anxiety and depression-like behaviour throughout the lifespan
Chapter 3: The persistent effect of exercise on learning and memory, anxiety and depression-like behaviour throughout the lifespan
3.2 Methods 1 Animals
3.2.4 Behavioural assessment
La ablación constituye una forma de perpetuar las relaciones de poder de sexo, manteniendo la desigualdad de género a través de la violencia, bajo el título de prácticas culturales y determinando la posición de las mujeres dentro de las comunidades, es decir, las posiciona como mujeres de buena reputación, manteniendo su castidad hasta el matrimonio (Paz y Desarrollo, 2013: 13). Las construcciones sociales establecidas con respecto al mantenimiento de la imagen de las mujeres como sujetos dominados, creando una jerarquía donde el género femenino es inferior (Amnistía Internacional, 1998: 10). De acuerdo con Yayanesh, miembro de la Asociación de Mujeres de Addis Abeba en Etiopía, existe un trato no igualitario entre niñas y niños dentro del núcleo familiar, haciendo que los niños tengan la obligación de asistir a clases, mientras que las niñas realizan labores domésticas en conjunto con su madre y demostrando la dominación masculina (Mladonova, 2007: 37).
En comunidades donde se practica la mutilación genital femenina, es a través del casamiento que la mujer puede obtener seguridad social y económica y por lo tanto, siente la obligación de satisfacer a su futuro marido (Landinfo, 2008: 3). Las luchas realizadas para eliminarla ayudan a valorizar las características de las mujeres, a reivindicar su posición dentro de este sistema y de esta manera crear un ambiente de igualdad entre hombres y mujeres, sin discriminaciones frente a la ley o estatus dentro de la familia y comunidad a las que pertenecen (Brossard, 2005: 44). Es importante el involucramiento de los hombres en la erradicación de la mutilación genital
30 femenina, ya que esta ha sido considerada como un asunto de mujeres, ejercida solamente en mujeres y por lo tanto, no existe una participación activa de su parte (Unión de Asociaciones Familiares, 2013: 106). ). Para Amadou Djiby Dia, mediador intercultural de Médicos del Mundo de Aragón, los hombres poseen poca información sobre los tipo de MGF que pueden ser aplicados en sus esposas o hijas; por esta razón, cuando “un hombre conoce las consecuencias, va a luchar para que no corten a su hija […] porque es muy duro ver a tu mujer o tu niña sufriendo […] Lo que es peor es que la mutilación se vive en silencio […] y para la mujer africana es muy difícil hablar de eso con su marido […] solo hasta que pase algo grave, el marido
no puede enterarse” (Asociación La Sexología, 2013a).
Dentro de su relato, Waris Dirie explica cómo las comunidades practicantes discriminan a niñas y mujeres que no han sido mutiladas, considerándolas como impuras y antihigiénicas (Dirie, 2003: 42). Si bien la MGF demuestra la desigualdad de género dentro de las comunidades africanas, esta no solamente es fomentada por los hombres líderes de las etnias, sino también por las mujeres que creen que realizarlo ayuda a mejorar la calidad de vida de niñas y mujeres, ayudando a obtener beneficios económicos consiguiendo un marido que pueda mantener a la mujer; empero, no existe una intención directa por parte de los padres de violentar los derechos y libertades de las niñas (Paz y Desarrollo, 2013: 13).
Dentro de las comunidades se establecen los roles que los géneros deben cumplir con el fin de pertenecer y ser aceptados en un grupo social (Amnistía Internacional, 1998: 11). Las mujeres dependen de sus compañeros, debido a la poca educación, profesionalización y soporte en términos legales que reciben dentro de las comunidades (Amnistía Internacional, 1998: 13). Es por esta razón, que las mujeres tendrían una tendencia a obedecer lo establecido por sus tradiciones ancestrales, dejando manipular su comportamiento e ideales para pertenecer a la comunidad (Amnistía Internacional, 1998: 13). Según la ONG Awid, el patriarcado permite que prevalezca la mutilación genital femenina, ya que este sistema estaría perpetuando la idea de que “las niñas tienen un menor valor”(AWID, 2014).
Es necesario generar impacto a través de la concienciación y difusión de información acerca de la mutilación genital femenina desde la raíz, incluyendo a hombres y mujeres, con el fin de fomentar un sistema social
31 igualitario en términos de derechos y roles (Unión de Asociaciones Familiares, 2013: 49). De esta manera, se podría evitar la persistencia de esta práctica que podría ser solicitada por las mismas niñas que sufren las consecuencias negativas de este procedimiento, simplemente por el miedo a ser rechazadas, humilladas o estigmatizadas dentro de su comunidad y la presión que ejercen sus padres y familiares en la toma de decisiones (UNICEF, 2005: 19). Sin embargo, no se puede asumir que el deseo de las niñas de realizarla se lleve a cabo bajo su verdadero consentimiento, debido a que estas se encuentran condicionadas por la presión ejercida en el contexto familiar y comunitario, induciéndolas a ejecutarla (UNICEF, 2005: 26).
La incidencia de la ablación se manifiesta dentro del matrimonio, ya que las mujeres deben satisfacer a su marido. La mutilación genital femenina se convertiría en un modo utilizado por las familias para garantizar la virginidad de sus hijas antes del matrimonio y evitando que tenga relaciones sexuales fuera de esta institución (Brossard, 2005: 22). Es decir, cuando una mujer es mutilada, siente dolor al tener relaciones sexuales; por lo tanto, las comunidades alegan que se previene su deseo sexual antes del matrimonio (Asociación La Sexología, 2013b). Esta violencia en contra de la mujer permite la prevalencia de la dominación masculina frente a la situación de sumisión de las mujeres. Esto no está presente únicamente en el matrimonio como una forma privada de apropiación de la mujer, sino también de manera colectiva por medio de la presión ejercida por la comunidad, la religión y el núcleo familiar desde que nacen (Brossard, 2005: 32). Es así que niñas y mujeres se convirtirían en lo que Adrienne Rich define como un tipo de esclavas sexuales, ya que su aceptación dentro de la comunidad depende de la mutilación de sus genitales (Brossard, 2005: 32).
Es necesario comprender que las mujeres víctimas de la mutilación genital femenina, no gozan de sus derechos sexuales y reproductivos, incluso determinando desde temprana edad su identidad y orientación sexual (Unión de Asociaciones Familiares, 2013: 11). La mutilación genital femenina es una muestra visible de la agresión y violencia ejercida en contra de las mujeres desde sus primeros años de vida, prohibiéndoles el derecho a elegir y tomar decisiones con respecto a su cuerpo y sexualidad, relegándolas a un plano de opresión y poniendo en juego su salud y vida (Unión de Asociaciones Familiares, 2013: 22). La prevalencia de esta práctica es una muestra de la
32 falta de educación sexual y reproductiva que reciben hombres y mujeres que la realizan (Unión de Asociaciones Familiares, 2013: 50). Amadou Djiby Dia, mediador intercultural de Médicos del Mundo de Aragón afirma: “tu estás teniendo relaciones con ella y hasta al hombre le duele mucho. Pero, como no se habla, al día siguiente ¿qué haces? solo callar, porque es lo que hay. Hasta a los hombres les duele, pero no tienen
ningún remedio… no tenían, pero ahora hay otro remedio” (Asociación La Sexología, 2013b).