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Chapter 2 A turbidity-based method to continuously monitor sediment,

3.3 Material and methods

3.3.2 Bootstrap resampling procedure

La selección de los participantes fue intencionada. La técnica y forma de contactar con los participantes es conocida como “bola de nieve”. Al inicio, fue necesario echar mano de amigos y conocidos para contactar con posibles informantes. Después fueron ellos quienes indicaron a otras personas que podían compartir información sobre el tema de interés. Así, el contacto con participantes se basó en la presentación mediada por informantes, siendo la continuidad la que da el efecto de una bola de nieve (Spradley, 1980, 1993; Taylor & Bogdan, 1992; Weiss, 1994). Lasén, Finkel y Gordo (2007), mencionan que este método es adecuado para investigaciones que exigen una relación de confianza con los participantes. Son los intermediarios quienes forman los vínculos entre el investigador y los participantes, dando una garantía de formalidad y honradez al investigador.

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Al interesarme en las prácticas y actividades musicales cotidianas vigentes en un momento dado, en el transcurso del trabajo de campo contacté con informantes que tienen distintas relaciones con la música. Por una parte, me acerqué a jóvenes usuarios y aficionados cuyas preferencias musicales incluyen los narcocorridos; los escuchan frecuentemente; los adquieren de distintas formas; asisten a conciertos, ferias, bailes y presentaciones de sus artistas favoritos. Por otra parte, contacté con jóvenes músicos pertenecientes a grupos que componen e interpretan narcocorridos como parte de su repertorio. Me interesé por agrupaciones que forman parte de las prácticas musicales a nivel local. Músicos que Finnegan (2002) los denomina escondidos, ordinarios, incluyendo a los “malos” músicos y a los practicantes recién iniciados. Contacté con agrupaciones que si bien no cuentan con una larga trayectoria o gran fama, son profesionales que encuentran en la música una forma de ganarse la vida. Son grupos con relevancia social, ya que forman parte de la vida musical cotidiana de Culiacán. Se encuentran muy próximos a su público, son contratados para ferias, bailes, exposiciones y fiestas privadas. No me interesé en aquellos artistas, agrupaciones o compositores con fama nacional e internacional. Decidí ignorar a los músicos que son considerados como famosos, buenos, o como exponentes de la música norteña. Otros académicos ya han investigado sobre ellos52.

En total contacté con 15 colaboradores con los cuales tuve oportunidad de conversar, durante entrevistas en profundidad (Pujadas, 2010; Ruiz Olabuénaga, 2003). De las entrevistas, 5 fueron realizadas a músicos que pertenecen a diferentes conjuntos norteños. Entrevisté a 6 jóvenes aficionados a los narcocorridos, 3 hombres y 3 mujeres. También entrevisté a 3 vendedores, trabajadores y propietarios de tiendas de discos especializadas en música norteña. Además, tuve oportunidad de entrevistar al representante, encargado de mercadotecnia, publicidad e imagen de un grupo norteño. Por otra parte, realicé gran cantidad de “entrevistas informales” (Pujadas, 2010) con diversos jóvenes mientras hacía mi trabajo de campo.

4.4.1. Jóvenes, música y narcocorridos

La música popular en la vida cotidiana de los jóvenes juega un papel muy importante, es un elemento que desencadena prácticas de socialización. Escuchar,                                                                                                                

52 En las investigaciones realizadas sobre narcocorridos, es muy común encontrar que los

investigadores muestran gran interés, en ocasiones admiración por agrupaciones o compositores de fama internacional. Describen y analizan de manera detallada la trayectoria y obra musical de estas agrupaciones (Montoya, 2008, 2010a, 2010b; Montoya & Fernández, 2009; Ragland, 2009; Ramírez- Pimienta 2011a).

Mediación musical: Aproximación etnográfica al narcocorrido  

consumir, compartir, intercambiar o realizar una práctica musical, son actividades comunes en la población juvenil (Willis, 1998). Como mencioné en los primeros capítulos, la juventud y sus prácticas en relación con los narcocorridos, han sido determinantes para su éxito. Esto, desde mediados de la década de los setenta donde el narcocorrido retomaría fuerza en ambos lados de la frontera México-Estados Unidos, convirtiéndose en un producto cultural para el consumo masivo. Los jóvenes al apropiarse de la expresión musical, han posibilitado la continuidad, el relevo y metamorfosis de la tradición corridística (Valenzuela, 2002). Además, ha servido como objeto de apropiación e identificación cultural. Simonett (2000) describe que durante la década los noventa, en el sur de California, Estados Unidos, los jóvenes se apropiaron de la música y los ritmos que suelen acompañar a los narcocorridos. La música, sus discursos y otros elementos asociados como la vestimenta, forma de bailar y espacios de producción, difusión y escucha formaron parte de la imagen cultural de cientos de miles jóvenes mexicanos, México- americanos y otros latinos por igual. La música se convirtió en una fuente de orgullo e identidad. Los jóvenes con ascendencia mexicana comenzaron a prestar más interés por su legado patrio, considerando la música como algo intrínsecamente tradicional (Ramírez- Pimienta, 2004a, 2010a; Simonett, 2000, 2008).

Dentro de la república mexicana, Sinaloa ha sido considerado una de las entidades de mayor producción y tráfico de drogas del país. De ahí que sea también, uno de los lugares donde el narcocorrido se ha manifestado con fuerza, teniendo mayor arraigo en la población juvenil (Mondaca, 2004; Simonett, 2006). Astorga (1995) menciona, que en sus inicios, los corridos de traficantes sólo se escuchaban en fiestas privadas o en cantinas y se consideraba que eran usados mayoritariamente por personas relacionadas con el narcotráfico. Sin embargo, en la actualidad han ganado la aceptación de otros sectores sociales. Es posible escucharlos en la calle, en mercados, discotecas o centros de baile, a las afueras de planteles educativos, casas y fiestas de particulares no relacionados con la vida ilícita (Burgos, en prensaa; Edberg, 2004a; Simonett, 2004b).

El narcocorrido es una expresión musical vigente, se encuentra presente en la vida cotidiana de Culiacán, cuenta con la aceptación mayoritaria de jóvenes. Pasó de ser un género musical de escucha a un tipo de música que ha despertado el interés de un gran número de jóvenes músicos, que han encontrado en la música norteña y de banda, una actividad redituable. En sus grupos, gran parte del repertorio que interpretan son narcocorridos. La difusión de su música ha favorecido el desarrollo y la continuidad del género. Por otra parte, pensar el narcocorrido como un elemento exclusivo a personas

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relacionadas con el narcotráfico, actualmente es insostenible. Es un tipo de música que es utilizada por cualquier persona y no específicamente por narcotraficantes. Así, es imposible hablar de una narcocultura en términos de “subcultura” (Burgos, 2011a, 2011b; Silva & Burgos, 2011).