Chapter 4: Quantifying the Effect of Data Quality on the Correctness of an eMeasure 59
4.2 Background 62
A nivel nacional se refleja la Agenda 2030 al plantear “Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”. Es una necesidad de la sociedad actual, fortalecer la igualdad de oportunidades de niños y niñas mexicanos, sin menoscabo de reconocer su vulnerabilidad, es un derecho constitucional implícito en el artículo 3o y en la Ley general de educación.
Esto es un panorama legal de la educación inclusiva, pero existe otra mirada, otra forma, otro lugar, otro lenguaje de escribir la experiencia de la educación inclusiva, ese Otro que se enfrenta a otras realidades, esa figura que trasciende en el alumno compartiendo día a día su entrega, su esfuerzo y dedicación…… es la historia del maestro(a).
Quienes trabajamos en educación especial nos damos cuenta de los grandes retos que tenemos que enfrentar en el aula y junto con ello el equipo de apoyo, los directivos, los padres de familia y demás involucrados en la dinámica de nuestro alumno.
Como maestra de educación especial he tenido diversas experiencias, con alumnos con discapacidad intelectual, motriz, autismo, síndrome de Lauren Moon, síndrome de Rett, entre otros; en este espacio comparto la experiencia de mi hacer docente y mi aprendizaje con mi alumno Luis. CASO LUIS
Nota: por ser un estudio de caso omitiré algunos datos.
Luis no tiene un diagnóstico médico, él ingresó al Centro de Atención Múltiple (CAM) hace cuatro años, la maestra que trabajó el año anterior, cuando me proporciona el expediente me comenta que es un niño sordo. La dinámica en casa, de la cual se sabía muy poco, se describía en la casa de la abuela materna con quien Luis vivía, ¿y los papás? Ellos estaban en E.U.
con la hermana menor de Luis, el motivo se desconoce, la abuela siempre mostró estar al pendiente en todos los aspectos.
Luis es un niño de diez años, tez morena, complexión gruesa, con tendencia a la obesidad, por su forma de caminar muestra pesadez, cansancio, sonríe poco, generalmente mantiene ambas manos en los bolsillos de su pantalón, evita realizar cosas que le impliquen esfuerzo de cualquier tipo, en ocasiones se sujeta del brazo del intendente como un punto de apoyo. Difícilmente socializa, muestra señales de no tener lenguaje oral, atiende indicaciones, raras veces solicita algo, no muestra interés por relacionarse con los demás, se percibe observador, con pobre iniciativa. Cuando llega a la escuela siempre se coloca en el mismo espacio mientras espera la orden para entrar a su salón, en el aula siempre se sienta en el mismo lugar, nunca se separa de su mochila, siempre espera la orden de la maestra para realizar su actividad cualquiera que ésta sea, cuando se requiere compartir materiales lo realiza siempre y cuando no sean materiales que se le hayan solicitado traer de casa. A la maestra sólo se los enseña en señal de haber cumplido con lo solicitado, con sus compañeros su actitud es de observador, existe poca o nula interacción, los trabajos los realiza de manera muy lenta pero los concluye y se esmera en hacerlos bien; a la hora de recreo difícilmente sale del salón, no muestra interés por saber qué sucede afuera, se ha observado que cuando llega en la mañana a la escuela, la hora de recreo y la salida siempre cuida de manera permanente la ubicación de su maestra. En la primera semana de trabajo lo primero que me cuestionaba era si realmente era sordo, debido a que escuchaba un ruido y volteaba al lugar de donde provenía, cuando le hablaba tardaba en contactar con la mirada pero lo realizaba. En una
ocasión, revisando su mochila vi su manual de lengua de señas, no sé si sentí tristeza, dolor o sorpresa debido a mi sospecha de que Luis no era sordo. Recuerdo en otro momento, a la salida de la escuela que las compañeras comentan que Luis es muy flojo, que espera que todo se le haga y surge la pregunta de una de ellas -¡¿no te desespera trabajar con ese niño?! afortunadamente la relación con mis compañeras era poca
y prefería no contestar cada vez que se suscitaba situaciones de esta índole. En una ocasión que salimos a ensayar para el desfile del 20 de noviembre, Luis al terminar el ensayo se apoya del brazo del compañero intendente, cuando observo tal situación le digo al compañero -suéltalo por favor-, él contesta -pero él siempre se apoya porque está muy cansado-, yo le contesto -gracias pero no es necesario-, Luis requiere ejercitar su cuerpo y creo que nosotros debemos permitir que su cuerpo deje de verlo como una carga. –Luis vámonos, no importa que lleguemos al último.
Con el tiempo descubrí que Luis escuchaba perfectamente bien, sólo que sus cuerdas bucales estaban muy lastimadas y esto le impedía emitir sonidos. Ante tal situación surgen varios cuestionamientos: ¿Cómo es posible que Luis tenga en esta escuela 4 años y lo contemplen como un niño sordo?, ¿qué sucede con los otros dos maestros que lo tuvieron?, ¿es qué no observamos los comportamientos de nuestros alumnos?, ¿cómo Luis ha asumido todos los comentarios con respecto a su persona? Recuerdo que en varias ocasiones Luis no atendía a las indicaciones de otros maestros, por ello las expresiones de las compañeras eran: “¡Tu Luis no hace caso!, ¡Tu Luis no entiende!, ¡ahí está tu Luis!
El trabajo con Luis continuó y el alumno logró moverse de su lugar, salir del salón, jugar a la hora de recreo, dejar de cuidar de manera persistente a su maestra. Comenzó por intentar comunicarse con sus compañeros, a manifestar sus emociones y sentimientos a través de la expresión de su cara. El trabajo continuaba y la inclusión de Luis en el salón se propiciaba de acuerdo a las mismas posibilidades del alumno y sus compañeros. Él mostraba interés por saber qué sucedía con sus compañeros. Esa actitud de servicio era una evidencia de los avances que en su desarrollo exhibía Luis. Y mientras esto sucedía en la escuela, ¿qué pasaba en su casa? Los padres de Luis regresan de E.U. y por referencias de la abuela comentó que se llevan a Luis a casa de sus padres, esto sucede en un fin de semana, cuando Luis me ve al llegar a la escuela, se me acerca y con mirada molesta y actitud inquisidora señala a la abuela, la abuela explica el arrebato de Luis por sus padres y que ella interpreta los gestos de Luis como un reclamo de traición y abandono por permitir que los padres se lo llevaran sin explicación alguna. Las siguientes semanas Luis en el ambiente escolar se mostraba participativo, con actitud de gusto por estar en la escuela; sin embargo, su semblante cambiaba cuando era la hora de la salida, pareciera que el espacio escolar
era el lugar de acogida, seguridad. Con el tiempo su asistencia comenzó a ser inconstante, a no llevar tareas, los materiales solicitados raras veces los presentaba. En su desayuno se reflejaba la rapidez con que había sido hecho y el descuido por cuidar su alimentación.
¿Quién era Luis?, ¿Era acaso ese objeto de pertenencia según las circunstancias e intereses y necesidades del contexto?, ¿quién era capaz de mirar a Luis como el ser humano que siente y escucha?, ¿quién interpretaba y comprendía a aquel niño que en el silencio expresa la pobreza y carencia de sensibilidad de quien lo rodea?, ¿era acaso la piedra bruta esperando ser tallada, moldeada y pulida; esperando ser una escultura? ¿Quiénes ponemos las barreras para que nuestros alumnos aprendan?
Es decir, si consideramos como factor importante que “La reforma inclusiva supone revisar el compromiso y el alcance del proceso integrador, tratando de construir una escuela que responda no sólo a las necesidades ‘especiales’ de algunos alumnos sino a las de todos los alumnos (…) demanda un proceso de reestructuración global de la escuela para responder desde la unidad (lejos de posturas fragmentarias) a la diversidad de necesidades de todos y cada uno de los alumnos.” (Parrilla, 2006. p. 132.)
¿Quién nos debe enseñar a vivir en una cultura donde el proceso educativo oriente a la inclusión en cualquiera de sus expresiones? Esto me remite a Herbert (1978) cuando señala que “La cultura significa, más que un mundo mejor, un mundo más noble: un mundo al que no se ha de llegar mediante la transformación del orden material de la vida, sino mediante algo que acontece en el alma de los individuos.”. (p.56)
REFERENCIAS.
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E
l presente trabajo tiene como propósito exponer algunos acontecimientos destacados que antecedieron a la fundación de nuestra Benemérita y Centenaria Escuela Normal Urbana Federal “Profr. J. Jesús Romero Flores”. El contenido se haya documentado en el texto “LA BENEMÉRITA ESCUELA NORMAL DE MORELIA. UN REPASO HISTÓRICO” del Dr. Álvaro Ochoa Serrano, distinguido egresado de esta institución de la generación 1967 – 1969.La formación de maestros en nuestro país tiene una larga tradición. Desde cuando en los albores del siglo XIX, durante el imperio del moreliano Agustín de Iturbide se instauró la Compañía Lancasteriana, de origen inglés, que proponía un método de trabajo consistente en que un maestro atendía a una gran cantidad de alumnos con el apoyo de los estudiantes más aventajados que se convertían en “monitores”. A éstos se les encargaba un número pequeño de pupilos. Se enseñaba a los niños las primeras letras, rudimentos de aritmética, dibujo; todo en un entorno religioso.
En nuestro estado esta compañía se estableció en años posteriores a la caída del Imperio de Iturbide, ya con un gobierno republicano. Debido a las pugnas entre centralistas y federalistas fue hasta 1832 cuando se realizó la solemne apertura de la escuela normal del Estado. Esta institución adoptó también el método lancasteriano y se estableció en el Colegio de San Nicolás de esta ciudad de Morelia. La mayor parte del siglo XIX, México se debatió en un lucha fraticida entre conservadores monárquicos y liberales republicanos. Los primeros se dieron el lujo de imponer a un emperador, Maximiliano, como gobernante de nuestro país. Después de la segunda mitad, con El Benemérito de las Américas, Benito Juárez, se logró el triunfo de la república. En ese entorno, para 1887 el gobernador de Michoacán, Mariano Jiménez hizo el intento de fundar una Escuela Normal para profesores; sin embargo, por las condiciones socioeconómicas en que se debatía el Estado, sólo logró fundar una Academia de Niñas el año de l889 en esta ciudad. Además, “Para ayudar al buen manejo educativo, en enero de 1901 se fundó la Escuela Práctica Pedagógica con la conductora de ésta en la Academia de Niñas. Subsistió hasta octubre de 1908