Chapter 6 Case Study Process and Findings
6.4 Case Study Results
Es lo que se llama: la equilibrada compensación, y consiste en pagar lo que cuesta el éxito.
Y este precio es doble:
1. Un trabajo perseverante y persistente que nos conduzca hacia el fin que nos hemos propuesto y,
2. Un sacrificio de todo lo que sea contrario al bien que deseamos conseguir: deseos, sentimientos, comodidades, estados mentales o emotivos que amenacen estropear u obstaculizar o anular el propósito que nos hemos fijado, todos deben ser sacrificados.
Es necesario pagar el precio.
Ese es el resumen perfecto que los antiguos hicieron acerca de lo que hay que nacer para obtener el ideal.
Los griegos narraban ya hace 25 siglos que la divinidad le dijo a la creatura humana: ¿Quieres éxitos? “Con mucho gusto te los daré, pero me tienes que pagar el precio de cada uno”.
Quien verdaderamente desea lograr el triunfo, la coronación de sus ideales, tiene que no vacilar en dedicarse a pagar lo que ello cuesta, en trabajos, penalidades, esfuerzos, renuncia a todo lo que se oponga y retrase el logro de su buen deseo.
Cuenta la leyenda que el famoso Hércules, mitológico campeón mundial de fuerzas, cuando era joven se fue a buscar el éxito. Y llegó a un sitio donde el camino se dividía en dos. El que
Transcripción: Cesar A. Acosta B. 86
descendía era ancho y fácil, pero tenía un letrero: “Por aquí se va por la facilidad, a la nada”. El otro camino era pedregoso, difícil y muy fatigoso, pero tenía un letrero que decía: “Por aquí se va por la dificultad al triunfo”. Hércules escogió el camino de la dificultad y llegó a la fama mundial. Esos dos caminos se nos presentan todos los días. El uno es el del “menor esfuerzo”. No sacrificarse nada y no conseguir nada. El otro es el camino que los antiguos llamaban “Ad astra per aspera”, a las alturas por el camino de la dificultad. Y lleva hasta el ideal.
La equilibrada compensación es una ley principal en la naturaleza. Nadie puede librarse de esta ley. Para recibir hay que dar. Para obtener un “algo” hay que renunciar a otro ”algo”. Para hacer que suba el líquido de un lado en un vaso comunicante es necesario echar más líquido al otro lado.
Emerson, filósofo muy famoso, andaba repitiendo: “Todos cuantos triunfaron en empresas verdaderamente notables pagaron el precio de su victoria, con trabajo persistente e incansable actividad, y renunciando a muchas cosas que se oponían a su ideal”.
Siempre los victoriosos tuvieron que sacrificar lo superfluo a lo esencial, lo de menos valor a lo de más valía.
Generales han habido que perdieron decisivas batallas por no haber renunciado a una amistad sensual que los entretuvo y los distrajo y les impidió llegar al ideal de su victoria. Cuando el general revolucionario Gaitán Obeso, había ya conseguido resonantes victorias contra el gobierno central y amenazaba con tomarse todo el gobierno de su nación, sus enemigos lograron convencer a una mujer atrevida a que lo engañara con sus charlas y sus fiestas, y mientras él andaba distraído en esas vagabunderías, el ejército contrario lo atacó por sorpresa y lo derrotó completamente. Perdió todo, lo v verdaderamente importante, por no renunciar a lo que valía mucho menos y se oponía a sus triunfos.
Cuantos hay que lograron llegar a la meta de sus éxitos porque se entretuvieron por el camino jugando con chucherías como niños chiquitos o indígenas atrasados.
No podemos gastar en deseos inútiles y en antojos de segunda clase el combustible que necesita nuestra voluntad para llegar hasta el ideal que trata de conseguir.
¿Qué hace el vinicultor para que la mata de uva le produzca excelentes cosechas? Apenas recoge los racimos, se dedica a quitarle a la planta, todas las hojas y ramas inútiles. Es necesario sacrificar todo esto para que la planta concentre sus energías en las raíces y se
Transcripción: Cesar A. Acosta B. 87
dedique a producir la cosecha que se espera. Si no, le puede pasar como a aquella higuera o árbol muy frondoso al cual Jesús fue un día a buscar frutos y solo encontró hojas y más hojas. El señor maldijo aquel árbol por haber gastado toda su energía solo en hojas, y la higuera se secó. Es la historia de tantos que pudieron triunfar y se quedaron alelados, distraídos en pequeños deseos, en boberías, en hojas de actividades que no eran el fruto que su ideal les proponía. Se distrajeron por el camino jugando con arandelas y se quedaron sin llegar al tesoro del éxito.
Bueno es preguntarse: ¿Qué será necesario que yo sacrifique para que pueda llegar a conseguir mi ideal? ¿Qué inclinaciones de mi naturaleza debo refrenar? ¿Qué menudencias de mi naturaleza emocional debo sacrificar para llegar a lo que sí en verdad vale? ¿Qué actividades secundarias me quitan tiempo y energía que debería más bien encaminar hacia la consecución de la meta que me he propuesto?
¿De veras estoy dispuesto a pagar el precio de mis éxitos? ¿De veras?
Cristo narra el caso triste de un hombre a quien su jefe le dio un costalado de oro para que lo negociara (un talento se llama eso en la Biblia) y el perezoso en vez de dedicarse a negociar o a ganarle intereses, lo que hizo fue enterrar el oro y dedicarse a haraganear. Cuando vino el jefe se encontró con que por la pereza del empleado su oro no había producido nada, y lo castigó severamente (S. Mateo 15,15). Cuidado no sea que nos pueda pasar lo mismo. Que por no querer pagar con trabajo constante y fatigante, y con renuncias a lo que se oponga a nuestro ideal, no logremos el premio que nos está esperando. En el Apocalipsis el Maestro nos cuenta una noticia formidable. “He aquí que vengo y traigo conmigo mi salario y mi recompensa. A cada uno le daré según sus obras” (Apocalipsis 22,12).
La Biblia nos habla de dos caminos y dos puertas. Un camino ancho y una puerta espaciosa: el trabajar muy poco y no negarse nada de lo que se desea. Por allí se llega a la perdición. Y un camino angosto y una puerta estrecha. El trabajar mucho y negarse todo lo que vaya contra nuestro ideal. Por ese camino se llega a la paz del alma y al triunfo eterno (S. Mateo 7,13).
Hemos llegado al final de la Fórmula Magistral, cuyos cinco elementos son llamados por los sabios: Ideación, Deseo, Fe, Voluntad y Equilibrio.
Puede ser que a algunos les parezca demasiado sencilla esta fórmula para que logre llevar al triunfo y a la realización personal. Pero sí la estudian, si la digieren y tratan de asimilar sus
Transcripción: Cesar A. Acosta B. 88
cinco verdades se van a convencer de su formidable importancia. Cuando más la estudien y repasen, más la apreciarán. Y cuando más la practiquen, mejores resultados va a obtener.
Podemos asegurar por la experiencia de muchos años y con muchas personas, que esta Fórmula Magistral se convierte para el que la practica en una admirable fortaleza, en una verdadera escalera para subir al éxito. Muchos ya lo han experimentado y se sienten plenamente satisfechos.
¿Por qué no tratar de experimentar también este método que a tantos ha transformado?
Cada cual cuando se dedique en serio a practicar esta Fórmula de cinco puntos sentirá dentro de sí verdaderas oleadas de poder y de energía que le capacitarán para emprender obras que antes ni siquiera se atrevía a soñar.
No olvidemos jamás los cinco elementos de la Fórmula: Ideales definidos o sea, saber exactamente qué es lo que desea conseguir. Deseo insistente, desear con gran vehemencia obtener lo que se anhela. Confiada esperanza, gran confianza de que sí se logrará obtener el ideal que se desea. Persistente determinación proponerse conseguirlo, sin desanimarse ni echar pie atrás. Equilibrada compensación: pagar el precio que el ideal exige, hacer sacrificios para obtenerlo.
Y recordemos la Ley de la atracción que consiste en que cuando uno pone de su parte toda la voluntad por conseguir un bien, la Divina Providencia hace que le lleguen personas, circunstancias, bienes y sucesos que ayuden a obtener el ideal propuesto.
No está por demás volver a repetir aquí la bonita frase de S. Juan Bosco: “Tened una gran ideal, amadlo, cultivadlo, trabajad por conseguirlo, y en el día que menos penséis, Dios hará estallar la chispa de una oportunidad, inesperada quizá, pero admirable, en la cual lograréis llegar a la meta de vuestros buenos deseos”.
El campesino siembra la semilla en el campo, la riega, la abona, la cuida y la naturaleza se va encargando de que de aquella pequeña semillita resulte un árbol frondoso y lleno de frutos. Nosotros colocamos en el campo de nuestra vida de estos cinco principios. Los regamos recordándolos, los cultivamos practicándolos, no los abandonamos nunca, y la naturaleza, bendecida por Dios, nos los devolverá plenamente multiplicados y convertidos en realizaciones admirables.
Transcripción: Cesar A. Acosta B. 89
Cada uno recibirá lo que se merezca, es la ley repetida más de siete veces en la Biblia. Y es una ley que jamás dejará de cumplirse. ¿Has visto a uno que se esmera en hacer bien lo que tiene que hacer? Pregunta el rey Salomón en los proverbios y añade: “Pues ese no se quedará entre los últimos. Ese llegará a ser de los primeros”. En este libro hemos invitado al lector a hacer lo que debe hacer, para que no sea de los últimos en la vida, sino de los primeros en la realización de sus ideales.
Este libro no es para los cobardes que no quieren vencer, ni para los empequeñecidos que no quieren dedicar tiempo a pensar, sino para los esforzados que saben que “el éxito es de Dios, pero Él se lo da a los valientes”; es para los que no quieren formar parte de los quejumbrosos que se duelen que el éxito no les haya salido al encuentro sin ellos irlo a buscar.
Que las palabras de este libro despierten dormidos ideales, aviven esperanzas casi muertas, inyecten valor a voluntades acortadas y obtengan perseverancia en la lucha a lo que ya pensaban dejar el campo en poder de enemigo. Que los que leen estas páginas se den cuenta de que por el camino de la facilidad no se llega jamás a los verdaderos triunfos y que sin el sudor de la frente no se consigue el pan de las verdaderas realizaciones.
Pero por sobre todo, que cada uno se convenza de que Dios lo creó para el éxito y no para el fracaso. Que cada uno de nosotros es importante para Dios porque somos hijos suyos, y que Dios no goza viendo fracasar a sus hijos, sino que goza y se siente plenamente satisfecho cuando ve que nosotros luchamos por lograr conseguir nuestros ideales, y llevados de su mano logramos alcanzarlos.
Nuestro grito de combate será el de San Pablo: “todo lo puedo en cristo que me fortalece. Si Dios está con nosotros, ¿quién podrá contra nosotros? (Rom. 8).
*100 FORMULAS PARA ALCANZAR EL EXITO Y SER FELIZ*
UN AMIGO FIEL ES UN PODEROSO PROTECTOR. QUIEN LO ENCUENTRA, HALLA UN GRAN TESORO.
S. Biblia. Ecles. 5.
SI HABLAS, QUE SEA PARA DECIR ALGO MEJOR QUE EL SILENCIO.
Transcripción: Cesar A. Acosta B. 90
CAPÍTULO IX.