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Las raíces del relativismo: el reduccionismo

LIBBY: Se supone que el tema de esta tarde no va a ser el relati-

vismo sino sus raíces. No hablaremos sobre sus raíces históri- cas, pues ya lo hicimos en la tercera entrevista, sino sobre sus raíces lógicas. Era así como lo tenías planteado, ¿verdad? ‘ISA: Sí.

LIBBY: ¿Y crees que es necesario, o sea, que deberíamos dedicar

toda una entrevista a este tema, porque...?

‘ISA: Porque un buen jardinero sabe que no basta con arrancar la

mala hierba; también tiene que exponer y arrancar sus raíces. LIBBY: La mala hierba, vaya por Dios, por lo visto ésta será la eti-

queta del relativismo durante el día de hoy. Bueno, que nunca se sepa que el profesor dejó de argumentar y que empezó a poner etiquetas.

‘ISA: ¿Argumentar? ¿Y qué otra cosa hemos hecho en las últimas

dos cintas? Ayer analizamos todos tus argumentos, ¿te acuer- das? Los ocho. ¿Tienes más?

LIBBY: ¿Que si me gustaría meter mi cabeza en tu boca del león?

No, muchas gracias.

‘ISA: Bueno, entonces pasemos al siguiente tema. Tenemos que

encontrar las raíces filosóficas del relativismo y hacer con ellas lo mismo que hicimos con el relativismo.

LIBBY: ¿Darles unas buenas palmaditas?

‘ISA: Una refutación lógica.

LIBBY: En serio, profesor, ¿sería demasiado pedirte también un

análisis psicológico de las cosas, del relativismo y de sus raí- ces, salga lo que salga?

‘ISA: Reduccionismo, en una palabra. He ahí la raíz filosófica del

relativismo.

LIBBY: Bueno, si estos monstruos son tan feos como tú dices, si el

relativismo es como Grendel y el reduccionismo como la madre de Grendel, y tú eres Beowulf y matas a esos dos mons- truos, entonces me gustaría saber: ¿por qué tanta gente los ve como buenos y vosotros, los realistas, los veis como mons- truos? Deberías tener una buena razón que explique por qué el relativismo y el reduccionismo son atractivos para las personas como yo, que somos un poquito más inteligentes y responsa- bles que un asesino de masas.

‘ISA: Una buena pregunta. Intentaré contestarla también.

LIBBY: Gracias.

‘ISA: Hoy necesitamos, pues, hacer dos cosas. Ya hemos refutado

el relativismo, pero no su raíz: el reduccionismo. Así que necesitamos definir y refutar el reduccionismo. Y después tendremos que contestar a tu pregunta: por qué se presenta tan atractivo. Acojo con gusto tu reto de hacer un análisis psi- cológico, no sólo lógico, y echar un vistazo a los motivos del reduccionismo.

LIBBY: Apostaría a que te guardas en la manga unas cuantas

sospechas ocultas para dármelas después como respuestas a esa pregunta.

‘ISA: Bueno, la primera no está oculta para nada, sino muy a la

vista y bien patente. Ya lo tocamos antes. Lo vimos en la ter- cera cinta: la navaja de Ockham. ¿Te acuerdas?

LIBBY: Sí, claro. «Los entes no deben multiplicarse sin necesi-

dad», o sea, «siempre debes usar la explicación más simple». Ahora, ¿cuál es el motivo que subyace a este principio? ‘ISA: La utilidad. Es un principio económico para la ciencia.

LIBBY: ¿Y qué hay de malo en eso?

‘ISA: Nada para la ciencia, pero todo para la vida. La ciencia no

es vida. Si usas la ciencia práctica para la operación del cere- bro de tu abuela, puede ser útil y eficaz pensar en su cuer- po simplemente como un ordenador, o sea, en su cerebro como un ordenador y en su cuerpo como una máquina. Sin embargo, eso no sirve cuando la traes a tu casa para que viva contigo.

LIBBY: Eso tiene sentido. ¿Y dónde está la lección?

‘ISA: Que no deberíamos confundir un buen método con una

buena metafísica. No deberíamos confundir la mirada estre- cha y útil de una perspectiva mental con la estrechez real de la cosa.

LIBBY: Eso también tiene sentido.

‘ISA: Porque tiene una sólida base psicológica: el hecho de que nor-

malmente no podamos pensar a la vez con mucha claridad sobre dos aspectos del mismo objeto complejo. Eso sucede sobre todo cuando el objeto es una persona y más aún una persona que nos importa.

LIBBY: ¿En qué aspectos estás pensando?

‘ISA: El alma y el cerebro, por ejemplo, o la religión y la quími-

ca, o la economía y la estética. LIBBY: Vale.

‘ISA: Pero este hecho psicológico sobre nuestras limitaciones no

significa que uno de los dos aspectos que tenemos que distin- guir y separar sea menos real que el otro.

‘ISA: Pero aquí está el error, el primer motivo para el reduccio-

nismo: la confusión del método con la metafísica. LIBBY: Bien, ¿y qué más?

‘ISA: Otro error que lleva al reduccionismo se basa en el mismo

hecho de que las cosas tienen muchos aspectos o dimensiones diversas. Hace mucho tiempo, Aristóteles los agrupó básica- mente en cuatro: los filósofos las llaman «las cuatro causas», los cuatro tipos de explicaciones de cualquier cosa...

LIBBY: Me las sé, pero sigue. Explícalas para la cinta.

‘ISA: La causa material es el puro material del efecto, su conteni-

do, de qué está hecho, su potencia para recibir una forma: la causa material de esta casa es la madera. La causa formal es la naturaleza o la esencia del efecto, lo que una cosa es o lo que tiene que ser; es la actualización de la potencia: la causa formal de esta casa es que es una casa de verano. La causa eficiente es el agente que produce el efecto o lo cambia, si el efecto es una acción; quien lo hace: la causa eficiente de esta casa es el carpin- tero. Por último, la causa final es el fin o el bien o el objetivo o el motivo del efecto, el para qué fue producido: la causa final de esta casa es vivir aquí en verano.

LIBBY: Y ahora, ¿cómo se aplica esto al reduccionismo?

‘ISA: Nos da dos tipos de explicación fundamentalmente diver-

sos: por las causas materiales o por las causas formales, y por las causas eficientes o finales. El reduccionismo acepta sólo las causas material y eficiente, como lo vemos, por ejemplo, en el

Fedón de Platón...

LIBBY: Donde narra la historia de la muerte de Sócrates en pri-

sión, ¿verdad?

‘ISA: Sí, allí vemos a Sócrates sentado en la cárcel y a sus discípu-

los preguntándole por qué está ahí. Han sobornado a los guar- dias y puede escapar (tal vez esto se narre en el Critón y no en

Fedón, no estoy seguro). Le preguntan por qué no se escapa. ¿Será

porque sus músculos y sus huesos le mantienen en la silla? Ésa es la razón que daría una explicación puramente material, el tipo de explicación que Sócrates halló en los filósofos anterio- res, en los presocráticos. Anaxágoras, creo, es uno de los que cita. Estos filósofos hablaban solamente de las causas materiales y eficientes: tierra, aire, fuego y agua, y de las fuerzas de atrac- ción y de repulsión. Era una explicación simple. Una explica- ción reduccionista. Pero no funciona. Sócrates argumenta que si esto fuera todo lo que hay, no estaría ahí sentado. Para explicar por qué está sentado allí tienes que mencionar la causa final, el motivo. Y el motivo de Sócrates era su convicción moral de que nadie debería cometer un acto malo ni siquiera con un fin bueno, y que el fin no justifica los medios. Creía que está mal desobedecer la ley aun cuando la ley se equivocara. Tenga o no razón, ése era el motivo de que estuviera sentado en la cárcel. ¿Lo ves? La explicación reduccionista no siempre explica las cosas. Hay dimensiones de la realidad que el método científico no puede tomar en cuenta, porque el método ignora las causas finales. La moralidad, de hecho, se encuentra en ese terreno: en la causalidad final, el objetivo, el bien.

LIBBY: Con todo, Sócrates, Platón y Aristóteles y sus seguidores

medievales no utilizaban el método científico; no eran muy buenos científicos en comparación con los modernos precisa- mente porque no utilizaban lo que tú llamas reduccionismo. Sólo en el Renacimiento se establece el método científico y es justo ahí cuando la ciencia empieza a progresar a pasos agi- gantados. Ese método tiene que haber sido el descubrimiento más grande en la historia de la ciencia, porque abre todas las demás puertas como una llave maestra. Los antiguos no la tenían y los modernos sí.

‘ISA: Pues sí, creo que aquí tienes razón, aunque yo añadiría que

la llave para la llave es la matemática, el exacto medir. Creo que también te equivocas, porque estás cometiendo el mismo error que los antiguos: estás confundiendo la ciencia con la filosofía. Ellos intentaron hacer ciencia utilizando los métodos filosóficos, y tú estás intentando hacer filosofía uti- lizando el método científico: la misma confusión pero al revés. Tanto los antiguos como los modernos olvidan cuán diversas son la ciencia y la filosofía. El método científico se basa en este hecho psicológico: si cerramos un ojo —el ojo que ve las causas finales y formales, los objetivos y las esen- cias—, entonces podemos trazar el mapa de lo que vemos con mucha claridad: las causas material y eficiente. Pero una buena filosofía hace justo lo contrario: mantiene los dos ojos abiertos. Se centra en las cosas que la ciencia ignora y que ignora con razón, porque tiene que ignorarlas, sobre todo las causas finales.

LIBBY: ¿Y por qué hay que centrarse en las causas finales para ser

un buen filósofo?

‘ISA: Porque, como dijo Aristóteles, la causa final es la primera

de las causas y la causa de todas las demás causas, la razón por la cual las demás funcionan. Por ejemplo, ¿por qué las velas se hacen de cera y no de piedra? ¿Por qué tienen la cera como causa material? La causa material se explica solamente por la causa final: las velas han sido diseñadas para que se que- men. Y los ojos están formados por las fibras ópticas porque están diseñados para ver. La causa material, pues, se explica por la causa final. Y la causa eficiente también se explica por la causa final. El carpintero sierra la tabla porque está hacien- do un barco de ella. La semilla sale hacia arriba desde la tierra

LIBBY: ¿Y por qué los científicos modernos hablan así? ¿Por qué

el método científico no se ocupa de la causa final?

‘ISA: Porque la causalidad final no es una cosa física. Es mental y

espiritual. Los objetivos y fines, los propósitos, los bienes y los designios no tienen ni color ni forma. Vienen de la mente, no de las moléculas, aunque afectan a las moléculas. Puedes ver los resultados del designio en la complejidad de la célula o del átomo, pero no puedes ver el designio mismo. Es una idea, un plan; está en la mente. Así que, si hay causa final, tiene que estar en la mente. Y si la causa final es la causa fundamental, entonces la mente tiene que ser fundamental también. LIBBY: Por tanto, la mente precede a la materia. La mente está

sobre la materia. ‘ISA: Sí.

LIBBY: Esto suena más a metafísica californiana que a ciencia

moderna.

‘ISA: ¿A «metafísica californiana»? Las cuatro causas no funcio-

nan sólo en California. De hecho, si hay algún lugar donde no funcionen, será probablemente en California.

LIBBY: Se trata entonces de metafísica griega, de la antigua meta-

física griega. Defenderías a Aristóteles antes que a Einstein, ¿verdad?

‘ISA: No, no veo ninguna contradicción entre la metafísica de

Aristóteles y la física de Einstein. Sólo la veo entre la física de Aristóteles y la física de Einstein. Pero sí que veo la con- tradicción entre la metafísica de Aristóteles y la metafísica moderna, y creo que los modernos se equivocan tanto en la metafísica como los antiguos en la física.

LIBBY: Se da, entonces, una verdadera confrontación.

‘ISA: Así es. La podríamos llamar un choque de visiones del mundo.

LIBBY: Pero el materialismo moderno funciona. Es el método

científico.

‘ISA: No, lo que funciona es el método, no el «-ismo». Un «-ismo»

es más que un método. Un «-ismo» es una metafísica. No hay nada malo en el método científico y nada malo con el reduc- cionismo en la ciencia. El reduccionismo es bueno para el método pero no para la metafísica.

LIBBY: ¿Y cómo es que el método se sobrepuso a la metafísica?

¿Qué científicos han cometido ese error, en tu opinión? ‘ISA: Científicos no, filósofos. Cuando los filósofos modernos

reclamaron el uso exclusivo del método científico, entonces se llegó al materialismo metafísico y a la visión del mundo que pone la realidad al revés, con la materia como primaria y causa de la mente. De este modo, la mente se redujo al cerebro. LIBBY: Y eso es reduccionismo: reducir la mente misteriosa a

pura materia.

‘ISA: Sí, si bien la materia se está volviendo mucho menos simple

y mucho más misteriosa de lo que se solía pensar.

LIBBY: ¿Y cuál es el «-ismo» alternativo, la visión del mundo que

prefieres?

‘ISA: La otra visión del mundo es lo opuesto: la materia está

rodeada por la mente; es la mente quien la explica.

LIBBY: En otras palabras, ¿tiene que haber un Dios detrás de la

evolución para diseñarla? ¿No se trata de la misma pregunta pero hecha de modo más concreto?

‘ISA: En esencia, sí. El reduccionismo dice que nuestras mentes son

un eructo accidental de una primigenia masa informe sin con- ciencia y yo digo que el entero universo físico, desde el Big Bang hasta nuestro descubrimiento del Big Bang, es una obra de arte pensada por una mente cósmica. Es como una obra de teatro: hay dos maneras de verla. Puedes ver el escenario mate-

rial como lo que rodea y explica todo lo demás en la obra o pue- des verlo como uno de los aspectos de la obra, donde se realiza la obra, y que se explica sólo por la obra en su totalidad. El uni- verso es como un enorme estrado. Toda la materia en el univer- so es como un escenario físico para la obra de teatro, que cuen- ta con su trama, tema, significado y plan diseñados por la mente de su Autor. Eso explica el escenario y no viceversa. La obra de teatro es la vida humana y la trama no es el escenario sino las elecciones morales de los personajes, las elecciones entre el bien y el mal. He aquí la obra de teatro del universo. LIBBY: Muy romántico... o más bien mitológico. ¿Por qué no

solemos ver el universo de esta manera? ¿No será porque la ciencia y el reduccionismo han funcionado mejor?

‘ISA: No, es porque hemos perdido la capacidad de leer signos.

LIBBY: ¿Qué quieres decir?

‘ISA: Los antiguos estaban versados en dos tipos de reflexión: en

ver el significado y en ver la materia, en leer el significado del signo pero también en mirarlo fijamente. Podríamos llamar a un tipo de reflexión el ojo interno y al otro el ojo externo. A lo largo de los últimos siglos nos hemos especializado tanto en ver la materia que hemos ignorado por completo el signi- ficado y hemos olvidado la manera de verlo. Hemos estado ahí viendo las cosas por tanto tiempo que hemos olvidado cómo se mira a través de las cosas, del mismo modo en que miras a través de un signo y miras lo que significa, su significado. Hemos olvidado que las cosas son también signos.

LIBBY: Entonces ¿la ciencia es el arte de leer las cosas y la filoso-

fía es el arte de leer los signos? ‘ISA: Muy bien dicho.

LIBBY: Hablemos más de la evolución, si no te importa. Creo que

gente moderna educada prefieren la visión del mundo que tú llamas reduccionismo. Con la evolución hemos explicado todo con mucho más éxito: los grandes robles vienen de las pequeñas bellotas y los hombres de los simios. (Perdón, los seres

humanos provienen de los simios; estaba cayendo en tu lengua-

je machista y chovinista. ¿Lo ves? El hecho de que los hom- bres provengan de los simios es mucho más evidente que el hecho de que las mujeres también desciendan de ellos. Los tíos siguen golpeándose el pecho y conquistando territorios la mayor parte del tiempo.) En serio, el reduccionismo funciona, especialmente en biología. Haya o no haya una mente divina detrás de todo esto, podemos explicar las formas de vida supe- riores a partir de las inferiores y funciona muy bien. La selec- ción natural es lo único que se necesita, la cual es un ejemplo de reduccionismo, ¿verdad?

‘ISA: Sí, pero no es todo lo que se necesita. Algo queda tirado

afuera. Es verdad que los grandes robles vienen de las peque- ñas bellotas, pero se te olvidó decir que las pequeñas bellotas vienen de los grandes robles. Y a lo mejor los hombres evolu- cionaron de los simios pero se te olvidó decir que los simios descendieron de los hombres.

LIBBY: Pero los simios no descienden de los hombres. Los hom-

bres nunca dijeron: «Quitémonos la ropa, caminemos sobre las cuatro extremidades, subámonos a los árboles y comamos plátanos», y de este modo, poco a poco, se volvieron monos. Todo viene de la selección natural.

‘ISA: Si la selección natural es un hecho, no prueba el reduccio-

nismo sino que prueba que hay una mente divina detrás de todo esto. Todo efecto ha de tener una causa adecuada. Cuan- do ves los globos que evolucionan en biplanos y luego en aviones y luego en cohetes, sabes que tiene que haber una

mente para diseñar toda la serie. Y claro que la hay: la mente humana. Entonces cuando ves cómo de un caldo de cultivo se producen salamandras y luego lanudos mamuts y luego abo- gados, sabes que tiene que haber una mente cósmica detrás de esto.

LIBBY: Pero... la selección natural explica todo sin un Dios.

‘ISA: Explica el cómo pero no el porqué. Es como las ruedecitas y

el engranaje de un reloj.

LIBBY: Mmm... entonces ¿tú prefieres el expansionismo al reduc-

cionismo?

‘ISA: Es una buena etiqueta, pero no es simplemente una prefe-

rencia personal. Es más razonable. LIBBY: ¿Por qué?

‘ISA: Porque el reduccionismo intenta explicar a Hamlet contan-

do las sílabas. El expansionismo explica las sílabas a través de

Hamlet. El reduccionismo intenta explicar la catedral por sus

piedras; el expansionismo explica las piedras por la catedral. ¿Cuál de las dos explicaciones es más razonable?

LIBBY: Mmm, ¿es éste tu argumento contra el reduccionismo?