6.3 S ELECT SPARING OF VISUAL PATHWAYS IN L EBER ’ S DISEASE
6.3.1 Background
Ben Kisby (2007), defiende el modelo dialectico de Marsh y Smith (2007) al cual lo encuentra innovador ya que, este modelo sobrepasa a la tipología de redes trabajada por Marsh y Rhodes (1992), debido a que estos últimos le dan mayor énfasis al rol que las estructuras juegan dentro del proceso de la política restando así, la importancia que tienen los actores inmersos dentro de la estructura de la red en este caso. De ahí que la propuesta nueva de Marsh y Smith se encuentra justamente en las relaciones bidireccionales entre la estructura y la agencia.
También, el mismo Kisby enumera algunas críticas hechas al modelo dialectico tomando dos como más importantes mismas que, pueden influir sobremanera en el proceso de análisis de la política. Primero (y citando a Marsh y Toke) dice que “los agentes pueden actuar de forma individual o también pueden hacerlo en representación de un grupo”; cuestión que Marsh y Smith pasan por alto refiriéndose solo como actores individuales a aquellos que conforman la red y son clave. Por último también se critica que “hay que tomar en cuenta a actores ajenos a la red así como a los que son parte de la misma (Esto basado en Marsh y Toke 2003) (Kisby, 2007).
Debido a estos factores, Kisby hace un aporte (o le da una variación) al enfoque dialectico propuesto por Marsh y Smith (2000). A su enfoque, lo denomina ideacional. El Enfoque Ideacional de Kisby (2007) propone que las ideas, deben ser tomadas más en
serio y no solo como meros discursos retóricos que los actores utilizan dentro de la red para movilizar sus preferencias de política sino más bien, como elemento cohesionador de la estructura que, en el nivel macro de análisis hará prevalecer sus propuestas (Énfasis del autor).
En ese sentido, el autor dice que hay en el nivel meso de análisis un “contexto ideacional” que, en el nivel micro, se convierte en una especie de “creencias programáticas” para los actores que forman la red. Es decir “creencias programáticas que los motivan” a partir de esas mismas ideas compartidas entre los actores, se crea la red. “Estas ideas pueden ser vistas como si tuvieran una relación interactiva con los resultados de política” (Kisby, 2007) esto porque, moldean desde ya la forma de la red.
Para Kisby, es importante proponer esta variable al modelo dialectico en respuesta a que este; según él, “ayuda a comprender el cómo fue introducida una política pero, no ayuda a comprender por qué fue introducida la política”. Por lo tanto, el objetivo de Kisby es examinar las “ideas programáticas que motivan a los miembros de una red política para que un problema de política (identificado por ellos) sea visto como tal a la luz pública. Por esto, según Kisby (2007), “hay que colocar a las ideas programáticas como variables independientes, a la red de política como variable intermedia y, a los resultados como variable dependiente del proceso de política”
1.3.1.2 Creencias programáticas.
Ben Kisby (2007), defiende y critica el modelo dialéctico; como ya se dijo en párrafos anteriores, en ese sentido él, hace su propia propuesta a dicho modelo manteniendo las premisas básicas del modelo que son las tres relaciones dialécticas del mismo. En su propuesta, el autor le añade al proceso de política el rol importante que cumplen las ideas por lo que, su enfoque se denomina “ideacional”, entendiendo que las ideas, no son solo meros instrumentos de enunciación de discursos retóricos sino más bien, factores estructurantes de la acción de la red como tal por lo tanto, recoge ideas del trabajo de Sheri Berman (1998) para apoyar su propio trabajo.
Berman (1998) por su parte, en su libro “The social democratic moment”, en el capítulo denominado “el rol de las ideas” hace un recorrido a las connotaciones teóricas que han recibido las ideas históricamente donde, se les había restado importancia, alegando que estas “son el resultado de otros factores estructurales” y no tienen ninguna agencia por si solas. El trabajo de Berman, está basado en un estudio de dos partidos políticos social-democráticos en Alemania y Suecia durante el periodo entre la primera y segunda guerras mundiales e intenta entender, por qué esos actores actuaron en la manera que lo hicieron y propone “abrir la caja negra del proceso de toma de decisiones, examinando en particular el papel jugado por las ideas de cada partido para moldear sus preferencias de política”.
La autora en el sentido dado a las ideas por la literatura política, donde se discute si estas son o no relevantes para el estudio dice:
En años recientes, sin embargo, así como la memoria colectiva del reciente siglo veinte se desvanece, reservaciones normativas acerca de enfatizar en el rol de las ideas en la política han sido reemplazadas por otras que son metodológicas. Un reto metodológico deviene de la gran creencia de que las ideas son epifenoménicas-es decir: que son solo la consecuencia de otros factores y por ende no son dignas de estudiarse. Otro reto metodológico deviene del hecho de que las ideas “nunca han descendido fácilmente al
estudio empírico o a la cuantificación”, los científicos políticos prefieren
estudiar cosas que pueden ver, medir y contar y las ideas al parecer son lo opuesto, vagas, amorfas y constantemente evolutivas (Berman, 1998:16)
De manera que, las ideas no han sido un objeto de estudio recurrente entre los científicos políticos lo cual, ha negado el espacio estelar que éstas; según la autora, juegan dentro del proceso de política además, afirma que “Incluso para el propio Karl Marx las ideas podían ser vistas mejor como el resultado de factores materiales, teniendo poco o ningún valor independiente o impacto” (Berman, 1998: 16).
El reto para los teóricos idealistas, estaba en mostrar que las ideas, podían ser consideradas variables independientes; además de que, cualquier variable independiente en un momento, podía ser la variable dependiente en otro y como tal, las ideas no estarían fuera de esta doble vía por ende, la autora enfatiza que no es menester mostrar que las ideas no han sido influenciadas por otros factores sino que más bien estas deben ser capaces de realizar explicaciones o sea, tener vida propia sin ser reducidas a otros
factores del sistema contemporáneo buscando determinar, que ideas, a más de tener vida propia, pueden influenciar el comportamiento político en el tiempo extendido.
De manera que, si el teórico idealista puede mostrar que las ideas tienen vida propia y no son solo meros resultados de otros factores materiales, entonces ese hecho sería solo “una materia analítica distinta que solo está relacionada indirectamente a los últimos resultados”. En sí, las ideas fundamentan la acción de los actores ya que de estas se determinará que estos, actúen de una forma muy particular.
Las ideas pasan a través de un espectro donde, por un lado están las “ideologías o visiones del mundo” entendido esto como las formas a través de las cuales, los individuos perciben el mundo exterior que les rodea, como este funciona y porque funciona así como por ejemplo las ideologías creacionistas o las teorías evolucionistas. “Las ideas representan una visión total del mundo histórico. Las ideologías proveen marcos mentales dentro de los cuales los seres humanos pueden ordenar y entender el mundo en el que viven” (Berman, 1998: 20). Y por el otro lado del espectro, se encuentran las posiciones políticas.
En medio de estas dos categorías inmersas en medio del espectro de las ideas, es justo donde la autora propone que concentremos la atención, ya que, en la mitad o en el rango medio de las ideas están ubicadas las “ideas programáticas” (como Berman las llama), las cuales son: “Una denominación reconocidamente arbitraria pero que captura las características más importantes y distintivas del tipo de ideas capaces de retener la atención” (Berman, 1998: 21).
Las ideas programáticas, al igual que las ideologías son “abstractas, sistemáticas y coordinadas y marcadas por afirmaciones integradas, teorías y metas” se diferencian de las ideologías en que las creencias programáticas, no representan una visión generalizada del mundo en el que vive el actor sino que, estas son marcos dentro de los cuales, se encuadra la acción humana, es decir, éstas están presentes en momentos particulares de una acción particular mas no siempre en la vida y visión del mundo material y no material fuera de dicha acción.
Dentro de sus dominios específicos las creencias programáticas proveen las líneas base para las actividades prácticas y para la formulación de soluciones a los problemas diarios. Las creencias programáticas, en otras palabras, proveen el marco ideacional dentro del cual son formulados los programas de acción (Berman, 1998:21).
Definitivamente, las creencias programáticas, proveen una conexión relativamente clara y distinta entre la teoría y la praxis, en consecuencia, éstas aclaran el panorama de acción decisivo donde los autores, visualizan como proceder ante alguna situación problemática. La autora sostiene que las creencias programáticas deberían proveer “expectativas mutuas y una intención mutua de predictibilidad”. También éstas (Creencias programáticas) se diferencian de las ideologías en que se predisponen para definiciones claras y coherentes; lo que el autor hace lo hace porque lo cree así.
En tal sentido Kisby (2007), respaldado por el trabajo de Berman (1998), asegura que el enfoque dialéctico de Marsh y Smith (2000) pasa por alto la cuestión referente a las ideas de manera que él, las ubica en el meso nivel de análisis asegurando que, ahí en el contexto externo, existen marcos de ideas programáticas que permean la estructura de la red, y hacen que la acción sea de una manera quizá diferente. Berman reitera que las creencias programáticas son un marco dentro del cual se moldean las acciones particulares y los actores están permanentemente entrando y saliendo de ese régimen de ideas.