El parentesco. Los bemba son una tribu matrilineal, que practica el matrimo nio matrilocal. La descendencia se considera por medio de la madre, y un hombre es legalmente identificado con un grupo de parien tes compuesto por su abuela materna y los herma nos y herma nas de ésta, su madre y los hermanos y hermanas de ésta, y sus pro pios hermanos y hermanas. Su pertenencia a este grupo deter mina su derecho a sucesión a diferentes cargos y su estatus en la comunidad, aunque en una sociedad matrilocal sólo ocasionalmente determina su residencia. Pertenece también a un grupo de des cen den cia más amplio, umukoa “el clan”, imikoa en plural, que sigue también la línea materna. Cada umukoa se distingue por el nombre de un animal, una planta o
un fenómeno natural, por ejemplo, la lluvia. Tiene una leyen da acerca de su origen que relata cómo los ante pasados del clan se separaron del linaje original, y un título honorífico o una manera de salu dar particu lar. Los clanes son efectivamente exógamos, ya que un hombre no puede casarse con una mujer a la que él llama “madre”, “hermana” o “hija” y estos térmi nos se extienden hasta los límites de pertenencia personas al clan por la línea materna. Mediante su afiliación de clan, un hombre traza su ascendencia, su rango –si pertenece al clan real–, sus derecho s a ciertos cargos, por ejemplo, el de conseje ro heredi tario, y su derecho a reclamar ayuda y hospitalidad de sus parientes.
Algunos clanes tienen un estatus más elevado que otros, según si sus antepasados originales llegaron al país como parte del séquito del primer citimukulu o, alternativamente, si después se separaron y establecieron como grupo separado de descendencia. Así que el bena ŋandu “clan cocodrilo” es el umukoa del primer jefe inmigrante y tiene el estatus más alto (véase el rango en p. 178), mientras que se dice que varios otros, por ejemplo, el clan pescado, el clan mijo, etcé tera, tienen una antigüedad similar. Los consejeros hereditarios –de los que se habla rá más adelante– pertenecen a estos clanes. Todos los imikoa se igualan con clanes opuestos que llevan a cabo obligaciones rituales recí pro cas entre ellos, pero parece que esta forma de agrupa miento social no afecta en absoluto la organización política actual.4
Dentro del clan se reconocen grupos más pequeños de linajes. Éstos no tienen un nombre particular, aunque los bemba frecuente mente los nombran amainada “casas”, iŋanda en singular, del mismo clan. Dicha casa la conforman los descendientes directos de otra antepasada específica que se remonta a tres o cuatro generaciones, cuando mucho cinco. En estos grupos descendientes menores la sucesión a un cargo es por lo regular limitada, y el cargo de jefe tiende
4 Véase A. Richards, “Reciprocal Clan Relationships among the Bemba of NorthEastern Rhodesia”, Man, vol. 37, diciembre, 1937.
a hacerse hereditario después de tres o cuatro generaciones, en este tipo de linajes.5 La sustitución, ya sea de un heredero, oficiante de una ceremonia religiosa, en el cumplimiento de un contrato matri monial –en el caso de una mujer–, o como compensación por culpa de sangre en tiempos pasados, se lleva a cabo dentro de la “casa” y no en el clan, aunque los miembros del umukoa se sustituyen entre ellos si no hay un pariente más cercano dentro del iŋanda para hacerlo.
Cuando consideramos la influencia de los imipashi “espíritus ancestrales”, umupashi en singular, sobre los vivos, los grupos de des cendencia más pequeños son importantes. Afectan el bienestar de sus descendientes en general o entran en el vientre de las mujeres embarazadas pertenecientes a este grupo de descendencia con el fin de actuar como espíritus guardianes de los niños que aún no han nacido.
Aparte de los grupos de descendencia que determinan el esta tus, existe un grupo de parientes con el que un bemba coopera acti vamente en su vida cotidiana. Son las personas que él elige para convivir, y se reúnen en acontecimientos importantes: bodas, nacimientos, enfer medades o muertes. A este grupo se le conoce particularmente co mo el ulupwa. Tiene una base bilateral, ya que inclu ye a parientes cercanos por ambos lados de la familia y también a parientes políticos. El equili brio entre los poderes de los parientes maternos y paternos es muy pa rejo en la sociedad bemba, a pesar del énfasis legal en el lado materno, y los lazos que unen a los miembros del ulupwa son muy fuertes.6
Aunque es más común vivir con los parientes maternos –el abuelo o
5 El difunto Nkula, Bwalya Cangala, afirmó, durante una disputa por la sucesión, que sus parientes cercanos, los hijos de su abuela, Nakasafye, deben ser ahora considerados como una “casa” aparte, distintos de los hijos y nietos de su hermana, Mukukamfumu II (véase el diagrama de la p. 191).
6 Véase A. Richards, “Motherright in Central Africa”, en E. E. Evans Pritchard, R. Firth, B. Malinowski e I. Schapera (eds.), Essays presented to C. G. Seligman, Londres, K. Paul, Trench, 1934.
el hermano de la madre–, un hombre puede decidir por propia volun tad vivir con la gente de su padre, y ésta tomar un papel importante en todas las grandes ocasiones cere mo niales de su vida. En efecto, la fuerza del ulupwa bilateral es, de hecho, uno de los rasgos que distin guen al sistema de parentesco bemba, en comparación con el de las sociedades fuertemente patrilineales del sur de África. Esto afecta al sistema político de dos maneras. En primer lugar, permite una varie dad mucho mayor en la compo sición de la comunidad, y da mayores posibilidades de cambio a sus miembros; y, en segundo lugar, encon tramos que, en el caso de los parientes del jefe, el ulupwa de un go bernante es una unidad importante en toda la maquinaria política. Los hijos de un gobernante reciben posiciones y cargos igual que sus here deros, los sobrinos maternos; y los parientes de su padre y los rela cionados con él por matrimonio también son favorecidos, de manera que su dominio sobre el país es muy fuerte.
Los agrupamientos locales. La unidad local en la sociedad bemba es la umushi “aldea”, imishi en plural. En promedio, la conforman de trein ta a cincuenta chozas, y principalmente es una unidad de parentesco. Una aldea nace cuando un hombre de edad mediana o avanza da ha adquirido un séquito de parientes lo suficientemente grande para justi ficar su solicitud al jefe, de establecer su propia comunidad. Es común que se establezca cerca de otros parientes, pero la tierra es tan abundante que puede perfectamente establecerse casi donde le plazca dentro del dominio del jefe. El núcleo de la aldea consiste, en primer lugar, del grupo familiar matrilocal del propio cabecilla, es decir, sus hijas casadas con sus esposos e hijos, y probablemente miembros de su grupo de descendencia matrilineal, o sea sus hermanas con sus hijos. La poligamia es rara. Un jefe tendrá un núme ro de esposas, entre diez y quince, pero la gente común raras veces tiene más de una.
Un cabecilla que tenga éxito será capaz de atraer parientes más lejanos, tanto de la línea paterna como de la materna. A su muerte, le puede suceder su heredero, y una comunidad de este tipo puede
seguir existiendo con frecuentes cambios en su composición durante dos, tres, o aún más generaciones. En efecto, la aldea de los funciona rios hereditarios del bakabilo “jefe supremo” permanece en una sola comunidad. Así, en cada distrito nace un número de aldeas nuevas gracias a ukupokelafye kuli mfumu “los favores del jefe”, por lo que dependen especialmente de su apoyo. Éstas incluyen comunidades recién agrupadas por cabecillas plebeyos, como ya se describió, así como aldeas ya existentes que fueron entregadas a un pariente del jefe con o sin consentimiento de los habitantes. Además de estas nuevas jefaturas, existen las que se fundaron durante los reinados de los predecesores del jefe, y en general menos dependientes del gober nante actual. La proporción de aldeas nuevas a antiguas en el distrito de Citimukulu en 1933 era la siguiente:
En 160 aldeas Porcentaje
Nuevas aldeas 28%
Aldeas con un ocupante anterior
con el cargo de cabecilla 16%
Aldeas con dos ocupantes anteriores
con el cargo de cabecilla 10%
Aldeas con tres o más ocupantes anteriores
con el cargo de cabecilla 40%
Aldeas construidas con los sobrantes
de dos antiguas comunidades 6%
Su habilidad para nombrar cabecillas y el puesto en el que coloca a sus propios parientes contribuye de manera importante al poder de un jefe.
A pesar de las disposiciones que rigen la sucesión al cargo de ca becilla, la aldea bemba es una entidad no permanente desde muchos puntos de vista. Cada cuatro o cinco años cambia de lugar al mante ner la práctica de cultivos rotantes y está sujeta a un rompimien to cuando fallece un miembro importante o pierde popularidad el
cabecilla. La abundancia de tierra disponible y las muchas posibili da des alternativas de agrupamiento de parentesco ofrecen a un hombre amplias oportunidades de cambiarse a otra aldea si así lo desea, y de cualquier modo está casi destinado a vivir en una serie de comu ni dades durante su vida, por ejemplo, en la aldea donde nace, la aldea donde se esta blece al casarse, cualquier otra aldea a la que pueda ir al adquirir el derecho de sacar a su esposa y sus hijos del cuidado de los parientes de su esposa y, finalmente, en algu nos casos, a una comuni dad de la cual pueda adquirir el título de cabecilla mediante la sucesión de un tío materno. Así que, aunque los amigos y compa ñeros de trabajo de un hombre son los miembros de su umushi y aunque hable con cierto afecto de su aldea natal o de la familia de su madre, icifulo, los lazos de parentesco son mucho más fuertes que los del grupo local no permanente. Un bemba es miembro de una ulupwa y puede mudarse a vivir adonde le plazca con cualquie ra de los parientes que la compone, y es súbdito de un jefe y puede obtener permiso de vivir en cualquier parte del territorio de éste, pero los lazos que le unen a una localidad dada no necesariamente son fuertes.7
La aldea de un jefe, umusumba, es mucho más grande que la de un plebeyo. Los habitantes de la capital son los parientes del jefe, sus seguidores y también cierto número de familias que originalmente se instalaron en la capital para ganarse el favor del rey y se han acostumbra do a la vida en la Corte.8 Debido a que la reputación de un jefe depende en gran parte del tamaño de su capital, y sus conse jeros, cortesanos y funcionarios administrativos provienen
7 Véase A. Richards, Land, Labour and Diet in Northern Rhodesia, Londres, Oxford University Press, 1939, cap. VII.
8 La frase umwino musumba “habitante de la capital” se utiliza para indicar a un “hombre del jefe” o una persona de modales particularmente exquisitos y conocimiento del gran mundo.
principalmente de sus aldeanos, la umusumba es una unidad impor tante en la maquinaria política. La aldea del difunto Nkula tenía alrede dor de 400 chozas cuando la visité en 1931, y la de Citimukulu te nía 150 en 1938. Evidentemente, las capitales eran más grandes en los años ante riores a la llegada de los europeos. Estas comunidades estaban divididas en ifitente “secciones”, icitente en singular; pese a que antes había entre treinta y cuarenta, según cuentas nativas, actual mente sólo hay nueve ifitente en la aldea suprema.
Todo el territorio bemba está dividido en ifyalo “distritos”, icalo en singular. El icalo es una unidad geográfica con una frontera fija y un nom bre que data de tiempos históricos: el distrito de Citimukulu es conocido como Lubemba, país de los bemba y el de Mwamba como Ituna. Estos distritos son territorios originalmente asignados a miembros de la familia real, pero una vez divididos así nunca han sido subdivididos para proveer jefaturas más pequeñas para una nueva generación de prín cipes, como ha sucedido en algunas partes del sur de África.
Pero el icalo también es una unidad política. Es el distrito go bernado por un jefe con un título definido –el nombre del primer gobernante que es designado sobre cada franja de tierra específica–, siempre un pariente cercano de uno de los anteriores citimukulus. Hay varios tipos de jefes: el supremo que tiene su propio icalo, además de ser el señor de todo el territorio bemba; los jefes territoriales, cin co o más, y debajo de ellos los subjefes que pueden gobernar partes muy pequeñas del territorio, o más bien, unas pocas aldeas.9
Cada jefe es conocido por el mismo título, mfumu, y cada icalo es una unidad más o menos autosuficiente, una réplica de la estructura social del otro. Cada capital, por pequeña que sea, tiene su propia Corte. Cada jefe tiene derechos sobre el trabajo de sus propias aldeas; trabajan exclusivamente para él y no para el jefe supremo, como
9 Mwamba tiene como subjefe a Munkonge, y el Nkula tiene a Shimwalule, Mwaba, Mukuikile, Nkweto, etcétera.
su ce de entre los zulúes, los suazi y otras tribus de sistema regimental. El icalo también es una unidad ritual. En cada capital se encuentran las reliquias sagradas, las babenye de los primeros poseedores del títu lo de jefe, y se cree que sus espíritus ancestrales actúan como deidades tutelares del distrito, se les rinde culto en la umusumba, en santuarios de la aldea y en sitios de viejas chozas por todo el país, y comúnmente se supone que actúan como espíritus guardianes de los niños nacidos dentro del icalo.10 Naturalmente la organización ritual y política de la capital del jefe supremo es más elaborada que la de sus inferiores, pero aun el subjefe más humilde mantiene su versión en miniatura de la Corte e intenta imitar el estado de sus superiores, mientras que los grandes jefes territoriales a veces rivalizan con el poder del citimukulu de los viejos tiempos.
Los cargos de jefe territorial están organizados en orden de prece dencia, según su cercanía al centro del país –Lubemba– y la antigüedad de su oficio. El citimukulu designa a sus parientes más cercanos para las más importantes de estas jefaturas –la de mwamba, la de nkula, la de nkolemfumu, la de mpepo, por ejemplo– por orden de anti güedad. De esta manera, el actual citimukulu, Kanyanta, se ha desem peñado sucesivamente como el nkolemfumu y como el mwamba antes de lle gar a ocupar el cargo de jefe supremo (véase el diagrama de la p. 191). Por otro lado, las subjefaturas se han concentrado en las ramas locales de la familia real, y el férreo control que tiene el jefe supre mo sobre el país y su íntimo conocimiento de los asuntos en las cortes de los de más jefes es ciertamente más débil en estos distritos periféricos que en el caso de las jefaturas gobernadas por sus parientes cercanos.
Para el plebeyo, pertenecer a un icalo implica su lealtad al jefe de ese territorio. Se describirá a sí mismo como habitante de un distrito, como icinga, por ejemplo, mwine icinga; o alternativamente como súbdito de su jefe Nkula, por ejemplo, mwine Nkula, y ambos términos son sinónimos.
Puede mudarse de una aldea a otra dentro del icalo, pero sigue siendo hombre del jefe, quien, a su vez, calcula sus posesiones, no en términos del tamaño de su territorio o sus recursos naturales, sino por el número de sus súbditos y en particular de las aldeas que tiene bajo su dominio.
El rango. El rango es una característica marcada de la sociedad bemba, y se basa en una relación de parentesco real o ficticia con el jefe. Todos los miembros del bena ŋandu “clan real de cocodrilo” mere cen un respeto especial, precedencia en las ocasiones ri tuales y sociales, y a veces pueden exigir los servicios de otros. Los poten cia les herederos de un jefe dentro de su propia rama de la familia –es decir, sus hermanos, sus sobrinos maternos, o sus nietos mater nos– son tratados con especial deferencia. Las dos categorías anteriores son catalo gadas como jefes y se les habla con el título de mfumu, mientras que a los últimos, de estatus ligeramente inferior, se les da un nombre especial, beshikulu ba mfumu “nietos de los jefes” y tienen sus propios rituales y prerrogativas especiales.
Las mujeres del linaje real, las madres, las hermanas, las sobrinas maternas y las nietas de los jefes son llamadas banamfumu y son tra ta das con casi la misma deferencia que los hombres de la familia. La madre del jefe supremo es sumamente respetada, asume el título fijo de la candamukulu, participa en los consejos tribales y posee varias aldeas propias. Las hermanas de los jefes son personas privilegiadas, protegidas y mantenidas por sus hermanos reales y generalmente suelen recibir el gobierno de una o más aldeas. En cuestiones de moral sexual, están por encima de la ley y a una princesa se le permite tener tantos amantes como quiera, siempre que produzca muchos hijos como potenciales herederos al trono.
No solamente los miembros de la familia real, sino también las per sonas que pertenecen solamente al ulupwa del jefe, pueden atribuirse un alto rango, por ejemplo, sus parientes paternos y sus propios hijos. Algunos padres de jefes eran “don nadies” y pronto fueron ol vidados, pero otros han sido hombres famosos, honrados por sus
hijos cuando éstos ascendieron al trono. Los hijos de jefes, aunque no sean miembros de su clan y, en consecuencia, no son herederos, también gozan de privilegios especiales, y los bana bamfumu “hijos del jefe” forman una clase propia. Son educados en la Corte, donde reci ben un trato más favorable en muchos aspectos que los herede ros mismos y pueden exigir cargos de cabecillas y aun de jefes.11 Incluso los medios hermanos de los jefes, por medio de otros bakaulu “padres” tienen el derecho a recibir un trato especial en la Corte.
Además de esto, una numerosa clase de personajes reales son los descendientes de parientes cercanos de jefes difuntos. En términos generales, cualquier persona que pueda alegar ser sobrino materno, nieto o hijo de un jefe es sucedido por un hombre que sigue osten tan do el mismo rango gracias al sistema de ukupyanika descrito en la página. Se dirigen a él como “jefe” o “hijo de jefe”. Los descendientes de princesas reales también reciben el mismo honor, así como los de las esposas de un jefe y aun los consortes de las princesas. Como se ve, es muy larga la lista de los que tienen rango real. Cualquiera que pueda alegar una conexión de cualquier tipo con un jefe, vivo o difunto, así lo hace, aunque los privilegios del rango por lo regular son solamente el honor y los posibles favores del jefe, más que una ventaja material. Todo el que esté fuera del clan real o ulupwa, es umupabi “persona ordi naria”, y antes por debajo de éstos había esclavos: hombres y mu jeres capturados en batalla o castigados en su propio pueblo por algún de lito. Estos individuos eran conocidos como bashya. El término se