Chapter 4. Benchmark and items of benchmark
4.1. Benchmark as a tool
El sindicalismo internacional y regional se asume, en gran parte de la literatura y también por sus protagonistas, como parte fundacional de los movimientos sociales globales contemporáneos, que esgrimen la larga trayectoria del sindicalismo como opositor al capitalismo o a sus elementos disgregadores. Su carácter opositor –ya sea antisistémico o reformista- al sistema económico los coloca bajo el paragua de un mismo término.
Pero hasta aquí las convergencias, porque luego los nuevos “movimientólogos” –tanto los estudiosos de estos movimientos como los propios protagonistas- debaten sobre los distintos objetivos y diversas identidades que componen a los movimientos sociales globales respecto al sindicalismo internacional.
La diferencia conceptual más notoria entre movimiento obrero global y movimiento social global refiere a que los especialistas de estos últimos suelen minimizar el carácter social del sindicalismo, mostrando su faceta exclusivamente centrado en la clase social, en el lugar que ocupa en las relaciones de producción. Es imperativo expresar que esta tesis
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demostrará a través del relato y de las prácticas de los sindicalistas, que su finalidad excede ampliamente la esfera de la producción y reproducción económica. De esa forma, en este trabajo se entiende al movimiento sindical como una expresión socio-político y económica de la sociedad capitalista, y como tal conforma el universo de los movimientos sociales.
Los estudios laborales más recientes (Waterman, 2001 a y 2001b; Godio, 2004, Wbester, 2004; Munck, 2008) autoproclamados como la escuela del “Nuevo Internacionalismo Obrero” pusieron de manifiesto varios tópicos de análisis, entre los cuales interesa destacar la emergencia del sindicalismo del sur (Asiático, Africano y Sudamericano) como instituyente de una teoría sindical que colisiona con el paradigma euro-céntrico marxista y socialdemócrata. El cuestionamiento a las escuelas europeas y norteamericanas del movimiento obrero puso de relieve que “el Sur mirado desde el Sur” no encajaba en las categorías sociológicas materialistas y de acción colectiva ortodoxa (Lambert y Webster, 2001; Munck, 2010) y que su carácter sociopolítico lo asemejaba a un movimiento de naturaleza social. Un segundo elemento novedoso de destaque del Nuevo Internacionalismo Obrero es la centralidad de dimensiones tales como: la informalidad, la precarización, las migraciones internacionales; que constituyen temas nodales, mientras que para los estudios del movimiento obrero de los países centrales recién comienzan a surgir en la segunda década de este siglo. Un tercer componente de estos estudios define la lucha por el reconocimiento - invisible en los estudios tradicionales- y que prefigura estrategias de alianzas interclasistas que eran secundarias o residuales en las economías centrales.
Esta perspectiva del nuevo internacionalismo obrero extrae sus orígenes en la sociología europea que en los años ’70 que cuestionó el paradigma de acción colectiva en base a “movilización de recursos” y de elección racional de la escuela norteamericana. Señalaron que los Nuevos Movimientos Sociales ponían de manifiesto dimensiones novedosas respecto a los movimientos tradicionales, tales como la forma de organización, la relación con lo político, la composición social, las formas de construcción de sus representaciones sociales, identidades, sus reivindicaciones y valores.
Sin embargo, esa concepción se construyó a partir de prenociones historicistas, materialistas y deterministas del propio movimiento obrero. (Mess, 1998:309) que reducía a los sindicatos a reivindicaciones exclusivas de justicia distributiva. El presupuesto donde se
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asentaba esta visión se ilustraba en el espíritu universal de la clase trabajadora desde su génesis con Primera Internacional (Asociación Internacional de Trabajadores – AIT) en 1864, con reivindicaciones de redistribución. Esta figura apela a un significado escueto de justicia recluido en el igualitarismo económico. Si bien existe una continuidad de este tipo de reivindicaciones comunes que se despliegan a lo largo del globo, el sindicalismo internacional, nunca se redujo a la esfera socioeconómica sino que siempre estuvo atento a luchas contra el paradigma de dominación cultural. Pero además, como se demostrará a lo largo de esta tesis, las luchas globales construyen reivindicaciones de otra naturaleza.
Por lo tanto, utilizaremos el término movimiento sindical global, postnacional o internacional (indistintamente) para definir a nuestro objeto de estudio. Esta nominación puede solaparse con otras acepciones como movimientos altermundistas; pero como afirma Iglesias Turrion (2008:36) no es posible usar el atributo altermundista, salvo que exista un programa alternativo contra alguna dimensión de la globalización capitalista, ya que en ese caso describiría una resistencia global. El carácter altermundista se asocia a aquellos movimientos sociales que propugnan una férrea oposición a la globalización y a los Estados, a los cuales le atribuiremos el término, Movimientos Antiglobalización. Por el contrario, los
Movimientos Sociales Globales no buscan su destrucción ni la retracción de la globalización - la cual es percibida como un fenómeno ineluctable e irreductible-, sino la “domesticación” de esa globalización.
Se puede argumentar que algunos autores definen a todos los movimientos globales como movimientos antiglobalización, definiendo a éstos por la resistencia y oposición a la internacionalización de la economía. Pero mientras para las perspectivas marxistas (Hardt: 2002, 114 y 115) estos movimientos auspician a un programa de acción de extinción del Estado-nación y a una forma de organización basada en redes horizontales, otros pensadores reflexionan que no todos los movimientos sociales aspiran a la eliminación de los Estados y que por el contrario en el hemisferio sur y en particular en el Cono Sur de las Américas, los movimientos antiglobalización exigen reforzar el papel de los Estados, construir mercados regionales y enfrentar la globalización desde una mirada sureña (Mertes, 2002). Esta es la posición que adoptó hace muchos años el movimiento sindical del Cono Sur que estamos investigando y por eso, cuando nos referimos al movimiento sindical postnacional del Cono Sur, este adquiere ciertas representaciones sociales sobre el modelo de desarrollo que aspiran
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i) Estados fuertes para poder hacer frente a los embates de la economía transnacional ii) defensa de los acuerdos de integración regional, iii) oposición a los tratados de libre comercio, y iv) en algunos casos particulares, posiciones regionales superadoras del escenario nacional solo en ese caso estricto in sensu se hablará de posturas post-nacionales1.
Sintetizando lo expresado en párrafos anteriores, la mayor parte de los
“movimientologos” circunscriben el concepto de Movimiento Social a aquellas organizaciones que exceden las fronteras nacionales y cuyas reivindicaciones remiten a derechos de otro tipo, en particular de reconocimiento (Fraser y Honneth, 2006), como pueden encarnar los movimientos feministas, indígenas, ambientalistas, afro-descendientes, identidad sexual, entre otras y las diferencia de aquellos cuyas luchas consignan derechos de redistribución –particularmente de riqueza- (Fraser y Honneth, 2006) como tradicionalmente fue catalogado el movimiento sindical. Sin embargo, esta distinción no nos complace, ya que como se analiza en esta tesis, los sindicatos en su accionar internacional, cuando propugnan por la libertad sindical, por la igualdad de género, por los migrantes, por los jóvenes, por el desarrollo sostenible o en otras dimensiones como la intervención en los organismos internacionales no lo hacen en términos distributivos sino de reconocimiento. Estos movimientos sociales promueven un paradigma normativo de una nueva gobernanza que pondera los derechos humanos, sociales, económicos, culturales, etc. como rectores de las relaciones humanas. Expresan un conjunto de peticiones que pueden sintetizarse como justicia social y que comprenden tanto el paradigma de reconocimiento de identidad como el de redistribución de recursos (no exclusivamente económicos) y el de participación (como interlocutores genuinos en la construcción de políticas públicas y como agentes de desarrollo).
De tal forma, que si estamos en lo cierto, y dando observancia al permanente reclamo que observaremos de reivindicaciones de reconocimiento, el movimiento sindical queda encuadrado como movimiento social, en la misma que definen los autores del Nuevo Internacionalismo Obrero. Esta perspectiva no resulta muy original, en tanto y en cuanto los actores estudiados en la tesis corresponden al Sur y se encuadran en la perspectiva más interclasista, de alianzas y de reivindicaciones inscriptas en políticas de reconocimiento e
1 No refiere al uso terminológico que usa Hardt que define a los movimientos postnacionales como
antisoberanistas. Esta visión dicotómica no se observa en los protagonistas del movimiento sindical del Cono Sur como se mostrará a lo largo de la tesis.
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identidad. Como una línea secundaria de análisis, se ilustrará en estas páginas como estas distinciones retóricas alejan o acercan al sindicalismo internacional de los demás grupos sociales, pero también de las miradas sindicales europeas.
Desde el punto de vista de la forma que adquiere la acción colectiva intentaré demostrar que ya sea por la perspectiva del paradigma del individualismo metodológico americano o del paradigma europeo de los “Nuevos Movimientos Sociales”, los estudios sobre el sindicalismo postnacional resultan insuficientes porque reducen la actividad obrera a la esfera mercantil o su correlato a la perspectiva institucionalista de la división del trabajo social (Durkheim, 1982). Cambiar los términos del debate implica despojarse de las prenociones sobre el movimiento obrero regional actual y desarrollar una metodología que interpele a los actores en primera persona.