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Balancing the Interest of the Insurer and the Assured

In document Double insurance and contribution (Page 126-128)

Por dogma de descendencia quiero decir, en primer lugar, aquellas teorías de procreación12 que expresan las creencias de un pueblo

12 Este término fue introducido por Malinowski. Mostró que las reglas de filiación matrilineal entre los trobriandeses son apuntaladas por la creencia

como de la contribución física del padre y de la madre a la formación del niño y, por tanto, la concepción tradicional de la continuidad física entre una generación y la siguiente; y en segundo lugar, sus creencias acerca de la influencia que ejercen los miembros difuntos de cada grupo social sobre los vivos, y de allí la identificación social13 de un hombre con la línea de sus antepasados difuntos.

Los bemba creen que un niño se hace de la sangre de una mujer, quien la transmite a sus vástagos varones y hembras. Un hom bre pue­ de poseer esta sangre en sus venas pero no la puede transmitir a sus hijos, que pertenecen a otro clan. Se reconoce la pater nidad fisioló­ gica. Se describe frecuentemente a los niños diciendo que se parecen a su padre, y se espera que éstos le muestren afecto y respeto aunque no tiene obligación legal alguna para con él según el sistema matri­ lineal. Dicen “aceptamos los regalos de nuestros padres porque nos procrearon”. Sin embargo, la continuidad física de la línea materna de antepasados es la que constituye la base de su identificación legal con su grupo de ascendencia.14 Antaño, una princesa real podía pro­ crear a un heredero con un padre esclavo sin reducir el prestigio del niño. La relación entre hermano y hermana, que es muy cercana legal y ritualmente, se fundamenta en el hecho de que ambos nacieron del mismo vientre, y en el caso de la familia real parece tener la misma de que el padre no hace ninguna contribución física al nacimiento de un niño. Material similar, de la región de los ashanti publicado por Rattray muestra cómo la creencia en una doble contribución de sangre de la madre y espíritu del padre se correlaciona con un énfasis bilateral en la filiación.

13 Para utilizar esta expresión que Radcliffe­Brown ha usado de una manera muy estimulante.

14 Las tribus patrilineales de la frontera de Nyasalandia consideran totalmente ridícula la teoría de los bemba acerca de la procreación. De esta manera expresó un ngoni su desprecio: “Si yo tengo una bolsa y la lleno con dinero, el dinero me pertenece a mí y no a la bolsa. Pero los bemba dicen que el hombre mete semen en una mujer y sin embargo, el niño le pertenece a ella y no a él”.

fuerza cuando los dos hijos son de distintos padres. Estas teorías de procreación cuentan no solamente para la des cendencia matrilineal de los bemba –sobre la cual está basada la sucesión a la jefatura–, sino también para el rango que se otorga a las princesas reales como ma­ dres de los jefes, así como de subjefes y otros cargos de autoridad que se les otorga.

El dogma bemba acerca de la influencia de los muertos sobre los vivos también es de extrema importancia como base de la autoridad política. Se cree que el espíritu de un difunto, umupashi, sobrevive como una presencia guardiana asociada a la tierra o la aldea que el difunto habitaba, y como protector espiritual de los diferentes indi­ vi duos nacidos en el mismo grupo de linaje que llevan el mismo nombre. Los imipashi de los jefes difuntos se convierten en deidades tutelares del país que gobernaban, y son responsables de su fertilidad y del bienestar de sus habitantes. Los sucesores a las jefa turas se les pueden acercar en diferentes lugares sagrados en el territorio y en los babenye “sagrados santuarios” en su propia aldea. Se dice que un jefe tiene poder porque “tiene gran imipashi ”. Por esta razón se le describe como el umwine calo, “el dueño de la tierra”, y es importante notar que en cada caso el imipashi más importante y las reliquias más sagradas son los que pertenecen a los primeros jefes que se establecie­ ron en el país, o los primeros ocupantes de una jefatura.

Este dogma acerca de la influencia de los muertos sobre los vivos que residen en un distrito o sobre los miembros de un grupo de descendencia, es muy similar al patrón general de los bantúes. Pero me parece que la creencia de los bemba en la identificación social entre el difunto y su sucesor designado es particularmente completa. Es la base de la fe en la influencia sobrenatural ejercida por el jefe en sí mismo, a diferencia de su acercamiento personal a los espíritus en sus plegarias. Cuando muere un hombre o una mujer, su persona­ lidad social tiene que ser perpetuada inmediatamente por un sucesor que pasa por un ritual especial llamado ukupyanika, adquiriendo así

su nombre, los símbolos de sucesión –un arco para un hombre, y una faja para una mujer–, y el umupashi del difunto. Mediante esta identi­ ficación social un hombre ocupa el puesto del anterior en el grupo de parentesco, se vale de los mismos términos de parentesco y, si se trata de un jefe, es casi imposible decidir si un hombre está relatando inci­ dentes que ocurrieron en su propia vida o los de un antepasado de hace dos o tres generaciones. Esta perpetuación social de los difun­ tos es considerada tan importante que inmediatamente después de la muerte, antes de que el sucesor haya sido definitivamente nombrado, se escoge a un muchacho o una muchacha, por lo regular un nieto materno para heredar temporalmente el nombre del difunto, a esto se le llama ukunwa menshi, “beber el agua”. Se le da a él o a ella una pe­ queña parte de la propiedad del difunto y se le llama entonces abuelo o abuela, o cualquiera que sea el debido término de parentesco.

De la misma manera, un jefe, una vez que ha adquirido el nombre, el espíritu y las reliquias sagradas de su antecesor, posee una in fluencia mágica sobre la capacidad productiva de todo su terri torio. Su en ­ fermedad o muerte, su satisfacción o descontento, sus bendiciones o maldiciones, pueden afectar el bienestar del pueblo, y hasta su vida sexual se refleja en el estado de la comunidad.15 Si un jefe rompe un tabú sexual podría causar calamidades al pueblo entero, y los rituales por los cuales se purifica después de contactos sexuales constituyen uno de los elementos más importantes de las ceremonias político re­ ligiosas y requieren la participación de treinta o cuarenta bakabilo “funcionarios hereditarios”, en el caso de un jefe supremo. Al contrario,

15 Hay rumores de que algunos jefes fueron estrangulados por sus consejeros hereditarios cuando estaban fatalmente enfermos, por miedo de que llevaran consigo el “país a la tumba”. Esta información me fue enviada por el señor T. Fox­Pitt, después de haber salido yo del país, y fue posteriormente corroborada por el señor Godfrey Wilson. Es probable que los jefes bemba cayeran en la categoría de reyes divinos de Frazer.

las relaciones sexuales legítimas, especialmente las pres critas en cier­ tas ocasiones rituales, pueden ser una influencia salu dable. Cualquier cabe cilla posee cierto grado de influencia sobrena tural en su propia aldea como poseedor del umupashi de su ante cesor, pero un jefe la posee en mayor cantidad. Por todas estas razones, las precauciones rituales contribuyen a cuidar y proteger la sagrada perso na de un jefe. Se tienen que mantener tabúes especiales para preservar la pureza ritual del fuego sagrado del gobernante, su comida sagrada, y para proteger su persona y las reliquias sagradas contra todo contagio de enfermedad, muerte o contaminación sexual.16

El ritual por el cual un sucesor de un jefe pasa de ser un hombre común a un gobernante con poderes casi divinos tiene mucha impor­ tancia política. A los sacerdotes les confiere autoridad – en este caso los bakabilo que celebran los ritos– y les da, como veremos, con si­ derables poderes para supervisar los del jefe mismo. El ritual com­ pleto a través del cual se libera el umupashi de un difunto gober nante para proteger el país que gobernó e instalar al nuevo heredero es de­ masiado complejo como para describirlo aquí. En resumen, consiste en la desecación del cuerpo durante un periodo de un año, de la cose­ cha de trigo a la siguiente cosecha; su entierro en una arboleda especial – en tiempos pasados con sacrificios humanos–; y la construcción de un santuario en el sitio de la capital abandonada. Para poner al nuevo jefe, el bakabilo debe presidir la consagración de una nueva esposa principal, hacer los necesarios arreglos para la purificación sexual de la pareja real y encender su nuevo fuego sagrado.17 Tienen que entre­ garle al heredero su babenye, de la cual han estado a cargo durante el interregno, y finalmente deben una nueva aldea y volver a construir

16 Véase A. Richards, Land, Labor and Diet in Northern Rhodesia, cap. XVII. 17 De ahí la importancia de la umukolo ua calo “esposa principal del jefe” en la

vida política de la tribu, y la creencia de que su comportamiento afecta el bienestar del país.

las chozas sagradas donde se tienen que guardar las reliquias. Tal ce­ remonia puede durar entre dieciocho meses y dos años y requiere la participación de todos los bakabilo y de los bafingo “sepultureros here ditarios” en caso de un jefe supremo; en el caso de los jefes territo riales, la ceremonia dura menos y participa un número mucho menor de dignatarios sacerdotales. Yo creo que el secreto y el temor que provocan estas ceremonias son algunos de los medios por los cuales se mantiene la reverencia del pueblo a sus jefes.

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