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La problemática de la pérdida de sentido de lo humano demuestra su centralidad cuando se realiza un balance del ejercicio interpretativo que constituye este trabajo. Enmarcado en el ámbito de lo político, lo que se ha esbozado hasta aquí, es la exposición reflexiva acerca de cómo la crisis de sentido de lo humano se expresa en el ámbito público como cuestionamiento a todo aquello que constituye el hombre en relación con los otros, y en relación con el mundo en el cual, tradicionalmente, había actuado como” subjetividad creadora” (Gutiérrez 2012, pág. 40).

La crisis del liberalismo como relato político de la Modernidad, la manifestación de nuevas maneras de concebir a los sujetos políticos debido a la irrupción de la emocionalidad como categoría para la comprensión de la acción de los hombres, la aparición de una novedosa manera de concebir la relación entre lo ético y lo político, así como, la potencialidad de la indignación como categoría ético-política y sus limitaciones como fenómeno que se intercepta con la fluidez de lo social en la contemporaneidad, son cuestiones que remiten a la problemática del sinsentido que domina la experiencia vital de los hombres en el mundo contemporáneo.

Se trata, de la disolución de la representación del hombre, inserta en el liberalismo político clásico, que lo presenta como agente omnímodo del progreso histórico, capaz de objetivizarse a sí mismo. Esta postura antropológica y epistemológica ha entrado en contradicción con el sentimiento de superación que experimentan los hombres ante la volatilidad e instrumentalización de los vínculos

52 humanos propios del orden moral que impone la visión unidimensional del hombre en el marco del liberalismo político.

Así entonces, la pérdida de sentido de lo humano se proyecta en la pérdida de sentido de lo político, pues se trata de una experiencia compartida que transita alrededor de la más clara expresión de la condición humana, la pluralidad como expresión de ejercicio vital de los hombres en el mundo. (Arendt 1997, pág. 38) En efecto, la percepción de despojo de la capacidad de acción, es tal vez la experiencia vital más compartida por el hombre en la contemporaneidad. El absurdo como dominio de la vida es una percepción creciente entre la mayoría de las personas, (Nagel 2000, pág. 34) y hace referencia a la disolución de las fuentes de sentido, significado y justificación propias del liberalismo político clásico como motor de la acción humana.

Permítase, entonces, articular los elementos que ya se han expuesto a lo largo de este trabajo, con el fin de esbozar una propuesta que presente las perspectivas de la experiencia de la indignación como categoría de acción-reflexión en el mundo contemporáneo en relación directa con la búsqueda de sentido como proyecto contemporáneo de dimensiones ético-políticas.

En primer, lugar habría que mencionar que la experiencia de la indignación como práctica de lo social y como discurso emergente para la comprensión y vivencia de lo ético-político invita a imaginar escenarios que hagan referencia a nuevas fuentes de sentido y de legitimidad como forma de resignificación de lo humano.

Lo anterior, revela una de los elementos más fascinantes para la comprensión de la experiencia de la indignación y su constitución como categoría de orden ético-política: esta constituye un ejercicio de imaginación incesante, que deviene una nueva actitud del hombre en su intento por construir nuevas fuentes de sentido y legitimidad. La curiosidad y la sorpresa devienen el hecho fundamental del intrincado ético-político intrínseco a la experiencia de la indignación. Hay, en la experiencia de la indignación, un “redescubrimiento de la

53 peculiaridad de la forma de la vida humana” (Nagel 2000, pág. 50) como respuesta a la ruptura con los esquemas totalizadores de lo humano.

En este primer elemento, la imaginación deviene esperanza que es al mismo tiempo conciencia sobre la vida, sobre el rol de los hombres en el mundo y por

ende, sobre como “lo ético” deviene en acción concreta sobre el mundo.

La etización del mundo es una consecuencia necesaria de la producción de la existencia humana o la prolongación de la vida en existencia. En realidad, sólo del ser que, por hacerse socialmente en la Historia, se torna consciente de estar en el mundo, y en consecuencia de ser una “presencia en el mundo” puede esperarse que dé ejemplos de máxima grandeza moral. (Freire 2012b, pág 146)

La conciencia sobre la vida humana, deviene así en compromiso con “lo humano” como fin de toda reflexión ética. Así entonces, sumado a la idea de

curiosidad y conciencia sobre la condición del hombre en el mundo, el segundo elemento a destacar, es la aparición de una visión ética que se compromete con el valor en sí mismo de lo humano. Surge, así, junto con la experiencia de la indignación, una valoración por una visión ética de corte eudaimonista, en el sentido clásico de la búsqueda del florecimiento de lo humano como inquietud primaria de los sujetos. (Nussbaum 2005, pág. 54)

En efecto, como fenómeno emocional la indignación, que hace referencia a marcos referenciales plurales propios de lo político, propone como cuestionamiento ético la pregunta propia de una teoría ética eudaimonista.

En una teoría ética eudaimonista, la pregunta central que se plantea una persona es:

“¿Cómo ha de vivir el ser humano?”. La respuesta a tal interrogante es la concepción

que esa persona detente de la eudaimonia o florecimiento de lo humano, en el sentido de lo que se entiende por vida humana plena. (Nussbaum 2008, pág. 54)

De esta manera, la experiencia de la indignación genera una ruptura con las concepciones instrumentalistas de lo ético y se convierte en una apuesta por la re- significación de la vida como epicentro para una revalorización de lo humano.

La concepción eudaimonista de la ética constituye una apertura a nuevas formas de comprender la acción con los otros y por ende, de vivencia de lo político.

54 El componente normativo, en este caso, no constituye un bloque tangible y concreto de postulados que desconocen la pluralidad de los hombres, o que proponen una visión univoca sobre su naturaleza. Se trata, como lo propone Habermas, (1999) de una apertura a marcos de referencia sobre el hombre más amplios y que hacen hincapié en la comunicación y el diálogo como forma primaria de consenso. La experiencia de la indignación resulta el campo propicio para la transformación de los canales de coordinación política tradicionales por unos menos rígidos, más descentralizados, y más cercanos a la experiencia vital como formación de un “espacio de deliberación” (pág. 85).

Finalmente, la experiencia de la indignación y su irrupción en lo público

transita hacia una nueva localización del “agente” en los ámbitos político y ético. Se

trata de la consideración de la vida como narración cercana que deviene compartida y valorada por los otros. En este sentido, la experiencia emocional da cuenta de la necesidad de aproximar los sistemas de representación como ejercicio político de acción. Se trata de una nueva lógica de valoración de la cotidianidad como referente político primario. En este caso, la indignación deviene una nueva consideración de ciudadanía, que plantea escenarios jurídicos, de representación y de lo social cada vez más próximos. (De Soussa Santos 1998, pág. 304) Un ejemplo de lo anterior, lo constituyen las demandas crecientes por una democracia directa y la auto-gestión como principio de organización en el fenómeno social de la indignación.

Lo que aquí podría denominarse como retorno a la condición vital como referente ético-político de primer orden, constituye el punto central del proceso de recuperación del sentido de lo humano que plantea la experiencia de la indignación. La vida es observada en su manera más simple como la expresión de

“la capacidad de auto-trascendencia del hombre” (Nagel 2000, pág. 51). La multiplicidad de formas de vida y su particularidad deviene un reconocimiento de la potencia de lo humano, a través de una novedosa significación que se desliga de los grandes meta-relatos políticos. La condición humana, toma un nuevo significado, en el reconocimiento de la fragilidad humana como fuente de potencia,

55 ya que es el motor de la incesante búsqueda por auto-trascender del hombre. (Nagel 2000, pág. 52) Esta idea hace referencia a consideraciones relativas a una valoración acerca de la belleza de lo humano como nueva forma de comprender su naturaleza, y da cuenta de cómo el fenómeno de la indignación deviene en categoría ético-político alternativa.

56 4. CONCLUSIONES

A manera de conclusión de esta disertación, se hace necesario articular el conjunto de elementos que se desarrollaron en el componente capitular con el fin de brindar una visión general acerca de la comprensión de la experiencia de la indignación y de su potencialidad como categoría de reflexión-acción en la constitución de una nueva manera de comprender lo ético y lo político en el mundo contemporáneo.

Una evaluación del recorrido interpretativo y comprensivo, que propone este trabajo, pone de manifiesto la incidencia de la irrupción de la indignación en el ámbito público sobre las formas cómo se comprende el fenómeno ético y político en la contemporaneidad.

En un primer momento, se hizo referencia a la crisis del liberalismo exponiendo cómo la imposibilidad de traducir su núcleo normativo a la realidad social, no sólo, ha desencadenado un desprestigio creciente del proyecto liberal, sino también, ha generado la manifestación de formas de contestación novedosas entre las que se destaca la experiencia emocional de la indignación. Ambas dimensiones fueron examinadas a partir de los postulados, tanto de las Teorías de la Emancipación, como del Liberalismo Crítico, permitiendo inferir que si la crisis del proyecto liberal tiene relación con la deficiencia moderna del liberalismo, es decir, con consideraciones relativas a la realización de la libertad y la igualdad como concepciones inherentes a la formación de una capacidad agente de los individuos, resultaba menester indagar acerca de cómo los procesos de subjetivación alternativos, formulados por estas corrientes teóricas se articulaban con la experiencia de la indignación y brindaban pistas acerca su potencialidad como alternativa política.

En este sentido, en un segundo momento, se exploraron las maneras de concebir el proceso de subjetivación política en cada una de estas corrientes teóricas relacionándolas con la dimensión social y discursiva de la experiencia de la indignación. Este ejercicio, permitió concluir que existen elementos cardinales para considerar a la indignación como un discurso emergente con profundas

57 dimensiones políticas y éticas, entre las cuales, se destaca una nueva manera de comprender la condición humana, la ampliación de los esquemas de legitimidad y sentido de la acción pública, y una reorientación de la relación existente entre lo político y lo ético.

Estas dimensiones permitieron finalmente, plantear una propuesta valorativa de la experiencia de la indignación como categoría de reflexión-acción en la constitución de una nueva ética-política a partir del reconocimiento de una serie de limitaciones y potencialidades que configuran un conjunto de elementos que delinean el proceso mediante el cual la indignación deviene una experiencia contemporánea de valor político.

Estos elementos, constituyen una acertada respuesta a la pregunta que guía esta investigación, y permiten, también, ratificar la hipótesis que bien se comentó en la introducción, con algunas precisiones y elementos novedosos, producto de esta reflexión.

En efecto, una validación de la indignación como categoría de acción- reflexión para la constitución de una ética-política contemporánea pasa a través del reconocimiento de elementos que forman una imagen circunscrita a su naturaleza como discurso emergente con vocación ético-política.

En el caso de la indignación, este análisis permite concluir que su potencial como categoría en la observancia y vivencia de lo ético-político en la contemporaneidad radica en que constituye una ruptura con los esquemas unidimensionales sobre la naturaleza humana y la comprensión la acción humana. En la experiencia de la indignación existe una apuesta por la valoración de la pluralidad como condición vital que agrupa a los hombres. En este sentido, se trata de una nueva posición del agente en la manera de concebir y vivir lo político que rompe con las visiones objetivadoras de la condición humana, que han desencadenado en la pérdida del sentido de lo humano y en malestar por la creciente incapacidad de actuar que experimentan los hombres en el presente.

Esto implica, que tras la disolución de los grandes relatos y utopías políticas, en el discurso de la indignación como alternativa emergente, se produce un retorno

58 a la noción de vida como narración polisémica que agrupa y moviliza a los hombres. La vida como narración simultánea que evoca la presencia del otro, deviene el epicentro de todo proyecto de lo público y, por ende, de toda movilización dirigida a ese proyecto. Lo humano deviene, así, un valor en sí mismo, cuyo contenido normativo no escapa de nuevas maneras de comprender la pluralidad humana como los esquemas que privilegian el diálogo, la comunicación y la autogestión como versiones de lo público. Asimismo, la relación entre ética y política se reorienta hacia concepciones que procuran la vida humana plena como fin de toda realización en lo público, y al mismo tiempo, como posibilidad de realización del individuo.

Estos elementos dan cuenta de una novedosa manera de vivir la condición de libertad e igualdad, y se erigen como parámetros que explican cómo la experiencia humana de la indignación contemporánea deviene categoría de acción- reflexión en la constitución de una dimensión ético-política contemporánea. Una nueva subjetividad política se vislumbra en este fenómeno y se proyecta hacia la valoración de lo próximo como insumo fundamental en la elaboración de un proyecto ético-político contemporáneo. Esta valoración de lo próximo es una muestra de la capacidad de auto-trascendencia del hombre y de su permanente pregunta por su posición en el mundo, que queda resuelta en el reconocimiento de lo bello que resulta su fragilidad que es al mismo tiempo origen de su potencia.

Las emociones, como memoria de la vida, son consideradas como expresiones de lo bello que resulta la fragilidad y la potencia de la condición humana, que devienen en acción y reflexión por lo ético y lo político constituyendo, así, un esbozo de proyecto de acción y auto-trascendencia colectiva en la contemporaneidad.

Finalmente, es menester afirmar, que esta perspectiva teórica permanece incompleta, y que son múltiples las preguntas que restan por responder. Sin embargo, esta reflexión puede constituir un insumo primario para la profundización posterior en el estudio de la emocionalidad en el campo de lo público, en áreas tan vastas que abarcan fenómenos que van desde los procesos de

59 reconciliación y justicia transicional hasta la concepción de instrumentos de intervención social para la superación de la pobreza.

Queda por decir, que esta reflexión acerca de la indignación invita a explorar otras experiencias contemporáneas, en el espíritu que constituye la siempre

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Otras publicaciones

Presentación de Boaventura de Soussa Santos en la entrega del Premio Sócrates UNIANDES denominada: para una teoría jurídica de los indignados. [Archivo de video] (2012, 02 de Agosto). Disponible en: http://www.youtube.com/watch?v=Ikc2te8-Puc