appreciable stall
BOUNDARY LAYER GROWTH IN A CONICAL DIFFUSER WITH AXIAL FLOW
La estrecha relación de los padres con la escuela es esencial para poder abordar convenientemente el problema del TDAH en los dos contextos de
desarrollo más importantes para el niño (la familia y la escuela). Es importante que exista una actitud favorable sobre el trastorno entre el grupo de profesionales educativos y evitar que se desplieguen actitudes poco favorables como presionar a la familia a que el niño salga del colegio porque no se sabe como abordar el problema. El inadecuado manejo de las situaciones conflictivas en el contexto escolar puede ocasionar a los padres estrés e insatisfacción parental, puesto que pueden sentirse responsables del comportamiento de su hijo y de las quejas que reciben en este sentido. Parafraseando a Córdoba y Verdugo (2003, pp. 24) los padres señalan lo valioso que es para ellos “contar con un profesor que conoce y acepta la problemática de su hijo, sabe manejarla y les da pautas para que puedan realizar un trabajo conjunto”.
Aunque tengan un nivel intelectual alto, es muy probable que los estudiantes con TDAH fracasen en la escuela, ya que, a medida que avanzan los cursos, las tareas escolares exigen más concentración, mantenimiento del esfuerzo y planificación. Estos niños presentan problemas en sus estudios porque estudian menos tiempo, se esfuerzan menos por conseguir sus objetivos y utilizan estrategias menos elaboradas (O’Neil y Douglas, 1991). En general se puede afirmar que las investigaciones sobre el tema apuntan a un rendimiento académico inferior al de sus compañeros (Barkley, DuPaul y McMurray, 1990; Casey y Schlosser, 1996). Así hay investigaciones que evidencian que un 30% necesitan repetir curso; entre un 30 y un 40% asisten a educación especial; 46% suspende y entre un 10 y un 35% fracasa al acabar la escuela secundaria (Barkley y cols., 1990). En consonancia con los datos anteriores, estudios realizados en nuestro contexto señalan que el 21.4% de los niños hiperactivos de entre 9-10 años recibe clases de educación especial; un 42.4% ya ha repetido curso y hasta un 81,6% necesita ayuda diaria para hacer los deberes (Miranda, Presentación y López, 1995). Especial importancia tienen los hallazgos relativos a las particulares adaptaciones educativas que
requieren los estudiantes con TDAH. Por ejemplo, en la investigación llevada a cabo por Rajeev y Riaz (2003) se observó que aproximadamente el 70% de los niños con TDAH fueron considerados con necesidades educativas especiales (13.5% en el nivel I, 20% en el nivel II y el 36.5% en el nivel III y superior).
Los problemas de aprendizaje repercuten en los padres y son una fuente considerable de estrés. Dado que estos niños necesitan un apoyo adicional diferente al de sus hermanos, los padres deben llevar un seguimiento diario de sus tareas escolares y una relación continuada con los profesionales del ámbito educativo que están interviniendo con el niño (los profesores, los psicopedagogos escolares, o los profesores de educación especial). En definitiva, la problemática escolar de los estudiantes con TDAH requiere una coordinación bidireccional padres-maestros para realizar una adecuada valoración del problema del niño y de sus necesidades educativas y una planificación de la mejora conducta y social, así como la coordinación para valorar los efectos de la medicación.
Los padres pueden ofrecer información sobre el niño, que incluya la historia médica, las aficiones e intereses, los refuerzos eficaces y el funcionamiento del niño en casa, para que los profesionales del ámbito educativo planifiquen la intervención. Asimismo, es necesario que los padres realicen una supervisión diaria de las tareas que se le asignan al niño por los problemas de planificación que presenta (en muchas ocasiones se pueden solucionar con una agenda de comunicación padre-profesor en donde se reflejen las tareas asignadas diariamente para que el padre las supervise). Por otra parte, el maestro puede informar a los padres sobre el progreso de su hijo, el comportamiento en la escuela, ofrecerles el feedback de cómo afecta la medicación a los logros académicos y la duración de la efectividad de la misma. Esta información también puede usarse para ayudar a los profesionales sanitarios a tomar decisiones más fundamentadas sobre el niño.
El papel del padre y del maestro son claves en el tratamiento farmacológico o psicosocial, ya que además de su intervención directa con el niño, son los observadores de las manifestaciones conductuales que son necesarias para que los profesionales de la salud realicen un enfoque adecuado de su tratamiento. Además de la coordinación escuela padres son necesari también medidas institucionales que proporcionen la respuesta educativa adecuada al niño TDAH.
En cuanto a las actividades extraescolares, los estudios ponen de manifiesto que los niños con TDAH participan en menor medida en éstas, a diferencia de los niños normales que, en la actualidad, ocupan su tiempo extraescolar en múltiples actividades (música, deporte, informática, idiomas), y además, el grado de integración en ellas es menor. Este hecho puede, entre otras causas, explicarse por las características de los niños con TDAH, que, a menudo, son rechazados por sus compañeros porque son más oposicionistas, agresivos, disruptivos y más molestos (Barkley, DuPaul y McMurray, 1991; Wheeler y Carlson, 1994). A esto se añade el hecho de que presentan dificultad para seguir reglas, muestran poca motivación por el deporte y manifiestan problemas de disciplina ante las órdenes del entrenador.
Pascual-Castroviejo (2004) realizó un estudio sobre las actividades deportivas de los niños y adolescentes con TDAH, en el cual analizó un total de 100 niños, todos ellos varones de edades comprendidas entre los 6 a los16 años. Observó que 33 niños no hacían ningún deporte y la mayoría de ellos mostraban actitud contraria a las actividades deportivas. De los niños que practicaban deporte, el fútbol y el ciclismo eran los más frecuentes. Por otra parte, menos de la mitad mostraban motivación para la práctica deportiva y menos de la tercera parte mostraban disciplina ante las órdenes del entrenador
Sin duda, la conclusión más relevante desde un punto de vista práctico que se deriva de nuestra revisión es que las intervenciones que se realicen en el TDAH deben incluir a la familia como un agente prioritario, teniendo en cuenta el papel clave en el proceso de regulación y ajuste del niño. Pero además, la familia es la que detecta el problema, y se implica en el tratamiento, y es la mediadora de los diferentes contextos donde el niño se desarrolla, escuela, actividades extraescolares, etc.
Cabe señalar para finalizar esta exposición teórica, que el TDAH es un trastorno a “tiempo completo”, que impacta todos los aspectos de la vida del niño y de su familia. Por consiguiente es necesario asegurar un diagnóstico temprano para minimizar los efectos en la vida del niño y de sus padres y proporcionar un tratamiento precoz efectivo para que se mejore la conducta del niño y los padres aprendan a entender el problema y a manejar los síntomas que presenta.