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Methodology and Future Directions

Chapter 4 Research Methodology

4.4 The Case Study Approach

4.4.2 Case Selection and Case Organisations

Al interior de cada familia los padres o cuidadores usan diversos procedimientos o formas para atender a sus hijos de acuerdo a su edad, a la manera como crían se les llama prácticas de crianza las que dependen de las tradiciones y costumbres de cada familia así como también de sus valores y sentimientos.

Según Myers (1994), la socialización de la infancia se produce mediante las prácticas de crianza, entendidas como la manera en que los padres, y en general la estructura familiar, orientan el desarrollo del niño y la niña y le transmiten un conjunto de valores y normas que facilitan su incorporación al grupo social. De manera simple, las prácticas de crianza son las acciones llevadas a cabo por los padres, madres y

personas responsables del cuidado del niño y niña para dar respuesta cotidianamente a sus necesidades (Myers, 1994).

Complementariamente, la crianza consiste en prácticas que están ancladas en patrones y creencias culturales. Puesto en términos más sencillos, los dadores de cuidado tienen una serie de prácticas y actividades que están disponibles para ellos. Éstas han sido derivadas de patrones culturales, de ideas de lo que debería hacerse, del trato que recibieron ellos cuando eran niños de su familia y constituyen las prácticas aceptadas o normas. Éstas, a su vez, están basadas en creencias acerca de por qué una práctica es mejor que otra. Para estos autores, las prácticas, patrones y creencias afectan el estilo y la calidad del cuidado.

Es importante tener en cuenta que si bien las prácticas hacen referencia a las acciones que realizan las personas, las pautas por el contrario constituyen las ideas que circulan en una sociedad sobre lo que debe hacerse y la forma en que las conductas se deben llevar a cabo, por ejemplo, con respecto a la crianza de los niños y niñas. Las pautas tienen que ver con las normas ideales y las prácticas con la conducta.

Ahora bien, lo más importante de las prácticas de crianza es la calidad de los cuidados que ofrecen los cuidadores a los niños, en algunos casos los propios padres o las personas que se hacen cargo de estas tareas. Si la calidad de los cuidados es alta, el crecimiento de los niños se acelera, especialmente en el plano cognitivo, cuando es baja sucede lo contrario, Belsky (2006).

Las preocupaciones centrales de la madre en este periodo de crianza al que Stern (1991) denomina “La constelación maternal” son:

• Mantener en vida al bebé y hacerle crecer.

• Si puede relacionarse afectivamente de forma natural y garantizar el desarrollo psíquico del bebé.

• Si la madre sabrá cómo crear y permitir los sistemas de apoyo necesarios para cumplir estas funciones.

Dentro de las prácticas de crianza más importante y que será materia de esta investigación es el momento de alimentar al niño, no tanto el qué come sino el cómo se le da de comer. La evidencia científica acumulada en los últimos años releva la importancia de este tema, que ya ha sido incorporado por la OMS5 como parte de los principios para una buena nutrición infantil, ya que la forma de dar de comer a niños menores de 2 años influye en forma decisiva en su nutrición y desarrollo.

Las prácticas de crianza están fuertemente influenciadas por una amplia gama de aspectos del ambiente inmediato, del sistema de creencias, actitudes y tradiciones de la familia, así como de las fuentes de información a las que tiene acceso, Ruel y Menon (2002) han encontrado una asociación significativa y positiva entre prácticas de crianza y estado de nutrición, especialmente en edades tempranas, lo que puede significar que cuando las acciones de los cuidadores dirigidas a satisfacer las necesidades del niño son insuficientes o inefectivas, puede presentarse consecuencias negativas en el crecimiento. Los cuidadores de niños desnutridos suelen ser menos responsivos, pocos hábiles e inconsistentes para detectar las necesidades básicas del niño (Cortes et. al, 2006).

El entorno donde se desarrollará la práctica

El punto central y fundamental es que el crecimiento y desarrollo del niño no se da en el vacío. Este siempre está inserto en un lugar y se expresa a través de conductas en un contexto ambiental particular. El desarrollo implica una reorganización en las características de las personas que tienen alguna continuidad a través del tiempo y del espacio. (Thorne, 1999). Las condiciones socio-económicas de los padres, expresadas en su calidad de vida, afecta el crecimiento y desarrollo de los niños (Duncan, et al. 1998; Díaz, A. 2007).

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Existe consenso, en que el rol de los padres en los primeros aprendizajes de sus hijos es de vital importancia (Bradley, et al., 1989; Bronfenbrenner, 1979a) y algunos sostienen que este rol puede aprenderse, y por lo tanto perfeccionarse, de manera de ser más efectivos en promover en sus niños un buen desarrollo, especialmente en los primeros años de vida.

Si los niños afectados por desnutrición continúan expuestos a condiciones ambientales que no satisfacen necesidades básicas, el rezago continuará durante la época escolar. Sin embargo si estos niños desnutridos durante los dos o tres primeros años de vida reciben cuidados que satisfacen sus necesidades básicas, entonces su desarrollo mental puede rehabilitarse significativamente (E. Pollit, 2000)

Respecto de la pobreza, Garbarino (1995) y Parker et al (1988) (citados por Kotliarenco, 1997), al señalar que las personas pobres se encuentran sometidas a un doble riesgo, exposición con mayor frecuencia a situaciones de estrés familiar, y a otras consecuencias vitales más serias comparados con grupos sociales más aventajados, los niños están más expuestos a situaciones críticas que dañan su óptimo crecimiento y desarrollo.

Un estudio realizado por Vera, Morales y Vera (2005) mostró que la pobreza y funcionamiento familiar son predictores de estrés, además de tener impacto en el desarrollo cognoscitivo del niño. En esta línea, se investigó la relación del estrés infantil con la pobreza y nivel educativo de los padres, encontrándose que el nivel de estrés estaba relacionado negativamente con la educación y capacitación de la madre en pobreza (Orthner & Neenan, 1996).

Dimensiones del ambiente familiar

Para la mayoría de los niños, el interior de la casa y sus alrededores inmediatos son los primeros ambientes donde el niño adquiere sus primeras experiencias y donde los niños también tienen sus primeras interacciones con los miembros de sus familias.

La disponibilidad y cantidad de recursos con que cuenten los padres permitirán que se realicen o no las interacciones entre ambos.

García (2003), señala que “la familia es el primer y principal espacio de desarrollo del niño en edades tempranas y la que garantiza su supervivencia, su seguridad, su socialización, su potencial de aprendizaje y sus actitudes ante la vida, los otros y el mundo. Es muy evidente que las decisiones de los padres, sus actuaciones y sus interacciones con sus hijos, son determinantes en el desarrollo de sus hijos en cualquiera de estas dimensiones”. Asimismo, señala que los padres y madres son los primeros mediadores del desarrollo de sus hijos. Asimismo, un estudio realizado por Sandoval et al (2002) señalan que las estrategias familiares de vida son determinantes para la ocurrencia de la desnutrición.