La santa Escritura del Antiguo Testamento es texto paradigmátoico y es pedagogía humano- divina. Por eso ni la praxis de fe de los terceros mundos, ni su teologización correspondiente, han hecho jamás un rodeo para no pasar por ella. Todo lo contrario, la han tenido como esencial referencia e imprescindible mediación práxica, teológica y pastoral. Más aún el ser y la dinámica propia del Antiguo Testamento pueden explicar muchísimos de los rasgos característicos del caminar teológico y pastoral de los pobres del tercer mundo.
8.1. EL TEXTO PARADIGMÁTICO Y LA MEDIACIÓN PRÁXICA
El asunto primero de los terceros mundos no ha sido la teología, sino el servicio a hombres y mujeres para su liberación presente y trascendente, para su dignificación y liberación. Lo primero es el hombre, la teología sólo viene después.
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No puede extrañar entonces que la praxis cristiana de liberación política, económica y cultural en que están empeñados tantos y tantos hombres y mujeres haya hecho recurso mediacional al testimonio de las históricas liberaciones realizadas por Dios en la historia de salvación y de revelación de su pueblo Israel.
Y porque la liberación del éxodo es como el prototipo y el sacramento de las liberaciones, la praxis liberadora de los cristianos, desde su fe en el Señor, ha recibido del Exodo aliento e inspiración. No porque el Exodo sea simplemente prototipo de una liberación terrena, política y horizontal, sino porque esa dimensión, sin ser la más importante, es la más urgente, la inaplazable, la ineludible. Es la dimensión que puede salvar al discurso religioso espiritualista de su posible cinismo en un pueblo de cautivos, subyugados, depauperizados y avasallados.
Con plena razón la Congregación de la Fe registró la centralidad del éxodo en las teologías de tercer mundo, al momento de manifestar sus temores sobre ellas: "Las teologías de la liberación»
tienen en cuenta ampliamente la narración del Exodo. En efecto, este constituye el acontecimiento fundamental en la formación del pueblo elegido. Es la liberación de la dominación extranjera y de la esclavitud. Se considera que la significación específica del acontecimiento le viene de su finalidad, pues esta liberación esta ordenada a la fundación del pueblo de Dios, y al culto de la Alianza celebrado en el Monte Sinai. Por eso la liberación del Exodo no puede referirse a una liberación de naturaleza principal y exclusivamente política. Por otra parte es signifcativo que el término liberación sea a veces reemplazado en la Escritura por el otro, muy cercano, de redención.
El episodio que originó el Exodo jamás se borrará de la memoria de Israel. A él se hace referencia cuando, después de la ruina de Jerusalén y el Exilio de Babilonia, se vive en la esperanza de una nueva liberación, y más allá, en la espera de una liberación definitiva. En esta experiencia, Dios es reconocido como el Liberador. Él sellará con su Pueblo una nueva Alianza, marcada con el don de su Espíritu y la conversión de los corazones 67
Sin embargo, el éxodo no es la sola ni es la única mediación práxica del Antiguo Testamento para las teologías de la liberación. Por su ejemplaridad y su guía pedagógica, el Antiguo Testamento es para la praxis de los terceros mundos un paradigma del hacer histórica nuestra confesión de fe:
Por juntar lo que el Señor quiere ser para nosotros con nuestra liberación de las opresiones, cautividades y esclavitudes.
Por conocer al Señor, no en la mediación de la teoría, sino por la realización de su Palabra salvadora y liberadora en nuestra propia historia.
Por descubrir su conducción, en luchas desiguales, hasta la conformación de un pueblo que le sirva; pueblo en el sentido de forma asociativa organizada, con sus correspondientes estructuras religiosas, políticas y sociales para la convivencia en la justicia con arreglo al derecho.
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Congregación para la Doctrina de la Fe, Instrucción sobre algunos Aspectos de la Teología de la Liberación, nn 3.4
Por compulsar en el corazón de Dios el puesto que ahí tiene el pobre, el huérfano y la viuda como prototipos de la marginalidad y del olvido.
Por denunciar proféticamente los desmanes del poder, del culto falso y de la piedad ahistórica.
Por rescatar la esencial dimensión de la religión verdadera que es, en la tradición del yahwismo más puro, romper las cadenas, liberar al oprimido y sentir compasión por su propia carne.
8.2. EL TEXTO PARADIMÁTICO Y LA MEDIACIÓN TEOLÓGICA
Tras la praxis histórica y referida a ella, en el momento segundo está la lectura creyente en el horizonte de la revelación y de la fe y la correspondiente producción teológica. Entonces el texto de tradición de Israel vuelve a ser norma y guía para lo comprensión y la producción.
Primero, porque percibimos que el Antiguo Testamento no pretende transmitir conocimientos, datos científicos, fruición literaria. Ni siquiera historia en el sentido historiográfico de cronologías y biografías. Menos aún perspectivas de acontecimientos en su bruta y escueta materialidad. Su intención inequívoca es la de testificar experiencias históricas vividas y luego interpretadas, teologizadas y expresadas a la luz de la fe en Yahweh.
Entonces hemos entendido que quizás no capta la significación más plena del Antiguo Testamento quien no se siente estimulado por él a reproducir una experiencia análoga personal y comunitaria; quien no entra en la dinámica de vida y de comprensión de su propia historia, actuada y leída en el horizonte de lo salvífico y revelado.
Además, en la fase de producción teológica como lectura creyente, el Antiguo Testamento es pauta y es modelo en múltiples aspectos:
En la centralidad incontestable de la historia.
En la decodificación de los acontecimientos a la luz de la Palabra.
En la relectura de la Palabra a la luz de los nuevos acontecimientos de la historia.
En la producción teológica diferenciada a partir de las diferentes prácticas humanas, sociales, ambientales.
En el pluralismo de las interpretaciones que no es atentado contra el canon o regla fundamental de la fe.
En la concepción de la tradición y de las tradiciones que no son archivos fijos ni registros prefabricados para ahorrarle a nadie la aventura por su propia historia y por su propia lectura.
Sentados en la húmeda tierra de una choza pajiza, o debajo de las latas y tela asfáltica del tugurio, o en la destartalada salita de la pequeña y débil comunidad cristiana, los pobres de los submundos vuelven a leer desde su situación la página del texto paradigmático de Israel.
Para ellos es claro que las personas y las comunidades que se alimentan de la Palabra de Dios tienen que moverse existencialmente en el mundo bíblico al cual se refieren en la dación de sentido y en el submundo que interroga a la fe y a la gran tradición de la fe.
Uno y otro mundo tienen su propia identidad y no son materialmente intercambiables. El texto del Antiguo Testamento no cubre en su materialidad a nuestro contexto histórico. Nuestro contexto histórico no puede desfasar ni suplantar al texto. Y sin embargo, es necesario relacionarlos ambos. Porque la Palabra de Dios es tal para nosotros, en la medida en que podamos alcanzar en nuestro contexto histórico la eficacia, la verdad histórica y el sentido vital del texto.
Por eso, leer o anunciar la Palabra de Dios en nuestra situación histórica sin mediación hermenéutica que correlacione textos de tradición con contextos actuales de situación, es un simplismo metodológico inadmisible.
Ahora bien, la mediación hermenéutica ejercee una doble polaridad: Aunar analógica y proporcionalmente el texto del Antiguo Testamento con nuestro contexto. Y reproducir analógica y proporcionalrnente la dinámica histórica de salvación y de revelación atestiguada por el texto con el aquí y el ahora de nuestra propia historia. Porque es verdad que la revelación y la salvación de Dios acontecen a lo largo de toda la historia de salvación, de la cual Israel es modelo y prototipo inspirado y normativo.
Tales son las razones por las que las teologías de los terceros mundos se ligan tan estrechamente con el testimonio del Antiguo Testamento. Tal vez porque anhelamos que en el s de nuestra historia humana brille el s de nuestra salvación. Y porque aspiramos a que el agua humilde de nuestras praxis históricas sean transmutadas, en las bodas del Señor con los pobres, en el vino óptimo de la salvífica de Dios.
CAPÍTULO V
E L
T E X T O
N O R M A T I V O
D E
T R A D I C I Ó N
A P O S T Ó L I C A
El acercamiento de los terceros mundos al Nuevo Testamento recorre la misma dinámica metodológica de la producción del texto, en la que se implican el Jesús de la historia y la confesión de fe; la reinterpretación del pasado de salvación y la norma no normada que ilumina a todo hombre y mujer que vienen a este mundo.