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7.8 Cardiotocography Data

MISTERIOS DEL REINO DE DIOS Se trata del "misterio del Reino de Dios" (Mar- cos, IV, 11), evocado por las parábolas del sembra- dor, de la simiente que crece por sí misma, del grano de mostaza y de la levadura. Vemos común- mente en esas parábolas la evocación de un desa- rrollo constante, en virtud del cual un comienzo modesto tiende a una realización gloriosa. Los gra- nos sembrados contienen ya la cosecha, puesto que cada grano va a producir la planta y el fruto. Éstos se desarrollan a partir del grano, en un proceso continuo y necesario. Sucede lo mismo con el desa-

rrollo del Reino de Dios, a partir de modestos e in- significantes comienzos.

Esa interpretación sugestiva de las parábolas les quita, sin embargo, su carácter misterioso, porque la imagen de un desarrollo continuo, semejante al de los fenómenos naturales, no representa ya un se- creto. Por eso se nos escapa el sentido del misterio de esas parábolas. Las interpretamos a través de nuestro conocimiento de las ciencias naturales, el que en todos los casos relaciona dos estados ente- ramente distintos, gracias a la idea del desarrollo.

La ingenuidad con que observaba a la naturaleza el espíritu todavía mal informado de la antigüedad le permitía encontrar secretos en ella, y suponer clon estados sucesivos, completamente distintos uno del otro. Esa relación era tan cierta como inexplicable. De las parábolas de Jesús se desprende ese carácter inmediato. No subrayamos la idea del desarrollo natural, puesta en evidencia por la explicación mo- derna, porque la exposición, por el contrario, tiende a yuxtaponer tan estrechamente los dos estadio, que nos vemos obligatoriamente llevados a plantear la cuestión: ¿cómo puede resultar el estado final del estado inicial?

1. Un hombre siembra. A causa de diversas cir- cunstancias se pierde gran parte de la siembra, pero la cosecha debida al grano caído en la buena tierra, tan considerable que produce treinta, sesenta y hasta cien veces más que la cantidad sembrada.

La interpretación de los diferentes puntos en el relato de esa pérdida, relacionándola con cierta ca- tegoría de gente, como en Marcos, IV, 13-20, por ejemplo, surgió de un punto de vista ulterior, que no concibe ningún secreto en la parábola. En el ori- gen, los relatos aislados no estaban separados unos de otros: las semillas caídas sobre el camino, sobre el suelo pedregoso, entre las ortigas, y las que pico- teaban los pájaros del cielo formaban un contraste uniforme con la semilla caída en la buena tierra. La parábola no considera el modo en que ha sido des- truido el grano. El relato de Jesús se resume en un solo pensamiento, a pesar de la riqueza de la des- cripción: ¡por magra que haya sido la siembra, si se considera la gran pérdida, la cosecha es grande! Ése es el misterio.

2. Un hombre arrojaba la semilla en tierra. Se durmió, se ocupó luego de sus asuntos, y se desen- tendió de lo que había sembrado. Antes de que tu- viese el tiempo de pensarlo la cosecha estaba lista en

el campo, y pudo enviar a sus criados para que la recogiesen. ¿Cómo es posible que se siembre el gra- no, y que el suelo produzca por sí mismo la hierba, y después el rastrojo y las ricas espigas? Ése es el misterio.

3. Se ha sembrado un grano de mostaza; brota de él un gran arbusto provisto de rama, donde pue- den anidar los pájaros del cielo. ¿Cómo es posible, si el grano de mostaza es tan pequeño? Ése es el mis- terio.

4. Una mujer ha puesto un poco de levadura en una gran cantidad de masa que luego fermenta to- talmente. ¿Cómo una cantidad tan pequeña de leva- dura puede fermentar tanta masa? Ése es el misterio.

Esas parábolas no se hallan destinadas de nin- guna manera a ser explicadas y comprendidas. De- ben atraer la atención de lo, auditorios acerca del hecho de que en las cosas del Reino de Dios se pre- para un misterio análogo a aquél del cual se es testi- go en la naturaleza. Son señales. Así como la cosecha sucede a la siembra sin que nadie puede decir cómo ha ocurrido, del mismo modo, a conti- nuación de la predicación de Jesús, el Reino de Dios aparecerá en potencia. Por modesto que sea el cír-

culo reunido en torno de él, comparado con la in- mensidad del Reino de Dios, es sin embargo seguro que éste llegará como consecuencia de esa renova- ción moral, por limitada que sea. No es menos cierto que el grano sembrado, que dormita bajo tie- rra en momentos en que Jesús está hablando, surgi- rá y dará una cosecha espléndida. ¡No, esperéis la cosecha, esperad el Reino de Dios! -así hablaba el sembrador del Espíritu a los galileos en la época de la siembra. Ellos debían advertir, si eran capaces de comprenderlo, que la renovación moral consecutiva a su predicación se hallaba necesariamente, aunque de modo misterioso, relacionada con el súbito ad- venimiento del Reino de Dios. Porque el mismo Dios, que hace brotar la cosecha gracias a la poten- cia misteriosa de la Naturaleza, provocará también la llegada del Reino de Dios.

Por eso, cuando llegó el tiempo de la cosecha, envió a sus discípulos a proclamar que "el Reino de Dios está próximo".

2. EL MISTERIO DEL REINO DE DIOS EN EL DISCURSO AL

PUEBLO DESPUÉS DEL ENVÍO DE LOS

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