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El determinismo tecnológico y la tecnocultura representan una de las reproducciones más cercanas a la contracultura en la comunicación digital, embanderada en las nuevas tecnologías de la comunicación. El Internet sostiene toda una dimensión cultural que lleva el dilema de la contracultura de Marcuse y Roszak a un nuevo peldaño: la Sociedad del Conocimiento.

Manuel Castells aborda la conceptualización de la influencia de la cultura en el Internet. El autor manifiesta (2002, pp. 1) que Internet no es solo una tecnología, como se puede pensar de otros medios más instrumentales al servicio de algún sistema tecnocrático, sino que representa toda una producción cultural. Este quiebre en el sistema está justificado por la Sociedad del Conocimiento que genera toda una revolución en las formas de distribución y consumo de la cultura. Castells entiende las Sociedad del Conocimiento como una sociedad en condiciones de generar conocimiento en el marco de una transformación socio tecnológico. Este fenómeno de transformación es entendido por el autor como un “paradigma tecnológico” con el Internet como principal artífice; similar al que ocurrió cuando se construyó la sociedad industrial, con la energía; es decir, el Internet atraviesa todos los procesos de la sociedad, política, economía, etc.

En palabras de Castells: “La dimensión cultural, es decir, el sistema de valores, creencias y formas de construir mentalmente una sociedad, es decisiva en la producción y las formas de internet” (2002, pp. 2) lo que lo remite a los orígenes mismo de esta plataforma. El autor insiste en que Internet es cultura al representar un instrumento de comunicación “horizontal, global, libre y no controlable” (2002, pp. 3) Todo lo opuesto a lo que propenden todos los aparatos de poder con el control de la comunicación. “Pues es ahí donde creo que la dimensión cultural es muy importante, porque demuestra la capacidad de subvertir aparatos de poder. Si no se pudiera subvertir aparatos de poder, la vida sería muy aburrida y las sociedades, totalitarias.” (2002, pp. 4), concluye.

El mismo autor otorga una categorización a lo que considera “capas culturales” del Internet personificada en cuatro niveles: (2002, pp. 5)

 La “cultura universitaria tecnomeritocrática” es el primer nivel cultural. Está representada por los usuarios que ponderan la apertura a la investigación como fin del Internet.

 El segundo nivel lo ocupan los Hackers que se caracterizan por la creación de

programas de forma abierta y lo comparten con la comunidad. Encontramos entre los ejemplos más significativos están los adeptos al software libre o plataformas como Linux que defienden un internet tecnológicamente abierto y sin apropiación comercial directa.

 La tercera capa cultural es para las “culturas alternativas”. Es precisamente en este segmento en que se halla el fenómeno contracultural que encontró sus adeptos en los movimientos de los años 70. Con internet, se ampliaron las posibilidades de formas alternativas de comunicación, política. Castells apunta lo siguiente: “La gente que salió de los años sesenta, pero sobre todo, setenta, de los movimientos contraculturales y que vio Internet como un espacio de libertad” (2002, pp. 5).

 La cuarta esfera cultural de internet la ocupan los empresarios que han apostado a la innovación en internet. En este grupo pueden estar representados por las empresas que han apostado a nuevos modelos de negocios en internet, entre ellos los nuevos medios de comunicación digitales.

Todas estas capas culturales permiten generar nuevas condiciones de organización social que se expresa en cambios en la economía industrial. Internet se convierte entonces en un nuevo motor económico y a la vez un acelerador cultural. Castells asevera que todas las capas culturales confluyen en un común denominador llamado: Cultura de la libertad (2002, pp. 5).

Es en la cultura de la libertad en donde confluye la presión por romper el sistema establecido por los imperativos incuestionables que Rozsak (1970, pp. 20) encontraba en la sociedad tecnocrática. Normas culturales que propenden a un tratamiento técnico y burocrático de las prácticas económicas, políticas, incluso de ocio.

Otra perspectiva sobre la dimensión cultural de Internet la aborda Jesús Martín- Barbero, los conceptos se recogen en el libro ‘Tecnocultura y Comunicación’ (Pereira & Villadiego, 2005). Martín-Barbero comparte con el criterio de Castells respecto a la transformación de la cultura a través de las nuevas tecnologías de comunicación, lo que, a su vez, pone en juego la revitalización de la identidades de género, edad, etnia, religión, etc. El autor acota lo siguiente:

El lugar de la cultura en la sociedad cambia cuando la mediación tecnológica de la comunicación, deja de ser meramente instrumental para espesarse, densificarse y convertirse en estructural: la tecnología remite hoy no unos aparatos sino a nuevos modos de percepción de lenguaje, a nuevas sensibilidades y escritura. (Pereira & Villadiego, 2005, pp. 28).

Por otro lado, Martín-Barbero encuentra a la Sociedad de la Información como una forma de cambio desproporcionado en las sociedades que priorizan la centralidad de la tecnología en pro de un modelo hegemónico del mercado y la comunicación. Tal como sucede con las medidas de modernización neoliberal. Esta desigualdad no se compadece con la realidad de las sociedades que asumen los cambios tecnológicos con otro ritmo, no tan vertiginoso como el modelo globalizante de las sociedades industriales.

Otra visión más alejada del determinismo tecnológico alrededor de la Sociedad de la Información, la expone David Morley en el libro ‘Medios, Modernidad y Tecnología’

(2008) cuestiona esta nueva racionalidad técnica que posiciona a las nuevas tecnologías de la información como formas evangelizadoras de desarrollo. Morley, en la misma línea de Martín-Barbero, señala que las visiones de “tecnofuturo” se inscriben en lugares geográficos concretos, como Occidente, en donde se generan discursos de sociedad pos industrial.

Mattelart, citado por Morley, quien desde la teoría crítica de la comunicación, cuestiona que los avances técnicos signifiquen mejoras en los modos de comunicación de las personas, es otro de los argumentos que el autor recoge para llegar a la conclusión de que internet puede generar lógicas de exclusión al caer en una suerte de “balcanización” del espacio virtual, en pos de proteger a las comunidades. Las oportunidades de comunicación que se generan es estos espacios son evidentes y pueden ser positivas como negativas, no obstante el determinismo sobre las potencialidades de la tecnología puede generar una lectura socialmente errada.

Morley acota lo siguiente: “Por otra parte, hoy estas nuevas tecnologías, lejos de ser ‹‹inclusivas››, a menudo trabajan para intensificar los patrones de comunicación de quienes ya están en contacto ya para acentuar la exclusión de quienes ya están marginados” (2008, pp. 177). Este fenómeno también se traslada a otras tecnologías de comunicación que se acogen a la lógica de las políticas internacionales, ya que algunos servicios que pueden ser transcender las fronteras como en transacciones comerciales por medio de Internet, televisión, telefonía, están sujetos a las políticas internas de cada país.

Todo esto lleva al autor a cuestionar la supuesta liberalidad que existe en internet debido a que este espacio ha dejado de ser un “un instrumento no comercial de intercambio de información” (2008, pp. 178) para convertirse en una espacio de transacciones, sobre todo privadas y comerciales.

CAPITULO III

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