CHAPTER 2 LITERATURE REVIEW
2.7 In-service microstructural evolution and creep behaviour of Grade 92 steel welds
2.7.3 Type IV failure in Grade 92 steel welds
Múltiples medidas se pueden llevar a cabo para el control de la transmisión vertical, pero éstas dependerán básicamente del sistema productivo y las condiciones del predio. De forma general, se debe evitar el estrés de los animales y promover el bienestar, sobre todo durante el segundo tercio de gestación (Almería y López-Gatius, 2013), para evitar la recrudescencia de la enfermedad y así la transmisión transplacentaria endógena (Dubey et al., 2007; Marugan-Hernandez, 2017).
Si bien la castración o el sacrificio, es el único método efectivo de disminuir la transmisión de las vacas infectadas a su descendencia (Dubey, 2003), el control de la infección podría estar enfocado en reducir el número de vacas infectadas en el rodeo, eliminando aquellas seropositivas con más de dos abortos (Almería y López-Gatius, 2013), y limitar a la vez la introducción de vaquillonas de reemplazo seropositivas (Anderson et al., 2000). El examen serológico de terneros previo a la administración de calostro es una forma útil de diagnosticar a aquellos terneros con infección congénita (Dubey y Schares, 2011).
A continuación, se nombrarán las principales medidas que investigadores recomiendan para el control de esta forma de transmisión:
Diagnóstico y descarte (“Test and culling”)
Antes de comenzar a implementar medidas de control para la neosporosis bovina en un predio es imprescindible conocer el estatus serológico del rodeo (Piaggio et al., 2007). Muchos autores describen que una medida recomendable para reducir la transmisión vertical en un predio es la de realizar prueba diagnóstica a las vacas y descartar las seropositivas (Pabón
et al., 2007) o aquellas seropositivas con historia de aborto (Dubey et al.,
2007; Dubey y Schares, 2011). Si bien esta es una medida muy eficaz para disminuir la seroprevalencia, usualmente no es viable dado el costo económico que implica (Dubey et al., 2007; Hasler et al., 2008 citado por Dubey y Schares, 2011). Otra opción puede ser la inseminación de vacas seropositivas con semen de biotipos carniceros o bien excluir de la recría aquellas vaquillonas seropositivas (Dubey et al., 2007; Dubey y Schares, 2011).
La implementación de una o más de éstas medidas han demostrado que disminuye notoriamente la seroprevalencia predial (Hall et al., 2005; Pabón
et al., 2007). Para poder implementar esta forma de prevención es
importante que los niveles de infección horizontal sean bajos y la prevalencia intapredial también lo sea. Siendo una buena manera de bloquear la infección vertical, y de forma indirecta reducir el riesgo de transmisión horizontal al haber menos material infectado (placenta y fetos abortados) (Hall et al., 2005). De todas maneras, antes de implementar esta estrategia se deben analizar los factores de riesgo presentes en el predio (Dubey et al.,
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2007).
Manejo recría
Dado que gran parte de los problemas reproductivos que produce esta enfermedad son debido a los animales congénitamente infectados, es recomendable la no utilización de hembras seropositivas para el reemplazo (French et al., 1999; Reichel et al., 2014). Para esto, dado que no es rentable realizarles un test a todas las hembras nacidas en el predio (lo que se debería hacer pre-calostrado o luego de los seis meses de vida) sumado a la alta eficiencia de la transmisión vertical, una opción práctica es la no utilización de hembras para el reemplazo hijas de vacas seropositivas. A la vez, es importante que no se introduzcan animales seropositivos en el predio (Reichel et al., 2014).
Esta forma de control va a depender en gran medida de la seroprevalencia intra-predial, es recomendable implementarla en predios con seroprevalencias superiores al 50% (Hasler et al., 2008 citado por Dubey y Schares, 2011). French et al. (1999) demostraron mediante modelos matemáticos determinísticos y estocásticos que, si bien a corto plazo las medidas de control más eficaces son el descarte de hembras infectadas y evitar que se utilicen hembras de reemplazo seropositivas, a largo plazo éstas medidas dependen mucho del grado de transmisión horizontal que esté presente en el predio.
Utilización de razas más resistentes
Como bien se mencionó, en aquellos rodeos bovinos lecheros con alta prevalencia y altas tasas de aborto por N. caninum, se puede utilizar semen de razas carniceras para inseminar a las vacas infectadas (Almería et al., 2009; Pabon et al., 2007), dado que se ha observado que reduce la incidencia de aborto, especialmente si se utiliza semen proveniente de toros de raza Limousin (Almería et al., 2009). Esto puede ser debido a que se da un efecto favorable en la función protectora de la placenta por el cruce de los dos biotipos (Dubey y Schares, 2011), estando asociado a una alta concentración de glicoproteínas asociadas a la preñez (PAG) (Lopez-Gatius
et al., 2005 citado por Monney y Hemphill, 2014).
Esta medida, permite prolongar el número de lactancias en vacas seropositivas, disminuyendo la incidencia de abortos (Almería y López- Gatius, 2013). A la vez es una forma de asegurar que los remplazos hijas de vacas infectadas sean descartadas, dado que este tipo de cruza no suele ser usada para la producción de leche (Pabón et al., 2007; Almería y López- Gatius, 2013; Guido et al., 2016).
Transferencia de embriones
La transferencia de embriones ha demostrado ser muy efectiva para interrumpir el ciclo de N. caninum (Reichel et al., 2014). Es una medida que se puede implementar en aquellas vacas seropositivas que tienen un alto valor genético transfiriendo sus embriones a vacas receptoras seronegativas. Esto se ha demostrado que elimina el riesgo de infección del feto dado que evita la transmisión transplacentaria endógena (Baillargeon et
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al., 2001; Dubey y Schares, 2011). Es de vital importancia que la receptora sea seronegativa, dado que en el caso contrario el feto se infectará independientemente de la condición de las donantes (Martínez et al., 2015).