4.3 Cache Management
4.3.3 Cache Replacement Policies
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derechos, según lo prometido en la declaracón Balfour (en aquellos días aún confiábamos en las promesas de países y políticos).
El grupo de jóvenes judíos de Argentina presentamos una solicitud a las autoridades inglesas en Buenos Aires declarando que estábamos dispuestos a ingresar como soldados al ejército inglés a condición de ser enviados a
luchar al frente de Palestina, contra los turcos. Después de muchas tratativas recibimos la aceptación a nuestro pedido y en poco tiempo se registró el enrolamiento de 50 voluntarios. Todos los voluntarios participaban de la idea que una vez finalizada la guerra se quedarían a vivir en Eretz Israel. En su mayoría eran sionistas que ansiaban hacer aliá. Era claro para todos que ansiábamos tener nuestra propia patria y que era necesario luchar para conseguirla. Debíamos partir como voluntarios al ejército inglés para que una vez finalizada la guerra demostraríamos nuestro derecho al país.
También nosotros, los jóvenes judíos luchamos y derramamos sangre en la conquista de Eretz Israel. Todos nos sentimos felices al poder luchar por nuestro ideal, por algo tan caro como la vida misma. Dejamos de estar al margen de los acontecimientos. Casi todos éramos solteros, a excepción de un voluntario. Preparamos nuestras pertenencias y las entregamos al
apoderado inglés para ser enviadas a Palestina.
La partida
66En la temprana mañana se reunieron los voluntarios en las aulas del colegio judío en filas de formación militar. El corpulento Jaim Guinsburg estaba al frente y en sus manos agitaba la bandera azul y blanca. Los niños del colegio acompañaban con cantos en idish y hebreo. El público estaba emocionado y entusiasta. Luego marchamos por las calles de la ciudad hasta la estación del
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ferrocarril. A lo largo del camino recibimos el aplauso de la multitud en medio de una lluvia de flores. Periodistas de los diarios más importantes tomaban fotos y nos acompañaban hasta el barco. En la estación del tren se congregó una multitud de miles. En especial emotiva fue la despedida de los familiares, padres y hermanos de los voluntarios que acompañaban la
marcha. Cierto que la idea fortalizó nuestros pasos, pero aún así, partimos hacia una guerra incierta. Muchos de los acompañantes viajaron con nosotros hasta la ciudad de La Plata, de donde partiría el barco.
Fue extraño que la partida de un pequeño grupo de legionarios provocara tal entusiasmo en el seno de la población. A pesar de que los judíos de la
Argentina en aquel entonces estaban asentados en la economía y la industria locales y eran parte de la vida social y cultural, eran mirados por la
población con un dejo de desprecio por el carácter de sus ocupaciones mezquinas a los ojos de los gentiles. Y he aqui, que jovenes judíos, valerosos y audaces, parten a luchar por su tierra, dispuestos al mayor
sacrificio de entrega. Y ello despertó sentimientos de estima e identificación. Llegamos a la ciudad de La Plata donde anclaba el barco. Nuevamente se congregó una multitud en torno de los voluntarios. Subimos al puente del barco con banderas desplegadas. El público nos recibió con estruendosos aplausos. El Dr. Epstein me pidió que dirigiera la palabra a la multitud y luego él mismo arengó a los presentes con entusiastas palabras. Lentamente zarpó el barco y surcó las aguas del puerto, mar adentro. A lo lejos, se
podían divisar aún manos y pañuelos de los acompañantes que nos deseaban el buen viaje. El barco se detuvo un día en el puerto brasileño de Santos. Una parte de los legionarios viajó a Sao Paulo por tierra. Yo con otros compañeros montamos a uno de los ferros en la zona del puerto. Desde allí gozamos de una vista de la región. Tres días después anclamos en el puerto
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de Río de Janeiro. Desde el puente del barco admiramos la belleza del
paisaje del río bajo el sol del atardecer. Una delegación de la kehilá brasileña subió al barco a darnos la bienvenida y declararnos huéspedes de la
colectividad. A mediodía descendimos a tierra. Muchos judíos brasileños se congregaron enarbolando banderas de Brasil y estandartes sionistas.
Viajamos en vehículos por la ciudad acompañados por centenares de judíos. Una orquesta tocó los himnos patrios. Fuimos recibidos en todas partes con entusiasmo. Nos detuvimos frente a la biblioteca Shalom Aleijem aborratada de gente. El Dr. Peretz, miembro del parlamento brasileño nos auguró la bienvenida con un vibrante saludo. El ambiente era de entusiasmo y fervor. ¡Cuanto amor e identificación despertaron aquellos jóvenes judíos que partían a luchar por su patria! Es difícil de describir el sentimiento de los judíos allí congregados. A medianoche fuimos invitados a otro paseo a la costa del mar y al puerto que es de una belleza excepcional. Los caballos marchaban al paso, como en un desfile. La noche era clara y pura, y nos sentimos invadidos por sentimientos de ansia y de expectativa por nuestro futuro en el seno del maravilloso paisaje de la costa brasileña. Al día siguiente recorrimos la ciudad por distintos lugares impresionados por los exóticos paisajes y el bello contorno humano, de mujeres y hombres esbeltos y hermosos. Al atardecer el barco abandonó el puerto, y desde ahí
admiramos una vez mas las bellezas de Río pintadas de rosa del crepúsculo. Seis semanas duró el viaje. Días de tormentas y mar embravecido. Los viajeron estaban postrados en sus lechos con el mal de mar. En los días más tranquilos, hicimos ejercicios militares a bordo. Finalmente llegamos a Inglaterra, al puerto de Liverpool.
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