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Guiding principles for Myanmar IWRM strategy development 99

8.   Strategy development for IWRM 99

8.2   Guiding principles for Myanmar IWRM strategy development 99

Hermano Juan, en actitud de triunfador romano, su palo de la cruz sobre el hombro y el sujetando de una mano el hermano Pelosse pobre, entró en la habitación, haciendo un gran ruido de tocatas.

¡Baoum! ¡Baoum! ¡Flauta! ¡Tonelete! ¡Tonelete! ¡Sitio al vencedor del Filisteo y a su ejército! No mire para esto la mandíbula de hermano Macé; para vencer a los diablos de infierno no jugamos la mandíbula: ¡es el palo de la cruz qué los echó con la ayuda de las buenas oraciones del Maestro Tomás aquí obsequio y del gran doctor Hypothadée! Von, von, vrelon, von, von, hablaba atropelladamente a hermano Macé, queriendo hablar y

temiendo escupir sus dientes.

¡Atrás! ¡Atrás! Gritaba al viejo Tomás; usted, siente el tostado. ¡No me toque, usted saca uñas del diablo!

Dios nos esté en auxilio, dice Maestro Francisco; valore bebes este vaso adivinador fresco, nuestro hermano, esto le fortalecerá el corazón y le soltará posiblemente la lengua. Pero hermano Macé que había percibido Violeta y su niño, hizo intento de querer salir, y, como nadie le retenía, volvió sobre sus pasos, se abandonó pesadamente en una butaca con suspiros que ponen en movimiento las vigas, juntó las manos naciendo hacia el cielo de las miradas desconsoladas, y miró a dueño Tomás con furor.

¡Vea, vea, doctor Hypothadée, nuestro Maestro, es todavía hechizado! Respiró diablillos; me parece que lo veo sacar por sus ojos, por su nariz y por sus orejas. No lo deje, hermano Juan, él resista mucho; ¡ tengo miedo que se echa sobre nosotros! Aun vi a un cristiano tan feo. Va a darnos alguna suerte. Maestro Hypothadée, cántele una palabra de exorcismo. Debe haberse vuelto herético para que el diablo se le ate así. Hágale besar mi relicario.

¡Eh! No, decía Maestro Francisco, hermano Macé es buen cristiano, renunció a Satanás, a sus bombas y a sus obras; prometió y todavía lo hace castidad, obediencia y pobreza; ¿ no es verdad, señor mi hermano?

Hermano Macé avisó de la cabeza que era verdad.

¿Al que le querían los malos espíritus? Continuó al doctor Hypothadée; no es pagano ni judío y cree en la Escritura santa. Respeta el Antiguo Testamento y cree en todas las promesas ello contenidas; ¿pero prefiere el Nuevo, y se adhiere de todo su corazón a todos los artículos que cierra, no es verdad, hermano Macé? Hermano Macé que se ahogaba para decir sí, y esputando sangre dos o tres veces, avisó todavía de la mama que era verdad.

El Antiguo Testamento, dice el doctor Hypothadée, es sólo una figura de los bienes que vienen, es la convocatoria de las promesas entre las que se hicieron indignos aquellos a los que fueron hechas. El segundo, es la reconciliación del padre con su familia, es la adopción del hombre nuevo, es el niño devuelto legítimo de la mujer por la destrucción del pecado original; ¿usted lo cree como mí, y usted lo aprueba de todo su corazón, no es verdad, hermano Macé?

Es ¡Verdad! tosió hermano Pelosse que se había decidido a tragarse un vaso de vino.

Oh bien, dice el reverendo Hypothadée, veo que nos entendemos y que usted es buen cristiano. Se lo hago decir, para calmar a Maestro Tomás a quien su aventura de hoy con los diablos parece haber causado escrúpulos. No me fío de usted, porque le conozco de reputación y soy sobre que lo que acabo de decir sobre ambos Testamentos, usted estaría dispuesto a firmarlo.

De mi sangre, masculló a hermano Macé buscando una segunda vez la saliva roja de sus encías.

Lo creo por cierto de todo mi corazón; ¡ pero se lo probaremos a aquellos qué podrían no fiarse de eso, con el fin de que este asunto de diablura que va a hacer ruido en el país, converse a persona de escándalo, haciendo sin razón sospechar de la fe de un monje muy venerable, De Ahora, sabidos! He aquí lo que escribo y lo que usted va a firmar:

« Yo, hermano Macé Pelosse » (y a medida que el Maestro Francisco pronunciaba Estas palabras, los escribía sobre el mismo revés del pergamino que

Viejo Rabelais acababa de firmar) « monje y procurador de la abadía De Seuillé, con el fin de que nadie sospeche de mis intenciones, lo declare

Presencia de, etc. (aquí fueron nombradas las personas presentes), que Creo en la existencia de dos testamentos, la Antigua y la Nueva: yo

Reconoce que el Antiguo era una figura y contenía promesas y Amenazas de un padre que quería devolver a sus niños; creo que Nuevo Testamento revocó el Antiguo, y rindió al hijo del hombre Pecador, lavado por el bautismo de los pecados de su padre, todos derechos a

La herencia del padre de familia, haciéndolo miembro de la sociedad de Cristianos y de la Iglesia santa católica, apostólica y romana,

En la fe de la cual quiero vivir y morir. » ¿Que dice sobre esta fórmula?

La firmo con los ojos cerrados, chapurreó hermano Pelosse, la gloria de San Benito y la confusión de todos los diablos.

¡Amen! Dice a Maestro Francisco tendiéndole el pergamino y presentándole la pluma. Hermano Macé releyó la profesión de la fe de los ojos y lo firmó.

El viejo Tomás, que había comprendido todo este apólogo, no pudo retenerse de reírse. Nos cogeremos pues en lo que dice el Nuevo Testamento, dice mirando Violeta.

Sin perjuicio, no obstante, del respeto que se debe al Antiguo, dice hermano Pelosse con esfuerzo.

Ciertamente, dice Hypothadée, y que agarra sobre le ruega dios cerca de la cama dos grueso entregar conectados otra vez en pergamino gótico, puso en uno la donación hecha anteriormente todos los bienes del viejo Tomás a los monjes de Seuillé, y en el otro lo escribe a favor del hijo de Violeta, firmando por Rabelais el padre y refrenda por Macé Pelosse.

Respeto al Antiguo Testamento, dice presentándole el primer volumen al procurador de Seuillé, creemos que nosotros lo honramos como lo merece, devolviéndolo entre sus manos. En cuanto a nosotros, el Nuevo Testamento basta para nosotros, añadió devolviendo el segundo volumen con escrito que contenía, en las manos de Violeta. Hermano Macé, sospechando un poco tarde algo, abrió precipitadamente la Biblia que se acababa de devolverle: el primer testamento de Tomás Rabelais cayó de allí, a la estupefacción del monje. Los pedazos de risa de los asistentes le hicieron adivinar todo el resto. A esta vista, a este pensamiento, olvida todos sus dolores; se levanta, pinta de verde, sus ojos llamean; no sabe al que ponérselo primero: El Maestro Tomás es asustado por anticipado por el sermón que su antiguo confesor va a hacer.

¡Hermano Juan, usted me engañó! Exclama por fin Pelosse con explosión... Pero, a esta primera palabra, se para, se retuerce, él mismo se repliega. ¡Oh! Soy envenenado, exclama con una voz que sale apenas del gaznate.

Usted no es él único, dice hermano Juan haciendo intento de taparse la nariz, y me mismo es quien me seré engañado, cuando creí que yo le hube hecho cambiar en seguida de ropa blanca.

¡Llévelo! ¡Llévelo! Gritó a todo el mundo todo con una voz.

Ahora, dice Maestro Francisco o Maestro Hypothadée, como querremos llamarle, abrimos a nuestra vuelta el libro que escogimos, y hacemos una pequeña lectura.

Abriendo entonces el volumen en el lugar que había marcado deslizando la fe de bautismo del pequeño Francisco, leyó con una voz distinta y las más dulces inflexiones la historia del niño pródigo. El viejo Rabelais atentamente lo escuchaba, y hasta secó una lágrima que deslizaba en la esquina de su ojo.

Gracias, dice a Maestro Hypothadée apretándole la mano; comprendo lo que usted quiere decir; usted verdaderamente es un hombre de Dios, y usted me puso hoy en gran paz conmigo. Usted me hizo un hijo al lugar del mío que se perdió; le agradezco por eso, y me siento alegre como el padre de familia de la parábola. Me considero rejuvenecido de diez años, y el doctor Rondibilis tenía razón cuando hablaba de rejuvenecerme. ¿Pero por qué pues no viene? Decimos que cuida a mi sobrino que está moribundo. Envíele a alguien a Chinón decirle a mi sobrino que muera en paz y que le perdono; pero sobre toda cosa que se me devuelve aquí al doctor Rondibilis Alcofribas.

Debo decirle la verdad, repitió humildemente a Hypothadée: esto no es cerca de su sobrino que está ocupado de momento mi amigo sabio médico Alcofribas: cuida en un sotabanco de Chinón a un pobre viajero llegado últimamente de Anjeo en la tripulación más lastimosa; es un pobre huérfano de la religión quien lo desconoció, y de la casa paternal que le rechaza; es un niño pródigo quien pregunta en cuál condición podría esperar el perdón de su padre.

A este discurso, la frente del viejo se había oscurecido:

Qué me pruebe sentir arrepentirse por una mejor conducta, dice, y lo recibiré posiblemente; ¡qué estudie y qué se haga un médico como Rondibilis, o un teólogo y un sabio como Hypothadée, y lo recibiré con los brazos abiertos!

Que no quede por eso, dice Maestro Francisco.

En seguida, derribando su peinado de sorbonista y su vestido superior saca de su bolsillo una barba blanca y quevedos, he aquí el doctor Rondibilis, dice; usted acaba de ver a Hypothadée, y ahora, añadió quitando el resto de su atavío y su barba postiza, he aquí el pobre Francisco Rabelais, que se echa a los pies de su padre, al que no mereció la furia. ¿Que hizo entonces el Maestro Tomás? Justamente lo que había hecho bien antes de él el padre del niño pródigo. Lloró de alegría, abrió sus brazos, y abrazó tiernamente a su hijo. Todos los asistentes fueron emocionados por esta escena como convenía al ser; hermano Juan lloraba riéndose y se echaba un gran vaso de vino, cuando un nuevo personaje al que no se esperaba se precipitó en la habitación; y quedó totalmente asombrado y como petrificado delante de este grupo de reconocimiento mutuo, de paternal alegría y de regocijo filial.

IX