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Para una conciencia no fundamentada teológicamente, el credo de Israel tiene que ver con proposiciones teóricas de una racionalidad teórica, no relativa a la experiencia fundandante de la fe. La fe descrita como "creer lo que no vemos" o "creer lo que no entendemos" (dogmática eclesial), o "creer
que es cierto porque es absurdo" (Tertuliano), o la fe como "sacrificium intellectus" (Bultmann), o
"salto al vacío" (Kierkegaard) no solo son las mejores descripciones de fe en un credo racional deísta. Son también los mejores contrastes con el credo histórico que, lejos de confesar enunciados, confiesa perfil salvífico de los acontecimientos de la historia en los que ha operado la fuerza divina de salvación.
La confesión de fe (el credo) con que el israelita acompaña su acción litúrgica es una memoria entrañablemente histórica: “El sacerdote tomará de tu mano la cesta (de las primicias) y la depositará
ante el altar de Yahweh tu Dios. Tu pronunciarás estas palabras ante Yahweh tu Dios: «Mi padre era un arameo errante que bajó a Egipto y fue a refugiarse allí siendo pocos aún, pero se hizo una nación grande, poderosa y numerosa. Los egipcios nos maltrataron y nos impusieron dura servidumbre. Clamamos entonces a Yahweh Dios de nuestros padres, y Yahweh escuchó nuestra voz, vió nuestras miserias, nuestras penalidades y nuestra opresión, y Yahweh nos sacó de Egipto con mano fuerte y tenso brazo en medio de gran terror, señales y prodigios. Nos trajo aquí y nos dió esta tierra que mana leche y miel. Y ahora yo traigo las primicias de los productos de la tierra que tú ¡Yahweh, me has dado!" (Deut 26, 4-ll).
El credo, en la experiencia histórica a la que el texto se refiere, es la confesión de fe acerca de los acontecimientos históricos nacionales en los que Yahweh ha sido el Dios de Israel. El credo de Israel
es, por eso, toda la fenomenología histórica de Israel. Historia vivida, leída y confesada a la luz de Yhaweh Dios.
Si Israel confiesa unos determinados acontecimientos relativos a su liberación económica, política, cultural y social y a la conquista de la tierra de la promesa como elementos primarios de su fe teologal, no es sino porque en la tradición israelita, es decir en su marco de comprensión como pueblo, esos acontecimientos fundantes y fundadores constituyen al mismo tiempo el punto climax, el elemento cumbre, la densidad máxima de su experimentar a Dios presente y actuante a lo largo de su historia nacional.
Acontecimientos acaecidos una sola vez en la historia son susceptibles de ser confesados como fundantes y fundadores de una experiencia comunitaria y de una fe teologal histórica de todo aquel y aquella que se perciban a sí mismos en ese marco de comprensión, en ese campo hermenéutico de sentido, en esa tradición de horizontes del suceder.
Para Israel no se da ni puede darse una ocasional tangencialidad o un puro paralelismo entre su historia y su fe, entre su cultura y su confesión, entre su política y su experiencia religiosa. El objeto material, sólo el objeto material y todo el objeto material que es su propia historia nacional es el que Israel levanta a lectura creyente, es decir, a objeto formal y a pertinencia fundante de la fe en el Señor que ha sido grande con su pueblo.
4.4. EL TIEMPO HISTÓRICO Y EL TIEMPO SALVÍFICO
Para una conciencia teológicamente acrítica, el tiempo de la gracia y de la salvación y la acción de darse de Dios en la historia conforman un tiempo por fuera del tiempo, una acción por fuera de la acción y un suceder de Dios por fuera del suceder humano. La conciencia ingenua suscribe la tesis de los dos reinos (el de Dios y el del hombre), de las dos historias (sagrada y profana) y de los paralelismos históricos y las tangencialidades divinas en algunos segmentos ocasionales de la historia humana.
Para el texto santo de tradición, en cambio, existe el tiempo cósmico que se inició con ocasión de la acción divina de crear, ocurrida en un principio, en un comenzar del tiempo (“in principio creavit
Deus”), con lo que queda descartada la eternidad del mundo y asegurada, en cambio, su plena
creaturalidad. En el tiempo cósmico de horas, meses, años, siglos y siglos de los siglos ocurre y sigue ocurriendo el suceder de la acción creadora que da el ser y mantiene el ser de los elementos creados. Él todo lo sostiene con su palabra poderosa.
El tiempo histórico (s) es la medida de la acción humana (s). Toda acción tiene su tiempo y todo tiempo tiene su acción. Tiempo histórico y acción humana son los elementos del suceder que, en cuanto suceder, jamás es paralizar y mucho menos retroceder. En geometría lineal o en geometría espiral, tiempo y acción humana se inscriben en un suceder que niega toda concepción circular del tiempo y de la historia y todo mito del eterno retorno. Tiempo y acción en Israel son
históricos, no mitológicos, no cíclicos, no circulares, no iterativos, no susceptibles de la tenebrosa repetición historicista o positivista de la historia.
En el tiempo histórico (s) se inscribe el tiempo de la gracia, de la visitación y de la salvación (s). En la acción humana (s) se inscribe la acción divina como fuerza de salvación (s).
s y como gracia y misericordia pueden distinguirse de s y de s. Jamás pueden separarse, como si el accionar de Dios acaeciera por fuera de la historia de Israel, por fuera del tiempo humano, por fuera de la acción que se escribe conjuntamente entre Dios y su criatura, en la acción inmanente de Dios en la inmanencia del único tiempo, de la única acción, de la única historia. Así autocomprende Israel su propio suceder en el suceder de Dios; y el suceder de Dios en el suceder de la historia nacional. Esta es la forma en que, para Israel “Dios se revela en la historia”, sin panteísmos, sin falsos dualismos, sin concepciones de la divina trascendencia que puedan postularse por contraste con su inmanentización en la historia; inmanentización relativa a su gracioso “yo he
bajado (Yahweh)” y “este es el nombre con quiero ser conocido por todas las generaciones”.
El Antiguo Testameto distingue, no separa, s y s. En algunos lugares son, incluso, intercambiables. Pero el horizonte desde el cual se vive y se comprende la historia y el tiempo es en términos de s, tiempo salvífico, tiempo revelador, tiempo de la visitación:"Dios hace alternar tiempo (s) y tiempo (s)" (Dan 2,21). "He considerado la tarea que Dios ha impuesto a los humanos para que en ella se ocupen: Él ha hecho las cosas apropiadas a su tiempo ()". (Ec 3,1-5). "Bendeciré al Señor en todo tiempo ()" (Sal 34,2)."Tú te levantarás compadecido de Sión, pues ya es tiempo (s) de apiadarte de ella; ha llegado la hora (s)" (Sal 102,14). "Yo Yahweh he hablado; y a su tiempo () me apresuré a cumplirlo" (Is 60,22)."Temamos a Yahweh que da la lluvia de la mañana y de la tarde a su tiempo ()" (Jer 5,24).
En Israel el el tiempo de salvación es, pues, histórico. La concepción de historia y de tiempo histórico difiere sustancialmente de las mitologías del eterno retorno y de las figuras circulares del tiempo. Para Israel, la historia no es repetitiva, sino sucesiva; el tiempo no es cíclico sino progresivo; los acontecimientos son irrepetibles, situables en un momento particular. Trátase de tiempo lleno, en el que cada acontecimiento pertenece a su tiempo y cada tiempo está ligado al sucederse de acontecimientos históricos.
De ahí que la historia general de los hombres y de los pueblos que, experimentada en la fe, es historia de revelación y salvación, progrese mediante nuevas experiencias y nuevos hechos y entonces la historia sea realidad viviente y dinámica, realización de la historicidad del hombre y de la historicidad de Dios, que libremente se ha hecho para el hombre "Yahweh", presencia verdadera y acción histórica.
Es pues, en su historia como nación donde Israel experimenta la revelación-salvación de Dios. Israel confiesa que Dios intervino en su historia. Que ese encuentro histórico se inició gratuitamente un día. Que la acción salvadora de Dios es progresiva, imprevisible, no totalizable ni contenible en un sólo
hecho, por más que haya acontecimientos, como el de la liberación del pueblo de la opresión y del despostismo egipcio, que son hitos fundamentales de su acontecer y referencias fundantes para las subsecuentes etapas de su historia.
La peculiaridad de la salvación en Israel está en juntar de modo indisoluble la revelación y la salvación con la totalidad numérica de los acontecimientos de su historia. Yahweh no es en Israel una metafísica y ni siquiera una ética. Es el Señor de la historia.. La experiencia de Yahweh no se posibilita por prescindencia de la historia, sino adentrándose en ella. La fidelidad a Yahweh no se logra sino en la fidelidad a los compromisos que impone la historia.
Semejante lectura kairótica del tiempo histórico permite aproximaciones como estas:
El tiempo cronológico como el kairótico es progresivo, no cíclico, no mítico
Uno y otro son duración de acciones libres, concretas e irrepetibles. Tanto s como s acontecen una sola vez (, semel). El tiempo que pasa no retorna, la acción hecha
en el tiempo no se repite, la historia avanza. Quedan, pues, descartados los mitos del retorno, los arquetipos estáticos para ser copiados y los paraísos primordiales para ser añorados.
El tiempo cronológico y kairótico es tiempo histórico
La sucesión de acontecimientos diversos, libres e irrepetibles del hombre constituyen el tramo de la historia; por eso el hombre autónoma y personalmente es constructor de la historia, forjador y responsable de ella.
La sucesión de acontecimientos libres, diversos e irrepetibles en el kairós salvífico constituyen la historia salvífica y reveladora; por eso puede entenderse que el Señor sea el constructor, forjador principal y autor bondadoso de la historia de salvación.
Por ser histórico, el tiempo cronológico y kairótico tiene detrás de sí un pasado y delante un futuro. Y entonces el plan de salvación () que se realiza en la historia de salvación está
constituido por el entrelazamiento de los del presente, del pasado y del futuro en una concepción prospectiva que no es necesariamente progresiva cualitativamente, ni necesariamente homogénea.
Además, por ser tiempo de acción libre, tanto el s como el s son imprevisibles y no
elementos de un simple devenir natural en un horizonte de teleología preestablecida o de moira y destino fatal. Y se sigue, entonces, que tanto el s como s y las acciones en ellos realizadas
son provisionales, no son cada uno la totalidad de la historia ni la totalidad de la salvación; aunque haya hechos o tiempos que por su particular relieve y significación pueden ser capitales para la inteligibilidad de la historia, sin ser por ello totalizantes ni englobantes de la historia.
Tiempo cronológico y kairótico no constituyen líneas paralelas. Distinguir no es separar. El s como tiempo salvífico se inscribe en el corazón mismo de la cronología humana. Más precisamente habría que decir, para descartar dicotomías inadmisibles entre historia universal y salvífica, entre tiempo normal y tiempo salvífico, que el s es la dimensión salvífica del tiempo, o el tiempo en cuanto salvífico, o la presencia y la acción de Dios en el corazón del tiempo y de la historia para salvar y revelar.
Por eso la concepción de la salvación-revelación, en Israel y en el camino de Jesús, no es a- histórica, ni extra-histórica ni meta-histórica sino sencillamente histórica. Cuando ocurren la salvación y revelación no ocurre sino la historia.
Una salvación-revelación que sea por escape del tiempo y de la historia (Platón), o por comunicaciones esotéricas con espíritus beatíficos (Gnosis) o por simple aceptación intelectual de doctrinas (Idealismos y ciertas formas de Cristianismo) no son la salvación-revelación bíblico- cristiana. Todo el asunto de Israel consiste en vivir y en decir el hoy kairótico y energético de la salvación en el hoy cronológico y praxeológico de su propia historia.
Por eso no hay dos historias, una "profana" cronológica y otra "sagrada" kairótica; una historia de la creación y otra de la salvación. Una sola es la historia humana en la que el Señor, salvando se revela y revelándose es Yahweh para el hombre.
El tiempo cronológico y kairótico es tiempo plenamente humano
La salvación-revelación no acontece por inventiva o iniciativa del hombre. Pero la salvación- revelación no acontece independientemente del hombre, de su acción, de su respuesta, de su libertad.
El tiempo cronológico en el que el hombre con su actuar histórico corresponde activamente al plan salvífico, pertenece indisolublemente a la historia de la salvación. Es decir, que tiempo e historia salvífica son la dimensión propia del hombre que en libertad y responsabilidad transforma el mundo y forja la historia desde su fe en Yahweh creador y salvador.
Al tematizar realidades similares, Vaticano II pudo afirmar que "Aunque hay que distinguir
cuidadosamente progreso temporal y crecimiento del Reino, sin embargo, el primero, en cuanto puede contribuir a ordenar mejor la sociedad humana interesa en gran medida al Reino de Dios"61. Y Puebla: "Israel había encontrado a Dios en medio de su historia Dios lo invitó a forjarla juntos, en
Alianza. Él señalaba el camino y la meta y exigía la colaboración libre y creyente de su pueblo"62