto, las juntas se celebraban en casa de alguno de los hermanos, precisamente para eludir la presencia del prior. En la Semana Santa de 1696 tuvo lugar un iácidente casi violento. Según el vicario de la iglesia de la hospedería de Santo Domingo, en la plaza de la Cebada, era imposible sacar las imágenes del templo por la puerta principal, aun “rompiendo las paredes” (lo que seria peligroso para el edificio). El vicario amenazó con acudir al presidente del Consejo de Castilla, pero también lo hicieron los congregantes. Al final se puso el asunto en conocimiento del rey para que intercediese ante el Nuncio e hiciera abrir la puerta. La orden del Consejo convocaba también a los Alcaldes de Casa y Corte.

El Miércoles Santo, los congregantes, los gremios encargados de sacar las imágenes, los Alcaldes y el público, esperaban a que se abriera la puerta para iniciar la procesión; pero el vicario llegó antes de anochecer y se negó a abrir, dando voces y causando el tumulto correspondiente entre la gente, que quería romper la puerta. Mientras recibieron el papel del presidente de Castilla’t6, expresando las condiciones del Nuncio para la salida, que a ellos les parecían resultado de las intrigas del vicario, que quería alterar la costumbre. Al fin se dio la orden de salida de los gremios con sus correspondientes imágenes y “suntuoso aparato”. Hicieron escala en

46 La cofradía acordaría más adelante enviar una comisión para expresar su gratitud al

convento de Sto. Tomás, donde se quedaron las imágenes hasta el Jueves

Santo por la mañana. El numeroso público asistente protestó con

“exclamaciones” por la novedad.

El Jueves Santo acudieron los congregantes a acompañar a la Virgen. Durante la procesión, el vicario siguió incordiando para que volvieran a Sto. Tomás y no a Sto. Domingo, llegando a ponerse al paso con todos los ministros de la Audiencia. Por prudencia, la congregación volvió a Sto. Tomás, pero aun así, el vicario les esperó a la puerta y les mandó entrar, en una acto que claramente quería subrayar su preeminencia. El

asistente de la Congregación hizo después constar ante el fiscal

“la madurez con que los seglares obravan en tiempo tan

aceptable a bista del egemplo que estos eclesiasticos habian dado”’t7.

Las cosas no terminaron aquí. En el libro de acuerdos se da noticia

de una reunión de los abogados de la congregación con el prior y de un

poder para tratar el pleito en el tribunal de la Rota en Roma, pidiendo cartas de recomendación a los reyes y a todas las personas que pudieran influir. Es más: aprovechando la elección de oficios, se propone como protector al rey en persona, para que interceda en Roma solicitando licencia para abrir la puerta los Miércoles, Jueves y Viernes Santos-,-según la-costumbre. Además

se daba la bienvenida al nuevo prior, con el fin de “ganarlo” para la causa’t8.

47Ibíd., [fol. l7ityv¶.

El Jueves Santo y la costumbre son también los elementos principales de otro conflicto que tiene lugar años más tarde, cuando el

nuevo prior (especialmente puntilloso a la hora de exigir el cumplimiento de

la comunión preceptiva según las ordenanzas) se muestre más caviloso a la hora de aceptar lo que era una costumbre y podía considerarse un honor: llevar el asistente la llave del sagrario. Otro problema lo constituía el palio, demasiado pesado para que nadie se mostrara dispuesto a llevarlo, por lo que se acuerda encomendarlo a los “soldados blanquillos”. De nuevo la cofradía acudió al nuncio ante la oposición del prior, celebrándose

finalmente la procesión, a pesar de la lluvia, con más “aparato y lucimiento” que nunca. De ello eran prueba los soldados del cuartel de Madrid que llevaron el palio, y las dos orquestas encargadas de la música (una de voces, fagot y chirimías, y la otra de oboes de la Guardia Real)’t9.

Más allá de la mera anécdota, o del interés indudable que presentan para el estudio de la conflictividad de estas formas de agregación, los dos casos expuestos muestran hasta qué punto las cofradías de la Corte podían

“jugar” con las instancias más altas de la jurisdicción tanto civil como

eclesiástica. Está claro que conocían el complicado entramado legal del Antiguo Régimen y lo utilizaban sin titubeos, y con una familiaridad que en nuestros tiempos democráticos puede parecer pasmosa. El mismo uso de la persona real como “baluarte” ante las eventuales injerencias del prior o vicario no deja de ser sintomático. Pero quizá lo más llamativo sea que la

‘t~ Los congregantes manifestaron su satisfacción por el númeroso público que había

acudido a venerar la imagen, rezar el rosario y dar limosnas durante su pennanencia en el convento de Santo Tomás, lo que demostraba la devoción que existía hacia aquel “peregrino simulacro”. Ibid., [fol. 24 v’-30y0].

apelación incluso directa al poder real sea simultánea al recurso al nuncio,

máximo representante del poder eclesiástico50.

Se ha mencionado a los gremios que participaban en la procesión del Jueves Santo. La cofradía de las Angustias ejerce, en efecto, un papel “director” sobre estas corporaciones, al menos en su momento de mayor esplendor. En 1728, solicita a la cofradía de los Remedios su asistencia a la

procesión51, pero en 1679 habían participado los curtidores (con el Cristo de

la Cruz a cuestas), los “representantes” (con el Cristo crucificado), los maestros de coches (con la Vera Cruz) y los tratantes del Rastro (con el Santo Sepulcro)52. No sabemos (pues el libro de acuerdos que se conserva se interrumpe en esa fecha) si después de 1728, cuando la congregación decide restablecer los cultos que se habían perdido por “los accidentes del tiempo”, la procesión volvería a su estado anterior. Lo que en cualquier caso

parece claro es el poder de convocatoria que seguía teniendo la cofradía,

bajo los marqueses de Santa Cruz, Mirabel y de las Hormazas, y el duque de

Leraja y conde de Belchite.

Una cofradía de indudable impronta nobiliaria y cortesana era la Congregación de Nuestra Señora del Olvido, constituida inicialmente alrededor de la típica imagen “exenta”, y residente después en el convento

de 5. Francisco de franciscanos menores observantes, hasta su traslado en

1785 a la “iglesia nueva” proyectada por Sabatini. Había sido fundada en

~ En efecto, en el pleito que cuarenta años después dividirá a la cofradía de sastres, una parte de los congregantes se dirigirán a la autoridad civil, y la contraria, a la eclesiástica (lo que provoca las iras de Caxnpomanes).

~ Ibid., [fol. 26 y0]. 52 Ibid., [fol.15 v¶.

1740 por doña María de Pimentel y Zúñiga, marquesa viuda de Fuente el Sol, cuyo aniversario constituía una de las fiestas fijas de la hermandad.

El hermano mayor y los oficios principales solían desempeñarlos personajes de la nobleza, con carácter casi perpetuo. Así, en 1785, y durante

muchos año, estuvo al frente de la Ilustre Congregación de Esclavos don

Pedro Stuard y Portugal, marqués de San Leonardo, gentilhombre de Cámara con ejercicio, primer caballerizo, teniente general de Marina, gran Cruz y Orden de Carlos III y San Genaro y comendador de Calatrava53. El duque de Montellano, D. Alonso de Solís Folch de Cardona5’t, fue elegido hermano mayor de 1760 a 1769, cuando debido a su nombramiento como capitán general y virrey de Navarra tuvo que ausentarse de la Corte. Al volver como capitán de la compañía de Alabarderos, fue reelegido de 1771 a 1780, siempre por aclamación. Todos los años costeaba de su bolsillo un día de la novena y uno de los vestidos que la congregación sorteaba entre las niñas pobres. Su sucesor en el cargo fue el conde de Puñoenrostro, aunque en la junta de proposición de oficios fue presentado el nuevo conde de

Montellano55.

~ AHN, Clero, libro 19679. Libro IV de Acuerdos de la Ylustre Congregacion de Esclavos de María Santísima Señora nuestra, en el Ynmaculado Misterio de su Concepción en Gracia que, con el titulo del Olvido, se venera en el convento de N.S.P. San Francisco de esta Ymperial, y Coronada Villa, y Corte de Madrid.

~‘tD. Alonsode Solís Folch y Cardona era hermano del cardenal de Sevilla. Sus títulos, que figuran al frente de las exequias que celebró la congregación con motivo de su fallecimiento en 1780, eran los siguientes: marqués de Casteinovo y de Pons, Grande de España de primera clase, caballero del Toisón de Oro, comendador de la Obrería,

dignidad de la orden de Calatrava, gentil-hombre de cámara de S.M. con ejercicio, teniente general, virrey de Navarra, y capitán de la compañía de alabarderos. Mediante un papel impreso se convocó a los grandes a las exequias.

~ AHN, Clero, libro 19678.Libro Vde Acuerdos de la Ilustre Congregacion de Esclavos de la Inmaculada Concepcion con el titulo de N.S. del Olvido que se venero en el convento de N.S.P.S. Francisco de Madrid, fol. 97it-lío it.

También ocuparon puestos de honor en la congregación algunos “príncipes de la Iglesia”. Tal es el caso de don Francisco de Solís Folch y Cardona, primero obispo de Córdoba y después arzobispo de Sevilla. El futuro cardenal Solís fue hermano mayor en 1747 y 1748, y recibió los parabienes de los congregantes cuando le nombraron obispo de Córdoba, en 1752, y de Sevilla, en 1755. Como agradecimiento a las felicitaciones recibidas con motivo de su creación como cardenal en 1756, Solís decidió asistir a una de las juntas generales. La noticia fue objeto de largas discusiones acerca del ceremonial que debía adoptarse para la ocasión. Al final, el asesoramiento del maestro de ceremonias de la Real Capilla satisfizo todos los escrúpulos, y se recibió con todos los honores al cardenal, que concedió varias indulgencias a la congregación56. Más adelante, en

honor a quien se había declarado, “en su mayor exaltación”, como “el más

humilde esclavo de la Santíssima Virgen en el Misterio de su concepcion Puríssima, y de su amante Congregacion el mas afecto individuo”57, se decidió incluir su nombre en las listas de los hermanos “de número”, “como si estuviera siempre presente, y residente siempre en esta Corte”58.

La congregación tenía, efectivamente, distintas clases de miembros. Era la primera la de los esclavos de número (siempre 72), encargados, entre

56AHN, Clero, libro 19675. Acuerdos ¿-le la Ilustre Primitiva y Unica Congregacion de

Esclavos del Purissimo Misterio de la Concepcion en Gracia de Maria Santissima Señora Nuestra, que con el Milagroso Titulo de el Olvido se venera y esta fundada en el Real Convento de NuátroSetañhi¿6TÓJrVS ¿n Franciscod¿la ÓEseb6hÑa¿¿ esta Corte de Madrid: desde 24 de Agosto de 1749 años a 2 de setiembre de 1757 Libro Segundo. Junta

particular de 30 de abril de 1756, fol. 163 v0-168 it.

~ Ibid., fol. 167 y0. Son palabras del cardenal durante su “elegante oración gratulatoria”.

~ AjEN, Clero, libro 19677. Libro IV de Acuerdos de la Ilustre Congregación Esclavitud de N. 5. del Olvido de San Francisco de Madrid. Año de 1772. Junta particular

de 28 dejunio de 1773, fol. 24 ity y0. Otros prelados con quienes trató la congregación