8 Connector/C++ Tutorials
8.3 Calling Stored Procedures with PreparedStatement Objects
Raymond WILLIAMS(1982) plantea en la concepción de cultura dos perspecti-
vas. Una concebida como una forma de expresión individual o colectiva, próxima o muy directamente relacionada con la concepción de arte. En este sentido habría también que considerar dos modalidades de arte, “culto” o elitista y popular.
Otra acepción estaría más asociada a la antropología y a la sociología y ven- dría a considerarse como la cara intelectual de la civilización. Hablar de cultura equivaldría a referirnos al pensamiento y a la filosofía de un determinado periodo, o sea, sus creencias y expresiones laicas y religiosas, sus teorías y trabajos cien- tíficos, sus conocimientos generales y sus modalidades y expresiones artísticas. La cultura se concretaría en los hábitos de pensamiento, en lo que podemos denominar el sentido común de cada comunidad, sus concepciones del mundo, y en sus modos de vida.
Por tanto, hablar de cultura es una manera de referirse también a las rela- ciones de poder que existen en la sociedad, así como a las explicaciones, aspi- raciones y a la capacidad de imaginarse el mundo de cada uno de los colectivos sociales existentes en ese momento histórico y en ese determinado espacio geográfico.
Cada grupo humano tiene una especificidad, sus propios propósitos, sus peculiares producciones y recursos y unos significados compartidos que se
reproducen y transmiten a través de las rutinas y ritmos de vida de esa comuni- dad, así como mediante las instituciones con las que se dota para sacar adelan- te sus creencias y anhelos.
Cuando decimos que los niños y niñas disfrutan con películas como “La sire- nita”, “The Power Rangers” o “Las tortugas Ninja”, que ansían la llegada de los Reyes Magos o de Papá Noel, estamos reconociendo las influencias de unos modos determinados de socialización; están participando de un modo de vida concreto, fueron y están siendo puestos en contacto con una cultura que, de algu- na forma (aunque no de una manera automáticamente reproduccionista), les hace receptivos a los mensajes e ideales que circulan en esas producciones cine- matográficas y televisivas. Y, por el contrario, cuando vemos que otros productos no gozan de aceptación, es muy probable que ello pueda deberse a que los modelos de comportamiento que reflejan originan algún tipo de “choque” cultural; que las imágenes, sonidos y/o mensajes que transmiten no son fácilmente com- patibles con los discursos hegemónicos que circulan en esa comunidad.
Por ello, cuando decimos que los chicos son violentos, agresivos y muy com- petitivos, en realidad no estamos sino confirmando los ideales y modos de enfren- tarse a las situaciones cotidianas que les están siendo inculcados a través de las redes de socialización en las que se mueven.
Por tanto, esto obliga a que en las instituciones escolares se facilite la toma de contacto con los logros de diferentes comunidades y civilizaciones, que se asuma la diversidad de culturas que siempre existió sobre el planeta; algo que obliga a fomentar la comprensión y respeto tratando de sacar a la luz el enorme montón de prejuicios que están en la base de una buena parte de los enfrenta- mientos entre los seres humanos.
Pero la mayoría de las conceptualizaciones sobre la escuela y el trabajo esco- lar vinieron asumiendo el rol docente como el de un trabajador, una trabajadora o profesional con un notable grado de ahistoricidad, descontextualizado. Apenas se le preparaba para que aprendiera a tomar en consideración el marco social, eco- nómico, cultural y político en el que se desarrollaría su trabajo. Entre otras cosas, porque tampoco este tipo de contenidos culturales son parte importante de la for- mación del profesorado de educación infantil y primaria, ni de la de los niveles superiores, en la medida en que la disciplinariedad que caracteriza su formación no permite establecer conexiones informativas más ricas; no favorece niveles de reflexión que faciliten una comprensión más real de lo que está aconteciendo en el mundo en el que vivimos.
Varias son las explicaciones de esta situación. Sin embargo, uno de los facto- res que viene a reforzar este panorama es el incremento de las opciones políticas conservadoras y neoliberales. Estas políticas inciden en que las cuestiones sociales referidas a las desigualdades y formas de opresión, los asuntos que tie- nen que ver con la lucha contra el racismo, el sexismo, el edadismo, los funda- mentalismos religiosos y políticos, el clasismo sean contemplados como peligro- sos y que pueden complicarnos la vida. Por tanto, una salida típica está siendo el escapismo. Se viene considerando que estas cuestiones son problemas muy importantes, pero demasiado complejos y que no tenemos por qué introducir temas conflictivos en las aulas y problematizar a los niños y niñas que allí acuden. Para la inmensa mayoría de personas que pasaron y siguen ocupando las aulas escolares, los contenidos educativos acostumbran a ser demasiado abs-
tractos, referidos a situaciones y espacios ahistóricos, imprecisos, indefinidos, nada concretos. Parece existir una preocupación más por memorizar fórmulas, datos y generalizaciones descontextualizadas que por llamar la atención hacia realidades concretas, tanto lejanas como locales.
Esta idea de preservar al alumnado más joven de contemplar las desigual- dades e injusticias sociales, de mantenerlo en una especie de limbo, o de pa- raíso artificial es lo que explicaría el infantilismo y ñoñería de la mayoría de los libros de texto destinados a los niveles obligatorios del sistema escolar, en espe- cial, a educación infantil y a educación primaria. Considero preocupante el avan- ce de una especie de “Walt Disneyzación” de la vida y de la cultura escolar, en la que la realidad y la información científica, histórica, cultural y social presentada a niños y niñas, de la mano de unos seres de fantasía, de personajes irreales y animales antropomórficos acaba reducida a un conjunto de descripciones cari- caturescas y, muy a menudo, almibaradas del mundo en el que viven. Muchos de los libros de texto que se trabajan en las aulas abusan demasiado de este tipo de imágenes e información y, en consecuencia, dificultan que el alumnado pue- da aprender a diferenciar con claridad cuándo se encuentran ante un libro de aventuras, de cuentos y cuándo ante uno realista, científico y riguroso desde el punto de vista informativo. Se piensa implícitamente que, como van dirigidos a niñas y niños, no deberían reflejar la vida real tal y como es; que es conveniente mantener todavía unos años más al alumnado en un mundo más cercano a la fantasía. De ahí que las situaciones de la vida cotidiana que reflejan tales libros de texto apenas se diferencien, en la forma y en el tratamiento, de las que apa- recen en sus libros de cuentos y cómics más “cursis” (pues hay también buena literatura infantil donde la realidad tiene un tratamiento más correcto, sin desfi- guraciones ñoñas). Esta modalidad de materiales curriculares artificialmente infantilizados acaba convirtiéndose en un poderoso estímulo para incrementar el consumo de la cultura del ocio conservadora, clasista, sexista, edadista y racis- ta que promueven las multinacionales del tipo Walt Disney, Hanna Barbera o Mattel y su mundo de Barbie.
Existen también algunos textos que, para algún tema muy concreto, normal- mente con relaciones muy directas con problemas sociales y políticos que están de gran actualidad, optan por reproducir el modelo publicitario que utiliza Benet- ton. Modelo en el que se opta por contemplar imágenes acerca de las “diferen- cias”, injusticias y problemas sociales (SIDA, racismo, pobreza, etc.), pero des- politizándolas y releyéndolas dentro de un nuevo escenario de colores (“Colors” es el nombre de la revista editada por Benetton), armonía y paz mundial, pero inexistente en la realidad. En este marco, cuando se recurre a representar gran- des tragedias sociales, se hace de modo sensacionalista, optando por alternati- vas que producen “compasión” y “pena” a título individual, y llegan a convertir a quienes contemplan esas imágenes en “voyeurs”. Algo que podemos constatar cuando vemos ciertos pósters y cuadros que representan grandes tragedias humanas y que son utilizados en muchos momentos exclusivamente como algo decorativo; la pobreza, la mirada de una persona desvalida, pueden llegar a ser consideradas sólo desde el punto de vista estético, dejando de lado un análisis político de mayor calado. No es fácil que la observación de tales fotografías o ilus- traciones lleve a efectuar análisis más profundos y reales de los significados de las situaciones en ellas representados.