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Best Practice Learner Models

5. Presentation of the Results

5.2. Best Practice e-Learning Sites

5.2.1. Best Practice Learner Models

El primer contacto entre los más tempranos representantes de nuestra especie y los neandertales tuvo lugar por vez primera en Cercano Oriente (hace unos 90 mil años). Más de 50 mil años des- pués constatamos nuevos encuentros en Europa: ¿tuvo lugar una fusión entre ambas humanidades, o hubo reemplazo a favor de los nuestros?

Considerar que la humanidad es una sola especie altamente varia- ble desde los inicios de la expansión geográfica del Homo erectus (a comienzos del Pleistoceno hace unos 1.7 millones de años) y hasta el presente, constituye el núcleo argumentativo de la llamada pers- pectiva de “Evolución Multiregional” o de “Continuidad”, al menos en su acepción más radical: la humanidad moderna surge simul- táneamente en varias partes de mundo, véase Frayer et al. (1993). Por otro lado, la perspectiva antagónica de la anterior, o sea, el modelo explicativo basado en una visión de “Reemplazo” (mejor tipificada por las etiquetas “Out of Africa” o “Jardín del Edén” entre las más conocidas), sostiene la idea de una evolución relativamente tardía, hace unos 200 mil años exclusivamente en África, de la espe- cie a la que pertenecemos, a partir de los descendientes del grado

Homo ergaster, de modo tal que las sucesivas salidas de estas pobla-

ciones origiarias más allá del Continente Negro habrían supuesto, necesariamente, algún grado de desplazamiento, de reemplazo o finalmente de exterminio de las formas indígenas o locales de erec-

tus, de sapiens arcaicos o neandertales tanto en Asia como en Euro-

pa. “Continuidad” vs. “Reemplazo” constituirían, a juicio de Clark & Willermet (1997) posiciones antagónicas.

Son principalmente los antropólogos británicos Christopher Stringer y Peter Andrews quienes han dado forma a todo un con- junto de argumentos para enfocar la evidencia disponible –básica- mente genética y paleontológica– acerca del surgimiento del Homo

sapiens. Para esta perspectiva, cada vez más generalizada y convin-

cente, todos los humanos modernos somos de un origen africano relativamente reciente, y acabamos sustituyendo a otras humanida- des más arcaicas establecidas fuera de África.

144 Homo sapiens, evolución y trabajo-aprendizaje

Entre las pruebas que aducen están (Simmons 1994):

• La mayor variación genética y politípica (es decir de tipos físicos humanos) que hoy existe, se puede encontrar entre poblaciones africanas, mismas que han tenido más tiempo de acumular mayo- res variantes genéticas (o polimorfismos) que en cualquier otra parte del mundo.

• Hasta hoy no han sido evidenciados, fuera de África, “fósiles transicionales” o de características intermedias entre las pobla- ciones de Homo sapiens anatómicamente modernos, y las formas más primitivas, como el Homo erectus, existentes fuera del Conti- nente Negro.

• Hay evidencia de reemplazo, más o menos súbito, de poblacio- nes locales arcaicas no africanas a partir de la llegada, en momen- tos variables, de sapiens modernos. El caso más ilustrativo es la final desaparición de los neandertales de Europa con la penetra- ción de humanos modernos a ese continente hace unos 45-40 mil años.

• Los más antiguos ejemplares hoy existentes de humanos mo- dernos, han sido hallados en tierras africanas, de modo que los que les siguen en antigüedad se encuentran ya fuera del continen- te, empezando por la zona más cercana a África, es decir, Cercano Oriente.

La interrelación entre factores biológicos y culturales en el debate sobre los orígenes de los humanos modernos

(Tomado y adaptado de Zilhao & d’Errico 1999, p. 4)

Multirregionalismo:

• Las poblaciones humanas contemporáneas, geográficamente diferenciadas, son producto de continuidad evolutiva local (en Europa, Asia y África); descendientes directos de poblaciones an- cestrales de Homo erectus.

• Los neandertales habrían constituido formas sapiens arcaicas, ancestrales de los europeos contemporáneos. Éstos pues, evolu- cionaron hacia la anatomía moderna manteniendo redes de inter- cambio genético con otras poblaciones del Viejo Mundo.

• Las más tempranas expresiones del Auriñaciense en España de- muestra una transición local tanto biológica como cultural hacia el Paleolítico superior (involucrando flujo genético entre algunas zonas del Mediterráneo), y sin influencia proveniente del exterior.

Postura radical de la Hipótesis de Sustitución, del “Candelabro” o de Reemplazo (“out of Africa”):

• Los neandertales son una especie diferente de la nuestra, tal como lo demuestra la anatomía entre ambas humanidades, y es- tudios en ADN antiguo; especies con estructuras cerebrales dife- rentes que limitaron a los primeros del pleno desarrollo del pen- samiento simbólico.

• Los neandertales se extinguieron sin dejar descendencia, siendo del todo reemplazados por una especie culturalmente superior, representada por el Homo sapiens, poseedor de comportamiento plenamente simbólico.

• La cultura Chatelperroniense, tradicionalmente asociada a los neandertales (portadora de expresiones ornamentales y de con- notación simbólica), fue expresión de una mera “imitación sin comprensión” a partir de que se produjeran los primeros contac- tos con los colonizadores sapiens de Europa, y poseedores de la cultura Auriñaciense, de plena riqueza simbólica.

• Debemos descartar un desarrollo independiente de comporta- miento simbólico por parte de los neandertales, dada la absurda posibilidad de que éste haya sido alcanzado, coincidente y autó- nomamente, sólo en el momento del contacto con el Homo sapiens en su entrada inicial a Europa hace unos 40 mil años (no obstante el previo estatismo cultural de decenas de miles de años del nean- dertal).

146 Homo sapiens, evolución y trabajo-aprendizaje

Postura moderada de la Hipótesis de Sustitución o de Remplazo:

• Los neandertales pudieron haber constituido una especie dife- rente, sin embargo, sus capacidades cognitivas y culturales fue- ron comparables a las nuestras y de nuestros antepasados. • Las evidencias de la cultura Auriñaciense en ciertas partes de Europa hace probable que las expresiones del Chatelperroniense neandertal sean producto de aculturación, más que de invención propia independiente.

La genealogía entre las especies (filogenia) más cercanas a la nuestra. La última bifurcación observable correspondería al más reciente ances- tro común entre neandertales y nosotros: hace unos 750 mil años, según los hallazgos de la Sierra de Atapuerca (España) y correspondería a la especie Homo antecessor. La incógnita (?) que une a esta última con H.

sapiens parece corresponder a formas africanas de entre 400 y 200 mil

años tipificadas por la especie que ha sido llamada Homo rhodesiensis (ver cédulas). La escala de la izquierda corresponde a millones de años.

CUADRO TEMÁTICO 4

EL CASo DEL HoMBRE

DE PILTDown

Mucho se ha avanzado desde los primeros balbuceos de la ciencia de nuestros orígenes, la paleoantropología. Pero ello no sólo en sus técnicas, sino en la conciencia con que asume sus expectativas, así como la honestidad intelectual que implica reconocer la suscepti- bilidad social y psicológica de sus teorías y modelos en la compleja historia de las ideas.

Tras la efervescencia y crisis iniciales del “efecto Darwin” en la sociedad europea de la segunda mitad del siglo XIX, las primeras e impulsivas búsquedas de evidencias materiales que probaran la gran teoría darwiniana condujeron –hay que reconocerlo– a un fa- moso fraude que tardaría 40 años en ser desmantelado.

En 1912, bajo circunstancias de excavación muy inciertas y sospe- chosas, un arqueólogo aficionado de nombre Charles Dawson, halló fragmentos de un cráneo en la gravera de Piltdown, en Gran Bre- taña. Reconstruido, ese cráneo sería conocido como el Hombre de Piltdown; dándose como evidencia genuina de esa quimera llamada “eslabón perdido”. Aunque se trataba en realidad de una minuciosa falsificación, llegó a ser considerado ancestro de toda la humanidad y objeto de entusiastas estudios. Era, como se demostraría más tar- de, el cráneo de un humano relativamente reciente, con los dientes y mandíbula de un simio (posiblemente un orangután) hábilmente modificados y envejecidos para el propósito fraudulento.

Esta historia tiene una enseñanza. Aparecido en Inglaterra y con cerebro tan grande como el de sus descubridores (no obstante y presentara extraños rasgos simiescos), ese hallazgo “ajustaba bien” con dos expectativas ideológicas de la época (aunque no tan ajenas al presente después de todo); expectativas muy interesantes desde la perspectiva social e histórica de las ciencias: que el hombre ori- ginario (porque además era un macho) había sido “bendecido” por la luz de la razón y el espíritu desde el comienzo de los tiempos, tal como testimoniaba su gran cerebro. Pero, además, que había surgi- do en Europa (mejor aún, ¡era inglés!).

148 Homo sapiens, evolución y trabajo-aprendizaje

Fueron pruebas anatómicas y de fechamiento realmente rigurosas las que no pudo soportar el fraude de Piltdown, trabajos de des- falsificación debidos a Kenneth Oakley, J. S. Wiener y Wilfrid E. Le Gros Clark en 1953. (Véase: Howell, F. Clark 1971, pp. 24-25). Nuestros orígenes, hoy lo sabemos, no están en Europa: todos provenimos de una relativamente pequeña población africana (pa- rece ser que no mayor a los 10 mil individuos) de entre hace unos 200 y 150 mil años. Por su parte, el largo camino de la hominización no comenzó con un gran cerebro, sino andando en dos patas.

Cédulas de algunos

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