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Aunque diversas, las sensaciones del tiempo de lo no cotidiano, explicitadas en la voz del narrador y la de los personajes, tienden a describir aspectos propios de la dilatación. Podría decirse que en esa tendencia se describen principalmente cuatro aspectos propios de la

dilatación estrechamente ligados entre sí; casi cuatro maneras diferentes de referirse a lo mismo (que trataré a continuación): un pasado que se lleva dentro hasta el presente, un instante que incluye en sí a todos los demás instantes que le anteceden, un pasado incluido en el presente y una recreación del tiempo que posibilita una mayor comprensión histórica de lo sucedido. Pues como fue expuesto en el segundo capítulo de esta tesis, la comprensión histórica se daría a través de la comprensión de lo sucedido, de las relaciones entre lo sucedido, de las interpretaciones de lo sucedido, y en ese sentido presentar unos hechos, personajes y pensamientos dentro de una historia, es de por sí una explicación de lo sucedido.

En lo que respecta al pasado que se lleva dentro hasta el presente, las alusiones en la novela son constantes y se extienden a lo largo de los 30 capítulos; pero la primera ocasión en la que tiene lugar una de ellas es en una conversación adelantada por fray Alberto, Anselmo y José Ignacio:

Mientras hablan está en juego un presente inmediato que se exterioriza y un pasado insondable que cada uno lleva dentro cuyo peso no advierten en ese presente y hasta un futuro que no interesa porque sólo existe el instante (García Ponce, 2001, 52)

Aunque la conversación es sostenida por tres personajes, el comentario proviene de la voz narrativa. En esta cita intenta hacerle evidente al lector que si bien lo que se desarrolla es una conversación cotidiana, en realidad bajo ella está la configuración de la profundidad de cada uno de los participantes, quienes poseen dentro de sí una historia, unos hechos vividos, sufridos o gozados, y que son los impulsores de que sus

palabras, en cada intervención en la conversación, sean esas y no otras. Adicionalmente, este pasado que alberga dentro de sí cada uno de los personajes, y que se exterioriza en el presente, es uno de los aportes más claros a la estructura del instante dilatado en la novela, porque es precisamente la inclusión de elementos del pasado, en el presente, lo que constituye a la dilatación en sí misma.

Es como si en la escena de la conversación estuvieran contenidos dos planos, uno que corresponde al deslizarse del tiempo presente – linealmente– (determinado por la naturaleza lineal del lenguaje en la conversación29) y otro en el que lo que se materializa en el instante del

presente es el pasado que lo ha antecedido y que lo dota de la profundidad de la carga semántica.

Figura 1. El pasado contenido en el presente

29 Ver apartado 1 del capítulo 2. Experiencias pasadas de los personajes Futuro posibilitado Instante de la conversación

En la figura 1, el paso lineal del tiempo determinará la manera en que materialmente se desarrolla la conversación y en la cita corresponde a la frase: “mientras hablan está en juego un presente inmediato que se exterioriza”. En el triángulo izquierdo de la figura se representa el pasado que cada uno de los personajes lleva dentro y que converge en el instante en el que se da la conversación: instante que, dentro de sí, contiene todo lo sucedido y que es determinante en lo que cada uno de los personajes es. En el triángulo derecho de la figura se representa el futuro posibilitado posterior a la conversación, o sea, la multiplicidad de opciones que se han habilitado para estos personajes, a partir de su pasado, de su presente y del mundo en el que se encuentran.

En lo que respecta a un instante que incluye dentro de sí a los que le anteceden, se encuentran dos citas cruciales en la novela:

Un instante, sólo un instante; pero el instante persiste. ‘La primera vez que te vi estabas a punto de morder un sándwich. Traías tu falda gris y tu suéter color ladrillo’ (…) (García Ponce, 2001, 178)

Y,

Basta con agarrar un hilo en cualquier parte para que se muestre el tejido entero. Siempre y cuando se trate del pasado (García Ponce, 2001, 367)

En la primera cita, el presente desde el que José Ignacio habla, recoge todos los instantes relacionados con haber conocido a la que es su mujer: el instante en que la conoció ha persistido y ha sido enriquecido por los demás momentos agrupados alrededor del suceso del encuentro de ellos dos. Dicho de otro modo, el instante único en el que se conocieron se convierte en todos y en el mismo, pues ese instante nunca ha dejado de

ser, a pesar del “paso del tiempo”, y se mantiene intacto y enriquecido por otros instantes que simplemente lo confirman.

La segunda cita parece una reescritura de la primera en tanto se construye la imagen de que un instante es a la vez el mismo y otros. Esto porque existe algo esencial en el instante que persiste, que se queda y hace parte de una dilatación en la que se encuentran todos reunidos. Si esta imagen se viera no desde un fragmento de la novela sino desde la novela completa, podría decirse que el instante de la Matanza de Tlatelolco se ha dilatado convirtiéndose en el hilo que atraviesa la historia y que cualquier parte que se “agarre” de ese hilo revelará lo que converge en la matanza.

En lo que respecta al pasado incluido en el presente, las alusiones son directas en la novela, a través de la voz narrativa. En el capítulo séptimo, titulado “Noche de fiesta”, el narrador del suceso insiste en cómo ese pasado está incluido en el presente, en la mayoría de las ocasiones encerrado en una personalidad en la que sus gestos externos revelan lo que ha sido vivido. Por ejemplo:

(…) Se hace evidente entre él y María Inés y Cristina cada que se hablan, poniendo en el presente un pasado que no está perdido, porque María Inés también lo tiene en cuenta y está presente incluso cuando los tres salen, como a veces ocurre (…) (García Ponce, 2001, 290)

En este caso, la manera de actuar de María Inés revela algo más allá que su simple proceder determinado por la circunstancia inmediata del presente; lo que se revela es algo que ella desde el pasado es o tiene y que es traído al presente y lo complementa. Esta herramienta es, otra vez, parte de la dilatación en la novela, pues encerrando en el personaje

un pasado que actúa en el presente, ese pasado se conecta al presente, se hace de los dos momentos uno solo.

Otra de las citas en las que se alude al pasado incluido en el presente, parte de la voz narrativa del capítulo quince, titulado “El deporte y la cultura”. En este, el relato que ha empezado con unos hilos al parecer muy sueltos o independientes empieza a evidenciar un tejido estrecho; es decir, los personajes, los lugares, las circunstancias, los diversos grupos sociales, entre otros, han empezado a acercarse e influirse de manera directa en las posibilidades de futuro de la historia. De modo que en este capítulo, Esteban ya hace parte del Comité del Festival Mundial de la Juventud, motivo por el cual asistirá al mitin en el que morirá Mariana (y Anselmo); y es precisamente de esos dos personajes de los que se trata la cita en la que el pasado está en el presente:

Era sólo un presente; pero llevaba consigo su pasado y Esteban lo quería también como quería cada uno de los gestos y actitudes que no comprobaban nada y hacían inagotable la necesidad de contemplación a través de la posibilidad de sorprenderla (García Ponce, 2001, 671)

La alusión es directa y clara. Lo más interesante es que se convierte en una de las citas que, distribuidas a lo largo de la novela, exponen reiterativamente que los personajes tienen un sensación del tiempo desde lo no cotidiano, y que desde esa sensación se sabe que tienen dentro de sí un pasado que son capaces de estirar, de dilatar hasta el presente en el que actúan. Para el instante dilatado de la matanza, lo sucedido es lo mismo, como veremos en el análisis desarrollado en el apartado dos de este capítulo, los personajes contienen dentro de sí un pasado que los configura, que los dota de unas visiones particulares de vida y un

proceder específico, dentro del mundo puntual en el que se encuentran; pasado que es llevado al presente en el instante brevísimo de la matanza.

Por último, frente a las sensaciones del tiempo de lo no cotidiano, en lo que respecta a una recreación del tiempo que posibilita una mayor comprensión histórica de lo sucedido, la primera alusión es la siguiente:

Parece imposible, pero toda la pesantez de un grave momento histórico se hace manifiesta en sólo esas dos figuras: el presente con una interesada fe en el futuro; el presente que no quiere más que volver al pasado. Esteban tan sólo se ha dejado guiar. No sabe, tampoco le interesa saber, al encuentro de qué va. (García Ponce, 2001, 278)

Esta cita es clave puesto que expone la idea de que el reconocimiento de toda la magnitud semántica de un momento (pesantez) depende de las conexiones temporales que se establecen con dicho momento; estas serían, un presente que expecta el futuro y un presente que a la vez no quiere más que volver al pasado, más que ser el pasado. Así la comprensión de la pesantez del grave momento histórico, se resuelve muy bien en la dilatación, pues en ella se encierra el pasado que el presente quiere retomar y se expecta el futuro que sigue a dicho presente. En el caso de la novela, la comprensión histórica del momento de la matanza se posibilita a partir de la dilatación del instante de la misma, instante en el que se recoge el pasado al que se quiere volver (pasado en el que estaban vivos Mariana y Anselmo) y en el que se manifiesta una fe en el futuro, claramente consignada en el último capítulo de la novela en el que aparece una frase reiterativa: “No obstante, empero y sin embargo, no obstante”30 como única respuesta posible al

cierre de la posibilidades que impone la muerte.

Otra de las citas en las que se confirma una recreación del tiempo que posibilita una mayor comprensión histórica de lo sucedido, es la siguiente:

Todo el mundo conoce la decisiva importancia del simple hecho de que haya un día siguiente tiene para la historia personal, pero tiende a pasar por alto o ignorar la no menos decisiva importancia que un enunciado tan sencillo encierra para la indispensable continuidad de la historia universal, pues sin un día siguiente sería imposible reconstruirla como una unidad dentro de todas sus imprevisibles variaciones. (García Ponce, 2001, 470)

Es el narrador el encargado de hacer visible este pensamiento, a través del cual se confirma una nueva sensación no cotidiana del tiempo, la continuidad de los días es el elemento indispensable para reconstruir la historia de lo sucedido. Por ello, la dilatación del instante en su contener dentro de sí los días pasados y el instante presente –de la matanza, por ejemplo– implica la posibilidad de comprensión de la historia, es decir, del peso histórico de un momento –la matanza– que, si estuviera aislado, sin los días que le han precedido, encerraría una significación que nadie comprendería, pues en el recuento de los días pasado se encuentran hechos, interpretaciones y relaciones frente a lo sucedido.

Lo anterior, se encuentra, por supuesto, anudado a otros elementos que van dándole consistencia a la dilatación y que irán siendo presentados en los siguientes apartados.

4.2 El mundo en el que se dilata el instante (función

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