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CHAPTER 4. RISK BASED LIFE CYCLE COST ANALYSIS

4.2. Background and Overall Process

N o pretendemos ofrecer un análisis exhaustivo de las diferentes eclesiologías cristianas, ni siquiera abordar el tema de la «Ig le s ia » en los actuales diá­ logos bilaterales. Se trata, p or el contrario, de re­ cordar la importancia del problem a eclesiológico en el m ovim iento ecum énico y las orientaciones que apuntan hacia una noción com ún de Iglesia en la que todas ellas puedan experim entar la com unión a la que están llamadas.

- Im portancia del problem a eclesiológico desde el p u n to de vista ecuménico. Parte del problem a ecu­

m énico se juega en la com presión misma del con­ cepto de «Iglesia». Si la tram a del ecum enism o con­ siste en un asunto de fidelidad y obediencia al de­ seo de Jesús, quiere decir que el protagonism o re­ cae en la Iglesia, no sim plem ente en los cristianos tom ados individualmente.

Los teólogos católicos han encontrado graves in­ convenientes a la hora de designar con el térm ino «Ig le s ia » las com u nidades cristianas situadas al m a rg en de la com u n ión con R o m a . L a id ea de «Ig le s ia » definida por los reform adores parecía ex­ traña a la concepción que durante siglos se había m antenido en esta parte de la Iglesia universal. De­ cir que la Iglesia se halla «a llí donde la palabra se predica puramente y los sacramentos se adm inis­ tran conform em ente al evan gelio», parecía, cuando menos, insuficiente para poder definir a la Iglesia de Cristo.

A partir de esta nueva definición, se iniciaba, sin em bargo, una línea de pensam iento que ha dado base a la eclesiología protestante. Iglesia será pri­ m ordialm ente el «conjunto de hom bres y mujeres que se adhieren a la llamada que Dios les dirige pa­ ra constituirse en pueblo p o r la obediencia a su pa­ labra y p o r la acción salvífica que ju stifica a los creyentes». Los reform adores encontrarán ju stifica­ ciones neotestamentarias para hablar de la Iglesia de este modo.

Esta concepción concede priorid ad a la acción del Cristo glorioso que p o r m ed io de su Espíritu ac­ túa en los creyentes. E l énfasis se pone en el m o­ m ento del acontecim iento y en el dinam ism o com o com unidad o asamblea local, que se reúne en el nom bre de su Señor en un lugar concreto y visible.

La eclesiología de las asambleas de «F e y Consti­ tución», siguiendo una línea estrechamente vincula­ da a K a r l B arth, y más rec ien tem en te a R o g e r Mehl, ha insistido en que la Iglesia «es la com uni­ dad de los creyentes» que, si en Jesucristo es una, en la historia se manifiesta de m anera múltiple, in­ cluso dividida. Existe allí donde los fieles se decla­ ran discípulos de Cristo y viven en él. N o es necesa­ ria, incluso no es conveniente, la reintegración de todas las Iglesias en una sola Iglesia que pretendie­ se ser la Iglesia de Cristo. En realidad, todas son expresiones verdaderas de la Iglesia una, que sólo escatológicam ente se m anifestará en su plenitud. La tarea ecum énica consiste, pues, en que las Ig le­ sias vuelvan a restablecer la com unión perdida. L ó ­ gicam ente, desde una perspectiva reform ada no hay inconveniente en hablar de «Iglesias» en plural, y no sólo desde la sociología, sino también desde la teología.

Para el pensam iento católico, este tipo de ecle­ siología presenta serios interrogantes, ya que sos­ laya o m argina elementos que constituyen núcleos fundamentales de la Iglesia. En efecto, la eclesiolo­ gía católica se fija no solamente en la acción salvífi- ca, actual y vertical, que se realiza en la congrega­ ción local gracias a la virtud del Espíritu, sino que con sid era a la Ig lesia en su u niversalidad en el tiem po y el espacio al revalorizar los elementos da­ dos por Cristo y los apóstoles en los orígenes. Desde una term inología clásica, se diría que en la Iglesia se requieren, además de los valores espirituales per­ sonalm ente vividos (la res), aquellos otros valores institucionales y estructurales que le vienen dados originalm ente (el sacram entum ).

H ay un acento m uy fuerte, pues, en los medios de salvación y no solamente en la aplicación de és­ tos a la com unidad de los creyentes. La eclesiología católica insiste en la estructura sacramental, dada p o r Cristo y anim ada p o r el Espíritu, que presupo­ ne el bautismo com o iniciación, el orden m iniste­ rial, especialmente el episcopado dentro de la suce­ sión apostólica tanto en el m inisterio com o en la doctrina, y que se realiza com o en su plenitud en la celebración eucarística com o sacramento de la uni­ dad.

Es conocida la crítica protestante a la noción de «Ig le s ia » defendida en el catolicismo. E l reproche

no se refiere solamente a la pretensión de identifi­ carse ella sola con la Iglesia de Cristo, o de resaltar de tal manera los aspectos jurídicos e instituciona­ les en detrimento de los valores carismáticos, o de prim ar el «centro de unidad» borrando la colegiali- dad de las Iglesias locales, sino que la crítica afecta a la noción misma de Iglesia. R oger M ehl llegará a hablar de una «concepción substancialista» de la Iglesia católica.

«Esta concepción substancialista tiene como con­ secuencia hacer de la Iglesia una realidad divina me­ tida en la historia, una especie de encamación, prác­ ticamente de igualarla a Cristo» 6.

El documento Consensus oecum énique et diffé- rence fondamentale (1987) ha venido a señalar que el problem a eclesiológico subyace en el fondo de la problem ática ecuménica al poner de nuevo sobre el tapete viejas cuestiones que se creían superadas. Si, para el protestantismo, la Iglesia no es ni autora ni m ediadora de la salvación, sino que su papel es m e­ ram ente instrumental, desde el catolicism o se ase­ gura que, a pesar de esta instrumentalidad sacra­ m ental, ella es colaboradora y ejerce, a título de causa segunda, un poder santificante. Pero esta di­ vergencia no es menor. Si la Iglesia -d ic e el docu­ m en to- es de alguna manera co-autora de la salva­ ción, ¿no se reintroduce de nuevo una cierta doctri­ na de la justificación por las obras? 7.

- La eclesialidad de las otras comunidades desde la perspectiva católica. Si para el protestantismo no hay dificultad teológica en hablar de «Iglesias» -en plural-, la cuestión no fue tan sencilla para el cato­ licism o en el pasado. Los documentos oficiales de la Iglesia católica aplican hoy, con normalidad, el térm ino «Iglesia » a las comunidades de la ortodo­ xia (U R 14), porque en ellas descubren la estructura sacram ental necesaria para hablar de Iglesia en

6 R oger Mehl, «E ccle s ia quoad s u b sta n tia m » : Revue d’Histoire

Philosophique et Religieuse, n. 36 (1956) 317-328.

7 Interpretación de Roger M ehl en O ecu m énism e et stratégies

confessionnelles, en J. P. Willaim e (éd.), Vers de n ouveau x oecu­ ménismes. Cerf, Paris 1989, 187-199, principalmente en 197-198; Consensus oecum én ique et différence fondam entale. Comité mixte

catholique-potestant en France. Centurion, París 1987.

sentido rigurosam ente teológico. Este hecho prue­ ba, por otra parte, que el criterio de eclesialidad de la Iglesia católica no es la aceptación del prim ado rom ano, pues ella ve en la ortodoxia verdaderas Iglesias, a pesar del rechazo que oponen a la insti­ tución del papado.

«Ig le s ia » es un térm ino con sentido analógico que recubre varios contenidos. Puede hablarse de Iglesias locales; se puede definir su contenido a par­ tir de elementos institucionales o a partir de la rea­ lidad concreta y visible de los discípulos alrededor de la palabra y el sacramento. El problem a surge cuando la ruptura de com unión entre las com uni­ dades cristianas afecta a los núcleos que parecen estar en lo originalm ente dado. Y aquí es cuando la Iglesia católica encuentra dificultades al referirse a las denom inaciones surgidas de las reform as del si­ g lo X V I.

Los últim os textos reconocen, sin embargo, que en estas comunidades se da una serie de «elem en ­ to s» de Iglesia (vestigio. Ecclesiae) que perm iten el em pleo de la frase «Iglesias o comunidades eclesia- les » (L G 15; U R 3, 19, etc.). L a enum eración de es­ tos elem entos se recoge de m odo general en LG 15 y en U R 3, y son: la fe en Cristo; la fe trinitaria; el bautismo; la Escritura; la vida de oración; la fe, es­ peranza y caridad; los frutos, dones y gracias del Espíritu Santo, y otros elementos visibles; así com o la santa cena, que aparece en U R 22.

La teología de los «elem entos» de Iglesia, acep­ tada p o r el Concilio, tiene una larga historia en la tra d ición teológ ica y fue recogida incluso p o r el C onsejo E cu m én ico de las Iglesias, tan to en su asamblea de Amsterdam (1948) com o poco después en la Declaración de Toron to (1950). En el texto de T oron to se lee:

«Generalmente se enseña en las diversas Iglesias que las demás poseen determinados elementos de la verdadera Iglesia, denominados por ciertas confesio­ nes ves ligia ecclesiae. Estos elementos son: la predica­ ción de la palabra, la enseñanza de las Sagradas Es­ crituras y la administración de los sacramentos. Constituyen algo más que el pálido reflejo de la vida de la verdadera Iglesia. Contienen una promesa real y ofrecen la posibilidad de luchar conjuntamente, a tra­ vés de conversaciones francas y fraternales, en vistas

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PARA. COMPRENDER EL ECUMENISMO

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a la realización de una unidad completa... El movi­ miento ecuménico descansa en la convicción de que debemos seguir las 'huellas'. Lejos de considerar des­ pectivamente a los demás como poseedores única­ mente de determinados elementos de la verdad, las Iglesias deberían alegrarse y reconocer dichos ele­ mentos como signos de esperanza. ¿Cuáles son en realidad estos elementos? No son vestigios muertos del pasado, sino medios poderosos que Dios utiliza para su obra...» 8.

Esta categoría teológica ha recibido algunas crí­ ticas: hablar en lenguaje jurídico, tratar el tem a de form a estática y cuantitativa, favorecer un cierto proselitism o que invita a los que ya tienen «p a rte» del legado a tenerlo «to d o » p or su incorporación a una determinada Iglesia, a erigirse ella m ism a en criterio objetivo de eclesialidad: se es más Iglesia cuanto más se parece a una determinada, y se es menos Iglesia cuanto más alejada... Pero esas críti­ cas deben ser matizadas teniendo en cuenta que, entre los «e lem en to s » de Ig lesia enum erados, el Concilio considera también los «dones espirituales» que infunden una perspectiva carism àtica en las realidades institucionales. Desde la eclesiología de com un ión , que es la que caracteriza al Vaticano II, habrá que afirm ar con C ongar que «n o hay una pneum atología válida sin referencia cristoló gica», lo que equivale a decir que en la Iglesia hay una in terd ep en d en cia esen cial en tre lo o fr e c id o p o r Cristo en el origen -lo institucional, en el sentido más noble del térm ino- y lo que el Espíritu vivifica actualmente.

Po r ello nos parece superada aquella oposición eclesiológica que presentaba la aproxim ación cató­ lica incidiendo exclusivam ente en lo institucional -q u e no es lo meramente ju ríd ic o - y la aproxim a­ ción protestante que prim aba en extrem o el puro «acon tecim iento» salvifico m arginando los aspectos estructurales y sacramentales.

8 Citado y comentado en R. Aubert, Problem a s de la unidad

cristian a. Plaza y Janés, Barcelona 1969, 190-191; cf. G. Thils, L o s « elem entos de Iglesia» , en La Iglesia y las Iglesias. Palabra,

M adrid 1968, 113-127; H. Küng, La Iglesia. Herder, Barcelona 1969, principalmente «Las dimensiones de la Iglesia», 315-354; J. M . R. Tiilard, Eglise d ’Eglises (L 'écclés iologie de c o m m u n io n ). Cerf, París 1987.

- Hacia una concepción com ún de Iglesia. Dos elem entos han contribuido de manera decisiva a la a p ro x im a ció n de las concepciones eclesiológica s descritas: el desmarque, por parte de la Iglesia cató­ lica, de su identificación total y exclusiva con la Ig lesia de Cristo; y la categoría teo ló g ic a de las «Iglesias herm anas».

1. L a tesis de la identificación exclusiva de la Iglesia ca tólico-rom a n a con la Iglesia de Cristo, puesta de m an ifiesto p o r varios docu m entos del m agisterio, y especialmente por la encíclica Mystici corporis (1943), dificultaba enormem ente que desde la eclesiológia católica pudiesen llamarse con rig or «Iglesia s» las denom inaciones separadas de la co ­ m unión rom ana. Aqu ella tesis se basaba en una concepción ju ríd ica de la Iglesia com o «sociedad perfecta» 9.

P or eso cuando en el Concilio Vaticano I I se van incorporando a la eclesiología católica las catego­ rías teológicas de com unión, participación, designio universal de salvación, Iglesia com o pueblo de D ios y sacramento del reino, elementos de Iglesia, etc., las consecuencias ecuménicas no se hacen esperar 10. Los redactores de Lum en gentium, aun m antenien­ do la co n vic ció n dogm ática de que la Iglesia de Cristo y la de los apóstoles se da en la Iglesia católi­ ca, concluyen que aquélla no se reduce a la literali­ dad de las fronteras del catolicismo. De ahí la susti­ tución de la fórm ula est, que sugería la identifica­ ción absoluta, por la de subsistit in, que, sin negar la fidelidad en la continuidad histórica, perm ite ha­ b lar de eclesialidad tam bién en otras tradiciones cristianas. Tanto Lum en gentium (n. 8), com o Uni- tatis redintegratio (n. 4) y D ignitatis humanae (n. 1-2) incorporan la nueva form ulación, abandonan­ do definitivam ente la tesis de la identificación total y exclusiva.

9 Para un estudio de la M y stici co rp oris, véase G. Thils, Cuer­

p o M ís tic o e Iglesia C atólica R om a n a , en La Iglesia y las Iglesias, o. c., 149-199. D e interés las aportaciones de J. Ratzinger, E l N u e v o P u eb lo de D io s . Herder, Barcelona 1972, principalmente

en 104-117.

10 Cf. Y. Congar, U n p u eb lo m esiá nico. Cristiandad, M adrid 1975, principalmente la le p a rte : « L a Iglesia, sacramento de sal­ vación», 15-119.

E l texto quedaba así:

«Esta Iglesia, constituida y ordenada en este mun­ do como una sociedad, permanece en la Iglesia cató­ lica, gobernada por el sucesor de Pedro y por los obispos en comunión con él...» (LG 8).

2. El empleo de ciertos términos y expresiones por parte del m agisterio eclesiástico responde siem ­ pre a contenidos muy precisos. Nunca estos térm i­ nos son del todo inocentes, y desde luego no son producto de la improvisación. El hecho de que Pa­ blo V I emplease en sus discursos frecuentes alusio­ nes a la «herm andad» entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxa y anglicana, indica algo más que un piadoso y cortés m odo de dirigirse a los repre­ sentantes de esas confesiones cristianas.

En Tomos Agapis, que recoge la correspondencia oficial entre el Vaticano y Constantinopla desde los años 1958 a 1970, la expresión «Iglesias hermanas» se halla en varias ocasiones. En un texto de Pablo V I al patriarca Atenágoras se dice:

«En cada Iglesia local se opera este misterio del amor divino; ¿y no es ésta la razón de la expresión tradicional tan bella según la cual las Iglesias locales se llamaban Iglesias-hermanas? Durante siglos hemos vivido esta vida de Iglesia-hermana, celebrando jun­ tos los concilios ecuménicos, que defendieron el de­ pósito de la fe contra toda alteración. Ahora, después de un largo período de división y de recíproca incom­ prensión, el Señor nos permite redescubrirnos como Iglesias-hermanas, a pesar de los obstáculos que des­ de entonces se alzaron entre nosotros...» u.

E l mism o Pablo V I ha empleado esta expresión refiriéndose a la Iglesia anglicana. Así, en el discur­ so del 25 de octubre de 1970, con ocasión de la ca­ nonización de los 40 mártires ingleses, afirma:

«Ojalá la sangre de estos mártires pueda cicatrizar la gran herida infligida a la Iglesia de Dios en razón de la separación de la Iglesia anglicana y de la Iglesia católica... La fidelidad a su nación nos asegura que

11 A l encuentro de la unidad. D o c u m e n ta c ió n de las relaciones

entre la Santa Sede y el P a tria rca d o de C o n s ta n tin op la (1958- 1972), o. c., 156-157; cf. E. Lanne, Eglises-soeurs. Im p lica tio n s ecclésiologiques du T om os Agapis: Istina I (1975) 47-74.

un día -Dios lo quiera- la unidad de la fe y de la vida cristiana será restaurada, ningún perjuicio será infli­ gido al honor y soberanía de un gran país como In­ glaterra. No se buscará disminuir el legítimo prestigio y el digno patrimonio de piedad y de usos propios de la Iglesia anglicana cuando la Iglesia católico-romana -esta humilde «servidora de los servidores de Dios»- pueda abrazar a su hermana para siempre en la sola y auténtica comunión de la familia de Cristo...» I2. La afirm ación de la «herm andad» de las Iglesias tiene varias lecturas desde la perspectiva ecum éni­ ca. Una prim era entiende que el fundamento de la fraternidad cristiana radica no sólo en la com unión nacida de la voluntad salvífica de Dios respecto a todos los llamados en Jesucristo, sino tam bién en las realidades y valores compartidos ya de alguna manera: el bautismo, el sacerdocio y episcopado, la sucesión apostólica, la eeucaristía... De ahí nace una consideración que prim a en las demás Iglesias todavía «separadas» más los elementos comunes - y que son fundamentales dentro de una jerarquía de verdades (U R 11)- que aquellos otros que todavía están p or reconocer para poder llegar a la «plena com u nión».

Pero una segunda lectura sugiere la pregunta de si R om a está equilibrando la concepción que ella tiene de sí m ism a respecto a las demás Iglesias. Las divergencias entre las eclesiologías de oriente y o c­ cidente que desem bocaron en mutuas excom unio­ nes y la oposición del oriente ortodoxo a considerar a R om a com o «m adre y m aestra», ¿están ayudando a esta «rev isió n » cuyo signo más elocuente sería el em pleo del térm ino «herm ana» y no «h ija » referido a las Iglesias ortodoxas e incluso también a la Ig le ­ sia anglicana?; ¿significa la aceptación oficial por parte del catolicism o de que, una vez reunidas en «p len a co m u n ión », cada una guardará su p rop ia personalidad, ya que todas se nutren y alimentan de la m ism a savia y p o r ellas discurre el m ism o evangelio que proclam a la paternidad de Dios sobre todas ellas?; lo que se dice de la ortodoxia y del an-

12 Citado por Y. Congar, en Le développem ent de l ’éva lu a tion

ecclésiologiqu e des Eglises n o n catholiques. Un bila n , en Essais oecu m én iqu e s. Le Centurion, Paris 1984, 239-240.

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PARA COMPRF.NDER EL F.CUMFNISMO “ ... ...

glicanism o ¿no cabrfa tam bién decirlo de las Ig le­ sias de la Reform a?