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Bacterial Characterization (Biochemical method):

Results and discussion

4.1 Isolation and Characterization of Microorganism

4.1.3 Characterization of Microorganisms:

4.1.3.1 Bacterial Characterization (Biochemical method):

5.1.1. Patrón antropométrico y/o ponderal.

Hay una percepción pública y clara de que los jóvenes de la sociedad actual tienen peor condición física y sobre todo tienen un mayor peso graso que los jóvenes de décadas anteriores (Blair S.N., 1992). Aunque está demostrado que la prevalencia de obesidad ha aumentado en todas las edades y grupos demográficos durante los últimos 20 años (Kuckmarski y cols., 1994) hay una menor evidencia en lo concerniente al nivel de forma física. Observando los datos de los test de condición física de los jóvenes americanos, se comprueba que se está produciendo una declinación en la misma, especialmente en su capa- cidad aeróbica evaluada a través de su rendimiento en carrera (Kuntzleman, C.T. y cols., 1992).

En un estudio en el que se comparan la composición corporal y los niveles de forma física de soldados con edades comprendidas entre los 19 y 21 años, de ambos sexos en el momento de ingreso en las fuerzas armadas del ejército de los Estados Unidos entre los años 1978 y 1998 (Sharp, M.A. y cols., 2002), se comprueba que el porcentaje de grasa en los soldados varones no varía entre los años 1978 y 1983, pero sin embargo es significativa- mente menor (un 15%) que el obtenido en el año 1998, mientras que el peso magro en el año 1998 era un 5% y un 8% mayor que el peso magro obtenido en las muestras de los años 1983 y 1978 respectivamente. En las mujeres el peso graso en el año 1998 era mayor que el que presentaban las mujeres soldado en los años 1978 y 1983, mientras que el peso magro de ellas en 1998 era un 4% mayor que el obtenido en los años 1978 y 1983.

Los resultados de nuestro estudio en cuanto a la edad, nos muestran una población con una edad media de 20.9 años, con un rango entre 19 y 27 años. La muestra presenta una gran homogeneidad, dado que eran soldados profesionales que tenían que cumplir una edad determinada en el momento de la incorporación a filas. Dentro de la muestra de 27 soldados había 8 mujeres y 19 varones y todos ellos pudieron finalizar el estudio con normalidad.

Para valorar los datos de la población militar de este estudio, se realiza la compara- ción con una muestra de reclutas de la armada americana con edades comprendidas entre los 17 y 25 años (Mc Ardle, 1991). La población de soldados masculinos de nuestro trabajo presentan unos valores de peso corporal total (72.8 kg) que se aproximan a los datos del grupo de reclutas americanos cuyo peso medio era de 70.5 kg, mientras que los valores de

la talla (174.7 cm), coinciden exactamente con los presentados en el grupo de la armada americana. Finalmente los valores de porcentaje de grasa en los soldados varones (15.9%), son ligeramente superiores a los que presentaban los soldados americanos (15.6%).

Por otra parte, en las mujeres soldados de este estudio, los valores del peso corporal total (62.1 kg), superan el peso del grupo de reclutas femeninos de la armada americana cuyo valor medio era de 58.6 kg, mientras que los valores de la talla (161.9 cm) se diferen- cian tan solo en 1 mm, siendo mayor en el grupo de la armada americana (162.0 cm). Sin embargo y posiblemente debido al tipo de dieta seguido por las militares españolas de nuestro estudio, los valores de porcentaje de grasa (27.3%) son ligeramente inferiores a los que presentaban los soldados femeninos americanos (28.4%).

Por ello, nuestro grupo poblacional se correlaciona con el grupo de soldados ameri- canos en cuanto a las características cineantropométricas, lo que habla a favor de un patrón o somatotipo o biotipo de selección del soldado profesional.

Los soldados de nuestro estudio en el momento de llevar a cabo la prueba de esfuerzo que simula el modo de combate de una compañía de infantería ligera, tenían un peso de 67.4 kg ± 2.6. En los varones el peso medio era de 72.8 kg ± 2.9 y entre las mujeres el peso medio era de 62.1 kg ± 2.4. En realidad estos valores son congruentes con los datos de la población militar española que se publican en el Anuario Estadístico Militar de 1993 y con los datos publicados por Mojares en 1997 que presentaban una edad media de 21 ± 2 años, un peso de 70.5 ± 8.0 kg (ligeramente inferior al peso que presentan los soldados varones de este trabajo).

Por otra parte, Lim y cols. estudiaron en 1994, los efectos de 20 semanas de entre- namiento militar básico sobre la composición corporal comprobando que se reducían clara- mente los valores del índice de masa corporal y del peso graso en reclutas. Los datos que ellos recogieron en su estudio previamente a las 20 semanas de entrenamiento, se encuen- tran en consonancia con los de la muestra de nuestro trabajo.

La talla de los soldados de nuestra muestra tienen una media de 167.9 cm ± 1.5. Por sexos, entre los varones la talla es de 174.7 kg ± 1.5 cm y entre las mujeres de 161.9 kg ± 0.8 cm. Estos datos coinciden también con las cifras presentadas en el Anuario Estadístico Militar de 1993 así como con los presentados por Mojares en 1997 que tenían una talla de 174.0 ± 12.9 cm (similar a la talla de los varones de nuestra muestra).

El modelo teórico de Katch, V. L. (1980) estudiaba la distribución de grasa corporal para una mujer de referencia en la cual, el peso corporal total era de 56.7 kg (inferior al de la población femenina de nuestro estudio) y el porcentaje de grasa era de 23.6% también inferior a la muestra femenina de nuestro estudio (27.3%). Podemos observar por tanto, que los valores de peso graso e índice de masa corporal de la muestra femenina de nuestro estudio presenta valores ligeramente superiores a este modelo teórico.

Analizando los datos medios del deportista español recogidos en los reconoci- mientos efectuados en el Centro de Medicina del Deporte del Consejo Superior de Deportes, se comprueba que los deportistas varones tienen una edad media de 23.2 años y un peso medio de 76.3±13.6 kg, peso superior al de los soldados de nuestra muestra, mientras que las mujeres presentan un peso de 59.8±10.8 kg, peso inferior al de las mujeres soldados de nuestra población. La talla de los deportistas varones españoles es de 179.7±8.8 cm, mien- tras que la de las mujeres deportistas es de 167±8, valores en ambos casos superiores a la talla de los soldados de nuestro estudio. Es decir la población militar estudiada tiene valores de peso y talla inferiores a la media de los deportistas de elite españoles.

5.1.2. Patrón espirométrico.

Nanas y cols. (1999) estudiaron, en pacientes con insuficiencia cardiaca, el volumen inspiratorio máximo, la presión espiratoria y el VO2durante el esfuerzo y en el periodo de recuperación a los 5 y 10 minutos de concluida la prueba. El objetivo de su estudio era demostrar que la disnea que acontece en algunos de estos pacientes es una limitación que aparece durante el ejercicio. Para ello utilizaron a 55 pacientes con insuficiencia cardiaca crónica y 11 sujetos control que realizaron una ergoespirometría de esfuerzo en tapiz rodante y que fueron divididos en 2 subgrupos (A y B) dependiendo de la reducción de su volumen inspiratorio máximo de reposo comparado con el del final del ejercicio. El grupo A tenía una reducción mayor del 10% (sólo lo formaban 11 pacientes con insuficiencia cardiaca crónica) y el grupo B tenía una reducción menor del 10% (el resto de pacientes y los 11 controles). Los pacientes con mayor reducción del volumen inspiratorio tenían valores más bajos de resistencia aeróbica (VO2máx y umbral anaeróbico), así como también una peor curva de recuperación del VO2durante los 5 primeros minutos de la recuperación, no estableciéndose en este estudio las correlaciones entre la capacidad de recuperación del VO2y los parámetros de resistencia aeróbica.

La valoración de la función pulmonar de los soldados estudiados en nuestro trabajo, se realizó a través de una espirometría forzada previa a la prueba de esfuerzo máxima, con

el objeto de descartar la existencia de procesos patológicos respiratorios en estos soldados profesionales. Teniendo en cuenta que los soldados realizan inicialmente una prueba de esfuerzo máxima y posteriormente el protocolo de la maniobra de ataque de una compañía de infantería ligera en un combate simulado, las cuales deben de requerir una aptitud física adecuada para realizar esfuerzos de moderados a altos, era preciso descartar cualquier proceso patológico pulmonar que impidiera llevar a cabo la prueba en alguno de los soldados elegidos para el estudio.

Por otra parte, los valores del índice de Tiffeneau que superan la cifra de 86.3% en los soldados masculinos y del 90.5% en la población militar femenina indican que no existe patología obstructiva, restrictiva ni mixta que les impida llevar a cabo la prueba de esfuerzo máxima ni la maniobra protocolizada que simula el combate ofensivo de una compañía de infantería ligera. Asimismo a través de las curvas de flujo volumen y del flujo espiratorio forzado entre el 25-75% de la capacidad vital forzada (FEF 25-75%), se descartan enfer- medades respiratorias subclínicas especialmente patología obstructiva pulmonar en estadios precoces (SEPAR, 1995).

Efectuando comparaciones entre los resultados de las espirometrías y el comporta- miento ventilatorio durante el esfuerzo en otros deportistas, dichos análisis demuestran que la espirometría basal simple no es un buen indicador de la capacidad funcional del soldado, pero sí nos puede orientar sobre la adaptación ventilatoria con el ejercicio, especialmente para determinar si el test fue o no maximal desde el punto de vista ventilatorio (Martinez, I. y cols., 1994).

En las espirometrías efectuadas, no se constató ninguna alteración de la función respiratoria, observándose un pico espiratorio máximo (PET) de 9.4 l/min, valor incluido dentro de la normalidad pero ligeramente más bajo que el observado en deportes de resis- tencia (Cox, M., 1991).

Comparando los valores espirométricos entre ambos sexos, encontramos diferencias en la capacidad vital forzada (FVC), la capacidad vital inspiratoria forzada (FIVC) y los valores del volumen inspiratorio forzado en el primer segundo (FIV1); mínimas diferencias que posiblemente están vinculadas a la mayor capacidad torácica que presentan los soldados varones (Domingo y cols., 1989). Así la relación entre el IMC y la FVC, expresa un índice “r” mayor en los soldados femeninos (4.67) en relación a los soldados varones (5.26). A través del análisis de la composición corporal se comprueba una mayor robustez entre los soldados masculinos que se traduce en unos valores más elevados de esos parámetros respi-

ratorios, aunque el índice de Tiffeneau es mayor en los soldados femeninos. En cualquier caso este índice en los soldados de ambos sexos es mayor del 80%, lo indica que no existe patología restrictiva ni obstructiva a nivel respiratorio que limite la práctica de ejercicio físico moderado ni alto.

5.2. CAPACIDAD DE TRABAJO FÍSICO (VO2máx) E ÍNDICE DE RESISTENCIA