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Building blocks for Myanmar IWRM strategy 102

8.   Strategy development for IWRM 99

8.3   Building blocks for Myanmar IWRM strategy 102

El ruido de la invasión de los diablos en el cercado de Devinière ya se había difundido a lo lejos a la redonda, y el sobrino del Maestro Tomás había sido instruido de eso uno de los primeros. No ignoraba tampoco la presencia de Violeta Deschamps y de su hijo cerca del enfermo, porque no se alejaba apenas aquel día de la morada de su tío, atraído el que era por no sé cual olor de testamento que le daba apetito. Aprovechó pues desde el momento en que el aparcero el gordo Guillermo, todavía totalmente revuelto por lo que acababa de efectuarse, abandonaba a pesar de él de sus costumbres de salvajismo y dejaba entrar al cercado a la muchedumbre de los vecinos acudidos al ruido del combate; sacó provecho de eso, digo, para deslizarse entre los curiosos y llegar inadvertido hasta la habitación de su tío, donde precisamente entró como el padre y el hijo se abrazaban.

¿Y yo pues? ¿Y yo? Gritó a Jerónimo. Me es opinión que llego a propósito, y ya que se abraza aquí, punzando necesito llorar mucho tiempo mis pecados y gritar misericordia. ¡Oh! ¡Botella santa! ¡Como el doctor es rejuvenecido! Encantado de verle, primo; no le habría reconocido. ¡Pues bien! ¡Mi tío, a mí vuelta ahora! ¿No quiere abrazarme?

Pare, señor, dice el viejo Rabelais lloroso y risueño, la mitad severa, la mitad a la vez de haber visto de nuevo a su hijo, porque el sentimiento paternal acababa de despertarse y de manifestarse tanto más vivamente en su corazón, porque lo había comprimido más tiempo; pare, le dice a su sobrino mostrándole Violeta; póngase primero en rodillas

delante de esta mujer encantadora y trate de obtener su perdón, si usted quiere tener el mío.

De verdad, mi tío, no tengo otro deseo; y puede decirle que le ofrecí para casarme con él; me negó con desprecio: ¿que quiere que le diga?

En rodillas, te digo, y pídele perdón.

No tengo que perdonarle nada a señor, dice Violeta; si cree que él hace algo para mí casándose conmigo, tengo el derecho a agradecerlo y a no aceptar lo que vería beneficio. Me gusta dar más que recibo, y jamás aceptaré la mano de un hombre a quien no podría dar mi corazón en cambio. La gente dirá que soy deshonrada porque no ganaré el perdón su estima al precio de la mía, pero creo más mi conciencia que el mundo, y me entristeceré poco de ser deshonrada para él si soy honrada por ella.

¿Entiendes, golfo, como habla? ¡Pero es pues una hada o una princesa disfrazada quien este tesoro de pequeña mujer! ¡Imbécil! ¡Qué había encontrado una sortija por muy hermosa en su dedo y qué le perdió!

No lo merecía, dice el golfo un poco conmovido.

He aquí por lo menos una buena palabra, dice el viejo Tomás.

¡Perdón! ¿También, por qué es tan severa después de haber sido por muy buena? Continuó a Jerónimo: tiene como más aguda que yo, lo veo bien. No soy menos un bonachón; si quiera sólo ponerme en sus rodillas para hacer la paz, lo haría muy en seguida; pero ya probé y no conseguí. El doctor, o más bien el primo, porque aunque veo es la misma persona el primo pues me había prometido hablar para mí...

Y es lo que hice, dice Maestro Francisco: Violeta me respondió que si usted estuviera desgraciado y abandonado de todo el mundo, todavía se le consagraría.

Dijiste... ¿Dijo esto, señorita Violeta? ¡Oh! Tenga, crea en mí si usted quiere, soy mal sujeto, es posible; ¡pero no tengo un mal corazón!... ¿Por qué no quiere llamarse Sra Rabelais? Usted sabe bien como el mundo es tonto. Si esto no es para mí, haga esto por lo menos para ti. Le dejaré tranquilo mientras usted quiera, y hasta no entraré jamás en su casa si usted no me lo permite... ¿Tenga, ve bueno he aquí ahora que las lágrimas me vienen con los ojos pues soy tonto también, yo? Pues bien, tanto peor: tengo tiempo de ser un tuno, quiero ser honrado hoy... Véase, hace falta que se lo diga tenía primero ideas interesadas hablándole de matrimonio; porque verdaderamente soy un pedante y jamás supe lo que usted valía... ¡Pues bien! Tenga hoy, Violeta, nada que de verse tan dulce y tan bella, con este pobre querubín que debía llamarme su padre esto me revuelve todo el corazón hechas a mí lo que usted querrá, Violeta, y lo que mi tío le da todo; ¡ usted lo merece todavía más! Si usted quiere mi nombre, se lo daré; pero usted será libre de echarme a la puerta como un perro embarrado, si no reparo por mi conducta todas mis culpas hacia usted... Violeta, su mano solamente en signo de perdón, y que me esté permitido ser padre por lo menos una vez y abrazar a nuestro querido niño.

Violeta lloraba y miraba a Maestro Francisco.

Acepte por lo menos su promesa, dice sonriendo el ex médico Rondibilis, y dele poco tiempo para corregirse. Ya que usted es mejor que él, es a usted le debe de la indulgencia: el buen Dios nos espera bien, él: ¿por qué no esperaría a Jerónimo?

Pues bien, eso es dice el viejo Tomás, corrígete, mi chico, y veremos más tarde. Sra Violeta no te necesita, por otra parte, para dar un nombre en su pequeño: ¿se llama Francisco-

Tomás Rabelais, entiendes? Y si no eres digno de servir para él de padre, es a mí quien quiero ser el suyo. Trata de hacer bien a la Lamprea, vigila un poco más tu farmacia; pero sabe bien que todo esto pertenece a Sra Violeta, que te dará allí parte si te vuelves sabio. Haz en suerte, por fin, que todavía pueda quererte. Porque para darle a un marido en pintura, gracias por ella, mi grueso; el matrimonio da siempre derechos, y más bien que de desposársela a un corredor y a un borracho, yo mismo me casaría más bien con él.

¡Viva, el padre Tomás! Dice al hermano Juan. Nosotros todos bailaremos a la boda.

Creo, de verdad, que bailaré allí también, dice el padre Rabelais, tanto soy regocijo reencontrándome en familia. ¡Oh! ¡Mis golfos de niños! ¡Mon Franciot! ¡Mi bella pequeña Violeta, a la que querría tan desde hace tiempo, si lo había conocido antes! ¡ Y tú mi pequeño recién nacido! Usted he aquí toda cortadura, muy sustentadoras y la sonrisa sobre los labios; ¿cómo todavía sería enfermo? ¿No vamos más a separarnos ¿no?? ¡Es sin embargo el pobre Francisco qué nos devolvió todos felices! ¡Y yo qué escuchaba los informes de estos monjes falsos de la Basmette! Vea como aumentó, el golfo; ¡y como tiene el aire maligno! Se me parece un poco ¿no?, pero se parece más a su madre. Sépase que es médico como Santo Tomás, y teólogo como Hipócrates... No tan hecho... ¡No sé más lo que digo y embrollo todo, mientras soy alegre! Todavía abrázame a mi gran hijo.

¿Esto, que haremos para él? ¡Por desgracia! No podemos casarlo ni dotarlo; pero ya que no está más en el convento, podemos darle algo.

Cuento bien allí, dice el Maestro Francisco: deme totalmente su amistad.

En cuanto a quedarse aquí, esto no es posible en absoluto; soy conocido en el país, no de figura, pero de nombre, los monjes podrían proseguirme allí. Por otra parte soy médico sin haber tomado mis grados, y no quiero que un asno aprobado por alguna facultad poco difícil venga tratarme para de charlatán. Me voy mañana a Montpellier, dónde espero que le haga honor a mi familia y a mi nombre. Si usted quiere probarme su bono querer, concédame solamente a perpetuidad un pequeño sitio a la Cava pintada y aquí, en Devinière; pero consérveme siempre una botella de la mejor y de más recién.

No faltaremos allí en absoluto, dice Jerónimo; y quiero que la botella sea hecha a propósito y permanezca siempre expuesta como una reliquia en el lugar más noble de la bodega. La haré guarnecer cinceladuras y pinturas; será célebre en todo Chinón, y, antes de que sean algunos años, quiero que haga milagros.

Lo hará, dice hermano Juan; ¡reconciliará a los padres divididos por interés, rejuvenecerá a los viejos, gaudira y regaillardira el humor de los gotosos, acercará a los enamorados, incluso vendrá posiblemente hasta resucitar a los muertos! Consolará a los viudos y será la mujer de los solteros; pero es el cercado del padre Tomás que abastecerá la dote. La idea es bella, dice el Maestro Francisco, y la Cava pintada debe ser más célebre en lo

sucesivo que el santuario de Apolo Delfico; porque es el buen vino que descubre la verdad, y por lo tanto devuelve oráculos. ¡Sea pues el divina botella mi fortuna y mi novia! Tiene abrazos que jamás engañan, sus amores jamás carecen de calor, su glou glou, jamás de franqueza. Es en sus vapores dulces que dejaré el cuidado de disipar las nubes de la ciencia y de la filosofía. ¿El vino no es hijo de la luz? ¿No allí el rayo del sol devuelto potable que buscaban todos los alquimistas?

Cuando de todos los primeros semientes Todavía dormían bajo un limón cenagoso,

Cuando del caos el abrigo tenebroso

Flotaba sobre el agua de las charcas de ranas frías, Sobrevino el amor, que embriago el caos

Y de néctar embadurnó el trono.

El viejo dormilón entonces se volvió borracho, Y de la tierra separó las aguas.

Para guardarlos más tiempo sin beberlos, los saló, si se cree la historia. Así nació este abismo de los mares,

Que vive más tarde nacer Venus, más bello Que su azul, y a menudo más cruel Que la tormenta y los precipicios amargos.

¡Todavía una sorpresa! Exclamó el viejo Rabelais maravillado. ¡Mi hijo es ni siquiera teólogo y médico, todavía es poeta, y hace hacia por muy hermoso como los de Maestro Villon!

Hago, dice el Maestro Francisco, mucho más; sé hacer la cuerda fina, trenzar del junco, cortar la viña, escurrir el queso y descascarar nueces. ¿ Pero a propósito de eso, no es el tiempo de poner la mesa? Vamos a cenar en familia, y mi estómago será curado para mi viaje de mañana. ¡Señor mi muy honrado padre querrá ser el rey del festín, Violeta será la reina y hermano Juan será botellero!