3.4 Benchmarks and Results
3.4.2 Benchmarks
La política agraria colonial, tuvo varios principios, en lo que a distribución de tierras corresponde. En los siglos XVII y XVIII, derivado de que las regiones agrarias del occidente, sur y centro del territorio de Guatemala ya estaban repartidas y encomendadas a los descendientes de los conquistadores, la Corona de España, con el fin de agenciarse de fondos, pone en práctica la llamada “composición” de tierras, que no era más que comprarle tierras, aún baldías o legalizar las ya ocupadas.
Lo anterior, sirvió para que se produjera una migración de españoles, criollos, mulatos mestizos, y un grupo reducido de indígenas a tierras del oriente de Guatemala, todos en su mayoría, procedentes de la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, pueblos y villas cercanas. Tomando en cuenta lo anteriormente descrito, se deduce que el latifundio, donde se fundó la Hacienda de Quesada, fue tomado por un español, a quien se le amparó en su posesión. La hacienda, fue titulada en la década de 1740, ante el gobierno español por el bachiller Don Vicente de Beltranena y Guzmán; dicho título salió a nombre de Don Domingo López de Urruela, originario del pueblo de Quesada, en la provincia de Jaén de la Comunidad de Andalucía,
España; bautizando a la hacienda con el nombre de Santa Catalina, en honor a la patrona de la Provincia de Jaén.
El 21 de julio de 1760, según providencia del Juez Principal del Real Derecho de Tierras, ampara la venta que hace Don Domingo López de Urruela al Bachiller Don José Solórzano, el cual tomó posesión y libre uso de la Hacienda de Santa Catalina de Quesada. Durante el período hispánico, la actual población de Quesada fue hacienda, por ejemplo, el arzobispo doctor Don Pedro Cortéz y Larraz, al visitar la diócesis a su cargo, entre 1768 y 1770, llegó a la parroquia de Jutiapa indicando lo siguiente:
“que tenía tres haciendas, una de ellas la Quesada o hacienda de Quesada, manifestó estar a 5 leguas de la cabecera y que hay 12 familias con 61 personas “
En el año de 1782, el dueño de la Hacienda de Santa Catalina de Quesada, era Don José Antonio López Peñalver, quien además, era dueño de las Estancias de San Francisco Buena Vista, Nuestra señora de Guadalupe de las calderas, San Estanislao del Carrizal y de San José Azacualpa (hoy San José Acatempa).
Años más tarde, la hacienda pasó a manos de Don José Pineda, Juana Jiménez y Don Ganuario Arriola, quien en 1845 la vende a Don Francisco de Herrarte, posteriormente, aparece como propietario Don Tomás Quezada.
Entre los años 1849 a 1850, Don José Milla y Vidaurre, miembro del Partido Conservador, acompañó al Presidente Rafael Carrera, como amanuense (persona que copiaba a mano un texto), a varias giras por las poblaciones de Guatemala, montadas en briosas y potentes mulas. En uno de esos viajes, y específicamente al oriente del país, al pasar por el valle de la hacienda de Quesada, quedó fascinado de los magníficos pastizales y cultivos que esta poseía, así como la tranquilidad y aire puro que se respiraba.
Manuel de J. Urrutia fechó en Totonicapán el 20 de noviembre de l865 sus apuntamientos estadísticos del departamento de Jutiapa, publicados en la Gaceta de Guatemala, entre junio y agosto de 1866. En los límites de las haciendas del sitio y Quesada, se haya un cerro llamado por los nativos Las Flores, en cuya cima hay una amplia gruta donde varias personas han penetrado hasta unas cincuentas varas, no pudiendo pasarla más adelante, porque el estado de la atmósfera y los muchos murciélagos hacen imposible mantener la luz artificial. Sigue relatando Manuel de J. Urrutia en 1866, “La hacienda de Quesada, situada al poniente de la hacienda el sitio y de Jutiapa, consta también de unas ochocientas caballerías de tierra, muy superior a la del sitio, y así por sus magníficos pastos, como por la fertilidad para los cultivos y hermosos plantíos de caña de azúcar, que se elabora en un ingenio provisto de oficinas muy cómodas y costosas, siendo sus productos abundantes y de buena calidad.
El agua que sirve para mover la máquina del ingenio, viene sobre arcos de calicanto desde una distancia de más de una legua. Hay también en Quesada, algunas plantaciones de café y se ha estado ensayando con muy buenos resultados el cultivo del algodón. Los bosques y montañas de esta hacienda, son abundantes en toda clase de maderas, y en sus llanuras hay más de treinta caballerías de tierra regable, donde están situadas las empresas agrícolas de la finca, y además, una hacienda de campo, con casa de teja de buena construcción y un oratorio. En esta parte de terreno se fomenta la crianza de caballos, conservándose una raza andaluz bien inteligente. Para esta crianza y para repasto de ganado vacuno hay varios potreros, uno de los cuales, que tiene cien caballerías cercadas de piedra, ha sido vendido últimamente y forma una nueva hacienda de repasto. En una parte del llano de Quesada que comúnmente se llamó, llano de Paz, se encuentran algunas ruinas y sepulcros de indios, principalmente en el lugar destinado hoy al cultivo del algodón.
A mediados de la década de 1870, Don José Milla y Vidaurre adquiere la en propiedad la hacienda, a la cual regresó después de casi tres años de auto exilio, por diferentes países de Europa, en compañía imaginaria de Juan Chapín, a quien instruía y de quien se instruía, pues nunca dejó de ser un producto y un testimonio de la cultura nacional. En 1874, Don José Milla, regresó a Quesada, pues era un lugar con una privacidad envidiable para poder escribir, en vista que éste seguía siendo su fuerte, y una fuente de ingresos segura. Don José Milla y Vidaurre, cuya verdadera pasión era la
Historia y la Literatura, decidió vender fracciones de la hacienda a José Escobar y Beltrán Castillo; este último vendió su derecho a José León, luego de haber realizado consultas con su familia, tomó la decisión de vender la hacienda, en su totalidad.
En 1880, los colonos y mozos que habitaban los terrenos de Quesada se organizan para comprar la finca. En reunión de habitantes, se nombran a personas que tendrán a su cargo realizar los trámites; designándose en representación de los 87 colonos a: Don Máximo Cardona, Don Dolores Corado, Don Ignacio Cardona, Don Antonio Peña, Don Inés Morales, Don Bonifacio Soto, Don Emidio Jiménez, Don Melecio Hernández, y Don Pedro Lohaiza. El precio que Don José Milla y Vidaurre fijó para la venta fue de 18,000 pesos; sólo lo concerniente a la tierra, lo cual incluía el casco de la hacienda. Dichos pagos los pagarían en forma de abonos mensuales, según la parte que a cada uno le correspondiera, algunos vendieron sus animales y cosechas para juntar el dinero que sería parte del primer abono.
Con el correr de los años, y tomando en cuenta que los rancheros o colonos ya no podrían seguir pagando el adeudo y atendiendo a solicitud presentada al señor Presidente de la República, General de División Don Manuel Lisandro Barillas, en Acuerdo Gubernativo de fecha 3 de noviembre de 1886, dispuso comprar la hacienda de Quesada existente en el Distrito municipal de Jutiapa, para distribuirla equitativamente entre los vecinos de ella.
En escritura pública de fecha 21 de julio de 1890, el gobierno adquirió el dominio del inmueble en referencia; por Acuerdo Gubernativo de fecha 14 de octubre de 1,890, se acordó que el Ingeniero Topógrafo y a costa del tesoro público, lo deslindara y segregara el astillero para dejarlo a la aldea de Quesada. Fue nombrado para la operación, por parte de la Secretaría de Gobernación y Justicia el 15 de octubre de 1890, el ingeniero don Salvador Quesada.
La medición del terreno dio una extensión de 125 caballerías, 18 manzanas y 4,529 varas cuadradas, destinándose para el pueblo 37 caballerías, 14 manzanas con 7,350 varas cuadradas quedando el resto para astillero. Con fecha 17 de febrero de 1892, el terreno de la antigua Hacienda de Quesada quedó registrado a favor de los vecinos de la aldea de Quesada bajo asiento No. 869, folio 579, tomo 1 del libro de Registro de la Propiedad Inmueble de Chiquimula, haciendo la aclaración que al efectuar las remedidas del sitio de Quesada con sus colindantes, se encontró un exceso que fue agregado a favor de la aldea de Quesada quedando operadas en el registro de la siguiente manera (142 caballerías, 47 manzanas, 8,134 varas cuadradas de número 12, folio 82, tomo 2do). 67
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RAMOS QUIÑONEZ. Rony Esmeltzer. Monografía Visualizada del departamento de Jutiapa. Reproducciones Mendizábal. 2002. Págs. 34, 35, 36.