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CHAPTER 3. DIAGNOSTIC AND COMPARISON APPROACHES FOR LOGISTIC

3.5 Case Study

Pese al creciente volumen de publicaciones sobre los efectos del tipo de bosque, de las prácticas de gestión y de otras perturbaciones sobre el carbono orgánico de los suelos, la evidencia disponible sigue siendo, en gran medida, específica de determinados lugares o estudios, y está en buena parte influenciada por las condiciones climáticas, las propiedades del suelo, la escala temporal, la profundidad de suelo contemplada y la intensidad del muestreo (Johnson y Curtis, 2001; Hoover, 2003; Page-Dumroese et al., 2003). Los conocimientos actuales siguen siendo inconcluyentes con respecto a la magnitud y dirección de la variación de las reservas de carbono en suelos forestales minerales asociadas a un tipo de bosque o gestión y a otras perturbaciones, y no permiten extraer conclusiones generales.

La metodología propuesta reconoce el impacto, importante a escala regional, del tipo de bosque, de las actividades de gestión o de los regímenes de alteración sobre el balance de carbono de los suelos forestales minerales, y permite incorporar los datos y conocimientos científicos disponibles. Sin embargo, debido al carácter incompleto de los fundamentos científicos y a la incertidumbre que ello entraña, se asume el supuesto, adoptado en las Directrices del IPCC, de que las reservas de carbono en suelos forestales permanecen constantes, razón por la cual no se proporcionarán datos por defecto en el Nivel 1.

Conceptualmente, la metodología de los valores por defecto presupone para los suelos forestales un contenido de carbono estable y promediado espacialmente en los suelos minerales con arreglo a determinados tipos de bosque, prácticas de gestión y regímenes de alteración. Este valor de equilibrio resulta alterado cuando tales estados o condiciones varían. Se adoptan los supuestos siguientes:

i) el carbono orgánico del suelo (COS) en los bosques alcanza a lo largo del tiempo un valor estable, promediado espacialmente, que es específico del suelo, del tipo de bosque y de las prácticas de gestión (por ejemplo, en plantaciones de coníferas tropicales en suelos de baja actividad). Este valor es un COS promediado en el tiempo cuyo valor de estimación óptimo se obtiene a lo largo de varias rotaciones o ciclos de alteración (Figura 3.2.1);

ii) los cambios de tipo de bosque o de gestión conducentes a un nuevo valor estable del COS se producen durante un tiempo de transición igual a la duración de una rotación o al intervalo de retorno de las perturbaciones naturales, en años;

iii) el secuestro/liberación de COS durante la transición a un nuevo COS en equilibrio se produce de manera lineal.

Figura 3.2.1 Dos valores de carbono orgánico del suelo promediados en el tiempo

correspondientes a diferentes combinaciones de suelos de bosque, prácticas de gestión y regímenes de alteración.

Tiempo Carbono orgá n ico de l suel o (g C po r ha ) COSj COSi SUELOS ORGÁNICOS

Al igual que en los suelos minerales, la acumulación o pérdida de carbono en suelos orgánicos se debe a un equilibrio entre entradas y salidas. Cuando las condiciones de lluvia o humedad dificultan en mayor o menor medida la descomposición de la materia orgánica, el aporte de materia orgánica puede ser superior a las pérdidas por descomposición, y la materia orgánica se acumula. El carbono liberado de los suelos orgánicos saturados a la atmósfera reviste casi siempre la forma de CH4, mientras que en condiciones aeróbicas el flujo de C a la atmósfera se produce mayormente en forma de CO2. La dinámica del C en los suelos orgánicos está estrechamente vinculada a los regímenes hidrológicos del lugar: la humedad disponible, la profundidad de la capa freática, y las condiciones de reducción-oxidación (Clymo, 1984; Thormann et al., 1999); aunque también la composición de la especie y la química de los detritus (Yavitt et al., 1997). Este depósito de C responderá con facilidad a las actividades o sucesos que afecten a las condiciones de aireación y de descomposición.

El drenaje de los suelos orgánicos libera CO2 por oxidación de la materia orgánica en la capa aeróbica, aunque esta pérdida de carbono puede resultar parcial o totalmente compensada por: 1) un mayor aporte de materia orgánica proveniente de la región superior; o 2) una disminución de los flujos naturales de CH4. La magnitud de las emisiones de CO2 está relacionada con la profundidad del drenaje, con la fertilidad y consistencia de la turba, y con la temperatura (Martikainen et al., 1995). El abandono del drenaje de los suelos orgánicos reduce estas emisiones de CO2 y puede incluso restablecer el potencial de secuestro neto de carbono en los suelos orgánicos forestados (véase también la Sección 3a.3.2 (Suelos orgánicos gestionados para la extracción de turba) del Apéndice 3a.3, y la Sección 3.2.1.4 (Emisiones de gases de efecto invernadero distintos del CO2)). El CO2 liberado de la oxidación de la materia orgánica tras el drenaje se considera antropógeno. Las emisiones procedentes de turberas forestadas no drenadas y no gestionadas se consideran naturales, por lo que no son tenidas en cuenta.

Otras actividades de gestión forestal alterarán probablemente la dinámica del C en los suelos orgánicos subyacentes. La recolección, por ejemplo, puede causar un aumento de la capa freática debido a una menor intercepción, evaporación y transpiración (Dubé et al., 1995).

Aunque hay ciertos indicios del efecto de las actividades antropógenas sobre los suelos orgánicos forestados, los datos y la información siguen siendo en gran medida específicos del lugar, y difícilmente se prestan a generalizaciones. El flujo de carbono neto de los suelos orgánicos suele estimarse directamente a partir de mediciones efectuadas en cámara o en torre de flujo (Lafleur, 2002).

3.2.1.3.1.1 Elección del método

Procedimiento para calcular la variación de las reservas de carbono en el suelo SUELOS MINERALES

Conceptualmente, las emisiones o absorciones de carbono del depósito de suelos forestales minerales pueden calcularse en forma de variaciones anuales de las reservas de carbono orgánico del suelo para un área de tierras forestales que experimente una transición del estado i al estado j, donde cada estado corresponde a una

combinación dada de tipo de bosque, intensidad de gestión y régimen de alteración. Esta idea queda ilustrada en la Ecuación 3.2.14:

ECUACIÓN 3.2.14

VARIACIÓN ANUAL DE LAS RESERVAS DE CARBONO EN SUELOS MINERALES EN TIERRAS

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