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Bias, endogeneity, weak instruments, and solutions

Identificar el concepto de formación presente en los diferentes momentos históricos, es importante para comprender su evolución. Un referente importante es el recorrido que realiza Bohórquez (2008) en su Tesis Doctoral, en la que presenta una revisión teórica del concepto sobre formación, desde diferentes autores, enfoques, contextos en los que surge, sin pretender ser una revisión exhaustiva, precisa la pluralidad de pensamientos sobre formación, que se complementarán con algunos referentes adicionales.

En el contexto de Alemania se puede encontrar primero la bildung –la humánitas que se traduce como formación para unos y como cultura para otros, en todo caso fue un referente conceptual histórico para el progreso de la cultura y la pedagogía alemana, asociado a los términos geist (espíritu) y freiheit (libertad), al conspirar que la acción formativa asume al “ser humano como poseedor de un potencial emancipador (capaz de autoemanciparse, de liberarse) y capaz de tomar decisiones autónomamente, de ser racional. Por ello la formación (Bildung)

consiste en el logro de la emancipación y la autonomía, es decir en la realización de la libertad, Gutiérrez y Zuloaga, (Como se cita en Gimeno 543).

Después en el Siglo XVIII –XIX se sitúa la idea de la construcción consciente de un individuo que aspira alcanzar un nivel superior de humanidad mediante el conocimiento y el tratamiento de las artes; admite el perfeccionamiento del altruismo para la humanización pública del ser en las diferentes dimensiones éticas y estéticas, que se reconoce como la bildung neohumanista, según Hegel y otros (1966); en este mismo sentido Gottler (1953 como se cita en Ipland, 1998, p.77) propone un concepto de formación que reclamaba una mayor comprensión de lo humano desde la redimensión de la formación, opacados por reduccionismos de carácter educativo; mientras que Dilthley (1914 como se cita en Ipland, 1998, p. 76) rescataba la idea de formación como la capacidad de comprenderse a sí mismo y a la vez al mundo. Por su parte, Gadamer (1993) propone que se trata de entender la formación como el encuentro consigo mismo, el repensar de las acciones humanas, desde la relación con el entorno como proceso de interacción para la adquisición de la cultura, por eso Bohórquez (2008), sitúa a Gadamer (1977- 1984) en un enfoque hermenéutico desde el cual conceptualiza la formación como:

Trayectoria dialéctica del hombre que lo hace autónomo y lo transforma permanentemente, dándole sentido y madurez al distanciarlo de lo inmediato, privado y personal. Proceso interior de auto-conocimiento que lo abre al otro, a la comunidad y a la historia, suspendiendo todo prejuicio y asumiendo el conocimiento sin dogmatismos (p 115).

Otro concepto sobre formación que retoma Bohórquez (2008) en el contexto de Norte América a principios del siglo XX, es el propuesto por Dewey (1971):

Que entiende la formación como la única base verdadera de la conducta humana moral, porque da forma al carácter, es decir, desarrolla un conjunto de hábitos y valores que permita a la persona realizarse plenamente. Para aprender los individuos necesitan ser involucrados en lo que están aprendiendo, a través de experiencias, que deben ser relevantes para los involucrados, el aprendizaje debe facilitar, a quienes aprenden, su preparación para vivir en un mundo cambiante y en evolución, desde un enfoque de la filosofía y psicología del pragmatismo (p.115).

En este mismo contexto pero a finales del siglo XX Bohórquez (2008) ubica a Schön (1992) quien desde la teoría del pensamiento y aprendizaje profesional, entiende la formación como el acto reflexivo desde la acción, que explica desde la capacidad de las personas para reflexionar sobre lo que hacen, frecuentemente durante la misma acción, también hace referencia a la escuela a perpetuidad, inscrita en su contexto histórico y cultural.

También, a finales del siglo XX Bohórquez (2008) sitúa en el contexto de Norte América, a Bruner (1991-2002), quien desde un enfoque de psicología hermenéutica cultural, comprende la formación como los actos humanos con significado porque son modelados por las intenciones de cada individuo, al interactuar con otros en los sistemas simbólicos de la cultura, que se crean a través del lenguaje, por tanto, “todo significado surge en la medida que sea público y comunicado, la vida cultural depende de significados y conceptos compartidos, que son negociados y reinterpretados continuamente en la vida cotidiana” (p.116).

Para esta investigación también es significativo el concepto sobre formación propuesto por Freire 1997) desde el enfoque de la pedagogía crítica, en el contexto de Brasil en la segunda mitad del siglo XX, que implica el acto de preguntarse, asombrarse, asumirse en ruptura y riesgo permanente, que invita tanto a la autoformación, entendida como el respeto de nuestras limitaciones, perplejidades y equívocos, en el “encuentro con los hombres para la tarea común de saber y actuar desde el diálogo que implica el pensar crítico” Freire, (2006, p.109-112). Se entiende la formación desde una mayor comprensión de lo humano, que se concibe inconcluso,

“en permanente movimiento tras la búsqueda de ser más, que no puede realizarse en aislamiento sino en comunión” (p.100).

En Bohórquez (2008) se encuentra el concepto sobre formación propuesto a finales del siglo XX en Chile, por Maturana (1984-1990-2002) desde un enfoque identificado como biología del conocimiento-matriztica, que entiende la formación como:

Desarrollo como persona capaz del ser-co-creador con otros de un espacio humano de convivencia social deseable que permita capacitar mediante libertad reflexiva, confianza, creatividad, responsabilidad y respeto, integrando haceres se constituye en el entrelazamiento de lo emocional con lo racional, nos permite surgir (formarnos) en igualdad de oportunidades como resultado de una convivencia fundada en la biología del amar, viviendo en la autonomía individual del mutuo respeto y la colaboración (p.116).

Finalmente en el contexto colombiano en el siglo XXI, Bohórquez (2008), destaca, a Gutiérrez y Perafán (2002-2003) que desde una teoría curricular reconocen la formación como el “propósito central de la educación y eje de toda propuesta curricular. Surge como recuperación de acciones que se dan en lo cotidiano y lo institucional. Involucra a todos los protagonistas del proceso educativo, profesores, estudiantes, administrativos y comunidad. Puede ser promovida o interferida, pero no transferida, impuesta o impedida” (p.116).