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NBI vs Element Level Data: Evolution of Inspections and Condition Rating

CHAPTER 3. DATA GATHERING AND ANALYSIS

3.4. NBI vs Element Level Data: Evolution of Inspections and Condition Rating

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PARA COMPRENDER EL ECUMENISMO

te con respecto a otro si no le oculta la verdad. Si yo no digo la verdad a mi vecino, le trato como a un pa­ gano. Y si digo la verdad a alguien que tiene otra opi­ nión, le muestro el amor que le debo» 2.

La separación es noble si nace por el am or a la verdad dada, y no p o r visiones fanáticas o por de­ seos inconfesados de h e g e m o n ía de unos sobre otros.

El problema ecum énico presenta dificultades to­ davía mayores cuando se trata de precisar los lím i­ tes de lo que se considera núcleo central de la fe -co m o tal irrenunciable- y la construcción d octri­ nal en que la fe aparece revestida. Deslindar esos lím ites es parte del problem a ecuménico, que en el pasado gen eró tan tos m a le n ten d id o s . H u b o un tiem po en que fe y teología venían tan íntim am ente entremezclados que no parecía posible un análisis por separado de ambas realidades. De ahí que el sistema teológico se confundiese tantas veces con la verdad de la fe, y que la fe m ism a no pudiera des­ prenderse de sus enunciados y de su explicación ra­ cional a través de determ inados métodos y escuelas teológicas.

Se han dado, ciertamente, muchos pasos en la buena dirección y no sólo desde el cam po de la teo­ logía, sino también desde el m agisterio de las Ig le­ sias. E l decreto del ecum enism o lo ha expresado de form a inmejorable:

«En ningún caso debe ser un obstáculo para el diálogo con los hermanos el sistema de exposición de la fe católica. Es totalmente necesario que se exponga con claridad toda la doctrina. Nada es tan ajeno al ecumenismo como el falso irenismo, que pretendiera desvirtuar la pureza de la doctrina católica y oscure­ cer su genuino y verdadero sentido. La fe católica hay que exponerla al mismo tiempo con más profundidad y con más rectitud, para que tanto por la forma como por las palabras pueda ser cabalmente comprendida también por los hermanos separados» (UR 11). Y el cardenal J. W illebrands, en noviem bre de 1981, en su discurso de apertura en la asam blea plenaria del entonces Secretariado R om ano para la Unidad, decía:

«Hay que desconfiar de tentaciones sutiles: aque­ llas, por ejemplo, que insisten en identificar el conte­ nido objetivo de la fe con su exposición, su organiza­ ción, su percepción, con tal o cual sensibilidad reli­ giosa, pues sería pecar contra la catolicidad y conse­ cuentemente contra la unidad. Hay que defenderse de la tentación de identificar la verdad de fe, sobre la cual es necesario un acuerdo, con la formulación o formulaciones que ha recibido a lo largo de la histo­ ria» 3.

El problem a de las relaciones entre fe y teología no sólo es un problem a interconfesional, se halla tam bién en el seno de cada confesión cristiana. A veces, porque un sistema teológico determinado ha sido presentado com o la m ejor y casi única explica­ ción válida de la revelación cristiana: es el caso del tom ism o en cierta tradición católica; a veces, p o r­ que ciertas interpretaciones bíb lico-teológicas de un te ó lo g o o una escuela aparecen inaceptables desde la fe a la jerarqu ía de la Iglesia: es el caso, p or ejem plo, del rechazo, por parte del Sínodo de obispos de la Iglesia Evangélica de Alemania, de las p o sicio n es doctrin ales del p ro fes o r R u d o lf Bult- mann, el 30 de septiem bre de 1953.

Este trabajo de clarificación entre la verdad de fe y su enunciado debe ser realizado p or la Iglesia en su conjunto. D eber y tarea eclesial será exponer y distinguir con claridad y sin ambigüedades la p ro ­ pia fe de lo que es el sistema teológico que ha ayu­ dado durante generaciones a transmitirla. Y revi­ rar, cuando sea necesario, la validez de las viejas fórm ulas en los nuevos contextos histórico-cultura- Jes. El d iá log o ecum énico leal pide precisam ente que se m arginen las posturas confusas o expresa­ m ente ambiguas.

El pastor M arc Boegner, en un histórico encuen­ tro ecum énico con el cardenal Agustín Bea, señala­ ba la lealtad que debe presidir todo diálogo serio. Y refiriéndose al purpurado rom ano, dijo:

«Recuerdo con emoción la conferencia, trastorna- dora en muchos aspectos, que disteis antes de la apertura del concilio en el Palacio de la Mutualidad

3 J. W illebrands, P ro lu s io d u C ardinal Président: Service d’in ­ fo rm a tio n (S e c r é t a ria t p o u r l'U n ité des C h ré tie n s ), n. 47 (1981/m-IV) 117-120. E l texto en p. 119.

de París, en la que empezasteis diciendo, de una ma­ nera adusta, si puedo permitirme esta expresión, que queríais dejar bien sentado que en ningún caso las Iglesias protestantes o las Iglesias separadas de Roma podían esperar reblandecimiento alguno en la doctri­ na católica, por lo que yo os di las gracias pública­ mente. Os daba las gracias en nombre de todos los que habían escuchado, y muy particularmente en nombre de los protestantes, por esta rectitud con la que rehusabais cualquier posibilidad de confusionis­ mo y con la que os declarabais totalmente opuesto a un ecumenismo sentimental, tal como me he empe­ ñado en denunciarlo yo mismo en mis escritos o en mis conferencias...»4.

M arc Boegner y Agustín Bea estaban denuncian­ do el peligro del falso irenism o y del equívoco de­ seado. Pero no debe confundirse con este desleal y expreso intento de equívoco el llam ado método de la «e co n om ía », utilizado p o r los padres de la Iglesia con excelentes resultados. Este m étodo trata de no insistir en ciertos térm inos técnicos -una vez bien establecida la verdad de fe - cuando éstos, y no la verdad, pueden ser m otivos de nuevas dificultades e incomprensiones.

Pablo V I ha aprobado la validez del recurso a la econ om ía:

«La caridad nos debe ayudar, como ayudó a Hila­ rio y a Atanasio, a reconocer la identidad de la fe más allá de las diferencias de vocabulario, en momentos en que graves divergencias dividían el episcopado cristiano. El mismo Basilio, en su calidad de pastor, defiende la fe auténtica en el Espíritu Santo evitando el empleo de ciertas palabras que, por exactas que fuesen, hubieran podido ser ocasión de escándalo pa­ ra una parte del pueblo cristiano. ¿Acaso Cirilo de Alejandría no aceptó, en el año 433, dejar de lado su teología para hacer la paz con Juan de Antioquía, después de cerciorarse de que, a pesar de sus diferen­ tes expresiones, era idéntica su fe?» 5.

4 M ensaje del pa stor M a rc Boegner, en E l M o v im ie n to E c u m é ­

n ic o . Península, Barcelona 1966, 207-211. E l texto en p. 209.

5 P ablo V I en su alocución al patriarca Atenágoras en la cate­ dral de Fanar, el 25 de julio de 1967. E l texto en A l encuentro de

la unidad. D ocu m en ta ción de las relaciones entre la Santa Sede y el Pa tria rca do de C onstantinopla (B A C ). Editorial Católica, M a ­

drid 1973, 51.

La seriedad y dificultad de los problemas entre las Iglesias es evidente. Están en juego, por una parte, la unidad de la Iglesia y la verdad de la reve­ lación, y por otra, las form as históricas en que se .expresa la verdad y los m odelos de unidad que se buscan. M agnificar unas expresiones de la verdad en detrim ento de otras es olvidar la contextualidad de la teología, y a la vez es recortar las exigencias de catolicidad que lleva en sí la oikoumene.

P o r eso los prob lem as doctrinales son sum a­ mente complejos. Pero ello no invalida los intentos de consenso doctrinal en que ahora m ism o trabajan las diferentes comisiones mixtas, oficialm ente auto­ rizadas por las Iglesias cristianas, a través de diálo­ gos bilaterales o multilaterales. En ese empeño es­ tán también ciertas facultades de teología, los de­ partamentos ecum énicos de algunas universidades y los grupos de cristianos de base empeñados en crear las condiciones para que la unidad de la Ig le ­ sia sea signo de la unidad de la humanidad.

2. Problemas doctrinales