Se puede interpretar el proyectivismo como una teoría de la forma lógica de las oraciones que atribuyen creencias, según Fodor y Lepore (1992). Ejemplos de sentencias del tipo “Sebastián cree que está nevando en las calles de Las Condes” es equivalente, en boca de José Antonio, a “Sebastián está en el estado que normalmente me haría (a José Antonio) decir que está nevando en las calles de Las Condes”. Fodor y Lepore (1992) admiten que hay grandes dificultades para detallar correctamente la estructura de las atribuciones de creencias, principalmente cuando uno intenta hacer una paráfrasis de sentencias que poseen expresiones indexicales en complementos de verbos de actitud proposicional. Por esa razón, siguiendo a estos autores en la descripción de la discusión sobre el proyectivismo, serán presentadas simplemente dos críticas principales a esta teoría para que, en lo que sigue, se vuelva a discutir sobre la argumentación holista (cf. FODOR y LEPORE, 1992, p.139).
Para empezar, hay que comprender que el proyectivismo parece no ser capaz de interpretar sentencias que poseen cuantificadores existenciales relacionados con contenidos de actitudes proposicionales. Fodor y Lepore muestran esta primera crítica a través del siguiente ejemplo: considérese el caso de Smith, el padre de un niño de 3 años, que escucha a su hijo parlotear algo sobre la distinción analítico/sintético y se le ocurre a Smith que el niño debe tener algunas creencias relacionadas a esta distinción que no entiende y no puede expresar. Fodor y Lepore sostienen que este pensamiento, que intuitivamente podría ser considerado como verdadero, es autocontradictorio porque implica tanto que el niño está en un estado que normalmente lo llevaría a decir que “bla, bla bla, analítico/sintético, bla bla bla”, pero también implica que este estado no existe. Lo mismo sucede en el caso de la Tierra Gemela de Putnam (1975), si se comparan las creencias sobre H2O de alguien en la Tierra y sobre XYZ de su gemelo de la Tierra Gemela. Supóngase que se expresa una sentencia del tipo “El agua está húmeda”. Para el habitante de la Tierra Gemela, la sentencia tiene sentido solamente si “agua” está haciendo referencia a XYZ (y no a H2O), mientras que, para el hablante de la Tierra, la sentencia
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tiene sentido si “agua” está haciendo referencia a H2O (y no a XYZ) (cf. FODOR y LEPORE, 1992, p.140).
A fin de cuentas, el punto de la primera objeción es que, en este tipo de ejemplo no tendría sentido que uno creyese lo que el habitante de la Tierra Gemela quiere decir con “El agua está húmeda” de manera coherente, admitiendo el análisis proyectivista de las adscripciones de creencias. Fodor y Lepore afirman que esto no es una simple dificultad técnica. Esto va mucho más allá porque el problema es que si la perspectiva proyectivista de la atribución de creencias es correcta, lo que se puede creer es dependiente de lo que el intérprete puede proferir (cf. FODOR y LEPORE, 1992, p.140).
Pasando a la segunda crítica al proyectivismo destacada por Fodor y Lepore, esta teoría no puede explicar el “elemento de interpretación” en las adscripciones intencionales. En verdad, estos autores sostienen que el proyectivismo debe suponer la existencia de una interpretación para poder contar como un tipo de interpretivismo. ¿Por qué razón un proyectivista no es solamente un realista para el que creer es un tipo de relación de cuatro lugares (incluyendo una criatura, su estado mental, el objeto proposicional de su estado mental y un intérprete), a diferencia de una visión convencional que defiende que creer es una relación de tres lugares (incluyendo una criatura, su estado mental y el objeto proposicional de su estado mental)? (cf. FODOR y LEPORE, 1992, p.141).
La relativización de estas adscripciones intencionales a un intérprete, según Fodor y Lepore, no implica por sí mismo impugnar su objetividad. Esto se explica, en primer lugar, a través del caso del ejemplo presentado en esta sección sobre la sentencia “Sebastián cree que está nevando en las calles de Las Condes”. Hay un hecho sobre si José Antonio está en el tipo de estado que en una situación normal haría que Sebastián dijera que está nevando. Y, en caso de que sea así, siguiendo una perspectiva proyectivista, la afirmación de José Antonio de que Sebastián cree que está nevando sería efectivamente correcta. Fodor y Lepore sostienen que la respuesta obvia para eso sería que no hay ningún hecho sobre si el estado en el que se encuentra José Antonio es el mismo estado (es una
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instancia del mismo tipo de estado) que el que normalmente hace que Sebastián afirme que está nevando. Pero aceptar esto es hacer que el proyectivismo sea un tipo de interpretivismo. Fodor y Lepore argumentan que el orden del análisis debe ir al revés. Solamente cuando se le da una lectura interpretivista, la explicación proyectivista no puede representar las adscripciones de actitudes como totalmente factuales y, luego, no se puede comprender que el análisis proyectivista por sí mismo represente el “elemento de interpretación” en la adscripción intencional. Lo que Fodor y Lepore enfatizan fuertemente en esta línea de razonamiento es que no se puede ir desde el proyectivismo al holismo a través del interpretivismo. Un argumento que parte del proyectivismo, para justificar el interpretivismo y luego el holismo, no es efectivo porque falla ya el primer paso, aunque el segundo sea admitido como válido (cf. FODOR y LEPORE, 1992, p.142).