5. Measure Preserving Dynamics
7.5. Bibliographical Notes.
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La globalización está redefiniendo el estatus mismo de la creación y nuestra forma de entenderla. Las grandes empresas como Monsanto pi- ratean y patentan las cualidades de antiguas variedades indias de trigo y se erigen así en «creadoras» e «inventoras» de plantas. Otras compañías, como Suez, Vivendi y Coca-Cola, definen el agua de los ríos y de las corrien- tes subterráneas como materia prima «sin rratar», pero, una vez la enva- san y la venden, la consideran un producto propio. Así pues, el'patriar- cado capitalista clasifica la creación y la naturaleza como materia prima, pero considera creaciones propias los actos de dominación, destrucción y explotación que comete. En el terreno de la ciencia y la tecnología, este mito patriarcal de creación ha conducido al establecimiento de pa- tentes sobre la vida y de leyes como el acuerdo sobre los ADPIC de la OMC. En la esfera económica, los valores patriarcales han llevado a la destrucción de las economías domésticas y locales, así como a la de ecosistemas enteros. Tal destrucción se cuenta, sin embargo, como «cre- cimiento». Convertir a una persona en-prescindíble se interpreta como una forma de liberación.
Lo que sucedió en la guerra de Irak fue destrucción. Aun así, se hace referencia a ello como si fuera una reconstrucción. Se mató a personas inocentes; miles de años de la historia de la civilización quedaron des- truidos y borrados para siempre y, a pesar de ello, Jay Gamer fel general estadounidense retirado nombrado unilateralmente como jefe de la Ofi- cina de Reconstrucción y Asistencia Humanitaria) siguió hablando del nacimiento de un nuevo sistema en aquel país.
Las bombas no provocan el «nacimiento» de una sociedad. Aniqui- lan la vida. De la destrucción del legado histórico y cultural de antiguas civilizaciones no «nacen» sociedades nuevas. Puede que esa destrucción del patrimonio histórico iraquí fuese únicamente necesaria, en. realidad, para mantener la «ilusión» de nacimiento de una nueva sociedad.
Quizá ios dirigentes estadounidenses no perciben semejantes viola- ciones porque su propia sociedad se construyó sobre el genocidio de los nativos americanos. La aniquilación del otro parece ser considerada algo natural por quienes controlan el poder en la única superpolencia mun- dial. Quizá percibir la destrucción deliberada de una civilización y de mi- llares de vidas inocentes como un proceso de nacimiento se corresponda con la «ilusión» de creación típica del patriarcado occidental. Esa ilusión confunde destrucción con creación y aniquilación con nacimiento. Esa misma ilusión caracteriza al capital y a las máquinas (incluidas las de guerra) como fuentes de creación, y a la naturaleza y a las sociedades huma-
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ñas (especialmente, las no occidentales) como entes muertos, inertes y pasivos, o incluso peligrosos y caníbales. Semejante cosmovisión es la que crea la «carga del hombre blanco» (es decir, el deber que éste se atribuye para sí de liberación de la naturaleza y de nuestras sociedades) y la que concibe tal «liberación» como el nacimiento de la liberlad.
Las religiones que reconocen la integridad de la creación y el carác- ter sagrado de la vida constituyen un foco de resistencia frente a esa des- trucción. Y mientras que los hombres en el poder retiefinen la religión en términos integrístas y en apoyo del fundamentalismo del mercado, las mujeres de culturas diversas movilizan su fe, su espiritualidad y su poder para proteger la Tierra y la vida que hay en ella. Pese a estar sometidas a la doble carga del patriarcado religioso y del capitalista, las mujeres se están destacando como líderes y guardianas de las culturas, las econo- mías y las políticas centradas en la vida. Las mujeres encabezan los mo- vimientos de defensa del agua. Las mujeres encabezan los movimientos de defensa de la biodiversidad. Las mujeres encabezan los movimientos de reivindicación de los derechos alimentarios. Superando su margina- ción, se esián erigiendo en guardianas de la vida y del futuro.
Las agricultoras, por ejemplo, han guardado y criado semillas duran- te milenios. El basmati es una de las 100.000 variedades de arroz desarro- lladas por los agricultores y las agricultoras indias. La diversidad y la per- manencia son principios fundamentales de nuestra cultura de la semilla. En la India central, al iniciarse la temporada agrícola, los campesinos y las campesinas se reúnen ante la deidad de la localidad, se hacen ofrendas de sus variedades de arroz y, luego, comparten la simiente. Esta fes- tividad anual del Akti renueva el deber de guardar y compartir semillas entre las comunidades agrícolas. Sirve así para fundar un pacto de cola- boración entre los cultivadores, y entre éstos y la tierra.
La desigualdad de género y la exclusión de la mujer y su conversión en algo prescindible tienen su origen en unos sistemas de patriarcado or- ganizados a través de.la.religión o de unos entramados económicos y po- líticos. La separación con respecto a la vida y a los procesos vivos permi- ten el predominio de los sistemas «antivida». Para que exista igualdad de género, es nece-sario ver a las mujeres en su plena humanidad: como pro- ductoras y creadoras,¡como custodias de la cultura, como decisoras polí- ticas, como seres espirituales. La plena humanidad de la mujer se con- vierte entonces en la fuerza curadora que puede romper los círculos viciosos de violencia que surgen de tratar la inhumanidad del hombre como si fuera el baremo con el que se mide quién es humano y quién no
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lo es, de tratar la codicia como el principio organizador de la economía, de tratar el genocidio y el suicidio como expresiones del fervor religioso. Tras las filosofías exclusivistas de la ideología fundamentalista del merca- do y de las ideologías religiosas se oculta la polarización de la identidad. En la filosofía india, pensamos en términos de sb-hum: «Tú eres, luego yo soy». Los integrismos, sin embargo, funcionan sobre la base de la creen- cia contraría: «Si tú eres, yo no soy» o «Mí existencia depende de tu ani¬ quilación». El choque de civilizaciones de Samuel Huntington está fundado sobre ese paradigma de exclusión mutua, que es también, por consiguien- te, de exterminio mutuo: «Para los pueblos que buscan su identidad y reínventan la etnicidad, los enemigos son esenciales».'2
Las mujeres se están negando a formar parte de esta cultura ele odio y violencia. Ellas muestran con sus vidas que el amor y la compasión, compartir y dar, no sólo son cualidades humanas posibles, sino que cons- tituyen cualidades necesarias para que seamos humanos.
Los patriarcados han creado un modelo de lo que significa «ser hu- manos» caracterizado, en realidad, por unos rasgos inhumanos, violentos, codiciosos, explotadores y destructivos. Las mujeres lo están redefmiendo y están fundando el hecho de ser humanos sobre unas características bien distintas, como son la capacidad de preocuparse por ios demás y de com- partir, de amar y de proteger, de ser guardianes y no dueños de los dones .de la naturaleza, y de buscar la fuerza y la seguridad en la diversidad, y no en las monoculturas opresivas. Las que el patriarcado ha definido siempre como fuentes de debilidad son, en realidad, las fuentes de la fortaleza. Y los elementos de pseudofuerza proclamados por el patriarcado, basados en la violencia y la dominación, tienen en realidad sus raíces en la debili- dad provocada por la separación y los alineamientos, por el miedo a los otros y a las libertades y la soberanía de esos otros. Hoy en día, somos tes- tigos de la peor de las violencias, pero también estamos reinventando la no violencia y estamos hallando en nosotros y en nosotras una nueva valentía para defender la vida, incluida ¡a nuestra.
En 1997, Jean Grosshlrz (del Mt. Holyoke College), Christine von Weisacker (de Alemania), Beth Bnrrows (del Instituto Edmonds) y yo decidimos unirnos para formar Diverse Women lor Diversity, y para rei- vindicar el futuro de todos los seres declaramos lo siguiente:
5 2 . Samuel P . Huntington, TheClash aj' Civiliza tionsand the Kemaking of World Qr- der, Londres, Simón &. Schuster, 1997, pág.20(trad. cast,: El choque de civilizaciones y la reainfiguración del orden mundial, Barcelona, Paidós, 2005, pág. 20).
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Las mujeres, desde nuestra vibrante y fabulosa diversidad, hemos sido testigos de la creciente agresión cometida contra el espíritu, la mente y el cuerpo humanos, y de la invasión y el asalto continuados contra la Tierra y sus especies diversas.
Exigimos a los gobiernos, a ios organismos internacionales, a las em- presas transnacionales y a los hombres que, a título individual, comparten nuestra indignación que solucionen la crisis causada por la creación de monocultivos/monoculturas y por la reducción, el cercamiento y la extin- ción de la diversidad biológica y cultural.
Debemos insistir en que quienes afronten la crisis deben escuchar y aceptarla iniciativa y el Itderazgode las mujeres, los pueblos indígenas, los agricultores y todas y todos los que han planteado estas cuestiones a nivel local. Les pedimos que oigan a aquellas y a aquellos cuya sabiduría, admi- nistración, saber y compromiso han quedado ya demostrados por ser res- ponsables de la preservación de la diversidad de la que aún gozamos en la actualidad.
El término «globalización» tierre dos .significados distintos. Puede referirse a nuestra humanidad universal, a una serie de culturas de com- pasión y solidaridad, a nuestra identidad común como ciudadanos y ciudadanas de la Tierra. Yo llamo a esa globalización Democracia d é la Tierra. El significado y la forma de globalización que todavía predomi- nan actualmente, sin embargo, son los de la globalización económica o empresarial. Se trata, en este caso, de la globalización del patriarcado capitalista, en la que todo es mercancía, todo está en venta y el único va- lor de cualquier cosa es el precio que puede alcanzar en el mercado glo- bal. Todos los demás valores quedan simplemente reducidos a barreras «arancelarias y no arancelarias» ai comercio. Los valores no comercia- les (y las vidas y las culturas que se sustentan sobre ellos) quedan ex- cluidos.
Tal y como Walt Martin y Magda Ott escriben en Albert Schweitzer: Keverence for Life:
La unidad en la diversidad y la diversidad en la unidad son el estado natural de la vida. Somos todos interdependientes —plantas, animales, personas— y para mantenernos saludables necesitamos la delicada interre- lación entre estas diversas expresiones de la vida. Esta interdependencia natural de la especie humana no es la de la «globalización» artificial im- puesta por los pocos sobre los muchos, sino que procede del pueblo, es orgánica y básica en nuestras vidas, y se origina cuando constatamos en lo más hondo que la vida es universal. Queremos vivir; concretamente, que-
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remos «vivir en medio de la demás vida que también quiere vivir», por uti- lizar la sucinta expresión de Schweitzer.11
La irreprimible'ansia de vivir y de gozar de la diversidad de la vida cons- tituye la base para la creación de culturas vivas. Estas nutren la vida; no di- funden la muerte, ni la destrucción, ni el miedo, ni la inseguridad. Las cul- turas vivas se desarrollan a partir de nuestra conexión con el conjunto de la vida. Las culturas, en general, se basan en la identidad. La globalización em- presarial y el fundamentalismo, sin embargo, reducen y manipulan nuestras identidades. Como parte del universo que somos, tenemos una identidad universal. Como parte de la familia de la Tierra que formamos, somos ciu- dadanos y ciudadanas de est/planeta y tenemos identidades terrestres que son tanto la identidad particular de un lugar determinado como la identidad planetaria global. Como parte constitutiva que somos de nuestros países respectivos, tenemos una ciudadanía. Como miembros de comunidades, te- nemos múltiples identidades comunitarias (según lo que hacemos, lo que comemos, lo que vestimos, lo que hablamos). Todas estas identidades múl- tiples y diversas configuran nuestro sentido del yo y de quiénes somos. Y to- das estas diversidades no son incompatibles con nuestra humanidad co¬ ,. mún. AI contrario, sin diversidad, carecemos de-humanidad.-
Las culturas vivas son culturas de vida, que se basan en la veneración y el respeto por toda vida: la de mujeres y hombres, la de ricos y pobres, la de blancos y negros, la de cristianos y musulmanes, la de seres huma- nos y no humanos.
La veneración por la vida se basa en la compasión y la preocupación por el otro, en el reconocimiento y la autonomía del otro como sujeto y en la concíeneia de que dependemos mutuamente de los demás para nuestro sustento, para la paz, para la alegría,
El 15 de febrero de 2003, millones de personas de todo el mundo se manifestaron a favor de la paz, pero lo hicieron también a favor de la so- lidaridad (y contra la dominación) como elemento básico de la seguridad y la libertad humanas.
La libertad de laque se.goza-enlas culturas vivas se basa en la interco- nexión y-la interdependencia. La Declaración de Interdependencia patro- cinada por la Democracy Collaborative (la «Colaboradora Democrática») es una expresión de ese movimiento emergente por la paz fundamentado 33. Wak Martin y Magda Ott, Alkert Scbweitzer-Rcverence for Life, manuscrito sin publicar, pág. 3.
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sobre la p r o t e c c i ó n de nuesrras d i v e r s i d a d e s y de n u e s t r a c o m u n i d a d h u - mana.
DECLARACIÓN DE INTERDEPENDENCIA
Nosotras, las personas del mundo, declaramos por la presente nuestra interdependencia en cuanto individuos y miembros de comunidades y na- ciones distintas. Nos declaramos ciudadanos y ciudadanas de un solo Civ- W o r l d , cívico, civil y civilizado. Sin menoscabo de los bienes y los intere- ses propios de nuestras identidades nacionales y regionales, reconocemos nuestra responsabilidad pura con l ó s bienes y las libertades comunes de la humanidad en su conjunto.
Por consiguiente, nos comprometemos a mihajar, tanto directamente como a través de las naciones y las comunidades de L i s que t a m b i é n somos ciudadanos y ciudadanas:
— para garantizar la justicia y la igualdad para todos y todas estable- ciendo y afirmando los derechos humanos de todas las personas del pla- neta, a s e g u r á n d o n o s de que aquellos de nosotros que tienen menos dis- fruten de las mismas libertades que los m á s destacados y poderosos;
— para forjar un medio ambiente global seguro y sostenible para todos y rodas — c o n d i c i ó n imprescindible para la supervivencia humana— cos- teado por los diversos pueblos s e g ú n su peso proporcional actual en la ri- queza mundial;
— para dispensar a los niños y Las niñas, nuestro futuro humano c o m ú n , una a t e n c i ó n y una p r o t e c c i ó n especiales a la hora de distribuir nuestros bienes comunes, sobre todo aquellos de los que más dependen la salud y la e d u c a c i ó n ;
— para establecer formas d e m o c r á t i c a s de gobernanza civil y legal global que garanticen nuestros derechos comunes y materialicen nuestros fines compartidos;
— para promover políticas e instituciones democráticas que expresen y protejan nuestros elementos comunes como humanos y, al mismo tiempo, — para potenciar espacios libres en ¡ o s que puedan florecer nuestras identidades religiosas, é t n i c a s y culturales diferenciadas, y en los que po- damos vivir nuestras vidas {valoradas todas y cada una de ellas por igual) con dignidad y p r o t e g í Jas de toda clase de h e g e m o n í a política, e c o n ó m i - ca y cultural.1 4
34. <http://www.civworld.org/rleclaration.cfiu>.
C a p í t u l o 4
L A D E M O C R A C I A D E L A T1EKKA E N A C C I Ó N
Durante las últimas tres décadas, desde la defensa de esa familia ex- tendida mía que es la familia de la Tierra, he trabajado como ciudadana dc- este planeta perla formación de una Democracia de la Tierra. He procu- rado combinar el conocimiento con la acción; me he esforzado por co- nectar lo local con lo global. Trascendiendo las divisiones, estamos crean- do colectivamente nuevas posibilidades y generando un mundo de la posglobalización. Yo he optado por dedicar mis energías a la materiali- zación de la Democracia de la Tierra en ámbitos vitales para la supervi- vencia. De ahí que me centre especialmente en las semillas, los alimentos y el agua. A través de esta Democracia de la Tierra en acción, reivindica- mos las libertades y los derechos de todas las personas y de todos los se- res. Con nuestras acciones diarias en aspectos cotidianos, estamos crean- do economías vivas, democracias vivas y culturas vivas. La diversidad, las alianzas, la cooperación y la persistencia son nuestros puntos fuertes. El servicio, el apoyo y la solidaridad son nuestros medios. La justicia, la l i - bertad humana, la dignidad y la supervivencia ecológica son nuestros fi- nes. Reclamamos la recuperación de un mundo que se halla al borde del precipicio. Emprendemos la acción no desde la arrogancia y la certeza, sino con humildad e incertidumbre. Lo que importa es lo que damos y no nuestro éxito-personal. Pero en ese ejercicio altruista de dar, también va- mos obteniendo victorias. Y gracias a esas acciones cotidianas, vamos re- tejiendo la red de la vida.
E L BIJA S^'ARAJ: L A R E I V I N D I C A C I Ó N DE I . A D E M O C R A C I A