En la actualidad todas las empresas se preocupan por presentar no solo informes financieros, sino los resultados sociales de la gestión o informe de responsabilidad social, en términos de cómo contribuyen al mejoramiento de los diferentes grupos de interés, sean estos sus colaboradores, clientes, accionistas o el entorno ambiental y los ciudadanos en general.
En las organizaciones solidarias resulta fundamental el registro periódico de los resultados sociales, constituyen el reflejo del cumplimiento de su misión ya que la gestión empresarial se realiza con el propósito de atender necesidades de un colectivo, generando valor social que ―consiste esencialmente en cambiar para bien las vidas de los individuos, mediante la consecución de objetivos socialmente deseables‖ SEKN (2006).
Por su parte Zabala (2008), afirma que las entidades del tercer sector ―por su intencionalidad transformadora‖ están comprometidas con la presentación de sus ―logros sociales y transformaciones alcanzadas mediante sus proyectos socioeconómicos y culturales‖, a través de algún instrumento de seguimiento y evaluación que denomina ―sistema de información social‖ o ―balance social‖. Paradójicamente la normatividad existente no cuenta con una herramienta estandarizada para presentar el balance social, la SES35 reconoce esta falencia en los siguientes términos:
Los fondos de empleados en Colombia y, en general, las demás organizaciones de economía solidaria no han entrado en la cultura de la contabilidad social debidamente auditada para reportarla a los stakeholders. Sus informes periódicos se han limitado al Balance Financiero, que no es más que una rendición de cuentas parcial, en la medida en que solo incorpora decisiones relativas al manejo
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de las finanzas de las empresas, sin tener en cuenta el beneficio social, ético y ambiental que debe reportar a los grupos de interés.
Actualmente se tramita un proyecto de ley en el Congreso de la República, en el cual se incorpora, en uno de sus artículos, la exigibilidad de que las organizaciones solidarias elaboren de manera periódica su Balance Social para que revelen información sobre la manera como adelantan sus actividades y su efecto en los grupos de interés. De aprobarse el mismo, sería un avance en la legislación colombiana ya que las empresas pueden evaluarse o medirse desde dos perspectivas: a escala interna, contrastándose con su declaración de valores solidarios, con su código de conducta, su código ético y su política de responsabilidad social corporativa y, en el ámbito externo, en la medida en que puede evaluarse con organizaciones del mismo sector, a partir de lo que se conoce como benchmarking, ya que se tendría un sistema unificado de indicadores de medición. (SES, 2004).
No obstante las organizaciones solidarias en general y los FE en particular, presentan a sus asociados, durante la Asamblea informes sociales de la gestión considerando, la estructura de la base social en términos demográficos como edad, género, nivel de ingresos, nivel educativo, estado civil, etc.; avances en los planes estratégicos planteados; indicadores de ingreso o retiro de asociados; cobertura de los servicios (líneas de crédito, variación de las tasas de interés, líneas de ahorro, etc.); variación de la participación democrática de los asociados, asistencia a las asambleas y a otras reuniones de junta directiva u otros comités de apoyo; asistencia de asociados y beneficiarios a eventos de carácter educativo, social, cultural o recreativo, entre otros.
Se reconocen varias propuestas de estandarización para el balance social en Colombia:
En 1996 un grupo de investigadores colombianos36 considero el sistema de medición asimilado a una contabilidad social en la cual se mediría la creación de activos sociales, pasivos sociales y patrimonio social, medido en Unidades de Bienestar (UB) definidas para un mercado social objetivo (MSO). ASCOOP (2003). La Asociación Colombiana de Cooperativas ASCOOP (2003) presenta un modelo que se apoya en la propuesta de la Alianza Cooperativa Internacional ACI, basado en el cumplimiento de los principios cooperativos, mediante una serie de variables e indicadores que miden los logros sociales de la entidad frente a su naturaleza solidaria.
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ANDRADE, SANTAMARIA y CASTAÑEDA. Método para medir la acción social en empresas de economía solidaria. Fundecoop, Bogotá, 1996. Citado por Ascoop p.26.
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Zabala (2008), también propone un Balance Social, adecuado para cualquier organización del sector, basado en los principios universales propuestos por la ACI, el Sistema de Información Social Cooperativo, que permitiría ―dejar expresa la identidad y naturaleza cooperativa en su acción empresarial‖.
El modelo cuenta con nueve categorías, los siete principios de la ACI más dos relacionadas con las intencionalidades del movimiento cooperativo: el principio de la ―dignificación del trabajo‖ y el principio del ―disfrute de la vida‖. A partir de ellas se derivan dimensiones acordes con las líneas de gestión practicadas en el cooperativismo de Antioquia; variables e indicadores de gestión que permiten detallar y comparar en cifras y porcentajes las transformaciones sociales logradas por la entidad.
Pero tal vez la herramienta más adecuada para realizar el balance social, es la evaluación del Proyecto Educativo Socio Empresarial (PESEM)37 que reconoce la educación como base para el fortalecimiento empresarial y permite establecer un orden e intencionalidad a la gestión social de las organizaciones solidarias.
El PESEM reconoce los siguientes ámbitos o líneas de trabajo:
1) Promoción Asociativa: Permite dar a conocer la filosofía, principios y fines de la cooperación y de la ayuda mutua y de las bondades socio-empresariales de las organizaciones del sector cooperativo a través de campañas que promuevan su modelo social, económico y cultural.
2) Formación: Propende por el desarrollo del sentido de pertenencia del asociado hacia su organización y al sector a través del conocimiento de sus deberes y derechos, logrando su propia identidad y el crecimiento como ser humano.
3) Capacitación: Facilita el desarrollo de habilidades técnicas para que los asociados, administradores y empleados de las entidades logren una eficiente y eficaz administración y manejo empresarial.
4) Asistencia Técnica: Permite dinamizar el desarrollo productivo y el mejoramiento continuo en la prestación eficiente y eficaz de los servicios que ofrece la organización, mediante la identificación y utilización adecuada de los recursos de producción, financiación, tecnológicos, etc. de conformidad con su actividad socioeconómica.
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La Directiva 31 de julio de 2000 expedida por el Dansocial (hoy Unidad Administrativa Especial de Organizaciones Solidarias), prevé que toda organización solidaria debe contar con un plan de desarrollo que atienda sus necesidades reales y que potencie la gestión de la empresa asociativa en procura de la buena marcha de la misma y del mejoramiento de la calidad de vida de los asociados y de su entorno.
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5) Investigación: Permite ejecutar acciones tendientes a la generación de los nuevos conocimientos y tecnologías para la proyección de las organizaciones solidarias.
En síntesis, aunque no se cuenta con una herramienta técnica estandarizada para evaluar y comparar los resultados sociales de la gestión de los FE, los directivos de las entidades presentan anualmente a sus asociados en la asamblea general, los avances (o dificultades) en materia social que sirvan de guía para determinar estrategias, planes y proyectos que posibiliten el mejoramiento del colectivo acorde con los requerimientos del entorno. El PESEM es una herramienta útil para medir las acciones sociales de una organización solidaria.