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3. CHAPTER THREE ANALYSIS AND DISCUSSION

3.3. Theme 1 “To Know Who You Are, You Need to be Somebody”

3.3.2. Blackness as a Struggle

MOYA y LUENGO (2011), siguiendo a BERSTEIN (2001), señalan que las competencias

educativas tienen una lógica económica, que se relaciona con una nueva forma de

entender la creación de capital humano y una lógica social, vinculada a una perspectiva

democrática del desarrollo social. En definitiva, su fin educativo consistiría en formar buenos profesionales y buenos ciudadanos, para una sociedad democrática. Un enfoque pedagógico por competencias promueve una formación integral del alumnado, aunando formación ciudadana con conocimientos especializados propios del campo de estudio. Frente al funcionalismo positivista que busca la adaptación individual al mundo del trabajo, se opone la perspectiva hermenéutica de la práctica educativa, desde el constructivismo filosófico y psicológico, que precisa de otros métodos diferentes a la memorización y repetición que marcan la práctica clásica (reflexión, acción, cooperación, respeto, ciudadanía, diálogo, etc.). Así, se imponen el aprendizaje autónomo y el fortalecimiento democrático. Sigue de esta forma la educación un proceso paralelo al que vimos anteriormente que siguió la ciencia, muy influida por la corriente crítica y hermenéutica de la teoría educativa en la que destacan la teoría

comunicativa de HABERMAS (1984, 1987) y la de investigación-acción de STENHOUSE (1984,

1987).

Muchas son las definiciones de competencia, pero todas ellas reconocen que es la

adquisición de una determinada capacidad profesional, para lo que se requieren conocimientos, habilidades, actitudes y responsabilidades, que permita dar respuesta a una compleja demanda social. El estudiante debe ser capaz de demostrar que sabe y que sabe hacer. Tal vez la definición más funcionalista es la apadrinada por la OCDE (2001), según la cual competente es aquel que hace lo que se espera de él, el que responde a las expectativas.

Sin embargo, gracias al empuje del socio‐constructivismo que considera muy limitado

un aprendizaje desvinculado del contexto personal y social, la propia OCDE modifica esta

concepción en su definición de DeSeCo (Definition and Selection of Competencies, 2003),

entendiendo la competencia como la capacidad de responder a demandas complejas y llevar a cabo tareas diversas de forma adecuada. Supone una combinación de habilidades prácticas, conocimientos, motivación, valores, actitudes, emociones y otros componentes sociales del comportamiento que se movilizan conjuntamente para lograr una acción eficaz. Esta definición fue refrendada en forma de directiva por el Parlamento Europeo y el Consejo (2006).

Esta idea puede encuadrarse dentro de una concepción sociocrítica en la que el aprendizaje se lleva a cabo en condiciones reales de la práctica profesional y persigue que el aprendiz adquiera un conocimiento significativo de carácter reflexivo y con un

componente ético, de valores. Entender así la competencia requiere un tipo de

aprendizaje situado, en el que, siguiendo a SCHÖN (1992), las dimensiones cognitivas y

actitudinales se movilizan de forma integrada para resolver problemas de la práctica profesional. La competencia, ser competente, es por tanto el resultado de un aprendizaje holístico, integrado, en el que el estudiante debe afrontar situaciones complejas que tengan sentido para él y aprende mientras las resuelve.

El valor añadido a la idea funcionalista de competencia como respuesta esperada ante una determinada situación, lo proporciona la capacidad de mostrar un comportamiento eficiente en contextos múltiples y no solo en el desempeño laboral. Para lograrlo, el profesional debe estar preparado para combinar armónicamente conocimientos, experiencias, disposiciones, habilidades, actitudes y valores, que determinen su actuación ante situaciones de la vida social. Su dependencia de un contexto social cambiante hace que las competencias se adquieran y mejoren en el trabajo para y con otros, ya que también se constituyen en saberes participativos (Agència per a la Qualitat

del sistema Universitary de Catalunya (AQU), 2002, citado en CANO, 2007).

Por otra parte, la sociedad exige cada día más a cualquier profesional que ofrezca soluciones a problemas y situaciones altamente complejas, sin colocar la destreza técnica por encima de las dimensiones humanas y sociales. La competencia no la constituyen las habilidades en sí mismas, estas tan solo la evidencian. Antes bien, para

GARCÍA-CABRERO (2008), la competencia hace referencia al dominio de una práctica, en el

sentido aristotélico del término como explicamos anteriormente. También se demanda actualmente que el profesional esté dispuesto a mejorar continuamente la calidad de su práctica y a mantener su competencia a lo largo de su vida profesional, lo que significa

extender, como vimos anteriormente, su “aprendizaje a lo largo de la vida”. Este

aprendizaje continuo ya se está desarrollando en una sociedad, la de la información y el

conocimiento, que FERNÁNDEZ HERGUETA (2016) considera de cambio acelerado,

permanente y multidireccional.

HAWES y TRONCOSO (2009), que siguen a LE BOTERF (2000, 2003), abundan en la

consideración de las competencias profesionales como saber práctico, diferenciándolo

del saber técnico. Este saber práctico lo operativizan en ser, saber ser y saber hacer.

Busca formar una identidad profesional (“soy enfermera y no trabajo como enfermera”),

en situaciones que deben ser reconocidas, exploradas y analizadas, con objeto de

determinar cuáles son los problemasde los que se van a ocupar, aquellos de los que por

autonomía son competentes,y siendo capaces de justificar desde todos los puntos de

vista (teóricos, tecnológicos, económicos, éticos, organizacionales, políticos, etc.) la justeza de su proceder.

En este mismo sentido, LÓPEZ RUIZ (2011) señala que los elementos integrantes de la

alumno construye en función de los recursos con los que cuenta); los saberes o

conocimientos que precisa aplicar en una determinada situación; el saber hacer

constituido por las destrezas y habilidades necesarias en ese contexto; el saber ser

formado fundamentalmente por actitudes y valores que van a modular la puesta en

marcha de conocimientos y destrezas y los resultados positivos o favorables o estado

final alcanzado después del desempeño eficaz.

Todos estos autores coinciden en señalar un tipo determinado de aprendizaje, el situado

o situacional, como promotor de la adquisición de competencias. Para ellos, es la

situación quien promueve la competencia y no viceversa. El estudiante aprende de la práctica y en la práctica y no en la aplicación técnica de una teoría descontextualizada y fraccionada, como en la educación exclusivamente funcionalista.

Para JONNAERT et al. (2008) ser competente no consiste en aplicar una serie de

conocimientos a una situación, sino ser capaz de organizar la actividad para adaptarse a las características de la misma. El objetivo que persigue es el de toda teoría crítica de tipo hermenéutico, la libertad de pensamiento y autonomía de la persona en el ámbito de la interacción social, como profesional y como ciudadano. Para ello el docente ha de disponer y coordinar múltiples caudales, desde la búsqueda y gestión autónoma de información a la utilización de tecnologías digitales, desde la reflexión individual de textos y situaciones al diseño y organización del trabajo grupal y colaborativo, desde el debate y la discusión colectivos a la elaboración de proyectos reales de la situación social y profesional.

En definitiva, transformar el contexto educativo actual de lugares donde el estudiante acude a buscar casi exclusivamente información, para construir espacios de encuentro en los que se producen aprendizajes. En la medida en que se aprende, también se discrimina, se critica, se razona, se opina, se argumenta, se decide, etc.

Hemos ido viendo algunas características de la competencia que deben ser incorporadas a su definición y que van a determinar, en el futuro, el tipo de aprendizaje necesario

para alcanzarlas: relacional, situacional, participativo, activo, integrador. Pero, el

enfoque formativo por competencias no solo es saber qué debe aprenderse, sino también cómo hacerlo. No pueden aprenderse cosas diferentes utilizando las mismas formas de siempre, lo que nos lleva a pensar que aprender por competencias cuestiona