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Avoidant coping will mediate the relationship between illness

Section II. Impact of Psychological Variables: Illness Representations and Coping Common Sense Model

Hypothesis 5: Avoidant coping will mediate the relationship between illness

A lo largo del desarrollo de la Lingüística hasta el día de hoy, han surgido numerosas posturas teóricas sobre el fenómeno del acento como categoría “prosódica”2, lo cual se ha convertido en uno de los rasgos más polémicos y complejos; por eso, resulta difícil establecer una definición unificada. Existen por lo menos tres principales enfoques en el abordaje del acento (Hyman, 2014). El primero es el enfoque fonético que considera la realización (fisiológica y acústica) y percepción del acento. Desde esta perspectiva la propuesta más aceptada es que la acentuación

2El fenómeno de acento como categoría prosódica ya se conocía en la antigua Grecia e India y se describía en

consiste en un aumento global en el esfuerzo de producción (Lehiste, 1970) y se dan diferencias en coordinaciones articulatorias y kinestésicas entre las unidades acentuadas y no acentuadas, lo cual de por sí tiene consecuencias acústicas (Fowler, 1995; Kelso, Tuller, & Harris, 1983). El mayor esfuerzo articulatorio de la sílaba acentuada se manifiesta generalmente en todos los componentes o propiedades flexibles de los sonidos del habla (vocales y consonantes) (Hulst, 2010). Sin embargo, se han investigado principalmente tres parámetros acústicos: F0, duración y amplitud (intensidad). El segundo es el enfoque funcional (Garde, 1972 [1968]) que se focaliza en valores comunicativos o funcionales del acento. En esta línea Hyman (2014) establece los parámetros obligatorios y culminativos que suponen la existencia de “un único acento primario por palabra”, fenómeno que indica el número de palabras que contiene la cadena hablada. Si el acento primario es fijo, tiene también una función demarcativa que señala la frontera de la palabra (Quilis, 1993). El último es el enfoque formal que describe el acento en términos de sus propiedades estructurales y dentro de éste, una de las corrientes más dominantes es la que enfatiza la construcción de constituyentes métricos, relacionados con otros aspectos de la gramática (Harris, 1991; Fox, 2000; Hyman, 2014). Aunque en estas tres perspectivas el acento se describa de distintas maneras, son aspectos que se interrelacionan de modo dinámico en su uso real en el habla.

Fox (2000) aboga por la visión funcional y concibe el acento como un “términosuperior más neutro para hacer referencia al fenómeno lingüístico en que un elemento particular de la cadena del habla se destaca en relación con los elementos del entorno, independientemente de las maneras por las cuales se realiza” (p. 115). Un determinado fenómeno fonético, que aparece en una lengua dada como lingüísticamente pertinente ¿es un hecho acentual o pertenece a otra especie de hechos lingüísticos? La solución de este problema no puede buscarse, según Garde, 1972 [1968), en las características fonéticas de la realización de estos rasgos, sino que debe deducirse de la definición funcional de acento: “El acento es un elemento fónico que destaca una sílaba (o una unidad acentuable) en el cuerpo de una palabra (o de una unidad acentual)” (p. 33). De modo que, con el fin de lograr una definición unificada, tanto Garde (1972 [1968]) como Fox (2000), sugieren definir el acento por su función. Esta función, según el primer autor, es la misma tanto en las lenguas de acento fijo como en las de acento libre, y nunca es una función distintiva sino contrastiva, que no funciona en el eje paradigmático sino en el sintagmático.

La disciplina denominada “Acentología” (Garde 1972 [1968]) consiste en el estudio de las constantes y variables de los acentos. Las constantes incluyen: (i) determinar la función del

acento, (ii) determinar las características del rasgo acentual, que involucra (a) establecer criterios que permiten distinguir los rasgos acentuales de otros rasgos y (b) describir los procedimientos efectivamente utilizados por las diversas lenguas para realizar el contraste acentual. Por otra parte, las variables del acento consisten en (i) delimitar las unidades acentuales y sus relaciones con la palabra, (ii) la posición del acento y sus relaciones con el límite de la palabra (acento fijo), o con los morfemas que la componen (acento libre), y (iii) la delimitación de la unidad acentuable y sus relaciones con la sílaba.

Las funciones del acento, como se ha mencionado antes, pueden ser contrastiva, culminativa y demarcativa (Cutler, 2008). Para establecer el contraste en cada palabra entre la sílaba acentuada y las sílabas inacentuadas, el acento, según Garde (1972 [1968]), puede usar dos procedimientos (acústicos) posibles: los positivos, que agregan un rasgo a la sílaba acentuada, y los negativos, que quitan un rasgo a las inacentuadas. Los primeros involucran F0, duración e intensidad (ej. español), mientras que el segundo afecta en general al sistema vocálico y causa desde su centralización, hasta cambios de timbre (ej. inglés, portugués); en chino se neutralizan los tonos en sílabas no acentuadas (Garde (1972 [1968]). Por otra parte, con respecto a la posición, el acento puede ser fijo (ej. en bengalí y checo siempre en la primera sílaba; en francés en la última) o libre (ej. ruso, inglés, español). Por último, la unidad acentuable puede ser la sílaba (ej. español) o la mora (ej. japonés, griego antiguo).

En la mayoría de las lenguas, aparte del acento primario (el que tiene valor culminativo y/o demarcativo), puede haber un acento eco. En estos casos, las sílabas no acentuadas son desiguales: “las sílabas inmediatamente vecinas de la sílaba acentuada son las más débiles, y el eco del acento se encuentra en dos sílabas antes o después del mismo” (Garde, 1972 [1968]: 57). Por otra parte, puede haber un acento secundario que recae, por ejemplo, en el primer miembro compuesto en español cuando los elementos en composición mantienen cierta independencia semántica en la conciencia del hablante: los adverbios terminados en –mente

(por ejemplo, [ˌal.t̪ a.ˈmen.t̪e]).

Como se ha presentado antes, Garde (1972 [1968]) menciona sólo dos procedimientos del contraste acentual, los positivos y los negativos, y ambos se delimitan principalmente dentro

de la fonética acústica. Desde el punto de vista del evento del habla3, sin embargo, necesitamos llevar a cabo con éxito dos fases previas, la orgánica y la aerodinámica, para que la fase acústica sea efectuada. Además requerimos una fase posterior, la neuro-perceptiva, para que la acústica cobre sentido (Catford, 2001). Aparte de la base fonética, el acento está dotado de fundamentos fonológicos y morfosintácticos (como en el español) y su grado de activación varía entre lenguas. Todos estos factores acompañados de los factores cognitivos, es decir, las consecuencias psico-cognitivas procedentes de la naturaleza del sistema acentual (Cutler, 2008), influyen de modo dinámico en la percepción del acento. En este trabajo se ha elegido realizar un estudio de percepción del acento léxico del español por parte de hablantes de la lengua bengalí. Se supone que las diferencias de su sistema acentual nativo con el del español en cuanto a los procedimientos de realización, naturaleza de su posición, grado de activación fonológica (Hyman, 2014) y grado de utilidad morfosintáctica, incidirán en la percepción del acento español por parte de estos hablantes en el proceso de su aprendizaje de ELE.