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Chapter 5: Conclusions 86

5.2   Future Directions 91

al integrarse en definitiva a la Academia.” (Ochoa, 1918, p.27). Esta institución estuvo bajo la dirección de la Profra. Elodia Romo de Adalid.

No obstante, “…la ley michoacana de instrucción secundaria y profesional de 1896 señaló que mientras no se estableciera una Escuela Normal para maestros, los cursos de rigor deberían hacerse en el Colegio de San Nicolás, conforme a un plan de estudios que esa ley incluía.” (ídem. p. 29). De este Colegio egresó un distinguido profesor, Don Rafael C. Haro, quien a la postre se significaría como uno de los pilares académicos histórico de nuestra Escuela Normal. Como contraparte a la visión progresista y liberal con que se trabajaba en el Colegio de San Nicolás, el arzobispo Atenógenes Silva fundó el Instituto Científico del Sagrado Corazón de Jesús el año de 1902, en el edificio que hoy ocupa esta Normal, con las finalidad de contrarrestar la influencia ideológica que ejercía sobre sus estudiantes el Colegio de San Nicolás. El profr. Jesús Romero Flores realizó estudios para ser maestro en el Instituto Científico, ya que aquí se “… se cubría la enseñanza primaria elemental y superior, preparatoria, mercantil, agrícola e industrial y escuela normal de profesores.” (ídem. p. 32.). Sin embargo, obtuvo su título de profesor en el citado Colegio de San Nicolás. A principios del siglo XX el país se vio envuelto en una nueva lucha, esta vez para hacer valer los principios democráticos que defendió Madero y con la firme intención de terminar con el régimen de opresión, analfabetismo y miseria en que se debatía el pueblo mexicano bajo la bota de la dictadura porfirista. El triunfo efímero del presidente Francisco I. Madero se vio opacado por la asonada golpista del traidor Victoriano Huerta. La lucha se generalizó en el país, se enfrentaron varios caudillos revolucionarios contra Huerta y sus fuerzas federales: Villa, Carranza y Zapata, cada quien con una idea diferente de lo que debía ser el porvenir del país.

En este entorno, en Michoacán, no de una manera tan enconada como en el Norte, pero con igual intensidad también se vivió el movimiento revolucionario que derivó en las luchas de diferentes facciones para hacerse del poder político. En septiembre de 1914 Gertrudis G. Sánchez, de orientación maderista toma la dirección del gobierno del estado. De inmediato, y de acuerdo a las apremiantes circunstancias, toma una serie de medidas administrativas y de política educativa, entre las que destaca: la confiscación de bienes eclesiásticos, encarga a Jesús Romero Flores la supervisión de las escuelas oficiales, y “Con el deseo de ofrecer una ‘educación amplia y uniforme’ iniciaría la apertura del Primer Congreso Pedagógico, ciclos de conferencias y círculos de estudios metodológicos, la publicación de periódicos y libros para instruir al magisterio.” (ídem. p. 39).

A nivel nacional, la revolución cada vez se complicaba más. La lucha entre los constitucionalistas de Venustiano Carranza y los “convencionistas” de Villa y Zapata se hacía cada vez más cruenta. No se ponían de acuerdo en los fines y medios para llegar a la tan anhelada paz por la que tantos millones de mexicanos habían ofrendado sus vidas. El poder siempre nubla la razón. Los intereses personales y de grupo se subordinan al bien común. De nueva cuenta, en nuestro Estado: Gertrudis G. Sánchez, aunque de

orientación porfirista, se muestra partidario del Centauro del Norte, Alfredo Elizondo cambió de partido, el profesor Candor Guajardo se queda en Morelia como representante del constitucionalista Francisco Murguía.

Todavía se escuchaba el estruendo de la metralla por todos los rincones del país, del estado y de esta ciudad cuando esta gloriosa escuela normal vio la luz. Nació gracias a varios eventos, de acuerdo con Ochoa (2018): el proyecto del profr. Pastor C. Navarrete y la ley expedida el 21 de diciembre de 1914 por el gobernador provisional Gertrudis G. Sánchez, la Escuela se funda el 12 de enero de 1915 y entra en funciones el 25 del mismo mes. Su director fue el Profr. Pastor C. Navarrete. Se ubicó en el edificio de las Capuchinas, pero debido a los arreglos que requería este inmueble se aplazó la inauguración oficial. Esto correspondía a la Escuela Normal para Profesores.

A la par, la antigua Academia de Niñas con el apoyo de la Escuela Práctica Pedagógica formaba maestras de educación elemental.

Los acontecimientos militares se sucedían con rapidez: el gobernador Gertrudis G. Sánchez huye hacia el sur al ser derrotado por el villista Pablo López el 4 de marzo de 1915 y queda como gobernador del estado José Isabel Prieto. Éste, al día siguiente clausuró la recién fundada Escuela Normal de Maestros. Villistas y Obregonistas se enfrentan por estas fechas en la famosa batalla de Celaya. Alfredo Elizondo, después de traicionar a Gertrudis G. Sánchez, se ofrece a combatir al lado de Álvaro Obregón en el Bajío. Como premio, pues el triunfo corresponde a la facción del antes citado, recibe la gubernatura del Estado.

Ya en funciones, “…el nuevo mandamás quedó en llevar a cabo la reapertura de la Escuela Normal y su inauguración formal bajo la guía del Profr. Jesús Romero Flores y del secretario Eduardo Villaseñor. (…) Las autoridades designaron una fecha patriótica en mayo [el 5] para rubricar el acto inaugural y distribuyeron las invitaciones respectivas.” (ídem. p. 49). A dicho acto acudió el Secretario de Gobierno, licenciado y profesor Candor Guajardo, en representación del Gobernador del Estado, Alfredo Elizondo.

Los primeros años representaron un reto para las autoridades educativas. Si bien al principio la matrícula reportó la cantidad de alrededor de 150 alumnos, en su mayoría venían del Colegio de San Nicolás. El gobierno del Estado solicitó a los ayuntamientos que enviaran pensionados a jóvenes con aptitudes para que estudiaran la carrera de profesor en la recién fundada Escuela Normal; sin embargo, muy pocos municipios cumplieron con el encargo.

Para 1916, después de un breve interinato del profesor Simón F. Rodríguez como director, el profesor Jesús Romero Flores asumió dicho cargo al mismo tiempo que era funcionario general de Instrucción Pública. En 1917 Ignacio Calderón asume dicha responsabilidad, misma que retorna a las manos de Romero Flores en 1920. En esos años el estado vive momentos difíciles: la sequía provocó la falta de granos y de ganado, el hambre asoló a los michoacanos, el descontento social y, por si faltara poco, la gripa española deja millares de muertos.

Por otra parte, los cambios en el gobierno del Estado se suceden rápidamente: Alfredo Elizondo deja el poder a José Rentería Luviano en 1917 y éste al ingeniero Pascual Ortiz Rubio, quien tuvo que enfrentar las situaciones adversas antes descritas.

En estas condiciones se dan los primeros pasos de una institución formadora de docentes, siguiendo a la par con las vicisitudes, problemas y retos de naturaleza económica, política y social, y consecuentemente educativas que siempre han estado presentes en la vida de nuestra ciudad, del estado y en general de todo el país.

REFERENCIA.

Ochoa Serrano, Alvaro. (2018). La benemérita escuela normal de Morelia. Un repaso histórico. Morelia: Morevalladolid editores.

E

sta ponencia se acerca a la obra de Roberto Arlt, El juguete rabioso, desde una perspectiva semiótica que tiene que ver con dos elementos tomados de las ideas de Iuri Lotman sobre la semiosfera: la frontera y el traductor-bilingüe. Se analiza la función del personaje principal, Silvio Astier, como un traductor-bilingüe el cual, a través de la lectura y la toma de decisiones, traduce los mensajes pertenecientes a una semiosfera dada: cierto tipo de literatura, para transportarlos y re-significarlos dentro de otra semiosfera específica: su actuar en distintos espacios sociales presentes en su vida.

Tomo como base argumentativa la idea de que el espacio semiótico es de carácter abstracto y no únicamente material, por lo que abordo la forma en que se configuran dos esferas de significación a partir de la interpretación que Silvio realiza del contenido presente en sus lecturas, abstracción, y cómo dicha interpretación trasciende en la esfera de su realidad.

Llamo a este personaje fronterizo no sólo porque es una persona marginada dentro de la sociedad, un ladronzuelo, sino porque también se encuentra posicionado en una frontera semiótica que le permite ser partícipe de dos ámbitos: el real y el ficcional. Entiendo por real todo aquello que se narra en la diégesis de la novela relacionado con las acciones de los personajes, y como ámbito ficcional las lecturas que realiza Silvio, ya sea de historietas, enciclopedias, libros de divulgación científica o literatura. La re-significación del contenido encontrado en las lecturas es producto de una semiosis llevada a cabo por el personaje quien, como traductor, es responsable de la interpretación, y dicha acción produce interacciones de distinta índole en la esfera de lo real.

A lo largo de la narración, el papel del personaje-traductor resulta decisivo para su propio devenir, por lo tanto, propongo la lectura siguiente: esta novela

SILVIO ASTIER, UN PERSONAJE FRONTERIZO, UN

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