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CHAPTER 2 LITERATURE REVIEW

2.7 In-service microstructural evolution and creep behaviour of Grade 92 steel welds

2.7.1 Basic concepts of creep

La ocurrencia de abortos en un rebaño puede darse básicamente de dos formas, lo que se denomina como un patrón de aborto endémico o como un patrón de aborto epidémico, estando directamente relacionado con la presencia de N. caninum en el rodeo (Anderson et al., 1995; Dubey et al., 2006). De forma general, en el patrón endémico, los porcentajes de aborto anual no superan el 5%, pero se mantienen constantes con el correr de los años. Esto se observa principalmente en los establecimientos en los que la neosporosis está ya presente (Anderson et al., 1995) y la ruta predominante de infección es la vertical. El patrón epidémico, se desarrolla básicamente en los rodeos en los que el ganado estaba libre de la enfermedad e ingresa N.

caninum por primera vez mediante transmisión horizontal (Dubey et al.,

2006), observándose lo que se conoce como “tormenta de aborto”. Este último patrón es el menos frecuente, pero causa pérdidas por aborto que van desde un 10 hasta un 57% en algunos casos (Dubey y Schares, 2006), ocurriendo en un período de tiempo muy breve que puede ir de 6 (Anderson

et al., 1995) a 12 semanas (Davison et al., 1999 citado por Goodswen et al.,

2013). Como concepto general, Dubey y Schares (2011) definieron como brote de aborto epidémico si más del 10 a 12,5% de las vacas con riesgo de aborto abortan en un período de entre 6 y 8 semanas.

Como se mencionó, en los abortos de tipo endémicos, la ruta predominante de infección que se da en el rodeo es la vertical. Para que esto ocurra, debe haber una inmunosupresión tal que cause en la vaca preñada una reactivación de la infección, de manera que los bradizoitos pasen a la fase de taquizoitos y se transmitan al feto (Goodswen et al., 2013). Generalmente, la infección crónica no afecta el período temprano de gestación, pero si tiene un efecto abortivo luego de pasados los 90 días de preñez (Lopez-Gatius et al., 2004). Se ha reportado que la ocurrencia de

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aborto es mayor en gestaciones menores a seis meses, dado que pasado ese tiempo el ternero tiene un grado de desarrollo tal que puede combatir de mejor manera la infección; resultando de un ternero clínicamente sano, pero persistentemente infectado (Guy et al., 2001).

Los patrones de aborto reportados como epidémicos están relacionados con infecciones primarias de vacas que nunca han sido expuéstas al protozoario, este tipo de infección generalmente proviene de una única fuente de infección, siendo las vacas expuéstas casi al mismo tiempo (McAllister et al., 2000) mediante la ingestión de ooquistes (Anderson et al., 2000). La concentración de anticuerpos contra N. caninum aumenta durante el brote y disminuye luego del día 85 post exposición (McAllister et al., 2000); en general las vacas recientemente infectadas tienen bajos títulos de anticuerpos y se observará en muchas la seroconversión al momento del brote, lo que sugiere la existencia de transmisión horizontal (Dubey, 2003). Es importante tener en cuenta que cuando las tormentas de aborto están asociadas a infecciones postnatales, niveles de trasmisión vertical de madres a hijas serán más bajos (Landmann et al., 2011), y la probabilidad de aborto será mayor que en vacas con infección crónica (Lopez-Gatius et al., 2004; McAllister et al., 2000). Es por eso que en un predio los niveles de transmisión vertical serán indicativos de la presencia de infección crónica o post natal que esté ocurriendo (Landmann et al., 2011).

La probabilidad de infección al feto una vez que la vaca es infectada durante la gestación y la ocurrencia de aborto depende de varios factores: la cantidad de ooquistes ingeridos por la vaca preñada, el tiempo, la cantidad y duración de la parasitemia, la etapa de la gestación y el sistema inmunitario tanto de la madre como del feto (Innes et al., 2005; Goodswen et al., 2013); siendo mayor la probabilidad de infección del feto cuando se ingieren gran número de ooquistes y en etapas más tardías de la gestación (Gondim et al., 2004c). La edad del animal gestante no parece ser un factor que influya en la probabilidad de infección, por lo menos por medio de la vía horizontal (Anderson et al., 2000). Por otro lado, hay reportes que indican que la transmisión vertical es más usual en las vacas preñadas de menor edad (Dubey, 2003). En cuanto al riesgo de infección fetal, se ha descripto que este aumenta junto con el aumento de la edad gestacional (Innes et al., 2005).

Previo a hablar de vacas con riesgo de aborto y sus factores asociados, es importante definir qué animales son los que están en riesgo. La “vaca en riesgo” varía si se trata de un caso de aborto endémico o epidémico. Para el caso de abortos endémicos, se considera como vaca en riesgo todas aquellas vacas que hayan estado preñadas desde que comenzaron los sucesos de aborto, puede tratarse de meses o incluso años. Para el caso de los abortos epidémicos, las vacas en riesgo son aquellas que presentaban preñeces de entre 58 a 260 días cuando comenzó el brote (Schares et al., 2002).

Se ha demostrado que vacas seropositivas a N. caninum tienen mayor riesgo de aborto que las seronegativas (Dubey, 1999; Dubey et al., 2003; Williams et al., 2009), y este riesgo aumenta con el aumento del título de anticuerpos (Dubey et al., 2007). Kashiwasaki et al. (2004) observaron que

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vacas con altos títulos de Ac (IFAT=1:3200) tenían un riesgo de aborto mayor (OR=10) que aquellas seropositivas, pero con bajos títulos de Ac (IFAT=1:200). A nivel predial se ha visto que altas prevalencias están asociadas con un aumento en el riesgo de aborto en el predio, esto se explica por el aumento del riesgo de aborto en las vacas con infección crónica sumado al riesgo de infección postnatal que se incrementa a causa de la primera (Dubey et al., 2007). Pabón et al. (2007) realizaron el seguimiento durante tres años a un predio seropositivo a N. caninum, este tenía un 13% de abortos de los cuales más del 90% de esas vacas eran seropositivas y de esos abortos el 61,5% se trataban de repetición de abortos. Éstos autores reportaron que en vacas con infección crónica la tasa de aborto fue casi igual a la tasa de repetición de aborto, siendo frecuente que las vacas que abortaran una vez lo sigan haciendo. Por otro lado, en un estudio que fue llevado a cabo en California, se determinó que los bovinos con infección congénita tenían 7,4 más riesgo de aborto en la primera preñez que aquellos bovinos no infectados. A la vez, los bovinos seropositivos que abortaban, tenían 5,7 más de riesgo de volver a abortar en la gestación siguiente (Thurmond y Hietela, 1997). De todos modos, si bien éstos datos parecerían indicar que la mejor opción para controlar los abortos es disminuir la prevalencia intra-predial, se ha observado que el riesgo de un brote de aborto epidémico se incrementa cuando esto ocurre, ya que vacas con infección crónica desarrollan cierta inmunidad contra posteriores infecciones exógenas (McAllister et al., 2000).

Cuando se va a proceder a analizar un predio, es importante calcular el OR del riesgo de aborto, dado que nos puede llegar a dar información útil sobre el patrón de aborto. En algunas ocasiones OR menores a 10 podrían indicar que el patrón de aborto es endémico, mientras que OR superiores que es epidémico (Schares et al., 2002 citado por Dubey et al., 2007).