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Éric Laurent. -Con mucho gusto proseguiré lo que adelantó Woerlé. Esta

mañana hablábamos de psicosis ordinaria. Ahora podríamos decir que abordamos la relación normal con el cuerpo. La neurosis no es una relación normal con el cuerpo. Presenta lo que se produce como anormal cuando el pensamiento irrumpe en el cuerpo. Decir que el sujeto psicótico tiene una relación normal con su cuerpo es decir de otra manera que el sujeto psicótico está amenazado por la regresión tópica al estadio del espejo. El cuerpo está permanentemente amenazado de estallar; no se sostiene, y hay que hacer enormes esfuerzos para mantener el cuerpo como uno.

Para un sujeto como Schreber, una vez atravesado el momento más agudo, necesita tener una imagen frente a él todo el tiempo. Pero hay muchas otras maneras de ser uno con su cuerpo que olvidamos poner en serie. Muchas cosas que dependen de la llamada higiene de vida son exactamente del mismo orden que lo que debe hacer Schreber. La verificación del peso, de la forma del alma, de la forma del cuerpo, etc., no dependen del pensamiento, sino de esfuerzos para mantener todo eso en su lugar.

En esa relación normal con el cuerpo, hay interrupciones que no son del orden del pensamiento. El fenómeno psicosomático es de este orden, tampoco es del pensamiento en el sentido del «pensamiento-deseo», según el famoso pasaje de Las formaciones del inconsciente donde el deseo irrumpe en el cuerpo. El «pensamiento-deseo», que irrumpe en el cuerpo, depende de la neurosis.

Para que la relación normal con el cuerpo se mantenga, hacen falta esfuerzos de localización del goce en ese cuerpo. Están los órganos, para los cuales debe encontrarse una función de localización del goce. Cuando el esquizofrénico no encuentra eso, tiene que enfrentarse con sus órganos que irrumpen. En los casos escuchados aquí, encontramos fenómenos que se inscriben en esta serie. Cuando la significación fálica falla en el «hombre erguido», cuando el «hombre del pulgar» golpea a una mujer porque no sabe hacer otra cosa, se trata de esfuerzos de localización; y lo mismo ocurre con «el inventor del método».

Entonces, podríamos decir: la relación normal con el cuerpo y las localizaciones del goce. La función de desplazamiento señalada por Alain Merlet funciona como lo contrario de la localización. Se puede efectivamente hacer desaparecer la parálisis, u otros fenómenos de ese tipo, sin que el sujeto diga algo al respecto. Otra parte del cuerpo puede inmediatamente comenzar a servir de relevo para designar el lugar del goce. Todo puede pasan

Jacques-Alain Miller. -¿No podríamos utilizar aquí esa indicación de Lacan

sobre la esquizofrenia, que fuera de discurso debe encontrar un uso para sus órganos -cuando para el neurótico hay siempre un discurso que le dice qué hacer con su cuerpo? Se podría hacer una tipología y decir: en la histeria, el cuerpo está concebido para servir al deseo -también para la defensa contra el deseo, pero el asunto es que gira alrededor del deseo. En el obsesivo, el cuerpo está hecho para servir a la demanda, y al rechazo de la demanda. En cambio, para servirse de su cuerpo, el esquizofrénico debe desplegar un esfuerzo de invención considerable, y se ocupa con gran atención de algunas partes del cuerpo habitualmente descuidadas. Yo no tengo los pulgares que crujen, pero a veces me hago sonar un dedo sin darle demasiada importancia. Pues bien, desde que leí el texto de «El hombre de los pulgares que crujen», sé que es algo que podría servir para un montón de cosas.

El uso del cuerpo en el psicótico puede a veces converger en un uso que parece normal, ordinario, solo que para llegar a eso debe desplegar un enorme esfuerzo. Muchas veces, lo único que nos indica en qué registro estamos es el enorme esfuerzo de invención que hay detrás, de invención a medida, cuando para los neuróticos es de confección. Eso marca una diferencia.

En «El hombre de los cien mil cabellos», el cabello sostiene una significación fálica. No es habitual. Sin embargo, se dice fácilmente que los calvos son más afectos al asunto, o que la belleza de la cabellera tiene sex-

appeal. En resumen, la significación fálica habita el fenómeno capilar. Pero en

este caso es en lo real. Hay una significación fálica delirante del cabello. La neoconversión vira aquí al franco delirio sobre el cuerpo.

François Sauvagnat. -¿Cómo diferencia usted uno de otro? ¿El delirio sobre

el cuerpo sería lo que permitiría fabricar una especie de seudosignificación fálica?

Jacques-Alain Miller. -Y bien, aquí, con la tesis sobre los cien mil cabellos,

el muchacho prueba que el cabello es un neofalo. El pelo es una parte del cuerpo de la que habitualmente no se percibe que sea capaz de erección, aunque se diga «los pelos de punta» y que haya un músculo erector cuya contracción hace parar los pelos.

François Sauvagnat. -¿ Cómo diferencia usted la neoconversión de esta

construcción?

Jacques-Alain Miller. -La frase «Mis cabellos caen cada vez que no estoy en

el buen camino» es coherente con el principio que Lacan retoma de Freud: «De lo único que se puede ser culpable es de haber cedido en el deseo». Cada vez que el muchacho cede en su deseo, pierde el cabello. La calvicie es el castigo por haber cedido en su deseo. No lo estoy adornando, cito: «Pierde el cabello cuando deja de ser él mismo, es decir, cuando hace algo no conforme a su verdadero deseo». Hay un Otro, ese Otro no barrado del que hablaba Lecoeur, que acusa recibo, y cada vez que el sujeto cede en su deseo, le manda en lo real una caída de pelos. El sujeto es castigado por la neocastración del cabello. Pág.

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Éric Laurent. -Este hombre había encontrado una mujer con la que estaba

en excelentes términos, la cosa andaba muy bien, pierde el pelo, y entonces deduce que hay que dejarla de inmediato. Aunque vaya contra todas las apariencias, acepta que su deseo esté más allá de su satisfacción. Aunque esté satisfecho, es castigado. Sabe que su deseo no está en el camino recto, que hay que ir por otro lado, y entonces funciona mejor.

Jacques-Alain Miller. -Cuando se delira así, no se necesitan a unas

interpretaciones míseras y alusivas, que nunca les dicen claramente las cosas. Ese delirio bien constituido le proporciona un Otro cuyo mensaje es indudable, y él sabe perfectamente cuándo peca contra el deseo.

Éric Laurent. -François Sauvagnat pregunta cómo diferenciar eso. Si

partimos de la relación normal que mantiene el sujeto psicótico con su cuerpo, se podría decir que es como en los delirios. El esquizofrénico no necesita un

delirio enorme, tiene que encontrar una función en un órgano. El paranoico, en cambio, tiene que movilizar mucho más un sistema delirante. Pueden haber invenciones mínimas en esa relación normal con su cuerpo, encontrar una función en un órgano, o bien movilizar todo el saber. «El hombre de los cabellos» moviliza enciclopedias, todo un saber. Así consigue poner en juego todas las funciones que mencionábamos, de neocastración, de castigo, de intervención del padre, etc., todo eso en su órgano, con la ayuda de esta complicidad somática. Podríamos así hacer series con diferentes tipos de fenómenos, que todos dependerían de esa relación normal con el cuerpo, esa relación de invención necesaria.

Philippe La Sagna. -En la Metapsicología hay un pasaje donde Freud

distingue la esquizofrenia de la neurosis invocando a un paciente que pensaba que sus comedones eran falos. Freud dice que eso no es neurótico, ya que el sujeto dispone de la significación sin trabajo analítico. Y agrega esto que siempre me intrigó: la multiplicidad de la significación fálica debe incitarnos a pensar que es una psicosis. Creo que ocurre lo mismo en el caso de los cien mil cabellos: son órganos que no son uno; están en la multiplicidad, y se vuelven casi incontables. Yo encontré algo así en mi práctica, con alguien que se arrancaba los pelos en lugar de perderlos.

Quería hacerles una pregunta a los colegas de Nantes y Rennes. Se observan dos fenómenos distintos en «el hombre de los cabellos». Podría ser una conversión psicosomática, puesto que pierde el pelo realmente, podría detenerse en eso, se podría pensar que eso basta para suplir la función fálica, ¿pero qué hace que además (digamos: él tiene las dos cosas) necesite elaborar un delirio sobre esta pérdida?

Daniel Roy. -De alguna manera, devolveré la pregunta a Burdeos, porque

hubiera querido unir la pregunta del desencadenamiento y la de los fenómenos del cuerpo. Plantearé esta pregunta en torno de los casos clínicos de esta serie, particularmente del caso de la señorita Anna, dado que el fenómeno del cuerpo se desencadena cuando ella evoca la figura misteriosa de su abuela paterna ciega. Hay a la vez un fenómeno del cuerpo, y, se nos dice, una transferencia erotomaníaca. Notamos entonces dos modos de respuesta particular. ¿Qué estatuto del Otro está implicado en el desencadenamiento de este fenómeno del cuerpo?

Jacques-Alain Miller. -Pero ¿es un «fenómeno del cuerpo»? ¿Imitar los

gestos de un cirujano practicando la operación se puede clasificar verdaderamente como «fenómeno del cuerpo»?

Daniel Roy. -Esta categoría es tal vez demasiado vasta para clasificar este

tipo de cosas, ¿no volvemos a caer aquí en el mismo problema que los trastornos del lenguaje?

Jacques-Alain Miller. -Hay fenómenos que nos son descriptos como si

ocurrieran en el cuerpo del sujeto: desplazamientos de sensaciones, quemaduras, tumor de Bruselas, perturbaciones de la visión, etc. ¿Una mímica es del mismo orden?

Philippe La Sagna. -El observador lo define como una mímica. Para la

paciente, era un fenómeno como una parálisis agitante, es decir, que ella no podía evitar, y no sabía por qué. Para ella, era algo real. Por eso se la había tomado por una histérica. Lo presentaba como un fenómeno que se le iba totalmente de las manos, lo que por otra parte era cierto, en el sentido en que no estaba subjetivado. Pág. 257

Jacques-Alain Miller. -Era un tic imitador

Philippe La Sagna. -Exactamente. Como una enfermedad de la Tourette.

Hay enfermedades neurológicas en gente que tienen tics sumamente complejos. Era análogo pero no era eso.

Bernard Porcheret. -A propósito del «hombre de los pulgares que crujen»,

Éric Laurent hizo un comentario que me interesó mucho, a partir de esta noción de esfuerzo extremo. Se trata de alguien a quien veo desde hace dieciocho años. Al principio, lo recibí como un psicótico, pero no podía dar cuenta de eso por su estructura psicótica hasta hace cinco años: de alguna manera el cuadro dio un vuelco, muchas cosas cedieron para él desde el punto de vista del lazo social, y sobre todo su relación con las mujeres, que verdaderamente se desmoronó.

Aun cuando los fenómenos que presentaba hubieran podido ser tomados absolutamente en el modo de las conversiones histéricas -en el sentido amplio del término-, apareció esta cuestión de esfuerzo extremo, con toda esta práctica a nivel de los pulgares, que responde al hecho de que tenga miedo de perder su pulgar. Él trata de construirse un cuerpo y, en ese momento, esto se extiende a las rodillas y a las plantas de los pies, lo que hace que poco a poco se establezca una cartografía. Lo único que puedo hacer, tres veces por día, eventualmente por teléfono, y, por supuesto, cuando lo atiendo, es, cuando me dice «¿es psíquico, doctor?», decirle «absolutamente». No me pide nada más, y yo no puedo! hacer otra cosa, en el sentido en que no hay nada interpretable; no asocia en absoluto, y estamos verdaderamente del lado de una esquizofrenia.

Jacques-Alain Miller. -Puedo leer esa página, que aclara mucho: «El síntoma

se desencadenó así: invocando un dolor en la rodilla, M. se negó un día a tener relaciones sexuales con su compañera, quien mostró una viva decepción. Como en un rapto, él le asestó un violento puñetazo en la espalda, y al día siguiente se le declaró el síntoma. Cinco años después, luego de la ruptura con esta mujer, el cuadro presenta un aspecto otra vez diferente: las sesiones se saturan de una queja sin límites. M. da a conocer diferentes tipos de crujidos en su pulgar y enumera su combinación con acciones [...]. Desarrolla entonces una práctica hasta el agotamiento [o sea, todo lo que no puede hacer lo hace hasta el

agotamiento]. Se impone una secuencia: crujido inaugural, profundo y

explosivo, luego una sensación intolerable de que el pulgar caiga en el vacío

[toda la psicosis de Schreber está allí concentrada en el pulgar]; finalmente,

práctica de "verificación", hasta que los crujidos secundarios creados por las flexiones bajo la superficie de la piel se detienen. "Lo van a cortar", exclama. "Pero, entonces, ¿el otro?"».

Bernard Porcheret. -Después está el fenómeno de la bilateralización, que

siempre interviene y que lo deja pasmado.

Jacques-Alain Miller. -Aparte de eso, está lleno de fenómenos- estrabismo

divergente, fuertes dolores en la rodilla derecha que se vuelven bilaterales, rigidez de la nuca y de la espalda. «Cada síntoma se apoya en una sugestión: palabra brutal, bofetada injuriosa, golpecito.» Es una traducción directa, que no pasa por un profundo mecanismo de desplazamiento, de metonimia y de metáfora, está ahí, en cortocircuito. Es esto: «Clínicamente, una perfusión de antidepresivos que pasa por fuera: "El brazo se me va a pudrir, me lo tendrán que amputar"», etc. Esta descripción constituye un verdadero paradigma.

Marga Mendelenko. -Lo que se decía hace un rato me hacía pensar en que

tendríamos que abandonar el término «conversión», ligado a la histeria y a la dialéctica del deseo en relación con el uso del cuerpo, y hablar, más bien, de neolocalización.

Jacques-Alain Miller. -Comparemos el caso de Elizabeth von R con el del

hombre de los pulgares que crujen. La identidad de la manifestación somática y del deseo en la histeria supone la metáfora y la metonimia, mientras que nada parecido está puesto en juego para dar cuenta de la sobreinvestidura del pulgar, ni de las alucinaciones que lo afectan. Pág. 259

François Sauvagnat. -Es la cuestión lexicológica que planteaba antes: ¿qué

término es mejor emplear? El término «neoconversión» nos hace efectivamente pensar: ¡cuidado! Eso se parece a una histeria, ¿pero lo es realmente? El ejemplo de la hipocondría normalmente se olvida; hace ya dos siglos que hubo

trabajos sobre la hipocondría delirante, pero normalmente se olvida, después se retoma, etc. Resulta que en los cuatro casos de psicosis que tuvimos intervenía la problemática fálica.

Iba a agregar un párrafo sobre la psicosomática, pero pensé: No, dejémoslo así. Por eso intenté mostrar las cosas entre cuatro tipos de configuraciones, con, por un lado una hipocondría no localizada, que corresponde a 0; por el otro, lo que yo llamaba dismorfofobia localizada, que corresponde a P0; la problemática catatónica, con la cuestión de un anudamiento corporal que no se hace naturalmente con casos más o menos graves. Creo que es interesante recordar que hay casos más o menos graves de catatonía, en particular en los niños, y eventualmente casos que de un día para el otro desaparecerán (está descripto en la literatura); y después todo lo que está ligado a la fabricación del síntoma, que a menudo tiene que ver con el cuerpo.

En el fondo, la cuestión es más bien terminológica. ¿Nos interesa hablar de neoconversión? ¿Estamos interesados en hablar de fenómenos corporales?

Carole Dewambrechies-La Sagna.- Interrumpiremos en esta pregunta para

retomar a las 17.

12. CONVERSIÓN DEL SIGNIFICANTE Y LOCALIZACIÓN DE LA

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